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Vol. 128 - Número 8 - Mayo 2007 (en Castellano) |
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Al Servicio de la Felicidad
Victor Peñaranda El Sr. Victor Peñaranda es miembro de la S.T. en Filipinas, y residió en Bhutan varios años.
Su Majestad Jgme Singye Wangchuk, Rey de Bhutan, ha proclamado que el propósito último del gobierno es promover la felicidad de su pueblo. Aunque se procurarán las comodidades materiales por medio de la provisión de servicios gubernamentales, como un objetivo de desarrollo, el Rey afirmó que la satisfacción de las necesidades básicas y el progreso económico no son suficientes para que las familias alcancen la felicidad. Mientras que la prosperidad material y el avance tecnológico son necesarios para aliviar las condiciones de empobrecimiento y opresión de una sociedad, el crecimiento del estándar de vida no necesariamente significa el crecimiento en el nivel de felicidad de los ciudadanos. Desde 1998 hasta 2006, se realizaron tres congresos internacionales con el objetivo de tomar el desafío de Bhutan de hacer de la ‘felicidad’ un objetivo y un asunto de importancia política. Muchos seminarios tuvieron lugar para poner a prueba la viabilidad de una Felicidad Nacional Bruta en contraste con el convencionalmente aceptado Producto Bruto Nacional, y surgió interés en hallar indicadores para medir la felicidad. Mientras tanto, los funcionarios de Bhutan, profundamente arraigados en los fundamentos de la tradición Budista, permanecieron firmes en la afirmación de que el desarrollo económico es necesario, pero el desarrollo espiritual es de importancia superlativa. Si la felicidad fuera el objetivo de este reino de los Himalayas, uno puede asumir que el desarrollo comienza en un contexto de tristeza o sufrimiento. De hecho, el Budismo está basado en la existencia del sufrimiento en el mundo, un hecho que cualquier persona razonable admitirá por experiencia. Los filósofos, a través de las edades, han encontrado cuatro formas de tratar el sufrimiento: · Negar su existencia a pesar de la existencia de pruebas abrumadoras. · Resignarse pasivamente a lo que se supone inevitable. · Racionalizar o justificar la condición del sufrimiento, y así hacerlo aceptable o soportable. · Luchar contra el sufrimiento con la fe en superarlo. La visión Budista, orientada hacia el problema pero no pesimista, adopta la cuarta postura. Esto está implícito en las Cuatro Nobles Verdades: 1. El sufrimiento existe como un hecho de la vida 2. La ignorancia causa sufrimiento. De la ignorancia surge el deseo y la acción para satisfacerlo. Como resultado de llevar a cabo la acción, surgen nuevos deseos y continúa así mientras la ignorancia prevalece. 3. El sufrimiento puede terminar. 4. Siguiendo el Noble Óctuple Sendero, uno puede ser liberado del sufrimiento. En un mundo de sufrimiento (dolor y miedo condicionados, atracciones y repulsiones) e impermanencia, una persona es libre de cambiar, de desarrollar sus potencialidades humanas para obtener la felicidad. Este proceso de transformación requiere disciplina ética, un proceso interno de auto-consciencia y auto-control. Esa persona aprende a eliminar la agresión, la ilusión y los deseos (apegos). Aprende que la liberación requiere de una práctica constante de los valores eternos, especialmente la compasión, el amor y el altruismo. Sin embargo, la mente no puede trascender o superar las limitaciones de la mente misma sin atravesar un proceso de purificación o de profundo control de los propios pensamientos, palabras y acciones. El peregrino que transita el sendero pasa por una transformación interior, dándose cuenta que la libertad significa ser altruista, perder nuestro auto-centrismo en la compleción de los deberes de la vida. Ser libre es no estar obstaculizado por las demandas e imposiciones del ego. El desarrollo de la persona se torna espiritual. Annie Besant en Las Leyes de la Vida Superior nos ayuda a comprender:
Lo Espiritual es la vida de la conciencia que reconoce la Unidad, que percibe un Yo en todo y todo en el Yo. La vida espiritual es la vida que percibe el Uno y el Eterno en cada forma transitoria.
Cualquier cosa espiritual es una afirmación de la unidad fundamental de toda la existencia. No existe más que una única vida: como lo interno, así es lo externo; como lo grande, así es lo pequeño; como es arriba, así es abajo. Annie Besant nos guía más allá:
El hombre espiritual debe llevar una vida de autoidentificación con todas las cosas que viven y se mueven. No existe ‘el otro’ en este mundo; todos somos uno. Cada uno es una forma separada pero un único Espíritu que se mueve y vive en todo.
La realización de esta espiritualidad no es tanto un asunto de salvación organizada, como de esfuerzo individual y resolución personal. Aunque muchos pueden unirse al peregrinaje, tornarse un peregrino es un asunto de elección personal. El regalo de la iluminación viene como una experiencia directa e inmediata, como una iluminación o percepción intuitiva que no pertenece a nadie excepto a quien lo experimenta. Comienza a surgir en quien presta mucha atención mediante la meditación. En Viviendo la Teosofía, John Algeo nos recuerda la etimología de la palabra ´meditación´. La palabra ‘Meditación’ viene del verbo latino, meditare, que significa remediar o curar una y otra vez. Está relacionada con las palabras ‘médico’ y ‘medicina’. La meditación provee al peregrino con fuerza interior y resistencia moral para lograr la misión esencial en la vida: conocerse a sí mismo. Debido a la Existencia Única y a la Vida Una, conocerse a sí mismo abre las puertas a todo el conocimiento. Nada existe de forma separada o independiente por si misma. Entonces cada una y todas las cosas están interconectadas e interrelacionadas. Esta visión es fundamental para el Budismo. Esa es la razón por la que una parte fundamental de las enseñanzas del Budismo es ‘la naturaleza del Buddha’; la semilla está en cada uno de nosotros y descansa en toda la Naturaleza. Debido a que nada es permanente cada uno puede hacer un esfuerzo para transformarse a sí mismo en Buda. El ser efímeros hace que el desarrollo de las potencialidades humanas sea posible, aún hasta el punto de la perfección. Este proceso de transformación o de auto-mejora involucra un fuerte sentimiento de empatía hacia los demás. Nace de los valores universales que son compartidos por todos los seres humanos de todas las culturas sin importar el período histórico. Estos entrañables valores - compasión, amor, altruismo, amabilidad – están incrustados en el núcleo de las enseñanzas religiosas y en la sabiduría antigua. La compasión denota empatía, un fuerte sentimiento de relación para con el sufrimiento y desventura de los demás. El amor es el intenso sentimiento de unidad, de importancia por la felicidad y el bienestar de otros. El altruismo se refiere a la ausencia del yo, actitud donde los otros importan. Estos valores están unidos a otros valores como el sacrificio y la bondad. El sacrificio involucra el acto de abandonar algo de valor personal por algo que es de mayor valor o importancia. La bondad sugiere el acto de dar de forma incondicional a otros. La felicidad, de este modo, es la satisfacción y alegría de estar dedicado y haber servido a otros. De acuerdo al Dalai Lama Tenzin Gyatso, es necesario tener una actitud altruista en la que
se coloca sobre los propios hombros el peso de ayudar a otros. Para generar una actitud tan inusual es necesario poseer gran compasión, importarle a uno el sufrimiento de otros y desear hacer algo para remediarlo. Para poseer una gran fuerza de compasión se debe tener un fuerte sentido de amor, por el cual, al observar el sufrimiento de los seres sensibles, se desea que sean felices – encontrando alegría en todos los seres y deseando felicidad a todos ellos, como una madre para con sus hijos.
Este asunto de adquirir valores no viene desde el exterior, sino que es una consecuencia de la revelación de lo divino en nosotros. La espiritualidad irradia hacia afuera desde nuestro interior. El amor no puede ser un reflejo del brillo de la luna; es el poder eterno del sol que no se puede contener en cada uno de nosotros. El significado original de desarrollo en el Reino de Bhutan es la iluminación del individuo. Es una afirmación apoyada por el Dalai Lama cuando dijo:
Incapaz de soportar el sufrimiento de los seres conscientes sin hacer algo, se genera fuerte compasión y amor, deseando que los seres se libren del sufrimiento y alcancen la felicidad. Entonces, viendo que para lograr este propósito no hay otro camino que alcanzar el estado de Buda, se genera la intención altruista de alcanzar la iluminación.
La ausencia de yoidad nutre el servicio. En este contexto, el trabajo es motivado por una necesidad superior - que nos importen los demás y ayudarlos a superar su sufrimiento. Para un país o nación que abraza la preeminencia de lo espiritual por sobre lo político, emerge una consideración ética en la conducta del servicio público. Algunas veces escuchamos a gente hablar sobre ‘lograr un cambio´ en su trabajo. Esto implica ir más allá de la rutina, ir más allá de los requerimientos mínimos para la complacencia y la supervivencia. En su Economía Budista, E. F. Schumacher utilizó un texto largamente olvidado que define la función del trabajo:
· Para darle a la persona la oportunidad de utilizar y desarrollar sus facultades; · Para permitirle a una persona superar su egoísmo uniéndose a otros en una tarea común o en lograr un objetivo común; · Para producir bienes y servicios para el bienestar general de la gente.
Adoptando las tres funciones, uno de alguna manera siente el confort de estar en el mandala de la Felicidad Nacional Bruta del gobierno de Bhutan. El servicio implica Vida Recta como se la presenta en el Noble Óctuple Sendero. Annie Besant, en El Supremo Deber expresa:
Vida Recta implica honestidad de vida, y honestidad implica que se de tanto como se toma, que se devuelva más de lo que se recibe, que se mida el trabajo por su poder de servicio, no por el poder de la obligación, que cuanto más fuerte es tu intelecto tanto más fuerte es tu deber de servir, que cuanto más alta es tu posición tanto más imperativa es la necesidad de inclinar esa posición hacia el servicio de la necesidad humana. La vida recta se basa en la justicia. La vida recta se hace bella a través del amor, y si debe llevarse la cuenta entre el dar y el recibir, entonces que la balanza se incline hacia el dar, dale al hombre más de lo que de él tomas.
El trabajo nos cura y nos unifica. Se vuelve la parte principal de nuestra meditación. La felicidad, en un sentido muy práctico, connota estar en paz con los valores universales que una persona ha elegido poseer. Esa es la razón por la que los sabios han dado consejos muy sencillos a sus bienintencionados servidores civiles: Para contribuir con la paz en este mundo, comienza siendo pacífico. Para detener la corrupción comienza siendo honesto.
El servicio ha sido interpretado como una clase de ausencia de yoidad digna de un Bodhisattva. Es interesante que la actitud de servicio, tanto en la acción pública como en la civil, está muy influenciada por el ideal del Bodhisattva. En la tradición Mahâyâna del Budismo, el Bodhisattva es el modelo fundamental de altruismo y compasión. Se dice que este ser magnificente ha perfeccionado muchas grandes cualidades y ha alcanzado significativos niveles de desarrollo espiritual que culminarán en el Budado. Se dice que todos los Budas fueron alguna vez Bodhisattvas en sus vidas anteriores. El Bodhisattva posee la característica de retrasar voluntariamente el logro del nirvâna, y por lo tanto permanece en el ciclo de reencarnaciones (samsâra), para ayudar y beneficiar a los seres sensibles en su liberación. Los originarios de Bhután reverencian a varios Bodhisattvas – Jampa o Maitreya (el futuro Buda); Tsepame o Amitayus (Bodhisattva de luz infinita); Jampel Yang o Manjushri (Bodhisattva de sabiduría); Chana Dorji o Vajrapani (el Bodhisattva de energía); Drolma o Tara (aquel que Salva) –pero el más popular es Chenresi o Avalokitesvara (Bodhisattva de compasión). Chenresi posee una conciencia inherente y la mayor sensibilidad al dolor y sufrimiento de los seres sensibles. Para el Bodhisattva, servir a los otros es la ética más elevada, una afirmación de unidad de la cual el altruismo emerge y crece. Annie Besant, en Teosofía y Ética, considera el siguiente punto:
La alegría más profunda y el placer más elevado provienen de servir aquello que es verdaderamente el ser de cada uno; así, a medida que crecemos en la vida espiritual y en la verdadera unidad de la humanidad, encontraremos que la humanidad es el bienamado.
Este amor comienza con una persona iluminada y se expande en círculos crecientes a la familia, la comunidad, el país y la humanidad. El patriotismo se basa en esta onda expansiva que involucra la sociedad y el mundo como un todo. Rechaza el estrecho nacionalismo, desafía las tendencias sectarias a dividir y excluir. Este amor omniabarcante o bondad nace de una única fuente. Cada uno de nosotros puede servir como centro de estos crecientes círculos de cosas. Involucrarse en la aventura espiritual hace a los seres humanos tanto bellos como nobles. Sus gestas heroicas han sido cantos épicos y leyendas. El problema, como dijo el autor de ficción argentino Jorge Luis Borges, es que la gente no presta atención a los conflictos que ocurren dentro del héroe: las elecciones dolorosas, los sacrificios hechos en silencio, el proceso de muerte y redención. Hubo un tiempo, en que la liberación de un líder, significaba también la libertad de sus seguidores, libertad de la tristeza y el sufrimiento; no había distinción entre su felicidad y la de sus seguidores. El rey o jefe era visto como un râja-buddha o como un Bodhisattva; él o ella guiaba sirviendo a su gente. Servicio y liderazgo fluían desde un gran río de valores perennes. Tal vez el Rey de Bhutan tenía esto en mente cuando declaró que el gobierno promovería la felicidad de su pueblo. Tal vez el objetivo del Rey y el de su pueblo están interconectados y son indivisibles. Si este sorprendente principio de unidad existe, lo político puede derivar su inspiración de lo espiritual. El hecho de que lo increíble esté sucediendo realmente en Bhutan o cualquier otro país, es un asunto para investigar. Esta posibilidad no puede quedar relegada a una utopía. Sabemos con certeza que ciertas sociedades en el mundo son guiadas por el ideal del Bodhisattva. Existen líderes que ven lo espiritual como la fibra esencial del desarrollo de una nación y su gente. El desarrollo de lo espiritual puede no estar ocurriendo en la mayoría, pero sigue siendo una motivación para que los individuos estudien, mediten y sirvan con hechos. HPB se refiere a esta vida con tres aspectos como la práctica de la teurgia o el trabajo divino de ´volver a nuestra prístina pureza de la Naturaleza.´ Lo sorprendente es que esta teurgia puede ser practicada por todos. Cualquiera puede optar por el sendero y volverse un Bodhisattva. La felicidad del peregrino bien podría ser la serena sonrisa del Bodhisattva. Algún día aprenderemos a hablar desde el Buda interior y hablarle al Buda que habita y brilla en los otros. Ese día ha llegado.
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