|
Vol. 129 - Número 9 - Junio 2008 (en Castellano) |
|
|
|
Página
12 |
|
La Teosofía como guía en la vida
ANON
(Reimpreso en parte de Theosophical Siftings, vol. 2 (1889-90)
Veamos si el poco oído sistema, conocido como ‘Teosofía’ posee alguna cualidad que garantice que pueda sustituir a las religiones circundantes. Estas no han reformado a la humanidad, ¿no es así? La Teosofía elimina la causa de todo el pecado, y gran parte de la miseria de la vida. Esa causa es el egoísmo. Toda forma de deshonestidad, violencia, furia, falsedad, incluso falta de cortesía, proviene del deseo de promover nuestros propios fines, aunque los derechos de otros deban ser sacrificados. Toda agresión a nuestros semejantes, todo intento de apropiarnos de su bienestar, posesiones, o planes, todo esfuerzo de desmerecerlos, eclipsarlos o humillarlos, expresa el sentimiento de que la auto-gratificación debe buscarse ante cualquier otra cosa. Esto es igualmente verdadero respecto a los defectos personales, al igual que el desprecio personal por la autoridad divina que podemos llamar ‘irreverencia’. Dado que la raíz de toda mala conducta hacia Dios, hacia otro ser humano, o hacia uno mismo es auto-amor, amor a sí mismo tan fuerte como para sacrificar todo, en vez de su propia indulgencia. De la indulgencia surgen dos cosas. Primero, las aflicciones de la envidia, desilusión, celos, y todas las pasiones miserables y mordaces que se manifiestan en el pensamiento siempre presente del yo, y la total pérdida de todas esas alegrías más delicadas y tiernas que son el fruto de la bondad y el altruismo. Segundo, las medidas coercitivas que la sociedad, para su propia protección, está obligada a poner sobre la agresión en sus formas más burdas, tales como talleres penitenciarios, cárceles y patíbulos del que no está exento ningún lugar civilizado y eclesiástico. Y si queremos darnos cuenta cuál sería el efecto de un reino universal de carencia de egoísmo entre los hombres, podemos imaginarnos un lugar sin cortes de justicia, sin prisiones, ni policías, una sociedad sin especulación, chicanas, o engaño, una comunidad en la que todos los corazones carecieran de envidia y astucia, y por lo tanto también de tristeza y sufrimiento. La raíz del dolor universal se erradicaría, la corriente se secaría en su fuente. Bien, esto es lo que la Teosofía aconseja. Su doctrina fundamental es la absoluta igualdad de los derechos humanos y la obligación universal de respetarlos. Las posesiones de mi vecino, ya sea de sentimientos, propiedades, felicidad, o lo que fuere, deben ser respetadas como las mías, y si eso lo siento así, no las invadiré. Más aún. Si percibo la verdadera fraternidad del hombre, si estoy de acuerdo con la ley de simpatía que evoca, si me doy cuenta que los placeres más exquisitos derivan de dar, más que de recibir el bien, no seré pasivamente pacífico, seré activamente benéfico. En otras palabras, seré un verdadero filántropo. Y al serlo, habré ganado el grado más elevado de felicidad para el yo, porque “quien pierde su vida, la encontrará”. ¿Ustedes afirman que esto es un texto cristiano? Muy bien, también es el epítome de la Teosofía. La Teosofía por lo tanto intenta mostrar incesantemente la verdad de que cada acto bueno o malo recibirá su propia recompensa. La mayoría de los sistemas religiosos dicen lo contrario. Generalmente dan un plan ‘vicario’ por medio del cual se evade el castigo y se asegura una bienaventuranza no merecida. Pero si los premios se pueden transferir, también pueden las obligaciones, y por lo tanto el caos se introduce en el orden moral del universo. Más aún, las injusticias palpables de la vida humana, esas injusticias que lamenta el corazón amante y que incita el corazón amargo, son inexplicables. Todas las desigualdades y paradojas y dudas tan presentes a nuestro alrededor son incomprensibles. Por qué florece el mal y palidece el bien, no se sabe. La noche se establece sobre las preguntas humanas más importantes. La Teosofía la ilumina inmediatamente. Insiste que las causas morales no son menos efectivas que las físicas, y que su debido efecto, para bien o para mal, está infaliblemente relacionado con cada acto moral. No hay escape, pérdida o falta de certeza, la ley no se intimida en absoluto y es irresistible. Cada deuda, por pequeña que sea, debe ser pagada por el individuo o a él mismo. De ninguna manera es indispensable que sea en una vida, pero de algún modo y en algún lugar en la gran cadena se hace rigurosa justicia; porque el efecto de causas generadas en el plano moral puede que tengan que agotarse en circunstancias físicas. Si la carencia de egoísmo constituye el método hacia la regeneración social, Karma, porque este es el nombre de esta doctrina de justicia, debe ser su estímulo. Nada falla, nada bueno o malo puede morir sin su fruto. El resultado de un acto es tan certero como el acto mismo. ¿Cómo puede un sistema no ser práctico cuando elimina toda obstrucción a la ley de causación, y hace de la práctica la clave de todo su mecanismo? La Teosofía sostiene que todo hombre es el constructor de su propio destino. Hace pedazos todo el aparato teológico de ‘determinación’, y ‘predestinación’, y ‘destino’. A las teorías semi-materiales de ‘suerte’, ‘destino’, y ‘azar’, no les sucede algo mejor. La Teosofía no tiene ninguna de ellas. Insiste en que sólo podemos ser lo que nos propusimos, que ningún poder sobre nosotros o debajo nuestro nos impedirá o desviará, y que nuestro destino está en nuestras propias manos. Podemos percibir la belleza de esa concepción del futuro que la encarna, restituyéndola a la totalidad divina por medio de la eliminación de todo lo que es sensorio, egoísta y despreciable, y al percibirlo, podemos avanzar con esfuerzo hacia esa meta lejana; o auto-engañados, ansiosos sólo de lo transitorio y lo material, podemos abrazar con fuerzas nuestros placeres actuales, no haciéndole caso a los demás ni a la ley kármica; pero, sea cual sea el ideal, el esfuerzo, o el resultado, es sólo nuestro. Ninguna divinidad saludará al conquistador como un favorito del Cielo; ningún demonio se apoderará del perdedor en una garra predestinada. Somos lo que hemos hecho de nosotros, y seremos lo que hagamos. Aquí llega el hecho de la Reencarnación. Sólo una vida es poco para el desarrollo del hombre. Una y otra vez debe venir a la tierra, probar su cualidad, acumular su experiencia y su disciplina, cada paso sobre la tierra determina la naturaleza de su sucesor. Siguen dos cosas: primero, nuestro estado presente revela lo que hemos logrado en vidas pasadas; segundo, nuestros hábitos actuales deciden lo que será la próxima vida. El poder formativo reside en nosotros; nuestra aspiración incitando hacia el objetivo deseado, y nuestra voluntad llevándolo a cabo. ¡Con seguridad es la perfección de la ecuanimidad, que cada hombre sea lo que desea ser! De todos los variados esquemas para el mejoramiento del ser humano, que la historia ha registrado y la humanidad ha intentado, ¿existe uno tan racional, tan justo, imparcial, elevador, motivador, como el que presenta la Teosofía? Distinciones y concepciones artificiales son eliminadas totalmente. Ambiciones extravagantes no tienen lugar alguno. Los artefactos mecánicos están totalmente ausentes. La raíz de toda separación y enemistad, el egoísmo, es expuesto y denunciado. La inflexibilidad de la ley moral es expuesta vigorosamente. La percepción del objetivo individual queda librada totalmente a cada individuo. Por lo tanto, eliminando todo artificio y anulando todo examen concebido por teólogos, abriendo el sendero hacia el más elevado ideal de fervor religioso, asegurándose que ningún elemento se pierda en la larga cuenta que cada hombre agrega en sus muchas vidas, dándosele a cada uno la determinación y adquisición de su meta elegida. La Teosofía hace lo que ningún otro sistema ha hecho o puede hacer: afirma la consciencia moral, confirma el sentido moral, estimula el motivo moral. Siendo por lo tanto práctica y practicable. De igual modo, se convierte en una guía en la vida. Una vez que se le ha presentado al hombre el objetivo, y la certeza de que todo acto afecta a ese objetivo, la cuestión de la conveniencia de cualquier acto se determina inmediatamente. ¿Es un acto egoísta, no fraternal, agresivo? Por lo tanto es anti-teosófico. ¿Conduce al altruismo, la espiritualidad, el progreso? Entonces lo reafirma la Teosofía. El examen es simple y sin complicaciones, y por ende factible. Quien va a ser guiado por las complejidades de la vida no necesita buscar un sacerdote o un intercesor, sino que, iluminado con el Espíritu Divino siempre presente en su ser interno, estimulado por la visión de la unión final con el Supremo, seguro de que cada esfuerzo tiene su resultado inseparable, consciente de que la responsabilidad para su adopción está en él mismo, puede continuar en armonía, esperanza, y felicidad, libre de recelos respecto a la justicia o al éxito, y firme en la fe de que quien se ha ajustado a la Naturaleza y sus leyes, se adecuará al destino que ella predice para el Hombre.
Un hombre es mejor cuando él es más, él mismo. Henry David Thoreau
|
|
|
Página
12 |