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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 5 - Febrero 2008 (en Castellano)

 
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ESTUDIOS SOBRE LA VOZ DEL SILENCIO, parte 9

 

 

John Algeo

 

Continuando la exploración de “Los Dos Senderos”, es decir, el Sendero de la auto-perfección y el Sendero del servicio a los demás, los versos 123 al 134 exploran un tema que HPB hizo central en Teosofía: el altruismo, la buena voluntad de vivir, no sólo para uno mismo, sino para los demás. Este tema es esencial en todo el segundo fragmento del libro, pero se desarrolla con especial claridad en estos pasajes.

 

VERSOS [123-134]

[123] Si te dicen que para convertirte en Arhan, tienes que dejar de amar a todos los seres, diles que mienten.

[124] Si te dicen que para obtener la liberación tienes que odiar a tu madre y desatender a tu hijo; renegar de tu padre y llamarlo “casado”;11  renunciar a toda compasión por el hombre y el animal, diles que su lengua es falaz.

[125] Esto enseñan los Tirthikas, los incrédulos.

[126] Si te enseñan que el pecado nace de la acción y la dicha de la absoluta inacción, entonces diles que están equivocados. La no permanencia de la acción humana, la liberación de la mente de la esclavitud por medio de la cesación del pecado y los vicios, no son para los Egos-Deva. Así dice la Doctrina del Corazón.

[127] El Dharma del “Ojo” es la encarnación de lo externo, y lo no-existente.

[128] El Dharma del “Corazón” es la encarnación de Buddhi, lo permanente y eterno.

[129] La Lámpara arde con brillantez cuando la mecha y el aceite están limpios. Para purificarlos es menester un purificador. La llama no experimenta el proceso de purificación. “Las ramas de un árbol son sacudidas por el viento; el tronco permanece inmóvil”.

[130] Tanto la acción como la inacción pueden hallar cabida en tí, agitado tu cuerpo, tranquila tu mente, tu alma tan cristalina como un lago de montaña.

[131] ¿Quieres tú convertirte en un Yogui del Circulo del Tiempo? Entonces, Oh lanoo:

[132] No creas que viviendo en selvas sombrías, en orgulloso retiro y apartado de los hombres; no creas tú que alimentándote con raíces y plantas, y mitigando la sed con las nieves de la gran Cordillera, no creas tú, devoto, que esto pueda conducirte a la meta de la liberación final.

[133] No pienses que con quebrantar tus huesos y desgarrar tu carne y tus músculos te unes con tu Yo silencioso. 12 No pienses que una vez vencidos los pecados de tu forma física, oh víctima de tus sombras13, quedan cumplidos tus deberes para la Naturaleza y el hombre.

[134] Los benditos han desdeñado obrar de esa manera. El León de la Ley, el Señor de Misericordia, percibiendo la verdadera causa de la desgracia humana, inmediatamente renunció al dulce pero egoísta descanso de la selva tranquila. De Ārankaya14 pasó a ser el Maestro de la humanidad. Después que Julai15 hubo entrado en el Nirvana, predicó en el monte y la planicie, y pronunció discursos en las ciudades, a devas, hombres, y dioses. 16

 

COMENTARIOS. El verso 123 alude a un “arhan” (también llamado “arhat”). El término significa literalmente “que merece respeto” y se usa para una persona iluminada. Más específicamente, el arhat es el que está en la cuarta etapa o ha tomado la cuarta iniciación en el Sendero.  En el Budismo del Sur, el arhat es el que ha obtenido la iluminación, no por sí solo, sino a través de la instrucción dada por otro ser ya iluminado. La afirmación del verso 123 enfatiza un tema central dentro de este segundo fragmento en “Los Dos Senderos”, el concepto del bodhisattva, es decir que volverse iluminado no significa aislarse de nuestros semejantes. Este tema se desarrolla más ampliamente en los versos siguientes.

El término “dueño de casa” en el verso 124 se refiere a la segunda de las cuatro etapas ideales (o āsrama-s) en la vida de una persona.  En la tradición hindú, existen cuatro etapas cronológicas a través de las cuales podemos pasar: (1) la etapa de estudiante (brahma-charya), en la que aprendemos lo necesario para vivir en el mundo; (2) la etapa de de dueño de casa/ jefe de familia casado (grhastha), cuando constituimos nuestra familia, nos casamos, tenemos hijos, y generalmente nos ocupamos del mundo de los negocios; (3) la etapa del morador de los bosques (vānaprastha), cuando nos retiramos de la vida activa y estamos disponibles para dar consejos a aquellos que están en las dos primeras etapas; y (4) la etapa del renunciante (sannyāsa), cuando hemos renunciado a todas las cosas terrenales y nos preparamos para la próxima etapa en nuestro peregrinaje hacia la eternidad. No todos pasan a través de las cuatro etapas. Pero llamar a nuestro padre “cabeza de familia” implica que su desarrollo se ha detenido, que está estancado en una etapa de la cual debió haber progresado. HPB tiene una glosa respecto al término:

 

Glosa 11: Rathapāla, el gran Arhat, se dirigió así a su padre en la leyenda llamada Rathapāla Sutrasanne. Pero  como todas las leyendas son alegóricas (por ejemplo el padre de Rathapāla tiene una mansión con siete puertas), de ahí la reprimenda a todos los que las aceptan literalmente.

 

La cuestión admite diversos enfoques: primero, no deberíamos suponer que podemos juzgar el progreso espiritual de otro. Además no deberíamos distanciarnos de aquellos que viven en el mundo, creando un clima de separación entre “nosotros” versus “ellos”. Como HPB dice, no debemos interpretar literalmente afirmaciones que son metafóricas o simbólicas. Esa misma precaución fue repetida posteriormente  por Pamela Travers, autora de los libros de Mary Poppins y estudiante de George Russell, el teósofo irlandés (seudónimo “AE”), quién dijo que hay tres reglas para interpretar arquetipos:

“(1) No los tomen literalmente. (2) No los tomen literalmente. (3) No los tomen literalmente.”

En el verso 125, HPB tiene una nota para el término “tirthika”, el cual ella explica como “ascetas brahmanes”. El Glosario Teosófico tiene un comentario ligeramente más largo: “instructores heréticos. Un epíteto aplicado por los ascetas budistas a los brahmanes y a ciertos yoguis de India.” El diccionario sánscrito de Sir Monier Monier–Williams define el término como una expresión budista para “un partidario o líder de cualquier otro credo que no sea el propio”. Es decir, un tirthika es alguien con ideas diferentes.

El verso 126 se mueve a un tema que es central en el Bhagavadgitā: no desear (y en realidad la imposibilidad de) abstenerse de la acción. Si vivimos en este mundo, debemos actuar. Somos seres evolucionantes o “Egos Deva”, un término que HPB aclara en una nota como “Egos reencarnantes”. Como tales, podemos progresar solamente a través de la acción, que no es una fuente de “pecado” sino de oportunidades.

Este verso y los dos siguientes (127 y 128) vuelven a plantear las dos doctrinas o dharma-s del Ojo y del Corazón. El Dharma o enseñanza del Ojo es el conocimiento exotérico sobre lo que es “externo” o de afuera y por lo tanto es “no-existente” porque es māyāvico o ilusorio, siendo no estable en sí mismo sino que cambia constantemente y es relativo en su significado y valor. El Dharma o enseñanza del Corazón es la sabiduría esotérica sobre lo que es permanente y duradero. “Corazón” no significa emoción o sentimiento o afecto, sino gnosis interna, la encarnación o expresión de bodhi, que HPB menciona como “Sabiduría divina y verdadera”.

Los versos 129 y 130 consideran la paradoja de la quietud en el centro de la tormenta como una solución a la dicotomía entre acción e inacción. Un huracán es un viento extraordinariamente fuerte y violento con lluvia y a menudo asociado con tornados e inundaciones debidas al oleaje del mar que avanza sobre la tierra. Pero el ojo o centro del huracán es un punto de quietud y calma. Aquellos que han experimentado un huracán pasando directamente sobre ellos sabrán lo que eso significa. Al comienzo del huracán, a menudo varios días antes, el cielo se vuelve gris y encapotado; luego se levanta viento y eventualmente se vuelve muy fuerte y destructivo, a medida que el cielo se pone negro. El huracán más débil tiene vientos de 74 millas por hora y la mayoría de los que son considerablemente más fuertes, a menudo más de 100 millas por hora. Cuando el ojo del huracán pasa por encima, de repente todos los vientos cesan, hay una calma que es un contraste sorprendente con la violencia previa, y el cielo está celeste y el sol brillando. Luego los vientos retornan, desde la dirección opuesta y la tormenta continúa. Este fenómeno se debe al hecho de que un huracán es un viento enormemente grande circulando embravecido alrededor de un centro despejado.

Nuestra vida es parecida al viento del huracán. En su centro, existe un lugar de calma y paz. Con los huracanes metereológicos sólo podemos esperar que la tormenta pase encima de nosotros. Con los huracanes de nuestra vida interna, podemos ubicarnos en el ojo de la tormenta, donde todo esta despejado, calmo y quieto. Surendra Narayan hace una exposición perspicaz sobre este tema en “En la Atalaya”, El Teósofo 128.10 (Julio 2007): 363-5.

Los versos 129 y 130 ofrecen tres metáforas para este estado de la mente: (1) Una lámpara necesita que su mecha esté recortada y su aceite limpio para que arda bien; la llama (nuestra conciencia interior) no experimenta el recorte o la limpieza, que son actos “violentos” para la forma externa. (2) Un árbol puede tener sus ramas agitándose violentamente en una tormenta, pero su tronco, su núcleo central, permanece quieto. (3) Un lago puede tener su superficie agitada por olas debido a una tormenta, pero debajo de la superficie, está en calma y tranquilo. Todas estas metáforas están hablando sobre una conciencia interior tranquila aún cuando agitaciones externas perturban al cuerpo.

En el verso 131, “el Círculo del Tiempo” es un equivalente literal del término sánscrito Kālachakra, que es el nombre de uno de los ritos iniciáticos en el Budismo Tibetano, pero también se refiere de modo más general al concepto de la ciclicidad del tiempo. La imagen del kālachakra o Círculo del Tiempo es más o menos equivalente a la imagen europea medieval y renacentista de la Rueda de la Fortuna. Esta última es un emblema de la realidad siempre fluctuante en la que vivimos,  con un conjunto de circunstancias continuamente sucediendo a otro. La Rueda de la Fortuna en las cartas del Tarot (Carta mayor de triunfo nº 10) es una imagen iconográfica típica occidental de este arquetipo. Otra es el bhava-chakra budista o Rueda de la Transformación, que representa gráficamente el concepto budista de “origen dependiente”, es decir, la cadena de causación que produce miseria en la vida y que constantemente se repite a sí misma.

El Yogui del “Círculo del Tiempo” se puede entender probablemente como cualquier persona que está tratando de conquistar la plenitud (el objetivo de la Yoga) dentro de las circunstancias fragmentadas y siempre cambiantes de este mundo. Para hacerlo no podemos apartarnos del mundo como un ermitaño o un asceta que rechaza al mundo y al cuerpo. Al contrario, deberíamos seguir el ejemplo de Buda, que después de obtener la iluminación, vuelve entre las personas, enseñando y atendiendo sus necesidades. Este concepto se expone en los versos 131 a 134.

Estos versos también contienen varias glosas y una nota para aclarar algunos de los términos usados en ellos. En el verso 133, el “Yo silencioso”, al cual nosotros como una personalidad debemos unirnos, se explicó como el ātmā o Yo Esencial en nosotros:

 

Glosa 12. El Yo Superior, el séptimo principio.

 

Y correlativamente, nuestras “Sombras” son la personalidad material- corporal, o mejor dicho personalidades, ya que todos nosotros tenemos más de una persona a través de la cual nos enfrentamos al mundo:

 

Glosa 13. Nuestros cuerpos materiales son llamados “sombras” en las escuelas místicas.

 

En el verso 134, el “León de la Ley, el Señor de Compasión” se lo identifica como “Buddha” en una nota. Āranyaka, literalmente “relacionado con la selva o monte”, indica uno de los cuatro tipos de escritura védica, siendo los otros los Veda-s mismos, que son himnos o mantra-s, los Brāhmana-s o guías para la realización de sacrificios rituales, y los Upanishad-s o tratados filosóficos y espirituales. Los Āranyaka-s fueron obras alegóricas y para meditar, destinadas especialmente a los ascetas que se habían retirado a los bosques; el término también se usa, como aquí, para un sabio que mora en el bosque:

 

Glosa 14. Un ermitaño que se retira a la selva y vive en un bosque, cuando se convierte en un Yogui.

 

“Julai” se dice que es otro nombre para el Buda, ya sea el Siddhārta Gautama histórico o cualquiera de las grandes almas que han obtenido la iluminación búdica. Es parecido a Tathāgata, título que significa literalmente “uno que ha partido o ha arribado”, es decir, que ha cruzado el río de samsāra ilusorio para arribar a la Verdad de nirvāna.

 

Glosa 15. Julai, nombre chino para Tathāgata, título aplicado a cada Buddha.

 

El verso 134 termina con una glosa que enfatiza el punto fundamental manifestado a través de todos estos versos, a saber, que la iluminación no es para el individuo aislado. Requiere compartir sus beneficios con toda la humanidad: 

 

Glosa 16. Todas las tradiciones del Norte y del Sur concuerdan en mostrar al Buddha renunciando a su soledad tan pronto como Él ha resuelto el problema de la vida, es decir, obtuvo la iluminación interna, y enseña públicamente a la humanidad.

 

MEDITACIONES:

 

1.     Piense en sí mismo como conectado con todas las personas del mundo. Puede imaginarse como tomándose las manos con otros dos, que a su turno toman las manos de otros, hasta que el globo entero está unido por personas tomadas de la mano en una cadena viviente. O puede imaginar una red alrededor del planeta, cada nudo de la red es una persona, usted, uno de ellos, y el cordón de la red son las conexiones que nos unen a todos.

2.     Imagine una de las imágenes mencionadas en este artículo: el centro en calma del ojo de un huracán, una lámpara cuya mecha está recortada, el aceite limpio y cuya llama arde continuamente, un árbol cuyas ramas son sacudidas por el viento pero cuyo tronco está firme, o un lago de montaña, agitado en la superficie, pero límpido y tranquilo por debajo de ella. Identifíquese con esa imagen.

3.     Contemple al Buda como un modelo de vida. Dejó una vida de exuberante confort por la de un asceta sin hogar; luego encontró el camino del medio debajo del Árbol de la Sabiduría, e inmediatamente regresó a la vida del mundo para estar en él, pero sin ser de él, y para enseñarle a todos los seres que podemos entrar en la misma luz que él encontró.

 

“Que aquellos cuyas almas están abiertas para recibir la verdad, la escuchen. El Sendero que he seguido, es feliz y hermoso.”

Mahavagga, 1:5.12

 

 

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