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Vol. 128 - Número 9 - Junio 2007 (en Castellano) |
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Estudio sobre La Voz del Silencio, parte 6
John Algeo
Los Versos del 51 al 58 tratan sobre la naturaleza del Sendero y la preparación que se necesita para transitarlo. Los versos siguientes son más específicos sobre la manera de lograr la preparación necesaria para entrar al sendero.
VERSOS [59-62]. Estos cuatro versos exponen la preparación necesaria de una manera positiva enfatizando el altruismo, el cual Madame Blavatsky dijo que es “la nota clave de la Teosofía” (Collected Writings, 11:164):
[59] Deja que tu alma preste oído a todo llanto de dolor, como hace el loto que descubre su corazón para absorber los rayos de sol matutinos. [60] No permitas que el ardiente sol seque una sola lágrima de dolor antes de que tú mismo la hayas enjugado de los ojos del que sufre. [61] Más deja que caigan en tu corazón cada ardiente lágrima humana y allí permanezcan, no las enjugues hasta que el dolor que las causó se elimine. [62] Estas lágrimas, oh tú, del corazón más compasivo, son los arroyos que riegan los campos de la caridad inmortal. Es en estas tierras donde crece la flor nocturna de Buddha33 más difícil de encontrar y más rara de ver que la flor del árbol Vogay. Es la semilla que libra del renacimiento. Aísla al Arhat tanto del conflicto como de la concupiscencia y lo guía a través de los campos del ser hacia la paz y la bienaventuranza, conocidas solamente en la región del silencio y del no-ser.
COMENTARIO. Estos versos pueden parecer un cambio de tema, pero en realidad tratan de otro aspecto, referido a qué debemos hacer para entrar al Sendero. Debemos extirpar de raíz nuestras debilidades y limpiar totalmente nuestras imperfecciones, y una de las maneras de hacerlo (y quizás la mejor) es parar de pensar en nosotros mismos, y concentrarnos en ayudar a los demás. Por lo tanto estos versos son un llamado a la vida Bodhissatva de dedicación al bienestar de todos los seres. Cuando hemos realizado nuestra verdadera identidad en Atmā, sabemos que toda vida es nuestra vida, y por consiguiente trabajar para otros es lo mismo que trabajar para nosotros mismos. La Glosa 33 del verso 62 identifica “la flor nocturna de Buda”:
Glosa 33. Adeptado – la “flor de Bodhisattva”.
El término arhat significa literalmente “digno (de respeto), venerable”. En el Budismo del sur se usa para alguien que se ha iluminado a través de las enseñanzas de un Buda. En el Budismo del Norte se considera como un rango más bajo que aquel de un Bodhisattva (“aquél cuya esencia es conocimiento”), quien ha tomado el voto de no ingresar al Nirvāna hasta que todos los seres sencientes puedan entrar también. En la tradición Teosófica, el arhat es el que ha tomado la cuarta iniciación (o, como lo considera la tradición budista, ha pasado por la cuarta etapa en su camino hacia la iluminación) y el adepto es el que ha tomado la quinta iniciación.
VERSOS [63-65]. Positivo y negativo son dos lados de una misma moneda. Por lo tanto si practicamos el altruismo de un Bodhisattva, como consecuencia logramos la purificación personal que se necesita en el Sendero. Esa purificación es el tema de los próximos tres versos:
[63] Mata el deseo; pero si lo matas, vigila cuidadosamente para que no se levante de nuevo de entre los muertos. [64] Mata el amor a la vida; pero si matas tanhā,34 no permitas que sea la sed por la vida eterna, sino para reemplazar lo efímero por lo imperecedero. [65] No desees nada. No te irrites con karma, ni con las leyes inmutables de la Naturaleza. Más lucha sólo con lo personal, lo transitorio, lo evanescente y lo perecedero.
COMENTARIO. Estos versos podrían ser comparados con las primeras reglas de Luz en el Sendero:
Como sugieren esas reglas, matar el deseo y el amor por la vida no es cuestión de apartarse del mundo, o estar malhumorado o menospreciar la vida. Preferentemente es cuestión de prioridades y de confianza. Esto se hace claro en la glosa 34 del verso 64, donde se define “amor por la vida” o tanhā (palabra Pali que corresponde al sánscrito trishnā, que significa “sed” y por lo tanto “anhelo, deseo”):
Glosa 34. Tanhā – “voluntad de vivir”, el miedo a la muerte y el amor por la vida, aquella fuerza o energía que causa el renacimiento.
El próximo grupo de versos, del 66 al 79, pueden ser divididos en cuatro grupos, cada uno con temas diferentes, que podríamos llamarlos “Wu-wei” (66-68), “Una situación muy difícil” o “Nunca te prometí un jardín de rosas” (69-71), “”La esposa de Lot” (72-75), y “Volverse como un niño pequeño” (76-79).
VERSOS [66-68]. Wu-Wei:
[66] Ayuda a la Naturaleza y trabaja con ella; y te considerará como a uno de sus creadores y te obedecerá.
[67] Y ella te abrirá de par en par las puertas de sus recintos secretos, y pondrá en manifiesto ante tu mirada los tesoros escondidos en las profundidades mismas de su seno puro y virginal. No contaminados por las manos de la materia, muestra sus tesoros únicamente a los ojos del Espíritu – ojo que nunca se cierra, y para el cual no hay velo alguno en todos sus reinos.
[68] Entonces ella te mostrará los medios y el camino, la primer puerta y la segunda, la tercera hasta la séptima misma. Y luego la luz del sol te mostrará la meta – más allá de la cual se encuentran bañadas por los rayos luminosos del Espíritu, glorias indecibles, visibles únicamente para el ojo del Alma.
COMENTARIO. El sabio chino Lao Tzu es el autor legendario de otro libro espiritual como La Voz del Silencio. También está lleno de paradojas, una de las cuales se repite en los tres versos anteriores. El nombre de la obra de Lao Tzu es el Tao Te King, o el “Libro del Camino [Tao] y Su Poder [te]”. El concepto del tao aparece de muchas maneras en la filosofía y misticismo chino. La palabra significa “camino” o “sendero”, literalmente una vía, pero también puede referirse metafóricamente tanto a una manera de actuar y realizar (el “Sendero” teosófico) o al Camino Fundamental, la realidad subyacente del universo. En cuanto a una manera de actuar y realizar, el Tao de Lao Tzu es vivir de acuerdo a wu-wei, que literalmente significa algo así como “no actuar”. Pero wu-wei no es simplemente inactividad; más bien es no esforzarse por lograr un resultado, y por lo tanto es primo del principio de recta acción del Gitā: nishkāma karma, “acción desinteresada”, o acción sin preocupación por los resultados. La idea es que si dejamos de tratar de imponer nuestra voluntad en los acontecimientos, y más bien “fluimos con la corriente”, podemos lograr grandes cosas. Como dice el Tao-Te-Ching (The Guiding Light of Lao Tzu, trad. Henry Wei [Wheaton: Theosophical Publishing House, 1982], 141):
Engendra cosas y aliméntalas, Crea cosas sin reclamarlas tuyas Actúa pero no especules con los resultados [o los frutos], Guía pero no manipules Esto se llama Virtud Mística [o Poder, que es te]
En resumen, si seguimos el camino de actuar sin esforzarnos (“Ayuda a la Naturaleza y trabaja con ella”), es decir, que si seguimos el tao del wu-wei, tendremos el poder o te que proviene de la acción inegoísta. Este concepto por supuesto no es chino, ni indio, ni tibetano. Es universal. Consideremos estas palabras del “Sermón de la Montaña” de Jesús (Mat. 6:25-9):
No andéis preocupados por vuestra vida, qué comeréis, o qué beberéis; ni por vuestro cuerpo, con qué os vestiréis. ¿No vale más la vida que el alimento, y el cuerpo más que el vestido? Mirad las aves del cielo: no siembran, ni cosechan, ni recogen en graneros; y vuestro Padre celestial las alimenta. ¿No valéis vosotros más que ellas? Por lo demás, ¿quién de vosotros puede, por más que se preocupe, añadir un solo codo a la medida de su vida? Y del vestido, ¿por qué preocuparos? Observad los lirios del campo, como crecen; no se fatigan, ni hilan. Pero yo os digo que ni Salomón, en toda su gloria, se vistió como uno de ellos.
Comentarios como estos son fáciles de entender mal o de tergiversarlos para usarlos como una excusa para no hacer nada (como lo que Arjuna trató de hacer en el primer capítulo del Gitā). El verdadero punto es que no deberíamos esforzarnos por conseguir nuestro beneficio personal, sino que debemos “ayudar a la Naturaleza y trabajar con ella” y luego, como dijo Jesús, “todas las cosas vendrán por añadidura”
VERSOS [69-71]. Una situación muy difícil:
[69] Sólo existe una vereda que conduce al sendero; sólo al término de ella puede oírse la «Voz del Silencio». La escala por la cual asciende el candidato está formada por peldaños de sufrimiento y de dolor: éstos únicamente pueden ser acallados por la voz de la virtud. ¡Ay de ti, discípulo, si queda un solo vicio que no hayas dejado atrás! Porque entonces la escala cederá bajo tus plantas y te precipitará: su base descansa en el profundo cenagal de tus pecados y defectos, y antes que puedas aventurarte a cruzar este ancho abismo de materia, tienes que lavar tus pies en las aguas de la Renunciación. Sé precavido, no sea que pongas un pie todavía manchado en el peldaño inferior de la escala. ¡Ay de aquel que se atreva a ensuciar con sus pies fangosos un escalón tan solo! El cieno inmundo y pegajoso se secará, se hará tenaz, pegará sus pies en aquel sitio, y como el pájaro cogido en la liga del cazador astuto, quedará imposibilitado para un nuevo progreso. Sus vicios adquirirán forma, y le arrastrarán hasta el fondo. Sus pecados levantarán la voz, semejante a la risa y al plañido del chacal después de la puesta del sol; sus pensamientos se convertirán en un ejército, y se lo llevarán tras sí como a un esclavo.
[70] Mata tus deseos, lanú; reduce tus vicios a la impotencia, antes de dar el primer paso en el solemne viaje.
[71] Ahoga tus pecados, enmudécelos para siempre, antes de levantar un pie para subir la escala.
COMENTARIO. Estos no son versos para deleitar nuestros corazones, porque enfatizan tanto las dificultades del Sendero como la necesidad de desarrollar virtudes morales básicas antes de pasar a cosas mayores. El lenguaje de estos versos es excepcionalmente vívido y fuerte, y los sentimientos se repiten en las tradiciones espirituales de todo el mundo. En la práctica de Yoga, hay ocho “ramas” o prácticas, que fueron mencionadas en una entrega anterior de estos estudios. De estas ocho, las dos primeras son una lista de cosas que no debemos hacer y de cosas que debemos hacer. Son instrucciones morales para vivir rectamente. De manera similar, las cuatro cualidades dadas en el Vivekachudāmani (“La Suprema Joya del Discernimiento”) para entrar al Sendero y que se repiten en A los Pies del Maestro comienzan con tres que son virtudes imprescindibles: discernimiento, ausencia de deseo, y buena conducta. La última consiste en varios puntos referentes al comportamiento recto. Especialmente a la gente moderna, no le gusta las instrucciones aburridas y monótonas sobre cómo comportarse. Tenemos la idea que “si te hace sentir bien, hazlo”. Y no nos gusta la perspectiva de una vida difícil. Preferiríamos que la iluminación viniera en forma de una píldora que no sea demasiado difícil de tragar, una pequeña píldora azucarada. Pero como nos dicen estos versos, no existe un camino magnánimo y suave hacia nuestra meta. El camino es empinado y espinoso, plagado de toda clase de peligros. Pero sin embargo existe un camino.
VERSOS [72-75]. La esposa de Lot.
[72] Acalla tus pensamientos y fija toda tu atención en tu Maestro, que aún no ves pero que sientes.
[73] Funde todos tus sentidos en un único sentido, si quieres estar a salvo del enemigo. Por medio de este sentido único, que está oculto en la concavidad de tu cerebro, es como puede mostrarse ante los ofuscados ojos de tu alma el escarpado sendero que a tu Maestro conduce.
[74] Largo y penoso es el camino que tienes ante ti, discípulo. Un solo pensamiento acerca del pasado que dejaste en pos de ti, te arrastrará al fondo, y tendrás que emprender de nuevo la subida.
[75] Mata en ti mismo todo recuerdo de pasadas experiencias. No mires atrás, o estás perdido.
COMENTARIO. Los versos 74 y 75 repiten la historia de la esposa de Lot, como está contada en el Génesis, capítulo 19. Dios había decidido destruir las amorales ciudades de Sodoma y Gomorra, pero perdonaría a Lot, que era un hombre bueno. Se le dijo a Lot que dejara las ciudades del llano y fuera a las montañas (es decir, que abandonara la vida ordinaria del mundo y siguiera el camino espiritual): “Escapa para salvar tu vida; pero no mires atrás.” Pero la esposa de Lot no pudo soportar partir sin echar una mirada hacia atrás, y fue convertida en una estatua de sal. Evidentemente, estos versos no significan que literalmente no deberíamos recordar el pasado. Aquellos que no recuerdan el pasado están destinados a repetirlo. Más bien significan que no deberíamos vivir en el pasado, que no deberíamos llevar el pasado con nosotros al futuro, ni estar atados y limitados por el pasado.
VERSOS [76-79]. Volviéndose como un Niño Pequeño:
[76] No creas que la codicia puede extirparse satisfaciéndola o saciándola, pues esto es una abominación inspirada por Māra. Alimentando el vicio es como se desarrolla y adquiere fuerza, como el gusano que se ceba en el corazón de la flor.
[77] La rosa tiene que convertirse nuevamente en el capullo nacido de su tallo generador, antes que el parásito se haya alimentado de su corazón y bebido su savia vital.
[78] El árbol dorado produce las yemas preciosas antes que la tormenta haya marchitado su tronco.
[79] El discípulo ha de recobrar el estado infantil que perdió, antes que el primer sonido pueda herir su oído.
COMENTARIO. A los efectos de que no interpretemos mal los versos 74-75 respecto a no recordar el pasado, los versos 77 y 79 nos dicen que debemos reconvertir el pasado. La rosa tiene que convertirse nuevamente en el capullo del cual se abrió. El discípulo en el sendero debe recobrar el estado infantil perdido. Estos versos repiten una parte de la escritura cristiana (Juan, 3:3): “En verdad les digo, que sólo el que vuelva a nacer de nuevo, podrá ver el Reino de Dios.” La imagen del niño es común en las religiones del mundo. El nombre del sabio chino Lao Tzu significa “el niño anciano”. El jefe de la jerarquía de adeptos en nuestro planeta se le llama el Sanat Kumāra, que significa “el eterno joven”. Y el niño Jesús es una de las imágenes más populares en el arte cristiano, como el niño KrIshna, el pequeño y dulce ladrón de manteca, es en el arte indio. Estos representan el estado infantil al que tenemos que regresar nuevamente.
Aunque estos dos últimos grupos de versos parecen estar en oposición, de hecho están diciendo lo mismo. No tenemos que vivir en el pasado, es decir tratar de traer el pasado al presente. Sino que tenemos que empezar de nuevo, renacer, convertirnos de nuevo en el capullo, recuperar el estado infantil perdido. Ciertamente, los cuatro grupos de versos que hemos estado considerando se refieren a lo mismo. Todos nos instruyen (recuerden que La Voz del Silencio es una serie de instrucciones según dice el verso 1), para que abandonemos nuestras ambiciones personales, nuestros arraigados vicios, nuestros apegos al pasado, y que trabajemos con la naturaleza y recuperemos el estado fresco y sano que la infancia representa. El niño que aún no ha sido condicionado por la sociedad, ve al mundo de una manera fresca, nueva, clara, como el mundo realmente es, y no como todos estamos educados a verlo por nuestras culturas. Para entrar al Sendero, o al Reino de los Cielos, tenemos que actuar como lo hace un niño pequeño, precisamente en ese sentido.
MEDITACION. La meditación es en sí misma el arte del wu-wei, del no hacer nada y de ese modo lograr todas las cosas. Es silenciar nuestros pensamientos (verso 72) y fundir todos nuestros sentidos en un único sentido (verso 73). Es recobrar el estado infantil. Tomen estos pensamientos en una meditación. Si es de ayuda, visualicen una rosa plegando sus pétalos y volviéndose un capullo, o visualicen un niño sagrado. Luego silencien aún ese pensamiento. Y escuchen la Voz del Silencio.
El ocultismo no ofrece a sus partidarios ningún cielo eterno y permanente de placer material, para ganarlo rápidamente con un breve paso a través de la tumba. Como a menudo ha sido el caso, muchos estarían de buena gana preparados a morir ya para obtener el cielo a continuación. Pero el ocultismo no ofrece esa perspectiva de placer, sabiduría y existencia infinitos ganados rápida y fácilmente. Solamente promete una prolongación de estos, extendiéndose en arcos sucesivos, obscurecidos por velos sucesivos, en una inimaginable sucesión más allá de la vista, que conduce al Nirvāna.
De “El Elixir de la Vida” (The Theosophist, Marzo 1882)
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