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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 5 - Febrero 2008 (en Castellano)

 
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  LOS ALBORES DE LA ILUMINACIÓN

(Conferencia de la Convención, Adyar, 29 de dic. 2007)

 

Linda Oliveira

      (Linda Oliveira es Presidenta Nacional de la Sección Australiana de la S. T.)

 

 

 

Considere lo siguiente por unos instantes en su imaginación:

 

Oscuridad…

 Un movimiento incesante de un poder débil y oscuro…

 Un sentimiento de inmensa profundidad…

 Un cambio. Un sueño nos llega de la oscuridad.  Un sentimiento sobrecogedor alcanza el borde de la realidad.  En la oscuridad del agua, como una sombra difusa en un espejo –un espejo de gran profundidad- se ve algo familiar; una premonición duele para volverse una memoria, un asombro ondula hacia una idea…

Concentración…

Y en las profundidades de lo profundo, de lo eternamente lejano, un solo punto de luz inmaculada…

Luz inmaculada

 Brillo sin tacha en el que no existe división. Los poderes que, sin verificar, pueden modelar un mundo, no están separados.  Un brillo intenso, una radiación divina de simetría singular, como una perla de perfección alumbrada desde su interior. En esta luz el equilibrio no se rompe, el umbral no es violado.  En esta luminosidad que es sólo Yo no puede haber nadie más. El conocimiento completo del universo se mira a sí mismo y ve que es bueno…

Ese punto de luz perfecta es el esplendor de amor completo.  Es el brillo que está en el corazón del brillo. Sin defectos, indiviso, perfectamente coherente, es lo Uno que está en el Todo…

 

   El amanecer de un universo es un acontecimiento de tal esplendor, de tal sobrecogedora magnitud y tal sacralizad inefable, que desde cierto punto de vista intentar describirlo puede parecer causa perdida. Sin embargo un sentido de nuestros orígenes fuera del tiempo junto con la facultad imaginativa de la mente humana, han inspirado descripciones de este hecho usando imágenes y símbolos.  El pasaje citado precedentemente es parte de una meditación del científico Darryl Reanney, que también era un místico.  Para él lo Uno era luz impecable, es decir, luz sin tacha, una perla de perfección. Surgió de la Oscuridad que él comparó con el agua o una sombra de un reino de misterio allende la percepción.

   Mme. Blavatsky describió el despertar del cosmos usando imágenes similares, un poco diferentes, en su magnífica obra, La Doctrina Secreta.  En vez de luz surgiendo de las aguas de la profundidad, leemos: “LA OSCURIDAD IRRADIA LUZ, Y LA LUZ DEJA CAER UN RAYO SOLITARIO DENTRO DEL AGUA, DENTRO DE LA PROFUNDIDAD-MADRE (III:3)”. Ese rayo solitario que la luz deja caer, sugiere La Doctrina Secreta, es Pensamiento Divino metafísico y abstracto, que produce que el huevo eterno se estremezca, el que luego se condensa en existencia real.  La luz, en el lenguaje del esoterista, ya sea que provenga de la oscuridad, de aguas oscuras, o de algo como una sombra oscurecida en un espejo, emerge de un reino que es misterioso e incognoscible.  En las enseñanzas de la Sabiduría la mente es envuelta y finalmente conectada a un reino de luz. Esto tiene su correspondencia en los principios humanos; buddhi es a menudo descrito como esa facultad que puede iluminar la mente, siendo la mente el principio más denso siguiente, cuando la consciencia se “solidifica” más. La conexión fundamental de la mente con la luz, y en el caso de humanos, su transformación eventual por medio de la agencia de la luz, nos lleva al tema de esta charla, que se relaciona con los albores de la iluminación profundamente dentro de las concavidades del ser humano.

 

 

Unos pocos pensamientos sobre la Iluminación y la Luz

 

  Iluminar significa “dar luz”, “decorar”. Por lo tanto un ser iluminado se puede considerar como una fuente de energía luminosa auto-generada, potente y bruñida, más que alguien que recibe o refleja luz de algún otro lado.

   A veces escuchamos la frase “luz del ser”, que es un modo de describir una consciencia que es fuerte, gozosa, alegre. La luminosidad implica ausencia de oscuridad, eso que se puede percibir sólo cuando uno primero ha conocido la oscuridad; implica una fuente de iluminación, eso que serena de modo que se puede comprender, implica expansión y cierto bienestar del ser.

   En términos más prácticos, la fuente de la luz de la tierra es, naturalmente, el sol.  Se dice que el sol de nuestro sistema es el vehículo físico de un gran ser, un Logos que al mismo tiempo alimenta, envuelve y aligera nuestro mundo. Sin luz, uno de los requisitos esenciales para nuestro alimento, no tendríamos sustento.  De modo similar, al menos sin algo de iluminación espiritual, no tendríamos sustento interno.

 

 

La dualidad de partícula-onda dentro del Ser Humano

 

   Vayamos ahora a una característica interesante en el comportamiento de la materia física, que tiene correspondencias fascinantes con el modo en que funcionamos como seres humanos, incluyendo nuestro surgimiento en estados cada vez más iluminados.  Esta característica es el fenómeno de la dualidad de partícula-onda.

   En la física y la química, la dualidad de partícula-onda es el concepto de que toda materia física exhibe tanto las propiedades ondulatorias como de partículas.  Consideremos esto brevemente dentro del contexto de nosotros mismos. Los humanos están compuestos tanto de materia física como de grados más sutiles de ésta. El cuerpo humano puede ser flexible (más ondulatorio) o más rígido.  La personalidad humana tiende a ser “posesiva” por naturaleza, adquiriendo más y más “posesiones” para sí, no sólo adquisiciones físicas, sino emocionales y mentales, de experiencia de vida, etc.  Todas ellas se agrupan, por así decirlo, en la atracción magnética de la personalidad, que puede reforzarse diariamente, aumentando su propia auto-importancia e intensificando su sentido de ser un yo particular, distinto y separado.

   El tipo de personalidad mencionado precedentemente, podría tipificar la naturaleza de una persona “ordinaria”, en contraste con un individuo “extraordinario”, en quien la iluminación espiritual está despuntando.  Después que el alma ha padecido muchas vidas de experiencia, existe inevitablemente un sentido de  insatisfacción en aumento con lo que el mundo externo nos brinda.  Nuestro mundo interior comienza a llamar, al principio tenuemente. La lámpara interior no puede ser atendida sin ayuda de modelos externos, tal vez por muchas vidas.  Varias oportunidades pueden ayudarnos a explorar más este viaje interior, por ejemplo, la proximidad a un individuo más evolucionado durante algún tiempo, un sendero religioso, o una organización como la Sociedad Teosófica.

   Con el transcurrir del tiempo, el viaje interior se vuelve más urgente.  A medida que la evolución procede, podemos acercarnos más a los demás, expandiendo nuestra consciencia de modo que es más fluida y ondulatoria, más que relativamente fija y poseedora. El modelo de nuestros sobresaltos emocionales comienza a suavizarse más, volviéndose menos impredecible e irregular, más fluido y adaptable.

   La dualidad de onda-partícula de la materia física también se refleja mucho en lo que podría pensarse como onda-partícula de la mente humana.  Como se ha indicado reiteradamente en los escritos teosóficos, la mente funciona en dos formas primarias: analítica/mecánica y abstracta/filosófica. La mente, cuando opera de modo analítico, reúne discretas piezas de información, partículas de información, si lo prefieren.  Puede parecer que está compuesta de fragmentos pequeños, especialmente durante un día muy ocupado. Pero a fin de hacer conexiones, y ciertamente a fin de volverse un conducto para la luz de buddhi, las actividades de la mente necesitan volverse más refinadas, suaves, y ondulatorias.  Si está demasiado ocupada adquiriendo “partículas” de información, entonces las conexiones y el significado interno de las cosas, indefectiblemente pasan a segundo lugar.

 

 

Una imagen del amanecer

 

   Es saludable recordar la conexión entre la luz y la mente mencionada anteriormente -que la mente es envuelta, y está conectada a un reino de luz.  Aquí es donde una imagen con la que todos en el planeta están familiarizados, puede ayudarnos a comprender algunas verdades sobre nosotros mismos y nuestra evolución. Imaginen esta vez el proceso de un bello amanecer, los destellos de un nuevo día.  Antes del amanecer, no sólo el cielo, sino todo, está oscuro.  En una noche nublada, cuando las estrellas y la luna no están visibles, y no estamos cerca de una fuente de luz artificial, es totalmente negro azabache.  Fortuitamente, casi de modo imperceptible, se produce un cambio en la calidad de esa negrura -reminiscente de los cambios extremadamente sutiles anteriores a la manifestación, mencionados en la Stanzas del Dzyan– que difícilmente podría ser reconocido como cambio alguno. Ocasionalmente hay una débil luz en el horizonte que lentamente se colorea.  El proceso del amanecer puede volverse un juego de suprema maestría de instante en instante, conmovedoramente bello, henchido del potencial del día que se aproxima. El mundo en rededor, que estaba envuelto en misterio, ahora lentamente es traído a la vida. Uno puede comenzar a percibir árboles, casas, extensos campos, espejos de agua, etc. Estas formas, al principio no tienen gran definición y parecen grises.  Aparecen en su totalidad sólo cuando el sol eventualmente alcanza el cenit, y en un cielo completamente sin nubes –cuando hay verdadera claridad y la luz ilumina cada objeto en su totalidad.

   Por analogía, del proceso del amanecer de un nuevo día podemos apreciar unas pocas verdades similares al de la condición humana:

 

·                    Sólo podemos conocer la luz cuando hemos conocido la oscuridad. Cierto grado de dolor y sufrimiento es un componente inevitable  de nuestro viaje hacia la Auto-iluminación. Tiene una importante función purificadora.

·                    El amanecer ocurre gradualmente, y de igual modo los destellos del Yo sólo pueden ser indicios sutiles al principio, estremeciendo la consciencia lentamente.

·                    Un amanecer colorea y anuncia cada nuevo día de modo diferente, porque no existen dos amaneceres iguales.  De igual modo, no hay dos seres humanos iguales.  Como el amanecer y el desarrollo de cada nuevo día es diferente, de igual modo cada uno de nosotros es único. Nuestro amanecer espiritual y consecuentemente nuestro viaje interno nunca se puede clonar o repetir en otro.

·                    El sol atraviesa el cielo, alcanzando su cenit en un día claro, iluminando completamente todo en su esplendor. De modo similar el proceso de Auto-iluminación implica ver el mundo físico cada vez más claramente, al igual que una nueva consciencia amanece, pero tal vez más importante: “ver” más allá de este mundo, comprendiendo las sutilezas, las conexiones radicales, el espíritu dentro de todo. Esta es una nueva forma de ver, reflejando la creciente luz de la Verdad en el interior.

   Al respecto existe un relato sobre un gurú que le preguntó a sus discípulos cómo podían saber cuándo había terminado la noche y comenzado el día:

 

Uno dijo: “Cuando ves un animal a la distancia y puedes saber si es una vaca o un caballo”.

 “No”, dijo el Gurú.

 “Cuando miras un árbol a la distancia y puedes saber si es un olmo o un mango”.

 “Mal otra vez”, dijo el Gurú.

 “Bien, entonces ¿qué es?”, preguntaron sus discípulos.

 “Cuando miras la cara de cualquier hombre y reconoces a tu hermano en él; cuando miras la cara de cualquier mujer y reconoces en ella a tu hermana.  Si no puedes hacer esto, sin importar la hora solar que sea, todavía es de noche”.

 

   ¿No ilustra bellamente este relato la dualidad de onda-partícula, o quizás más verdaderamente, la polaridad onda-partícula, de la consciencia humana?  Podemos categorizar tipos de animales y árboles y personas, de modo que estén todos encasillados dentro de nuestra mente en unidades separadas y discretas.  Pero mucho más significativamente, con el amanecer de la iluminación interna, podemos comenzar a experimentar nuestra unión íntima con toda la vida, sentir el flujo ondulatorio de conexión. Podemos “ver” cada vez más claramente cómo los velos de nuestro condicionamiento se vuelven más delgados, al igual que el sol “ve” el mundo en un día claro desde su rarificado punto privilegiado allí arriba en el cielo.

   Podemos tomar el relato sobre el Gurú y el discípulo más ampliamente que sólo reconociendo a los demás como nuestros hermanos y hermanas.  El ser humano iluminado tiene una cualidad de percepción que lo comprende todo, incluyendo todos los objetos y es como una expresión de la divinidad. Imaginemos por un momento, algunos ejemplos de cómo sería realmente experimentar el espíritu en todo, no como una construcción mental encasillada, obtenida de las enseñanzas teosóficas, sino como una realidad.  Incluso las relativamente primeras etapas de tal despertar podrían hacer los aspectos mundanos de vida completamente extraordinarios.  Por ejemplo, un encuentro casual con un extraño podría tener una cualidad totalmente diferente. Todas las personas serían nuestros amigos y nuestros maestros, vistos por igual. En el hogar, nuestro trato con los objetos diarios más mundanos estaría marcado por cierta reverencia, consideración y cuidado. También, la tentación de juzgar por las apariencias disminuiría notablemente.  Un maravilloso ejemplo de la falsedad potencial de las apariencias se da en Las Cartas de los Maestros a A. P. Sinnett respecto al Sr. Bennett, un americano, cuyas manos y uñas sucias, y su lenguaje burdo, podrían haberle velado al Sr. Sinnett el hecho de que él era realmente uno de los agentes de los Mahatmas. El Mahatma comentó que “pocos tienen un corazón más amable, bondadoso y veraz”,  que era lo que realmente importaba.

 

 

Inspiración y Esperanza

 

  Un cínico, al darle hoy una mirada rápida a la humanidad, podría afirmar que un fenómeno tal como la iluminación interna es en el mejor de los casos poco probable, y en el peor, imposible!  Sin embargo, el estudiante de las enseñanzas de la Sabiduría Eterna, que ha sido tocado verdaderamente por su importancia, observaría que la evolución es en su totalidad dolorosamente lenta, y sin embargo a largo plazo también es motivo de optimismo.  Por ejemplo, ha habido, y hay, ciertas “luces brillantes” en el firmamento humano. Estos pocos y raros individuos, tal vez sobresalen más claramente cuando consideramos la enseñanza de kali-yuga, la época de materialismo masivo y de oscuridad espiritual que nos envuelve ahora, y que es relativamente joven.

   En la historia humana, seres iluminados interiormente han ayudado a proveer gran parte del alimento espiritual de la humanidad, inspirando a quienes son receptivos, reforzando su sentido de conexión con los demás y con su Fuente. Estos grandes seres se han manifestado como perlas en un collar de hilo delicado, un hilo que aparentemente es frágil y sin embargo es fuerte.  Ese hilo ha unido personajes -profunda e inextricablemente a través de los años- que  permanecen como faros de esperanza e inspiración en un mundo que está en muchos aspectos a la deriva, sobre las aguas del materialismo en todos sus modos.

 

 

Un Portal Primario

 

   Uno puede considerar varias enseñanzas sobre la vida espiritual, como por ejemplo el sistema de yoga de Patanjali, escrituras sagradas de las grandes tradiciones religiosas y enseñanzas teosóficas sobre la posibilidad de una serie de iniciaciones.  Pero, ¿existe, quizás, un portal primario hacia la Auto-iluminación?  El siguiente pasaje familiar de Luz en el Sendero hace que nuestra brújula espiritual sea muy clara: “Considera muy honestamente tu propio corazón.  Porque por tu propio corazón llega la única luz que puede iluminar la vida y aclararle a tus ojos todas las cosas”. Recuerden también el final del pasaje al comienzo de esta charla: “Ese punto de luz perfecta es el esplendor de amor completo.  Es el brillo que está en el corazón del brillo. Sin defectos, indiviso, perfectamente coherente, es el Uno que es el Todo”.

   Cuando el corazón y la mente se fusionan, aunque sea momentáneamente, entonces la luz que envuelve la mente puede brillar en su totalidad y así desaparecen las divisiones.  San Juan de la Cruz escribió sobre el alma que posee grados de amor. En el último grado del alma, comentó que el amor de Dios transformará e iluminará el alma, haciendo que sea como un cristal claro y puro. Él escribió que “cuantos más grados de luz recibe, mayor concentración de luz existe en él.” Eventualmente no se puede distinguir realmente el alma de la luz, y aparece como siendo la luz misma.

   ¿Qué es esta luz única, mencionada en la cita de Luz en el Sendero, que puede iluminar la vida?  El Sr. N. Sri Ram la describió como la luz de comprensión perfecta, que siente la naturaleza de todo matiz y variación, y guía la manifestación de la vida. Puede estar oculto por el efecto sombrío de las corrientes conflictivas, pero existe oculto dentro de la vida misma. De muchos modos es un gran misterio, oculto a la vista ordinaria, como se indica tan bellamente en la invocación universal escrita por Annie Besant, que todavía se usa en todo el mundo.  Ella nos recordó que esta luz brilla en toda criatura, toda criatura, por pequeña que sea y en la forma que sea.

   Por lo tanto, para continuar con el hilo de esta charla, la Auto-iluminación implica cierta facultad de ver, similar al lugar de privilegio del sol en su cenit, pero en este caso por medio del cielo claro y transparente de nuestra consciencia. Su amanecer puede extenderse por muchas vidas, puede inicialmente ser un asunto en punto muerto, puede estar marcado con periodos de dolor, y también con periodos de paz y dicha en aumento. Su esencia se puede pensar como el florecimiento de un corazón prístino, una consciencia que no busca nada para sí misma. El proceso requiere de ayuda externa, tal vez durante un largo tiempo, antes que la iluminación proceda como un proceso interior más pleno.

   Un maravilloso pasaje de Sri Krishna Prem y Sri Madhava Ashish es una referencia adecuada para concluir, destacando tanto nuestra insignificancia relativa como también el modo en que cada uno de nosotros es fundamentalmente un holograma perfecto de Luz de la Mente Universal:

 

Sólo somos motas de polvo danzando dentro de su Luz que nos rodea por todas partes.  Somos sólo momentos de esa Luz; es nuestro propio Yo.  En nuestro interior y afuera no somos nada excepto esa Luz; incluso nuestra estructura externa es la impresión de su pensamiento y es por esta razón que, verdaderamente, el hombre es la medida de todas las cosas y contiene dentro de sí -incluso dentro de su cuerpo físico- todas las maravillas del universo. (p.171).

  

Referencias

Barker, A. Trevor (Transcr. & comp..). Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett DE LOS Mahatmas M. & K.H., Edit. Teosófica, Filipinas, 1993.

Blavatsky, H. P., La Doctrina Secreta, vol. 1, Edit. Teosófica (TPH), Adyar, 1978.

Collins, Mabel, Luz en el Sendero, TPH, Adyar, 1982.  

De Mello, Anthony, Tomando Vuelo, Doubleday, New York, 1988.

Happold, F. C., Misticismo, un estudio y una Antología,  Penguin Books, Middlesex, Inglaterra, 1970.

Onions, C. T. (ED.), Diccionario Inglés Oxford de Etimología, Oxford University Press, Londres, 1966.

Krishna-Prem, Sri, y Sri Madhava Ashish, El Hombre la Medida de todas las Cosas, Rider and Company, Londres, 1969.

Reanney, Darryl, Música de la Mente, una aventura en la Consciencia, Hill of Content, Melbourne, 1994.

Sri Ram, N., En busca de la Sabiduría, TPH, Adyar, 1969, Wikipedia.

 

 


  

Con el conocimiento real, por lo menos con una convicción segura de que nuestro prójimo no se esforzaría en hacernos daño, más de lo que nosotros pensásemos en hacérselo, las dos terceras partes del mal que hay en el mundo se desvanecería. Si ningún hombre perjudicara a su hermano, Karma-Némesis no tendría motivo ni armas para actuar. La presencia constante, entre nosotros, de todo elemento de lucha y oposición, y la división de razas, naciones, tribus, sociedades e individuos en Caínes y Abeles, lobos y corderos, es la causa principal de los “procesos de la Providencia”.

 

H. P. Blavatsky

La Doctrina Secreta, I. p.643

 

 

 

 

 

 

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