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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 10 - Julio 2008 (en Castellano)

 
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Algunas fuentes de inspiración

 

Ian Hooker

 

(Rt. Rev. Ian Hooker ha sido miembro de la S.T. de Australia toda su vida, y el anterior Obispo de la Iglesia Católica Liberal)

 

 

   Unos dos mil años atrás, el sabio alejandrino, Filo Judeo escribió:

 

A veces, cuando llego vacío a mi trabajo, de pronto me siento pleno; de algún modo invisible las ideas llueven sobre mí y se introducen en mí desde lo alto… Por ese instante soy consciente de una riqueza de interpretación, una dicha de luz, una visión agudamente perceptiva.[1]

 

   Todos somos conscientes de hombres y mujeres, tal vez compañeros, a quienes encontramos inspiradores, y de otros que parecen carecer de toda chispa.  Los primeros líderes de la Sociedad Teosófica, y otros desde ellos en adelante, han sido inspiradores en sumo grado.  Y gran número de miembros comunes han estado tan dedicados y ansiosos de ayudar que han volcado su corazón y su alma al trabajo, sin esperar agradecimiento o reconocimiento.  Esto en sí es contagioso, y fortalece el trabajo, pero, para estimular los esfuerzos de una Rama, se necesita cierta capacidad para inspirar, para generar entusiasmo.  Sin embargo, puede haber líderes o conferencistas serios, quizás sin capacidad alguna de inspirar, su honestidad es posible que sea sólo mínimamente contagiosa y sus esfuerzos sólo mínimamente productivos. La habilidad para inspirar es tan crucial para impulsar nuestro trabajo, para leVantar un poco el pesado karma del mundo popularizando la Sabiduría Eterna, que puede ser útil examinar las ideas de algunos de aquellos que han mostrado una percepción interna inusual en la naturaleza y han sido fuentes de inspiración.  Pocos de nosotros pueden ser capaces de beber tan profundamente de la fuente como Filo Judeo, pero todos podemos aspirar, todos podemos tratar.

   Tratando el tema de la fuente de inspiración, un distinguido filósofo y estadista hindú, el Dr. S. Radhakrishnan, escribió:

 

Las fuentes de percepción espiritual del hombre son dobles: objetivas y subjetivas, las maravillas del mundo ilimitado y la presión del alma humana.  En los Vedas el vasto orden y movimiento de la Naturaleza capta la atención.  Sus dioses representan fuerzas cósmicas. En los Upanishads regresamos a explorar las profundidades del mundo interno. “El auto-existente hace aberturas en los sentidos para que se vuelquen hacia fuera,… no hacia adentro de sí mismo; algún hombre sabio, sin embargo, con sus ojos cerrados y deseando la inmortalidad, vio al yo detrás”. (Katha Upanishad, iv.1).  Desde el hecho físico externo, la atención muta hacia el yo inmortal interno situado, como si fuera, en la parte de atrás de la mente.  No es imprescindible que miremos al cielo para encontrar la brillante luz;  el fuego glorioso está dentro del alma.  El alma del hombre es el punto clave hacia el paisaje de todo el universo, el Âkâsa dentro del corazón, el límpido lago que refleja la verdad.  La alterada perspectiva produjo un cambio consecuente.  El verdadero Dios vivo, el Âtman, debe ser adorado, no los así llamados dioses.  El lugar donde habita Dios es el corazón del hombre.[2]

 

   Complementando este punto de vista está el de Rabindranath Tagore, otro gran sabio del Renacimiento Hindú:

 

Me parece que inconscientemente seguí el sendero de mis antecesores védicos, y fui inspirado por el cielo tropical con su sugerencia de un supremo Más Allá…. Cuando tenía dieciocho años una rápida brisa primaveral de experiencia religiosa llegó a mi vida por primera vez, y partió, dejando en mi memoria un mensaje directo de realidad espiritual.  Un día, en el temprano amanecer, mientras estaba obserVando al sol emitiendo sus rayos detrás de los árboles, de pronto sentí como si alguna antigua niebla se hubiera leVantado de mi vista, y la luz de la mañana de cara al mundo reveló un esplendor interno de dicha.  La pantalla invisible de lo común fue eliminada de todas las cosas y de todos los hombres, y su significado final se intensificó en mi mente, y ésta es la definición de belleza… Después de cuatro días la visión desapareció, y la niebla cayó sobre mi visión interna.  En la oscuridad, el mundo puso otra vez su apariencia de oscuridad, de un hecho ordinario.[3]

 

   En estos días de rápido acceso a antologías que registran las memorias de muchos que recuerdan experiencias místicas o por lo menos super-sensoriales , no es difícil encontrar ejemplos de misticismo de la Naturaleza un tanto afín con lo citado precedentemente. Thomas Traherne, poeta y místico inglés del siglo XVII, expresó:

 

Tu dicha del mundo nunca es correcta, hasta que cada mañana despiertas en el Cielo, te ves a ti mismo en el palacio del Padre, y contemplas el cielo, la tierra, y el aire, como Dichas Celestiales: apreciando todo, tanto como si estuvieras entre los Ángeles… Tú nunca disfrutas correctamente del mundo, hasta que el Mar fluye en tus venas, hasta que estás arropado con los cielos, y coronado con las estrellas.[4]

 

   Incapaz de aprobar ninguna religión formal disponible, y considerado por sus contemporáneos como ateo, el escritor inglés del siglo XIX Richard Jefferies, hoy se considera como un místico de la Naturaleza, del más elevado orden.  Él también miró hacia afuera.  Consciente de su propia alma, no estuvo sin embargo seguro de su inmortalidad. En su autobiografía espiritual, escribió:

 

Con toda la intensidad de sentimiento que me exaltó, toda la intensa comunión que tuve con la tierra, el sol y el cielo, las estrellas escondidas por la luz, con el océano -de ninguna manera la emocionante profundidad de estos sentimientos puede ser escrita-, con ellos oré como si fueran las teclas de un instrumento, de un órgano, con los que aumenté las notas de mi alma, redoblando mi propia voz por su poder.  El gran sol quemando con su luz, la tierra poderosa, tierra querida; el cielo cálido, el aire puro, la idea del océano, la belleza inexpresable de todo me inundó con arrobamiento, con éxtasis.[5]

 

   Es claro que estas almas extremadamente sensibles y muchas otras de quienes existen registros, tuvieron vidas de gran inspiración y riqueza.  No está claro, sin embargo, que fueran capaces de colocar su experiencia en un contexto que les permitiera desarrollar su don, o contactarse efectivamente y buscar este tipo de consciencia más profunda. Evelyn Underhill en su monumental estudio, Misticismo, ayuda al respecto. Siendo ella misma una mística dotada, analizó formas de misticismo de profundidad variable y, por ejemplo, tipificó el misticismo de la Naturaleza como “el primer escape de el yo de las limitaciones de su universo convencional,… (recibiendo así) la gran  certeza de una vida inmensa que rodea, sostiene y se explica a sí misma”.[6]

  

   De modo similar, según Van der Leeuw, no tenemos ideales, los ideales nos tienen a nosotros.  Los ideales desde su punto de vista, existen en el mundo de la mente superior, el mundo de lo Real.  Ha de ser evidente para quienes estén familiarizados con conceptos teosóficos que el escritor está identificando “el mundo de lo Real” con el “plano causal” teosófico, considerado también como el ámbito del Alma, o individualidad reencarnante:

 

Ser un idealista significa no sólo haber alcanzado el mundo de lo Real, sino también haber hecho de éste el centro de nuestra vida y trabajo…. El idealista, ya sea que esté totalmente consciente del hecho o no, está establecido en el mundo de lo Real, el mundo platónico de las ideas… De este modo el idealista constantemente vierte el poder de ese mundo más elevado y real con todas sus bellezas y glorias en este mundo de la existencia externa, y como tal es un proveedor de vida para la humanidad.[7]

 

   Habrá muchos que se consideran idealistas, pero que se sentirían molestos si se los considera que los representan.  De forma similar, muchos han tenido momentos de iluminación y de gran determinación y no pensarían en reclamar para sí mismos el elogio de “místico”.  Sin embargo es digno de mención que muchos fueron tocados suavemente con indicios de una consciencia superior.  La fugacidad de estos toques podría mover a quienes han sido bendecidos de este modo a ignorarlos, pero el linaje de estos destellos bien podrían ser mucho más elevados que lo que se percibe en el momento.

   Que el punto de vista de la fuente de inspiración de Van der Leeuw es el viaje interior, se vuelve aún más evidente cuando leemos las sugerencias ofrecidas a quienes están buscando entrar al “mundo del Espíritu Santo”.  Él recomendó que el aspirante meditativo debería fijar su atención en la unión entre el yo inferior y el superior (o antahkarana), luego intentar retirarse hacia el interior, lejos de nuestro mundo de imágenes, acallando nuestra facultad imaginativa para emerger en el mundo de lo Real:

 

Nuestra primera impresión allí es como la del prisionero en la caverna de Platón que descubre el mundo detrás de él.  Nos encandila la luz de ese mundo interno, aunque no es luz vista con los ojos, sino que es una especie de iluminación interna.  Somos conscientes de una experiencia interna en la que parecemos comprender todo el mundo, somos conscientes de un rapto y sentido de total plenitud de realidad, que nunca hubiéramos soñado posible.

 

   La explicación de episodios de inspiración, o de realización intuitiva, o consciencia mística del Obispo Leadbeater, concuerda totalmente con la de Van der Leeuw, pero por naturaleza es más un hecho, menos dramático. Él escribió en términos de la persona real, o individualidad reencarnante, influyendo a la personalidad, es decir, al yo ordinario de todos los días. Expresado teosóficamente, explica episodios de sentimientos elevados y percepciones internas como la acción del Alma, o Ego, esforzándose para comunicarse con la personalidad. Otros escritores (por ejemplo, ver referencia 4), al comentar episodios de consciencia mística, se refieren a la creencia de muchos de los temas que sabían, a partir de entonces, más allá de cualquier posibilidad de duda, que toda la vida es una, y que “yo no soy el 'yo' que pensé que era”.  La explicación de Leadbeater nos lleva más allá, dado que emplea conceptos que, para quienes están familiarizados con ellos, arrojan una clara luz sobre el misterio aparente de destellos rápidos super-sensorios:

 

La mayoría de las personas están conscientes de momentos en que están impregnados de inspiración y exaltación maravillosas, con devoción y dicha centelleante.  Estos momentos, por supuesto, son precisamente aquellos en que el ego logra impactar la consciencia inferior; pero eso que se siente, en realidad, está allí todo el tiempo, aunque la personalidad no siempre sea consciente.  El aspirante debería esforzarse para ser consciente, por la razón y por la fe, de que siempre está allí, y luego aparecerá como si realmente lo sintiera, incluso en  el momento en que la unión es imperfecta, y cuando no lo siente en la consciencia personal.  Más aún, es obvio que mientras la mente responde a las demandas de los planos físico, astral y mental, no es posible oír el mensaje que el ego está tratando de trasmitir desde sus elevados planos, a la personalidad.

 

   Estos comentarios hechos por el Obispo Leadbeater dan paso al estímulo y a un objetivo inmediato a seguir.  Esto es así, especialmente para quienes pueden aceptar como hipótesis de trabajo la noción de que el Ego, o Yo Superior, de vez en cuando se esfuerza en fijar algún mensaje o idea sobre la personalidad, pero considera obstructivo el clamor de pensamientos y sentimientos.  Uno es por lo tanto estimulado a intensificar los esfuerzos para aquietar la personalidad, e identificarse con la consciencia superior, es decir, para meditar sobre el Yo Superior, para tratar de alcanzar esa dimensión y vivir desde allí. Leadbeater también atribuye a la influencia del Ego, o Yo superior, las instancias de una persona que se siente totalmente convencida de pronto de alguna percepción interna reciente, sin poder ofrecer ninguna explicación racional clara al respecto, a otra persona:

 

Incluso antes de que tengamos ninguna consciencia definitiva en el plano intuitivo, a menudo recibimos reflejos de él.  Las intuiciones ocasionalmente llegan a nuestro vida diaria, y aunque la mayor parte de estas impresiones del yo superior que son genuinas vienen más del mundo causal que del búdico, aún así, de vez en cuando recibimos un flash del conocimiento real del espíritu que no puede expresarse en cualquier nivel inferior al plano búdico.  Estos flashes invaluables nos traen un conocimiento que sentimos que es absolutamente cierto, aunque en muchos casos no podemos darles ninguna explicación intelectual.[8]

 

   No olvidemos que los términos teosóficos le oscurecen el significado a algunos lectores, por lo que deberíamos explicar que el “mundo causal” se refiere al mismo nivel de consciencia elevada que Van der Leeuw identifica como “el mundo de las ideas de Platón”. Más aún, que el “plano búdico” se considera como un reino de existencia aún más sutil y refinado. Tal consciencia en ese nivel se caracteriza por la aprehensión directa de la unidad de todas las cosas vivas, por un amor profundo e ineludible hacia todo, y por la inequívoca percepción de la verdad.  Si la existencia de estas dimensiones de consciencia fuera aceptada, un individuo en quien éstas se están desarrollando tendrá acceso al conocimiento y la inspiración intuitivos, simplemente entrando a un estado meditativo.

   La diferencia entre la mente y la intuición ha sido bien resumida por George Arundale:

 

La mente razona, compara; la intuición contempla.  La mente asciende paso a paso; la intuición mira desde la cima… y sabe que no hay escalera, comparación, ni proceso alguno, sea el que sea.[9]

 

   Nuevamente, desde una perspectiva teosófica, la importancia de una facultad intuitiva latente en todo, emergente en algunos, puede difícilmente ser exagerada.  Tal vez la percepción de esta facultad emergente en científicos inusualmente sensibles, fue lo que llevó al Dr. Ravi Ravindra a tipificar el enfoque científico de lo Sagrado como

 

mucho más posible de expresarse en estos días en términos de Maravilla, Belleza, Armonía Matemática, búsqueda de la Verdad, Orden Cosmológico o por la Unidad de leyes y fuerzas, todos los sentimientos exaltados altamente valorados en las Grandes Tradiciones del mundo como marcas de una mente verdaderamente espiritual o religiosa.[10]

 

   Siguiendo esta línea de pensamiento un poco más, es útil citar una afirmación atribuida a Albert Einstein:

 

El intelecto tiene poco que hacer en el camino del descubrimiento.  Surge un salto en la consciencia, llámenla intuición o lo que deseen, y la solución llega y no sabes cómo o por qué.  Todos los grandes descubrimientos se logran de este modo.[11]

 

   Se sugiere que aún más importante que la iluminación de la mente por el flujo interno de una percepción directa, es la elevación de los sentimientos que provienen de cualquier toque de consciencia búdica.  Una realización o descubrimiento significativo muy a menudo trae también sentimientos de regocijo, asombro y profunda gratitud.  El Dr. Richard Bucke en su revelador estudio sobre el tema Consciencia Cósmica[12]  escribió sobre una dicha inmensa de la realización de que el cosmos es una presencia viva, y que el principio fundamental del mundo es el amor. Y con todas esas experiencias, parece que la experiencia misma tiene autoridad absoluta para la persona así elevada. En lenguaje más formal, tales experiencias son auto-confirmadas.

   Al final de una serie de conferencia publicadas en 1912 como Iniciación: el Hombre Perfecto, la Dra. Annie Besant ofrece comentarios que nos aclaran mucho más a nosotros los teósofos racionales, sobre la naturaleza y las fuentes de inspiración.  Estos comentarios nos permiten captar la fuente común de los modos diversos de experiencia super-sensorial tratada en este comentario.  Ya hemos notado la existencia de individuos sensibles a niveles de consciencia más profundos, ideas del “mundo de lo Real” o nivel causal, o indicios de la unidad de todas las cosas vivas surgiendo de la abertura a la incluso más sutil dimensión búdica.  Al revisar varios modos en que un Maestro de la Sabiduría, un Adepto que ha elegido permanecer en contacto con este mundo, puede ayudar a aliviar la ignorancia y el sufrimiento de los seres humanos, la Dra. Besant expresó:

 

Nunca una gran inspiración resplandece en la mente o el corazón, nunca un pensamiento glorioso ilumina todo un campo de conocimiento, nunca una exquisita expresión de belleza, de sonido o forma, desliza su glorioso camino en nuestra atmósfera terrenal, sino que viene de esa gran Jerarquía que vive para ayudar al hombre, que siempre planea nuevos modos y elabora nuevos esquemas, por medio de los cuales la evolución se puede acelerar.[13]

 

   A menos que seamos muy posesivos de nuestros mejores momentos, nuestras ideas más brillantes, nuestra reputación, quizás por su originalidad, la mayoría de nosotros accederá prontamente a esta noción. Permanece verdadero, sin embargo, que las grandes inspiraciones, del tipo o naturaleza que sean, todavía deben ser registradas por la psiquis humana en algún nivel.  Por lo tanto, tenemos entonces que hacer el viaje hacia el interior.  El tratado oculto, Luz en el Sendero, nos aconseja buscar el sendero, tanto dirigiéndonos hacia el interior, como avanzando resueltamente hacia el exterior. En parte, sigue así:

 

Búscalo sumergiéndote en las espléndidas y misteriosas profundidades de lo más íntimo de tu ser…. y búscalo prosternando tu alma ante la pequeña estrella que arde en el interior.  En tanto que vigiles y adores con perseverancia, su luz irá siendo más y más brillante.  Entonces podrás saber que has encontrado el principio del sendero.  Y cuando hayas encontrado el fin, su luz se convertirá súbitamente en luz infinita.[14]

 

Lo que nos lleva de regreso a lo expresado por el Prof. Radhakrishnan: “No los así llamados dioses, sino el verdadero Dios vivo, el Atman, debe ser adorado.  El lugar donde mora Dios es el corazón del hombre”. (2)

   Dicho de otro modo, cada uno de nosotros, cada aspirante, es el Sendero. Cada uno de nosotros debe convertirse en su propia fuente de inspiración, viajando hacia el interior.  Sí, esto es sólo parte del relato, sin embargo una parte esencial.  En la conferencia de la Dra. Besant, citada anteriormente, (13) donde explica cómo los Maestros de la Sabiduría vierten inspiración para que los seres humanos lo capten y lo apliquen, ella dice:

 

Algunos de ellos toman como alumnos y discípulos a quienes están dispuestos a hollar el sendero que Ellos han hollado de modo que los cargos de la gran Jerarquía nunca queden vacíos, mientras los hombres necesiten ayuda, mientras la humanidad habite sobre el planeta.

 

   Se deduce que para aquellos privilegiados que se aproximan cerca de un Maestro de la Sabiduría hay aún otro sendero de inspiración.  El hecho mismo de tal relación, una vez que el discípulo se da cuenta de su existencia en su consciencia despierta, debe ser por sí una inspiración permanente. Y así también los contactos sutiles que suceden entre el Maestro y el discípulo.  En algún otro lado en la misma serie de alocuciones, la Dra. Besant habló de la consciencia del discípulo recientemente aceptado que comienza a unirse con la consciencia del Maestro.  Aquí sí que hay inspiración!  Y esta es otra forma de inspiración a la que todos podemos aspirar, siempre que estemos preparados para hacer el largo y lento viaje, de tal vez un número de vidas, y hacer el esfuerzo necesario y los sacrificios necesarios.  Como se expresa en Luz en el Sendero: “Entonces tú entras en relación con la dicha, que produce ciertamente trabajo duro y terrible y profunda tristeza, pero también una gran alegría siempre en aumento”.

 

REFERENCIAS

[1] Citado en  La Sabiduría Oculta en las Mitologías del Mundo, Geoffrey Hodson, TPH, Adyar, 1983, p. v

[2] La Filosofía de los Upanishads, S. Radhakrishnan, Allen & Unwin, Londres, 1924, p. 21-2

[3] La Religión del Hombre, Rabindranath Tagore, Allen & Unwin, Londres, 1931, p 92-4

[4] Misticismo: Un Estudio y una Antología, F. C. Happold, Penguin, Harmondsworth, rev. Ed. 1970, p. 371, 387, 47-8.

[5] Misticismo, E. Underhill, Methuen, Londres, 1911, p. 192

[6] El Fuego de la Creación, J. J. Van der Leeuw, TPH, Adyar, rev. Ed. 1927, p. 123-4, 130-1, 90.

[7] Citado en El Cuerpo Causal y el Ego, A. E. Powell, TPH, Londres, 1928, p. 216.

[8] Charlas sobre el Sendero del Ocultismo, C. W. Leadbeater y Annie Besant, TPH, Adyar, 2004, vol 3, p. 268

[9] Monte Everest, G. S. Arundale, TPH, Wheaton, 1933, p. 119

[10] Ciencia y lo Sagrado, Ravi Ravindra, TPH, Adyar, 2000, p. 192.

[11] Citado en: El Ascenso yóguico a alturas espirituales, G. Hodson, Stellar Books, Manila, 1991, p. 42

[12] Consciencia Cósmica, R. M. Bucke, Dutton, Nueva York, 4º ed., 1923, p. 9-10

[13] Iniciación: La Perfección del Hombre, A. Besant, TPH, Adyar, p. 94,51.

[14] Luz en el Sendero, Mabel Collins, TPH, Adyar, 1953 ed., p. 23-5,26

 

 

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