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Vol. 129 - Número 10 - Julio 2008 (en Castellano) |
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Desde El Atalaya
Radha Burnier
El desapego
Una de las cosas importantes que las enseñanzas budistas aportan al mundo, aunque el mundo no le preste demasiada atención, es la que se refiere a la transitoriedad. La mayoría de las cosas en este mundo no duran y, sin embargo, la gente tiene la sensación de que hay algunas que sí, y que tienen que aferrarse a ellas. En el libro Luz en el Sendero, hay una breve referencia al Verdadero Sendero que una persona puede hollar una vez que se ha dejado atrás el apego a todo lo de este mundo. Esto significa ir descartando cada pensamiento, sentimiento y gusto, hasta que la mente quede completamente libre de todo apego. El apego sólo puede existir con las cosas que conocemos, y podemos entrar al campo de lo desconocido solamente cuando lo conocido deja de existir. Lo desconocido puede incluir realidades de las cuales no tenemos la más mínima idea actualmente, pero nos aferramos a una cosa u otra de este mundo confiando que sea un substitutivo. Puede tratarse de miembros de la familia o de amigos con los que tenemos una estrecha relación. En alguna parte de nuestro cerebro sabemos que esto es imposible, pero no lo aceptamos. Esta es la razón por la cual seguimos lamentándonos por personas que ya no están. Este apego es uno de los graves problemas que enfrenta el ser humano, y pasan muchas encarnaciones antes que el desapego llegue siquiera a considerarse como una virtud. Al parecer, J. Krishnamurti estaba muy apegado a su hermano. La Dra. Besant era como una madre para él, pero también estaba su hermano pequeño, que iba a ayudarle en su trabajo. El hermano murió en California cuando Krishnamurti no estaba ni siquiera presente, y durante dos o tres noches, Krishnamurti tuvo que luchar, no con el hecho en sí, sino consigo mismo. Salió de esa circunstancia como una persona nueva, porque comprendió todo el problema del apego. Esta era una de las cosas más desconcertantes de él: parecía no necesitar compañía. Esto puede pasarle a cualquiera de nosotros, pero no queremos desapegarnos de nada. A las personas les resulta difícil aceptar la verdad de la transitoriedad. Nada permanece en este mundo. Cuando llegamos a comprender que todo en el mundo perece, preguntamos: ¿Existe un Yo que trascienda esta norma? Un río empieza siendo un pequeño arroyo y acaba convirtiéndose en un río majestuoso. Realmente, el agua que habíamos visto hace un minuto ha seguido su curso, mientras que va entrando agua nueva. Entonces el río es continuamente distinto, no hay nada que pueda llamarse “el río”. Es algo que deberíamos considerar. No es el mismo río que vimos ayer; el agua se ha ido al océano. Y sin embargo, sigue siendo un río, aunque el agua no sea la misma. Es casi una paradoja, un problema que la mente humana no puede captar, porque no es tangible. Thich Nhat Hanh, un notable maestro budista, dice que, como el cambio tiene lugar constantemente en todo, hemos de intentar darnos cuenta, por medio de la meditación, que el cambio es para bien. La transitoriedad no es una desgracia, pero no nos gusta enfrentarnos a ella. La vida avanza continuamente, pero nos gustaría que se detuviera y cambiara a nuestro antojo. Nos gustaría ver cambios en algunas cosas como por ejemplo en los granos de maíz. Esto tomará algún tiempo, pero el tiempo es un tipo de ilusión que experimentamos. El grano que sembramos crece y se convierte en maíz. Si el cambio no tuviera lugar, ese grano de maíz no se convertiría en una planta útil. El crecimiento hace posible que el maíz cumpla con su objetivo, que nosotros disfrutemos del maíz y que crezca más maíz. Así pues, hemos de aprender a aceptar el cambio constante, pero nuestra mente es de tal manera que no acepta el cambio. Y aquí empieza el dolor. La mayoría de los niños siguen estando contentos incluso en circunstancias difíciles. Juegan, se divierten con un poco de barro o con lo que haya, y siguen siendo felices. La cuestión de aceptar algo o no hacerlo ni siquiera se plantea en su caso, porque la vida es un juego, y cuando un juguete deja de ser interesante, lo dejan y juegan con otra cosa. Entonces, casi como si fuéramos niños, podemos soltar algo que sea divertido o bello. Pero no podemos hacerlo cuando eso permanece en la memoria y queremos experimentar lo mismo una y otra vez, quizás con algún ligero cambio que nos complazca. Así pues, se crea la sensación del yo por una actitud que se niega a aceptar lo que no puede existir siempre. Ninguno de nosotros es el tipo de individuo independiente que creemos ser. Es parte del yo imaginarnos que somos un individuo fuerte, y si es posible, más fuerte que nadie. Pero si reflexionamos, veremos que al igual que todos los demás, dependemos de muchas cosas distintas para nuestra existencia y la idea de una entidad independiente o permanente es una idea errónea. Vale la pena no sólo pensar en esto, sino meditar sobre ello. ¿Acaso este cuerpo, y la situación concreta en la que nos encontramos ahora, no son algo muy temporal? Podemos vivir cien años, pero ¿qué son cien años en la historia? No son nada. Por esto, la pregunta que hemos de hacernos es “¿Qué es lo que realmente vive? ¿Qué es esa sensación de yoidad que surge en nosotros?” Debemos descubrirlo por nosotros mismos. Naturalmente, algunas filosofías dicen que hay un âtman permanente que es la raíz de todo cuanto existe. Aun siendo esto así, hemos de comprender al pequeño yo y las numerosas cosas que experimentamos como una ilusión.
Cada vez más desechos
El mundo moderno tiene muchos problemas y entre ellos está el de eliminar los desechos que los humanos estamos creando en grandes cantidades día tras día. Millones de toneladas de desperdicios que contienen sustancias muy peligrosas, como productos químicos, se vierten, aquí y allí, en cualquier lugar que los países ricos tengan la posibilidad de quitarse de encima ese problema. Mayormente, los ricos producen los desechos y los pobres acarrean con las consecuencias. África Occidental está “creciendo” cada día, aceptando toda esa basura, para poder sacar algún beneficio de ello. En América del Sur, las grandes selvas de Brasil, que han contribuido a mantener la temperatura de la tierra y que constituyen un tesoro de animales, plantas, etc., como en ningún otro lugar del mundo, están siendo arrasadas rápidamente. Se afirma que sólo la tala de árboles está causando daños irreparables en las selvas del Amazonas, y que tendrían que protegerse contra futuros daños. Hay otros países que pueden usarse como vertederos porque los países ricos necesitan espacio para producir más combustible, con fines que básicamente no benefician a la humanidad. En un artículo publicado recientemente en The Guardian Weekly se informa que todas las comunidades de África Occidental están viviendo virtualmente en un ambiente tóxico, producido por estos vertederos de desechos, que crecen cada día. En Lagos, hay aproximadamente un millón de ordenadores (la mayoría de los cuales no pueden usarse), que son transportados allí en barco para deshacerse de ellos. La Unión Europea está regulando el movimiento de estos desperdicios electrónicos de forma más racional, pero los Estados Unidos no están haciendo el mismo esfuerzo, ni tampoco lo hacen otros países ricos. Es un problema muy difícil de resolver, excepto volviendo a un estilo de vida mucho más simple. La población del mundo va creciendo y las necesidades imaginarias de la gente también lo hacen, a medida que la sociedad moderna se va equipando cada vez con más cosas. Pero esta situación todavía no llegó, porque hay países de África y otras zonas pobres que están dispuestos a dejar sufrir a su pueblo, aceptando lo que otros desechan. Aparte del tema de la creación de desechos, existen otros problemas. ¿Son necesarios todos los aparatos que tenemos para tratar a los enfermos? La enfermedad misma puede ser el resultado de nuestro estilo de vida, que se está haciendo cada vez más complicada. La gente tiene ahora la posibilidad de contar con ayuda médica para todo tipo de problemas imaginarios. Por ejemplo, los que tienen el problema de no poder caminar bien recurren a una nueva rodilla y a otras partes nuevas del cuerpo. Puede que llegue el momento en que los cuerpos consistan en gran parte de material extraño, simplemente porque la tecnología fue avanzando y hace posible estos “milagros”, sobre todo experimentando con otras criaturas. La salud puede empeorar como resultado de todos los esfuerzos hechos para progresar en esa dirección. Llegado el momento se renunciará a objetos que parecen tan necesarios para la gente en la actualidad, y se adoptará un estilo de vida más sencillo. Entonces el progreso tomará un curso distinto y se prestará más atención al cambio interno y no solamente a las comodidades externas. Realmente, no hay diferencia alguna entre el cambio interno y la acción externa. Cada vez que nos planteamos seriamente hacer un cambio interno, nuestros actos externos se vuelven diferentes. Si vemos que gran parte de los desechos creados son el resultado de nuestra ambición y que tiene un impacto inútil en la persona que está actuando, puede que se produzca un cambio. Si nos damos cuenta de que simplemente estamos produciendo más desechos sin ninguna razón válida, reduciremos esos desechos. Por esto necesitamos prestar atención a nuestros pensamientos sobre el tema y no limitarnos simplemente a echar los desechos en algún sitio sin ser criticado. Todo lo que nosotros consideramos como “interno” y “externo” está interconectado. El mundo tal como es depende de nuestros pensamientos. Por esto es importante examinar si el pensamiento es correcto o no. ¿Es correcto que alguien produzca desechos que pueden evitarse? Si no lo es, que comience un trabajo constructivo.
Experimentos con animales
Millones de animales se usan en experimentos de laboratorio cada año. Se dice que la inmensa mayoría son ratas y ratones, pero también usan animales más avanzados que sufren más cuando los utilizan para experimentar. La sola idea de que esto ocurra en todo el mundo es espeluznante. La Dra. Jane Goodall, famosa primatóloga, dio recientemente una conferencia en Bruselas sobre el progreso del conocimiento médico sin experimentar con los animales. Propuso la creación de un Premio Nobel para la investigación sin el uso de animales con ese fin. Según ella, abandonar la investigación con animales es un objetivo hacia el cual “todas las naciones civilizadas deberían dirigirse”. Habló en una reunión organizada por grupos de defensa de los derechos de los animales y Miembros del Parlamento para presionar a la Comunidad Europea. En esta etapa no es probable que todas sus propuestas sean aceptadas, pero es necesario seguir diciendo estas cosas, hasta que la opinión pública cambie, como ha sucedido hasta cierto grado en la Unión Europea. La mayoría de científicos cree que usar animales para la investigación ha sido tremendamente importante en muchos campos de la medicina, pero al mismo tiempo vemos que es un gran delito usar criaturas vivas en este campo. Está bien que varios gobiernos hayan fomentado estudios sobre otros métodos durante los últimos años con cierto éxito. Por ejemplo, ya se están utilizando menos mamíferos para hacer pruebas con animales sensibles a cierto producto químico, lo cual significa que ya no se hacen muchas pruebas con perros. Dicen que, en Canadá, muchas veces han sustituido a los mamíferos por peces y en los Países Bajos se utilizan sólo diez monos para producir una vacuna para la cual antes se necesitaban 5.000. Con nuevas tecnologías del scanner los médicos pueden aprender sin necesidad de practicar cirugía invasora en animales vivos. Pero desde el punto de vista teosófico hay otras maneras para obtener el conocimiento y los experimentos que necesariamente implican crueldad son inmorales. J. Krishnamurti menciona brevemente la existencia de otros métodos en el siguiente texto:
Si fuéramos capaces de establecer una profunda y constante relación con la Naturaleza, nunca podríamos matar un animal para satisfacer nuestro apetito, nunca podríamos dañar ni hacer vivisección en un mono, un perro o un conejo de indias para beneficiarnos. Encontraríamos otros modos para curar nuestras heridas y darle salud al cuerpo. Pero la curación de la mente es algo totalmente distinto. Esa curación tiene lugar de forma gradual, si colaboráis con la Naturaleza, con esa naranja en el árbol, con la brizna de hierba que sale entre el cemento, y con las montañas nevadas, ocultas tras las nubes.
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