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Vol. 129 - Número 11 - Agosto 2008 (en Castellano) |
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ESTUDIOS SOBRE LA VOZ DEL SILENCIO - parte 13
John Algeo
El Dr. John Algeo es el Vice-Presidente internacional de la Sociedad Teosófica y Profesor Emeritus de la Universidad de Georgia, EEUU, y tiene muchas distinciones académicas.
Los versos precedentes trataron de los dos senderos: el Abierto (o exotérico) y el Secreto (o esotérico). El Sendero Abierto conduce al peregrino fuera de este mundo a la liberación de todas las limitaciones y penas mundanas. El Sendero Secreto conduce al peregrino a renunciar a la liberación que es la meta del Sendero Abierto, y por el contrario, a permanecer en este mundo para servirlo, y a todas las otras almas que evolucionan en él. Los versos 182 a 195 resumen este tema y completan el segundo fragmento de La Voz del Silencio en “Los Dos Senderos”.
VERSOS [182-195]
[182] Por lo tanto, el primer Sendero es la Liberación. [183] Pero el segundo Sendero es la Renunciación, y por consiguiente se llama el “Sendero de Aflicción”. [184] Ese Sendero Secreto conduce al Arhan a una angustia mental indescriptible; dolor por los muertos que viven ,36 y compasión impotente por los hombres que giran en la tristeza kármica; los sabios no se atreven a aliviar el fruto del Karma. [185] Porque está escrito: “Enseña a evitar todas las causas; como a la gran ola, dejarás que siga su curso la marea de efectos.” [186] El Camino Abierto, ni bien hayas alcanzado su fin, te llevará a rechazar el cuerpo Bodhisáttvico y te hará entrar en el tres veces glorioso estado de Dharmakâya,37 que es el eterno olvido del mundo y de los hombres. [187] El Camino Secreto conduce también a la felicidad Paranirvânica, pero al final de kalpas sin número; Nirvânas ganados y perdidos por una ilimitada pena y compasión por el mundo de mortales engañados. [188] Pero se dice, “El último será el mayor”. Samyak Sambuddha, el Maestro de Perfección, renunció a su Ser por la salvación del mundo, deteniéndose en el umbral del Nirvâna, el estado puro. ............... [189] Ahora tienes el conocimiento sobre los dos Caminos. Llegará el momento en que deberás elegir, oh tú de alma ansiosa, cuando hayas llegado al final y hayas pasado los siete Portales. Tu mente está lúcida. Ya no estás más enredado en pensamientos ilusorios, porque lo has aprendido todo. La verdad está ante ti sin velo y te observa seriamente. Ella dice: [190] “Dulces son los frutos del descanso y la liberación por causa del Ser; pero más dulces aún son los frutos del deber largo y amargo. Sí, la renunciación en beneficio de los demás, de tus semejantes que sufren.” [191] El que se convierte en Pratyeka-Buddha,38 tributa homenaje solo a sí Mismo. El Bodhisattva que ha ganado la batalla, que sostiene su premio entre sus manos, pero sin embargo dice en su divina compasión: [192] “Por el bien de los demás cedo esta gran recompensa.”, efectúa la mayor Renunciación. [193] El es un Salvador del Mundo. . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . . [194] ¡Mira! La meta de la bienaventuranza y el largo Sendero de Aflicción están en el último extremo. Puedes elegir cualquiera de los dos, ¡oh, aspirante al Dolor, durante los ciclos venideros!. . . [195] OM VAJRAPÂNI HUM.
COMENTARIO. Los versos 183 a 185 presentan una visión desalentadora del sendero esotérico. Muchos de nosotros nos sentimos atraídos a él porque queremos saber cuales son los “secretos”. Y aunque se nos diga que es un sendero de servicio altruista, de dedicación para el bienestar del mundo en vez de comodidad o prosperidad personal, tendemos a pensar que el servicio es algo encantador, que nos hará sentir bien, y que debe ser algo glorioso ser parte de la gran banda de servidores. Esta manera de pensar sobre el sendero esotérico es muy posible que resulte en una gran desilusión. Seguramente, el Sendero de Renunciación es hermoso y glorioso, pero no es un camino confortable. Estos versos tratan de dejar esto en claro. El camino esotérico es llamado el “Sendero de Aflicción”, no porque haya algún sufrimiento físico en él; el dolor físico es propio de toda vida, como nos dijo el Buddha, sino por la “angustia mental”. Esa angustia es el resultado de trabajar por los “muertos que viven”, que la glosa del verso 184 identifica:
Glosa 36. A los hombres ignorantes de las verdades y de sabiduría esotérica se los llama “los muertos que viven”.
La metáfora comparando aquellos que están espiritualmente dormidos con los “muertos” también la usó Cristo, por ejemplo cuando le dijo a un aspirante a discípulo que quería enterrar a su padre antes de unirse a Cristo: “Sígueme; y deja que los muertos entierren a sus muertos” (Mateo 8:22). Trabajar por aquellos que no se dan cuenta de su propia condición es una experiencia frustrante. Antes que sea posible hacer algo directamente para ayudarlos, tienen que darse cuenta del estado en que están: los muertos tienen que ser traídos de vuelta a la vida, como Cristo en los evangelios resucitó a los “muertos”, es decir, vivificó a aquellos que estaban en un estado de letargo espiritual. Sin embargo, como los versos 184-5 lo aclaran, no es posible intervenir y actuar por los demás. Nadie puede hacer por nosotros lo que sólo nosotros podemos hacer por nosotros mismos. El sabio sólo puede sentir “compasión impotente por los hombres que giran en la tristeza kármica, el fruto del Karma, que los sabios no se atreven a aliviar”. Nadie puede controlar lo que otro hace al generar las causas del karma, ni puede alguien impedir que esas causas, una vez puestas en acción, produzcan sus resultados inevitables. Aquellos que han pasado la bifurcación de los Senderos y han elegido permanecer en el mundo para ayudar a los demás, son irónicamente inútiles para salvar a los demás de actuar incorrectamente y de soportar las consecuencias de las malas acciones. Todo lo que esos Sabios pueden hacer es darnos el ejemplo e indicarnos lo que debemos hacer. No pueden actuar por nosotros. Los versos 186-8 señalan que tanto el Sendero “Abierto” como “Secreto” conducen a la misma meta final, que es “el tres veces glorioso estado de Dharmakâya”, un término que se identificó por una referencia cruzada que consideramos anteriormente en relación con la misma glosa en verso 177. Esa glosa (la 34 del verso 306) considera los tres “kâya-s” o vestiduras que uno puede “ponerse” luego de arribar al final del Sendero en la tierra. Ellas simbolizan los tres modos alternativos de existencia entre los cuales el peregrino puede elegir al llegar al final del sendero terrenal. Dharmakâya es la unión conciente con la Realidad Una del universo, y por lo tanto la liberación de todas las limitaciones terrenales. El Sendero “Abierto” va directamente a ese estado, mientras que el Sendero “Secreto” también conduce al peregrino allí, pero sólo después de un período muy largo (“kalpa-s o eones”) pasado en servicio al mundo. El sendero “Secreto” o demorado, tiene sin embargo sus propias compensaciones, especialmente el conocimiento de que siguiéndolo se vive de acuerdo al principio fundamental de la Realidad, la unidad de toda vida. Como todos somos uno en nuestra esencia más íntima, ayudar a los demás es de hecho ayudarnos a nosotros mismos, o mejor dicho ayudar al Yo Uno, del cual somos todos expresiones. Buddha, Cristo, y todos los grandes instructores han seguido ese sendero. El verso 188 alude al dicho de Cristo con respecto a la “demora” experimentada por aquellos que toman el camino más largo (Mateo19:27-30). Pedro le preguntó a Cristo qué es lo que él y los otros discípulos podían esperar después de haber renunciado a todo por seguir a Cristo. Este respondió, “los últimos serán los primeros”. Es decir, aquellos que siguen el ejemplo de los grandes instructores de permanecer en el mundo y servir a los demás, serán los últimos en liberarse de las frustraciones de la vida, pero, también serán los primeros en tener la más completa satisfacción de no sólo haber descubierto la Verdad, sino de haberla vivido. Entre los versos 188 y 189 hay una línea de puntos, sugiriendo que alguna parte del original ha sido omitido en ese punto. Estos son, después de todo, sólo “fragmentos” o “extractos” del Libro de los Preceptos de Oro. Los versos 189 a 194 señalan que todos tendremos que hacer la elección entre los dos senderos en algún punto de nuestra búsqueda espiritual. Aquellos que eligen entrar inmediatamente al nirvâna, es decir, “extinguir” (el significado etimológico de nirvâna) todo el dolor y sufrimiento que proviene de un sentido de falsa separatividad, son llamados “pratyeka buddhas”. La palabra pratyeka significa “solitario”, y los “pratyeka buddhas” son (de acuerdo a The Perennial Dictionary of World Religions, ed. Keith Crim [HarperSanFrancisco, 1989], 121) “Buddhas solitarios que alcanzaron la completa iluminación pero no la revelan a los demás”. Ellos contrastan con los Buddhas de Compasión, que permanecen en el mundo como bodhisattva-s (aquel cuyo ser o “sattva” se dedica a alcanzar la iluminación o “bodhi”) para servir a otros. La edición original de 1889 de este libro tenía la siguiente glosa (38) referida a “Pratyeka Buddha” en el verso 191:
Glosa 38. Pratyeka Buddhas son aquellos Bodhisattvas que se esfuerzan en conseguir y a menudo toman la vestidura Dharmakâya luego de una serie de vidas. Ellos entran al Nirvâna sin preocuparse por las aflicciones de la humanidad o por ayudarlos, sino solamente por su propia bienaventuranza; luego desaparecen de la vista y de los corazones de los hombres. En el Budismo del Norte, un “Pratyeka Buddha” es sinónimo de egoísmo espiritual.
Madame Blavatsky luego explicó que “Pratyeka Buddhas ... son aquellos que han alcanzado Bodhi (sabiduria) de los Buddhas, pero no se convierten en Instructores” (Collected Writings 14:434-5). Al respecto, Annie Besant escribió: “El Pratyeka Buddha está al nivel del Buddha, pero su obra en el mundo no está relacionada con la enseñanza, y su función ha estado siempre rodeada de misterio. Es difícil entender cómo puede haber surgido en los libros exotéricos, la ridícula opinión de que un ser como él, a tal altura superhumana de poder, sabiduría y amor, pudiera ser egoísta. HPB me ha encargado que corrija el error, dondequiera que ella, en un momento de descuido, haya escrito una afirmación así.” (La Doctrina Secreta, Adyar ed., 1971, 5:399 nota al pie). Sin embargo, aquellos que eligen servir han optado claramente por el mejor sendero, según La Voz del Silencio. Ellos son salvadores del mundo. Puntos suspensivos antes y al final del verso 194 sugieren otras omisiones del original. El segundo fragmento termina con un mantra: “Om vajrapâni hum.” Om y hum son palabras sagradas llenas de asociaciones místicas pero sin ninguna traducción léxica al inglés. Vajra proviene de una raíz que significa “fuerte” o “poderoso” y significa “relámpago”, un símbolo de iluminación, quizás porque la iluminación baja del cielo y nos toca como un relámpago, o quizás debido al poder que transmite. Pâni significa “mano”. Por lo tanto, vajrapâni significa “provisto de un relámpago”, o “sosteniendo el relámpago” y es un epíteto de dioses y de bodhisattva-s, que a menudo se muestran en la tradición tibetana (con la que La Voz del Silencio especialmente se asocia) como sosteniendo un estilizado relámpago en una mano.
MEDITACIÓN:
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