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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 129 - Número 2 - Noviembre
2007 (en Castellano)

 
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Desde el Atalaya

 

 

Radha Burnier

 

 

La Mente Humana

 

Las hazañas del ser humano en la actualidad requieren  de brillantes razonamientos y matemáticas de un orden muy avanzado. Pero, al mismo tiempo, ¿qué podría ser más irracional que continuar produciendo armas nucleares cuando  sabemos cuáles pueden ser los resultados de su utilización? Sabemos que no solamente el sitio donde tales armas sean usadas, sino toda la tierra, van a ser afectados por cualquier guerra nuclear. Sin embargo, prácticamente ningún país quiere detenerse.

¿Qué podría ser más irracional que lo que estamos haciendo a la tierra misma? No obstante, sabiendo las consecuencias de nuestras acciones, continuamos haciendo lo mismo. Quizás, uno de los problemas menores es la cantidad de desperdicios que se están creando alrededor del mundo; sin embargo, adoptamos modos de acrecentar los desechos. Poderes de irracionalidad y razonamiento existen uno al lado del otro y podemos preguntarnos a nosotros mismos cuál es el problema con nuestro pensamiento que nos permite continuar con  contradicciones tan absurdas. Los científicos dicen que miles de especies se están extinguiendo todo el tiempo a causa de la actividad humana; hay innumerables criaturas que juegan un papel importante, quizás incluso un papel desconocido, en el mantenimiento de la ecología del planeta.

Sabemos, por ejemplo, que las abejas nos ayudan fecundando las flores. Pero, ¿sabemos acaso que no podemos sobrevivir sin las modestas bacterias? Hace ya algunos años apareció un artículo bastante instructivo en la revista Smithsoniana, en el cual se decía que las bacterias son necesaria para fertilizar la tierra, realizar las funciones de nuestro sistema digestivo, desintegrar la carroña, etc. El profesor Louis Thompson dice que existen millones de criaturas muriendo cada día, pero no sabemos lo que pasa con ellas. Él mismo no lo sabe, pero éstas van a desaparecer pronto. Todo esto sucede gracias a otras criaturas que nos están ayudando continuamente  con su existencia. Si la diversidad de la vida disminuye rápidamente, como parece estar haciéndolo en la actualidad, nadie sabe lo que pasará con la tierra.

¿Cuál es el problema con la mente humana que hace todas estas cosas, como reducir la diversidad, producir más y más armas nucleares y tantas otras que parecen ser vías de autodestrucción? Dicen que el ser humano es la única especie que destruye sin razón alguna  incluyendo parte de su propia especie. Ninguna criatura, creo, más que el hombre, incurre en  una destrucción desenfrenada. Esta es una de las características peculiares del ser humano, el hombre no ayuda realmente en estas actividades. Si pensamos cuidadosamente en ello, parece que estamos haciendo cosas muy extrañas. Así que ¿podemos tratar de esbozar las posibles razones para este tipo de comportamientos y actitudes? ¿Hay acaso un desequilibrio?

No se puede ayudar pensando que este desequilibrio está al interior de nuestra mente. La actividad mental excesiva debe ser una de las razones por las cuales las cosas han salido mal. Muchos de nosotros no vemos mucho, ni aún en la juventud o en la edad madura  cuando nuestra visión es nítida. Miramos diversas cosas  con aquello que se llama “ojos que no ven” porque mucho de eso se está dando en la cabeza.  Se puede pasar  a través de  un jardín  de extrema hermosura  y no tomar consciencia de la belleza ose es consciente de ella sólo en algunos momentos.  Podemos hablarle a una persona por media hora y no ser capaces de  de ver que algo está preocupando a esa persona. Podemos no ser capaces de decir qué tipo de pena la embarga; puede ser miseria, o puede tratarse un problema psicológico que enfrentar.

Incluso una conversación entre dos personas puede dejar a cada una de ellas con  sólo una apreciación parcial  de lo que la otra persona dijo. Cuando están oyendo a alguien más hablar, la mayoría de las personas están pensando en qué decir a continuación, así que no escuchan. Podemos pasar por un jardín y no escuchar los sonidos de los pájaros  o ver la brisa pasando a través de las hojas, incluso cuando creemos que vemos y escuchamos. En un hermoso fragmento, Krishnamurti escribe:

Si miras una hoja, mírala  plenamente y, así,  ves todos los colores, la belleza de su forma, la textura, todo. Y si miras cuidadosamente, atentamente, a las nubes, a una hoja cayendo, a  la gente, a todo, entonces te das cuenta de cuánto no ves.

Nuestros sentidos están reprimidos por la actividad de la mente. La mayor parte de este fenómeno, se la debemos a las distracciones fútiles de distintos tipos que interfieren con lo que está ente nosotros.

 

Sentimientos reducidos

La actividad mental también reduce los sentimientos, por ejemplo el de simpatía. Unos pocos millones de personas  se están muriendo de hambre en la actualidad, o mueren lentamente de desnutrición. Escuchamos hablar de eso, pero no lo sentimos realmente. Se convierte en una noticia y pronto nos olvidamos de ello. Incluso mientras hablamos o leemos sobre aquello, la mente se puede estar preguntando por algo más —lo que se debe comprar en el siguiente mercado o alguna otra trivialidad. Los pensamientos crean mucho alboroto y embotan nuestra percepción. También suprimen  los sentimientos más sutiles y finos de distintos tipos; por ejemplo, el aspecto moral—no en el sentido tradicional o convencional, sino precisamente el conocimiento de lo que es correcto y de lo que no es útil.

El Señor Buddha habló sobre el recto pensar, el recto hablar, el recto obrar, etc. ¿En qué consiste la rectitud? Es un tema amplio en sí mismo, pero  él usaba, de forma sucinta,  una palabra  que significa “bienestar”, no simplemente de uno mismo, sino de otros, del entorno, de todo. Así, pues, es un tipo de habilidad que debemos aprender para vivir el modo de vida recto. La gente hace cosas tan terriblemente anti éticas porque no conoce lo que traerá consigo el bienestar de los otros o del mundo. Saber lo que está  o no está bien es muy difícil,   de allí  el dicho: “El camino al infierno está pavimentado de buenas intenciones”. Pero si nuestro cerebro no está distorsionado, si realmente nos preocupa el bien de los otros, llegaremos a saberlo, y esto es, quizás,  de lo que el Buddha ha hablado.

El exceso de pensamiento ha suprimido nuestra capacidad de responder a aquello que no está en el nivel visible. Uno se pregunta por qué  cuando miles de personas vieron manzanas y otras cosas caer, si se les preguntaba,  por qué cae la manzana, ellos habrían respondido: “es la voluntad de Dios”. Una respuesta irracional. Sólo Newton fue capaz de ver la conexión entre todos los objetos que caen, y esto lo estableció en términos de la ley de gravitación. Se dice que algunos de los descubrimientos destacados en ciencia han salido de este destello de percepción.  Pero el verdadero pensamiento parece estar en el camino. Algunos  científicos han descrito  la manera en la que han trabajado en un determinado problema por años y no encuentran la respuesta, pero un día, de repente, cuando dejan de trabajar en dicho problema, la respuesta aparece.

Podemos estar circundados por la belleza de la tierra o de un lugar  que es profundamente apacible. Pero la conciencia de esa belleza puede ser reducida por la actividad mental, o incluso perdida por completo, dependiendo de la mente. Esta puede ser una razón para la inconstancia en la actividad humana. La actividad del pensamiento no solamente suprime  y oscurece la conciencia de los sentidos, de los sentimientos y de las percepciones morales y estéticas, sino que hay también factores que reducen la capacidad de pensar lógicamente.

¿Cómo ve la mente de forma clara?

Los Yogasutras de Patanjali mencionan uno de esos factores,  la mala salud, entre otros. Como sabemos, cuando el cuerpo de una persona se vuelve poco saludable, la mente no trabaja de forma adecuada. Por ejemplo, una persona que siempre fue amable, hospitalaria y que servía amorosamente a los otros, y que vive hasta una edad extremadamente avanzada. Hacia el final, tal persona parecía perder todas esas cualidades. Estas cosas y muchas otras pueden suceder  a causa de las condiciones corporales.  En la antigua India, en el Bhagavad Gita, por ejemplo, se dice que ciertos tipos de comida producen  nerviosismo, distracción, agresividad y, otros, crean inercia, pereza, desgano para esforzarse, etc. Para tener una capacidad mental calmada y lógica, se puede requerir comer el tipo de comida adecuado.

Krishnamurti  tiene algunas formas de respuesta interesantes. A él no le gustaba tener cosas con leche de búfalo en su comida,  solamente le gustaba que se usara leche de vaca en ella, si es que se usaba. Cuando se le preguntaba qué era lo malo en la leche de búfalo, decía simplemente: “¡Miren el animal!”. El animal es pesado, le gusta revolcarse en estanques cenagosos y, generalmente, es lento. Si se come ese tipo de comida, se absorberán algunas de esas cualidades. El consumo de carne nunca ha sido recomendado para personas que quieren estar despiertas y alerta,  porque las influencias que están en el cuerpo del animal—violencia, ferocidad, etc,—se introducen cuando son absorbidas.

Lo que bebemos es importante también. Por ejemplo. Una persona adicta al alcohol verá reducida, tarde o temprano, su capacidad mental.  También hay emociones que afectan la claridad de la mente de una persona. En la tradición india se dice que  todos los enemigos de las personas están en el interior de su mente, no afuera—los enemigos  que son el enojo, la codicia, la vanidad, etc. Es importante ser consciente de esto. Lo que el Buddha llamaba las “llamas” que arden en el interior.

La mente está en una mejor condición cuando ve todo esto. En las escuelas religiosas enseñan la necesidad de permanecer en calma, tomar las cosas como son y no imaginar  formas de aumentar la insatisfacción. La avaricia hace que la gente destruya el entorno. Actualmente el poder del dinero se ha apoderado de la sociedad moderna y la irracionalidad existe aunque la mente se haya vuelto experta  en algunos aspectos. El cuerpo, los sentimientos, la capacidad mental, las formas en las que se actúa y se entra en relación con todo, están interconectados. Cuando el pensamiento se vuelve más nítido, lógico y sensitivo a las necesidades de otros, la otra persona es ayudada y eso también clarifica su propia mente. Pero si nos sentimos emocionales y ansiosos, entonces, esto no es posible porque las actitudes centradas en sí mismo oscurecen la mente.

Si estudiamos la mente pura  e impura, o la mente clara y oscura, es como el sol cuando se cubre de nubes, parece no dar luz y calor. Pero el sol está siempre ahí y si las nubes desaparecen, brilla de nuevo. Así que esta vasta mente que da cierto tipo de inteligencia  a casi toda criatura, está por todas partes, pero se oscurece por el deseo egoísta y personal.

Si todo el deseo pudiera ser abandonado,  uno podría, de acuerdo con ciertos maestros, llegar a estar iluminado. Deja ir todo aquello  con lo que te ates interiormente, sutilmente. No debes desechar tus pertenecías, pero no te ates a nada. Debes usar las palabras “yo” y “mío” sin sentir posesión o apego a nada. Una forma simple de decirlo: “voy a tomar una ducha ahora, pero eso no quiere decir que estoy apegado al cuerpo.” Así, pues, aunque por conveniencia se deba usar cierto tipo de lenguaje, el sentimiento de deseo personal  y todas las complicaciones que se derivan de ello, deben ser abandonados. Entonces sí, la mente es capaz de pensar claramente, lógicamente y sensitivamente. Se dice que la mente impura es la mente de deseos y la mente pura carece de éstos.

¿Cómo puede la mente llegar a ser tan clara como para darse cuenta de lo que es o no es importante? En A los pies del maestro, se hace notar que una de las condiciones para el discernimiento  es la claridad de la visión. Si se está muy atado a las cosas que no son  duraderas, la decepción es segura y, quizás, también dolorosa. No nos damos cuenta de que existen condiciones psicológicas que pueden ser ampliamente clasificadas como sufrimiento. De este modo, dejar ir es doloroso, pero el apego también es doloroso porque tarde o temprano tienes que dejar ir. Muchas de las cosas  que consideramos como placeres  son, de hecho,  fuente  de sufrimiento y se debe ser capaz de darse cuenta de ello. Si podemos ser conscientes de ello en lo profundo del corazón, la mente no perderá su sentido común, su claridad.


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