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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 12 - Septiembre 2008 (en Castellano)

 
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Viajando hacia lo Sagrado

 

MERCEDES VILA ROBUSTÉ

 

La Sa. Mercedes Vila Robusté  es la anterior Secretaria General de la Sociedad Teosófica en España.  Ella dio esta charla en el Congreso Mundial en Sydney en 2001.

 

   Antes de poder emprender el viaje hacia lo sagrado, debemos darnos cuenta de la necesidad de adquirir una mejor comprensión de nuestra conciencia y de la materia, que es la envoltura de la conciencia. Hemos aprendido que en cada universo el Logos impone sobre la materia ciertos ritmos determinados y cada vibración corresponde a un cambio de conciencia.

   Toda persona interesada en la vida espiritual debería descubrir si la palabra “sagrado” corresponde a algo que existe en su interior, o si es sólo una palabra que utilizan los demás, un simple concepto. Para llevar una vida interior, es necesario probarnos a nosotros mismos, examinar nuestros motivos, y ver si realmente deseamos seguir lo espiritual, o la seguridad futura a nivel superficial.

   La búsqueda de lo sagrado debe realizarse de corazón, sin ningún interés personal. La vida interna debe comenzar con un profundo interés por otros y con el deseo de bienestar para todos.  La búsqueda espiritual debe empezar en el corazón, no con meras ideas. Sólo la búsqueda que nos acerca más a la verdad, brinda la sabiduría para seguir la forma de vida correcta.

   El cambio hacia la vida espiritual debe ingresar en todos los niveles. A veces esto puede suceder rápido, otras veces más lentamente. Podríamos decir que el cambio se produce de varias formas, y como la vida implica cambio, este es un factor que no se puede ignorar. Como todo lo que vemos parece ser transitorio, o incluso momentáneo, en diferentes edades y culturas ya se consideró con atención si existía algo eterno o sagrado.

   La mente humana debe capacitarse cada vez más para reflejar la verdad. Quienes están preparados para la sabiduría divina son aquellos que han encontrado por ellos mismos lo que es irreal, y se han atrevido a dejarlo de lado como resultado de su propia percepción. Esto aumentará la conciencia de la realidad, se actuará mejor, y las relaciones surgirán espontáneamente a partir de un estado de conciencia que se ha vuelto más receptivo, haciendo posible que uno esté más cerca de lo sagrado.

   La claridad, que es la luz del discernimiento aparece cuando uno se toma la molestia de estudiar la vida de modo más profundo en uno mismo. La claridad de percepción es necesaria para distinguir lo esencial en la vida. La claridad posibilita ver que la causa raíz de los problemas es el egoísmo. Debemos ir de lo no importante a lo esencial, y de los hechos superficiales a lo que es fundamental.

   Sólo cuando haya claridad y un profundo interés por el bien de los demás, podrá comenzar la búsqueda. Las grandes verdades de la vida no son hechos  externos, sino dimensiones de la conciencia.

   Para conocer lo sagrado hay que descubrir que uno es espiritual internamente, y tal espiritualidad guiará nuestras vidas en un momento dado. Por lo tanto, ese estado no consiste en hacer muchas cosas, sino en producir una transformación interior, un estado interior determinado, que marca el comienzo del sendero sagrado.

   Conocemos lo que es ese estado, al comprendernos mejor a nosotros mismos, lo que significa observar qué ocurre en el interior. Por medio de la observación, podemos purificar nuestra naturaleza de todo lo que pertenece a la vida material o externa, ver qué representa, y rechazarla cuando sea necesario.

   La vida mundana no solo consiste en el contacto de los objetos físicos o mentales con cosas materiales.  La materia está en todas partes y no es posible escapar de ella. Por tanto, vivir una vida material no es sólo estar en contacto con la materia, sino tener una actitud de apego. Existe una gran diferencia entre nuestra relación con los objetos, las personas y las ideas cuando existe la urgencia de poseerlos, y cuando no es así. La mente debe aprender a no apegarse, tanto si se trata de cosas concretas, mentales o espirituales. El desapego debe ser una realidad total, tanto a nivel interno como externo.

   Trascender la vida terrenal significa sentirse completamente libre de pedir, estar contento con lo que viene inesperadamente, agradable o doloroso. Cuando la mente y el corazón han renunciado a la falsedad, la violencia, y la demanda de posesiones, la actitud mundana desaparece. Entonces surge un estado de pureza y simplicidad, y se conoce lo inmaterial.  

   La renuncia de lo que no es importante, borra los pensamientos, memorias y motivos nocivos e impuros. Renunciar es ser libre del yo. Cuando la mente se aclara de su contenido psicológico, deja de existir todo sentimiento de división o del yo personal.

   Así pues, para encontrar lo sagrado, hay que aceptar a la gente tal como es, tanto si son de otros países, otros credos, otras formas de pensar, otro color otra religión, etc. Entonces uno actúa con naturalidad y tal acción no está identificada con el yo, de modo que la mente se libera de lo que produce separación. La renuncia a experiencias que se identifican con el yo, es el comienzo de una nueva vida, la vida sagrada.

   El hombre que se ha liberado de la duda, actúa de forma que hace lo  correcto, y no lo que otros dicen. Sin embargo, uno debería ser considerado hacia los demás. El que ha llegado a ese estado, siempre escoge lo que conduce a lo eterno, y no lo que es transitorio.

   Cuando uno se ha preparado debidamente, las enseñanzas que tenemos a nuestra disposición se vuelven esenciales, y puede haber una transformación interna.  La conciencia entonces experimenta un cambio de dimensiones, por haber eliminado algunos apegos de la personalidad y por haberse vuelto más consciente de lo sagrado.

   En Luz en el Sendero se dice:

 

La paz que desearás, es la sagrada paz que nada puede perturbar, y en la cual el alma crece, tal como lo hace la flor sagrada, que hay en las silenciosas aguas.

 

 

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