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Vol. 129 - Número 12 - Septiembre 2008 (en Castellano) |
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Sé una lámpara para ti mismo
ERICA L. GEORGIADES
La Sra. Erica L. Georgiades es miembro de la S.T. de Grecia. Este artículo se basa en la Charla del Simposio realizado el 28 de diciembre 2007 en Adyar.
Los griegos están experimentando una gran lucha. La Iglesia Cristiana Ortodoxa griega prohibió la cremación hasta el año pasado, cuando finalmente, después de doce años de luchar en el Parlamento, los helenos ganaron su derecho a ser cremados. La Iglesia Helena no permitirá a los seguidores de la antigua religión griega construir un templo dedicado a los doce Dioses. Haz lo que puedas con amor y no con fanatismo, con compasión y no con crueldad, para comprender y preservar la antigua herencia que los Sabios nos legaron. Podemos preguntarnos qué estamos haciendo. ¿Qué hemos comprendido sobre la Herencia Divina que los Sabios nos legaron a nosotros, a la humanidad? La historia parece repetirse una y otra vez. Vemos los mismos modelos de comportamiento en la naturaleza humana, descriptos en antiguos relatos épicos, en mitologías de diferentes culturas y por todas las páginas de la historia: el mismo modelo de comportamiento basado en el egoísmo. Vemos tantas personas en el mundo haciendo todo lo que pueden para ser líderes, políticos, etc., pero no se ve que hagan el bien, por el contrario, se esfuerzan en una carrera egoísta para alcanzar el poder de cualquier modo posible. Recientemente en Birmania los monjes budistas estaban haciendo una protesta pacífica por la libertad. Muchos fueron asesinados y algunos monjes heridos, que estaban en el hospital, los trasladaron y los quemaron vivos. Mientras les hablo a ustedes, durante cada segundo, muere un niño de hambre, matan un animal, una mujer es violada, y tantos otros problemas que son el resultado de una sociedad brutal, y tal sociedad brutal fue creada y es mantenida por gente brutal. Porque sólo seres brutales, sin alma diría yo, pueden pensar más sobre ellos mismos que sobre el bienestar de todos. Existe un pequeño libro del poeta Eduard Spencer, publicado en 1591, titulado Tears of the Muses (Las Lágrimas de las Musas). Adapté unas pocas estrofas dedicadas a la Musa Caliope, la mayor de las nueve Musas, y me gustaría citarlas: ¿Ante quién presentaré las quejas de mi cruel caso? O contaré mi angustia interna, Ya que nadie queda para curar mi dolor, Sino que prefiere aumentar mi sufrimiento Con destierro cruel.
Porque aquellos a quienes solía ofrecer El servicio fiel de mis habilidades adquiridas, Los buenos hijos de la progenie de Zeus Que el mundo llenó con actos famosos cuyo elogio vivo en estilo heroico es mi principal posesión recopilar.
Pero ahora todos ellos son corruptos por el polvo del tiempo Todas las cosas justas sobre la tierra perecen Por la pereza o pecaminoso crimen, Una noble raza se degenera…
No se interesan en sus ancestros O en los héroes del pasado, ni les interesa si la posteridad Debería saber sus nombres o hablar sobre sus buenas acciones.
Pero mueren olvidados por quienes los vieron nacer, como ellos mismos serán olvidados… ¿Quién querrá alguna vez realizar actos heroicos? ¿O esforzarse por adquirir virtudes…?
Si se elogia más el mal que el bien…. ¿A quién le interesará hacer el bien?
Los valores y principios de la así llamada ‘sociedad moderna’ son tan corruptos que se vuelve más y más difícil poder discernir entre el bien y el mal, entre acciones egoístas y altruistas. Como resultado natural, el yo egoísta, el ego, continúa extendiendo la miseria y el sufrimiento en cada forma imaginable e inimaginable, conduciendo nuestra familia humana a una odisea de sufrimiento. Nos recuerda una de algunas palabras de la obra Electra de Sófocles. Cuando Electra va por primera vez a visitar la tumba de su padre, Agamemnon, mientras va caminando, dice: ‘Qué sendero triste es este, cada paso una lágrima.’ Yo diría, qué sendero triste es el que la humanidad está creando y sosteniendo por el egoísmo. Un día generaciones futuras mirarán hacia atrás y verán qué les dejaron. Preguntarán: Oh mi dios, ¿qué han hecho ellos? O ¿cómo encontraron ellos fuerza para continuar y elevarse por sobre toda la oscuridad? En el pasado la humanidad hizo cosas para la posteridad, pero ahora parece que hacemos cosas para nosotros mismos, dejando un rastro de devastación para la posteridad. Lo que hacemos ahora, los valores y principios que defendemos ahora, serán la herencia que le dejaremos a las generaciones futuras. ‘Lo que dejamos detrás no está grabado en monumentos de piedra, sino lo que está entretejido en las vidas de otros’ (Pericles, antiguo político griego, General y Estadista de la familia aristocrática Alcmaeonid, 495-29 AC). Existe un antiguo dicho griego: ‘los sabios plantan árboles, cuya sombra saben nunca disfrutarán.’ En nuestro mundo moderno, con tantas injusticias y dolor, ¿estamos plantando ‘árboles’? En el Oráculo de Delfos había dos máximas importantes: ‘Conócete a ti mismo’ y ‘Nada en exceso’. Ese es nuestro mayor desafío, ciertamente una batalla y la más difícil. Hollar los laberintos desconocidos del yo pueden conducirnos a las experiencias más dolorosas, pero también a la dicha suprema. Es necesario recordar que en toda guerra sólo aquellos que están dispuestos a morir, son quienes la ganarán. ¿Estamos dispuestos a ‘morir’? Elegimos estar aquí hoy, elegimos este sendero, no porque es un sendero fácil, sino porque es el más difícil. Debemos dirigirnos hacia nuestro interior, hollando un terreno virgen, un sendero que debemos hacer solos, y cada paso nos llevará hacia la luz que disipará la oscuridad de la ignorancia y el dolor. Nadie puede hacerlo por nosotros. Toda religión dogmática es un fraude y quienes se respetan a sí mismos nunca deben aceptar sus limitaciones. No deberíamos permitirnos ser atrapados por dogmas, que son el resultado del pensamiento de otras personas, como se afirma de modo inspirador en el Vivekachudâmani: ‘Cuando no se comprende la realidad suprema, el estudio de las escrituras es inútil, y el estudio de las escrituras es inútil cuando la realidad suprema ha sido comprendida’ (verso 61). Cuando el Buddha esta muriendo, Ânanda le preguntó quién sería su maestro después de su muerte:
Sed lámparas de vosotros mismos. Depended de vosotros mismos. No contéis con ayuda externa. Sosteneos firmemente a la luz como una lámpara. Buscad la salvación sólo en la verdad. No busquéis la salvación en nadie, excepto en vosotros mismos. Y aquellos, Ânanda, ahora o después que muera, que dependan sólo de ellos, y que no dependan de ninguna ayuda externa, pero que se sostengan fuertemente a la verdad como su lámpara, ¡son ellos, Ânanda, quienes alcanzarán la suprema cima! Pero ellos deben estar ansiosos de aprender.
Âdi Sankara y Gautama Buddha, en sus enseñanzas, nos conducen hacia el interior, porque el verdadero Gurú (maestro) es viveka, la habilidad que nos permite discernir entre lo real y lo irreal, entre lo permanente y lo transitorio, entre el Yo y el no-Yo. En Luz en el Sendero se afirma: ‘antes que el alma pueda permanecer en presencia de los Maestros, sus pies deben lavarse en la sangre del corazón.’ Eliminar la raíz del egoísmo del corazón, puede producir que el corazón sangre, y es en esta sangre que nuestros pies han de ser lavados. Esto no ocurre por medio del conocimiento intelectual, hablando, sino por acciones altruistas y un anhelo ardiente de penetrar en las profundidades de nuestro propio yo. Sankara dijo: ‘La maraña de palabras es una selva que pierde a la mente, la deja vagando; por lo que los hombres sabios deberían esforzarse por conocer la verdad sobre su propia naturaleza’ (verso 62). Existe un antiguo proverbio chino que dice: ‘La charla no cocina el arroz.’ Esa es la razón por la que tal vez Lao-Tse dijo: ‘El sabio enseña sin palabras.’ ¡Probablemente a él le gustaba el arroz! Concéntrense en lo que podemos ofrecer por medio del servicio altruista, y no en lo que esperamos de otros, o en lo que podemos aspirar a alcanzar. Nuestras vidas son demasiado cortas, y el trabajo a realizar es demasiado vasto. Den sin esperar nada a cambio, investiguen como un niño que no sabe nada, y ve por primera vez el cielo azul. El logro y la luz serán el resultado de nuestras acciones de servicio altruista, de auto-conocimiento y no de ambiciones y expectativas de una mente llena de ideas preconcebidas. Investiguen con un corazón puro y limpio, sin esperar ningún resultado. Mientras haya expectativa, existe un estado de mente expectante que investiga. Tal mente no es humilde y está sujeta a condicionamientos, y por lo tanto es incapaz de apreciar la verdad. El proceso mismo de investigar la verdad requiere de una mente libre de condicionamientos. ¿De qué otro modo puede lo eterno expresarse a sí mismo por medio de lo no eterno? ¿De qué otro modo puede lo real expresarse por medio de lo irreal? Existe un relato interesante:
Un buscador de la verdad fue a un Maestro Zen a aprender sobre el Zen. La cabeza del buscador estaba llena de ideas sobre la verdad, la vida y la espiritualidad. El Maestro Zen podía verlo en sus ojos. El Maestro Zen le sirvió te y comenzó a verterlo en la taza, él continuó vertiendo el te incluso después que la taza estaba llena y el te comenzó a derramarse. El buscador, viendo esto, le indicó al Maestro Zen que la taza estaba llena y que verter más te no tenía sentido. A esto el Maestro Zen respondió, ‘Como esta taza, tú estás lleno de tus propias opiniones y especulaciones. ¿Cómo puedes alcanzar el Zen a menos que primero vacíes tu taza?’
En el oráculo de Trophonius en Grecia, al aspirante antes de entrar al santuario se lo llevaba a beber del agua de dos ríos que se los consideraba que contenían propiedades mágicas. Primero los monjes lo llevaban a tomar el agua del río Lethe (del olvido), así él podría olvidar todos los pensamientos terrenales. Luego lo llevaban a beber el agua del río Mnemosyne (del recuerdo), así él podría recordar o aprender. En ambos ejemplos vemos la necesidad de tener una mente vacía o silenciosa, libre de pensamientos terrenales. Una mente llena de ideas preconcebidas, con creencias, no puede investigar, aprender realmente e iluminarse. A menos que desarrollemos un estado mental que sea calmo y atento, libre de ideas, no se producirá el despertar y permaneceremos atrapados en la ilusión que nos sujeta con cadenas de dolor y sufrimiento. El intelecto y el conocimiento no son poderosos por sí mismos, es necesario ir más allá de ambos para mirar las cosas con una mente abierta, con un corazón puro, y no con prejuicios, miedo y discriminación. Mirar las cosas compasivamente, como una madre mira a su frágil bebé. Las metas de cada persona son diferentes, y lo que le resulta fácil a uno puede ser difícil para otro. Por lo tanto, no aplasten los sueños de otros, no juzguen a los demás, no les enseñen a otros a temer u odiar a su hermano debido a su color, sus creencias religiosas, su país, o lo que sea. Porque cuando somos intolerantes con quienes tienen una búsqueda distinta, con quienes pertenecen a una religión diferente, promovemos la violencia, enseñamos la violencia. Crecer con el miedo de perder lo que está relacionado con nuestras propias creencias, deja nuestra mente en un estado ‘Bonsai’; la mente no es capaz de expandirse, ni de crecer y alcanzar alturas de dicha. Del mismo modo, quienes cultivan plantas Bonsai no le permiten a la pobre planta crecer libremente para alcanzar el cielo. Los dogmas y nuestras creencias no le permiten a nuestra mente crecer libremente. Porque si pensamos que sabemos, realmente estamos inmersos en una profunda ignorancia y en la oscuridad. Sócrates exclamó: ‘El antiguo oráculo dijo que yo era el más sabio de todos los griegos. Esto se debe a que entre todos los griegos, sólo yo se que no se nada.’ Traten de hacer lo mejor que puedan, de ayudar a crear un mundo mejor, porque mientras exista el sufrimiento, las injusticias y la crueldad, nuestra familia, la humanidad, nunca conocerá la felicidad y la paz. Cultiven la pureza en la mente de un niño, en la que en cada momento ve algo nuevo, sin estar limitado a ninguna experiencia o idea previa. Vean el mundo con sus ojos, a través de la luz de vuestra alma, y ustedes serán una llama inspiradora. El sabio heleno Tales expresó: ‘Lo más difícil en la vida es conocerse a sí mismo.’ Por lo tanto, no se rindan porque, como dijimos antes, estamos aquí no porque es un sendero fácil, sino porque es el más difícil. No se rindan, y pueden volverse una fuente de inspiración y luz para el mundo, y este es el más precioso tesoro que podemos dejarle a las generaciones futuras.
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