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Vol. 129 - Número 11 - Agosto 2008 (en Castellano) |
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VIVIR EN EL PRESENTE (Conferencia del Simposio de la Convención de Adyar, 30 Diciembre 2007)
Pertti Spets
Un hombre le preguntó una vez al filósofo griego Tales lo siguiente: “¿Qué es lo más viejo del mundo?” Y Tales le contestó: “Dios, porque ha existido siempre desde el principio”. Entonces el hombre preguntó “¿Qué es lo más hermoso del mundo? … El universo, porque fue creado por Dios”. “¿Qué es lo más grande? … El cosmos, porque contiene todo lo que ha sido creado”. Y siguió preguntando: “¿Qué es lo mejor de todo?” Y Tales respondió: “La libertad, porque sin ella no hay nada bueno.” “¿Qué es lo más duradero?... La esperanza, porque sigue contigo cuando has perdido todo lo demás.” “¿Qué es lo más fácil de todo?....Dar consejos.” “¿Qué es lo más difícil de todo?” Y Tales respondió: “Conocerse a sí mismo; el conocimiento de uno mismo es lo más difícil de todo”. También Sócrates decía “Conócete a ti mismo”. ¿Qué es lo que hemos de aprender para llegar a conocernos a nosotros mismos? El budismo dice que todos tenemos la naturaleza de Buda dentro nuestro, una posibilidad de iluminación. El cristianismo habla del Cristo que habita en cada uno de nosotros, la chispa divina que existe en el hombre. El hinduismo dice que Âtman es lo mismo que Brahman. Esto es lo que hemos de llegar a conocer, cuál es nuestra verdadera naturaleza. Probablemente hemos intentado encontrar formas para conocernos a nosotros mismos. Pero sólo en el presente puede alguien conocerse a sí mismo, dice Krishnamurti. Hemos intentado seguir diferentes caminos, hemos estudiado distintas religiones e ideologías, hemos escuchado cientos de conferencias, y leído numerosos libros. Muchos de nosotros probablemente sabemos mucho de las distintas religiones e ideologías. Pero ¿cuál ha sido el resultado de todo esto? ¿Nos conocemos? ¿Qué caminos hemos seguido? ¿Cómo buscamos? Leemos libros, escuchamos conferencias, asistimos a cursos y pertenecemos a grupos de estudio, meditamos y vamos acumulando conocimientos. Pero ¿puede el conocimiento cambiarnos y liberarnos a un nivel más profundo? El conocimiento pertenece al pasado; no nos ayuda a vivir en el presente. El conocimiento tiene que integrarse con nuestra conciencia y no con nuestra memoria, dice Krishnamurti, de modo que se haga uno con nuestra conciencia. Entonces el conocimiento transforma nuestra mente y nuestra conciencia y se vuelve parte de todas nuestras acciones. Krishnamurti nos dice: busca sin buscar. Pero ¿qué significa esto? ¿Cómo buscamos? No podemos buscar igual que lo hacemos en el mundo de la materia, cuando se trata de llegar a conocernos y vivir en el presente. En el mundo espiritual y mental hemos de buscar de manera distinta. En cierto modo, podemos decir que no sabemos lo que estamos buscando. Lo desconocido es siempre desconocido. Normalmente buscamos lo que creemos que podemos encontrar. Pero no encontramos lo que estamos buscando. Así pues, buscad sin buscar. Buscad en vuestro interior. Buscad sin ideas preconcebidas, sin actitudes ni valores. Confucio decía “No os detengáis, seguid caminando”. Pero ¿podemos vivir en el presente si la mente no está libre para ver en el presente? Libertad es vivir en el presente y aceptar lo inesperado, captarlo y procesarlo, abrir nuestra mente y afrontar lo inesperado, tanto lo agradable como lo desagradable. Es la capacidad de adaptarse a distintas condiciones sin perder la fe en las conexiones más profundas que existen entre el mundo interno y el externo. Es experimentar la vida sin apegarse a ninguno de sus aspectos. Para poder vivir en el presente hemos de dejar lo conocido, nuestro conocimiento, nuestra memoria, nuestros pensamientos y conceptos. La vida y la realidad sólo pueden experimentarse con nuestro ser interno. Cuando la mente está en silencio y receptiva, concentrada, abierta y disciplinada, entonces podemos vivir en el presente. Vivir en el presente es profundizar nuestra conciencia, para que ésta pueda funcionar a distintos niveles. Podemos mirar directamente la realidad y estar presentes olvidándonos de nosotros y viendo el mundo tal como es. La sinceridad, la devoción y el discernimiento son imprescindibles para poder vivir en el presente. Si le preguntamos a alguien: ¿Estás viviendo en el presente?, contestará que sí, por supuesto. Tal vez no comprendan lo que queremos decir. Dirán “Veo y oigo, ¡naturalmente que vivo en el presente!”. Tenemos contacto con el mundo externo a través de nuestros sentidos, pero ese no es el único mundo en el que vivimos. Vivimos a través de nuestros pensamientos y emociones, nuestras ideas y recuerdos procedentes de nuestro pasado o del futuro. Vivimos más en nuestros pensamientos que a través de los sentidos. Yo puedo verte delante de mí, pero mis pensamientos están en otra parte. La mente está ausente. No está totalmente presente. Vivimos en el mundo que conocemos a través de nuestros pensamientos y hábitos porque nos crean una especie de seguridad. Pero para poder vivir en el presente necesitamos una seguridad interna, independiente de toda seguridad externa. Nuestra mente va de una conclusión a otra. Una conclusión es un centro que se forma en la mente. Todos nuestros pensamientos se mueven en un círculo, y por eso nunca podemos percibir nada totalmente nuevo ni ver el presente. Es necesario ser conscientes para poder vivir en el presente. Krishnamurti habla de una conciencia sin opciones. Las soluciones al problema de la existencia tienen que encontrarse en la acción y no solamente en las ideas. Las ideas y los recuerdos pertenecen al pasado; la acción está en el presente. Para poder vivir en el presente, la mente o la conciencia tiene que ser pasiva, y al mismo tiempo, también sin opciones, atenta, sin ninguna actitud de comparación, de enjuiciamiento, de condena o justificación. Estar en el presente es incluirlo todo, es un estado donde no hay conciencia de “tú y yo”. El Ser es conciencia pura, es atención, es conciencia sin esfuerzo, y no depende de nada externo. Normalmente la vida es un proceso de luchas, un continuo recoger el polvo de la experiencia. Por esto necesitamos el auto-conocimiento, para ser conscientes en el presente de lo que está ocurriendo dentro y fuera de nosotros. Sólo mediante la comprensión del proceso de la conciencia individual puede haber una acción espontánea y verdadera en el presente. Sin el auto-conocimiento no es posible actuar de forma correcta y armoniosa con los demás sin crear problemas. La relación correcta procede de la acción correcta y la acción correcta procede del pensamiento correcto, que surge solamente con el auto-conocimiento. Si no comprendemos nuestro propio yo, no comprenderemos nada más. Por esto hemos de conocer a nuestro propio yo para poder comprender el presente y, a través del presente, el pasado. A partir del presente conocido se van descubriendo las capas ocultas del pasado y este descubrimiento es liberador y creativo. El conocimiento de uno mismo se logra por medio de la consciencia de lo que es tal como es, y eso es vivir en el presente. El conocimiento de uno mismo conduce al silencio de la mente, que hace posible la conciencia sin opciones, y es esto lo que puede transformar la estructura de la conciencia y acabar con la existencia de la dualidad. El auto-conocimiento es el principio de la sabiduría. Sin ella, no tenemos ningún conocimiento verdadero, y el conocimiento de uno mismo no tiene fin.
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