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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 128 - Número 10 -
Julio 2007 (en Castellano)

 
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  La mente clara: Un punto de vista budista

 

 Damdul Namgyal

 

(Geshe Damdul Namgyal es un Conferencista de Filosofía Buddhista en el  Instituto Central de Estudios Superiores Tibetanos en Sarnath, Varanasi.)

 

    La mente clara es el nivel básico y esencial de la mente por medio de la  cual todas las ideas groseras se manifiestan gradualmente en nuestro renacimiento.  Todas ellas, nuevamente, se disuelven a la hora de la muerte, dándole de esta manera un perpetuo y fundamental continuum mental, en cuya base tiene lugar la trasmigración entre las vidas. Se entiende que esta mente clara  implica ´luminosidad´. Existen numerosos ejemplos en los que personas, en su mayoría fervientes aspirantes durante toda su vida, luego de haber sido declarados muertos clínicamente, conservan el brillo de su cuerpo durante varios días, algunos incluso semanas o casi un mes, y sus cuerpos no producen ningún mal olor ni siquiera en climas calurosos. Una forma de explicar esto es que los maestros, en armonía con su entrenamiento de transformar la ´clara luz de la muerte en el ´cuerpo verdadero de la muerte´, lograron aprovechar el momento oportuno de la iluminación en la muerte y utilizarlo en el sendero espiritual. El fenómeno de por qué los seres humanos recuerdan sus vidas pasadas, o, en realidad, por qué muchos no las recuerdan, puede ser explicado también por medio de este proceso de disolución y manifestación en estas dos coyunturas decisivas de nuestras vidas. Entre quienes recuerdan sus vidas pasadas,  existen maestros altamente consumados, y, entre la gente corriente, aquellos que afrontaron una muerte trágica y repentina en su vida pasada inmediata. Este fenómeno puede ser explicado sobre la premisa de una mente ´iluminada´ subyacente.

 

   Un aspecto de la ´luminosidad´ de la mente apunta hacia su naturaleza suprema y sutil. En otras palabras, alude al ´vacío´ de la mente. Se cree que las perturbaciones mentales, están enraizadas en conceptos erróneos que tergiversan la naturaleza esencial de la mente, y superponen, en su lugar, una identidad independiente que es diametralmente contradictoria con su realidad primordial. El cultivo de la naturaleza de ´vacío´ de la mente y su desarrollo hasta el punto en que se vuelva un saber perceptivo directo, puede sustituir gradualmente estos conceptos erróneos originales, junto a sus emociones de aflicción. La base subyacente ´luminosa y despierta´ se vuelve menos manchada a cada paso hasta que es liberada del rastro más pequeño de contaminación.

 

   Âchârya Âryasila dice en su Citta-Parikshà:

 

La naturaleza de la mente es iluminación;

Esta iluminación es vacío.

Debe siempre reflexionarse sobre esto.

Si no estuviera iluminada,

Uno la vería como algo material.

A través de esta mirada de ´egoísmo´ y de ´apego´ a sí mismo

Uno permanecería siempre en samsâra.

 

   También, Âchârya Asanga dice en Mâhayâna-sutrâlamkâra:

 

Esa luminosidad que es la naturaleza

De la mente es inalterable como el espacio;

No se corrompe por

Contaminaciones extrañas

Como el deseo y otras semejantes aflicciones

Que surgen de la confusión.

 

   Los dos modos  mencionados  de comprender el aspecto ´luminoso´ de la mente, obviamente no son contradictorios. Por el contrario son complementarios, y ambos indican la posibilidad de eliminar las alteraciones mentales, pero conservando la continuidad de la mente. El primero se refiere al aspecto convencional de la mente, mientras que el último reflexiona sobre su naturaleza suprema. Las deformaciones provienen en última instancia del error en la comprensión que es contradictorio con la realidad, y es de este modo capaz de ser eliminado por medio de la comprensión correcta. Ambas interpretaciones coinciden en el punto de que la mente es prístina e incorrupta en su naturaleza misma, y que las contaminaciones son simplemente extrañas y extrínsecas a su naturaleza.

 

   Âchârya Nâgârjuna escribe en su Alabanza de Dharmadhâtu

 

Aunque incorruptos por naturaleza

El sol y la luna pueden ser bloqueados

Ocultados por las cinco obstrucciones :

Nubes, humo, niebla, un eclipse, y partículas de polvo.

 

De forma similar la mente iluminada

Es perturbada por las cuatro ilusiones:

Deseo, odio, indolencia, perturbación  y duda.

 

   En el mismo texto, Achârya sigue diciendo

 

La tela (metálica) purificada en el fuego

Puede ser cubierta con suciedad;

Cuando se la expone al fuego, la suciedad arde y la tela no.

Asimismo, la mente iluminada

Puede ser manchada por el deseo y otros similares;

El fuego de la sabiduría quema las manchas,

Su naturaleza luminosa es preservada.

 

   Por lo tanto, las dos versiones precedentes de la ´luminosidad´ de la mente constituyen la naturaleza de Buddha o la potencialidad de Buddha insertada dentro de cada ser corriente como está expuesto en la escuela de Budismo Mâdhyamika. Su mero factor de ´conciencia y saber´ representa la naturaleza de Buddha en desarrollo, y la segunda la naturaleza natural de Buddha, cuya combinación proporciona el basamento fundamental para la propia expansión espiritual y consiguiente  liberación e iluminación. Es en el contexto de percatarse de los sutiles mecanismos del funcionamiento de la mente, que Achârya Sântideva dice categóricamente en su obra maestra Bodhicharyâvatâra:

 

Quienquiera que no comprenda

El secreto de la mente, el dharma supremo,

Está condenado a deambular en vano,

A pesar de su deseo de obtener dicha y deshacerse del dolor.

 

   Las escrituras reflejan el estado de los seres comunes y mundanos a través de metáforas tales como la del elefante, por su naturaleza indisciplinada antes de ser domado; como un mono, por su inconstancia; y, misteriosamente, como una herida que justifica extremo cuidado y atención. 

 

   Achârya Sântideva continúa diciendo en Bodhicharyâvatâra:

 

Así como uno cuida de su herida

Mientras atraviesa una enorme muchedumbre;

Asimismo, siempre proteged esta herida mental

Mientras uno mora entre personas groseras.

 

Incluso provocado por el temor a un dolor efímero

Si uno cuida de una insignificante herida,

¿Por qué no protegéis la herida mental

Por miedo a desencadenar sufrimientos infernales?

 

   En todas partes, la felicidad en su sentido más verdadero es identificada con una mente adiestrada, disciplinada y vigilada. A pesar de que se tiene en cuenta y se admite que no es una empresa tan simple de realizar y sostener, sin embargo siempre se enseña como el único esfuerzo digno hacia un estado de felicidad del ser.

 

   El Buda dice en Udânavarga:

 

La mente es difícil de asir, y ligera,

Yendo hacia cualquier lugar que se le ocurra

No hay nada mejor que aquietarla –

Una mente calma conduce a la paz.

 

La felicidad es una mente sojuzgada y promesas puras,

Sed prudentes y proteged la mente.

Aquellos seres con mente no dominada

Sufren en los dominios de la aflicción.

 

La felicidad es una mente sojuzgada y promesas puras

Sed prudentes y proteged la mente.

Aquellos seres que protegen la mente

Alcanzan el estado de nirvâna.

 

   De manera similar, el Buddha dice en el Dhammapada:

 

El que se supera a sí mismo

Es el vencedor supremo,

Aún más grande que

Aquel que ha derrotado a miles en una batalla.

 

   La pregunta lógica de cualquier persona racional sería “pero, ¿Cómo puede uno domesticar la mente?” Achârya Sântideva lo resume en forma breve en el capítulo sobre “El Cuidado de la Vigilancia Mental” en su Bodhicharyâvatâra:

 

A aquellos que desean amansar a la mente

Les suplico con las manos entrelazadas

Que hagan todos los esfuerzos

Y cultiven la atención y la vigilancia.

 

Examinar una y otra vez

Los sucesos de nuestra mente y cuerpo;

Es precisamente éste, en pocas palabras,

El modo de cultivar la vigilancia.

 

   Que este pequeño esfuerzo de armar esta presentación contribuya a que todos los seres humanos sean algo más atentos y vigilantes de sus acciones.


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