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Vol. 128 - Número 8 - Mayo 2007 (en Castellano) |
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Estudios sobre La Voz del Silencio, parte 5
John Algeo
Habiendo pasado metafóricamente a través de las tres Salas hasta el Valle de la Bienaventuranza en los versos 17 a 40, encontramos ahora un símbolo diferente, que es central en este primer fragmento del Libro de los Preceptos de Oro, a saber: el sonido.
VERSOS 41-50- Los próximos diez versos están principalmente relacionados con una metáfora de siete sonidos, que son presentados como los peldaños de una escalera:
[41] Antes de que puedas asentar tu pie en el peldaño superior de la escalera, la de los sonidos místicos, tienes que oír la voz de tu Dios interior [el Yo Superior] de siete maneras distintas. [42] El primer sonido es como la dulce voz del ruiseñor entonando un canto de despedida a su compañera. [43] El segundo se percibe como el sonido de un címbalo de plata de los Dhyanis, despertando a las centellantes estrellas. [44] El próximo es como el lamento melodioso del espíritu del océano aprisionado dentro de su concha. [45] Y este es seguido por el canto de la Vina26. [46]El quinto, a manera de flauta de bambú suena vibrante en tu oído. [47]Y luego se convierte en un toque de trompeta. [48] El último vibra como el retumbar sordo de una nube tempestuosa. [49] El séptimo absorbe a todos los otros sonidos. Estos se extinguen y ya no se vuelven a oír más. [50] Cuando los seis están muertos y yacen a los pies del Maestro, entonces el discípulo sumido en el UNO28 se convierte en ese UNO y vive en él.
COMENTARIO. El Verso 41 comienza mencionando una escalera como una metáfora de la vida espiritual. Dicha mención repite lo expresado en la escalera de Jacob:
Y él soñaba, y contemplaba una escalera asentada en la tierra, y el extremo superior llegaba al cielo: y contempló a los ángeles de Dios ascendiendo y descendiendo a través de ella. [Génesis, 28;12]
La escalera de Jacob fue una imagen popular en la Edad Media Europea, en el Renacimiento y posteriormente. El Árbol de la Vida Cabalístico, especialmente como existente en los cuatro mundos de la experiencia humana, es comparado con la escalera de Jacob. En un libro de alquimia de 1677 titulado Mutus Liber, es decir, “El Libro Mudo”, que tenía imágenes sin texto, muestra la escalera de Jacob con ángeles que están tocando trompetas para despertar a Jacob- relacionando de este modo la escalera con el sonido, como en este verso de La Voz. Y cerca del 1800, William Blake realizó un grabado en color mostrando la escalera, como una escalera caracol que se extendía desde Jacob dormido hacia las gloriosas alturas del cielo.
La escalera y los escalones (como en “La Escala de Oro”) son metáforas similares. Ambas sugieren la elevación desde la tierra al cielo a través de etapas, y ambas permiten la circulación en ambos sentidos: nosotros ascendemos hacia el cielo, pero los ángeles descienden hacia nosotros. Ellos vienen desde el cielo como “mensajeros” (que es lo que la palabra griega angelos significa). La escalera de siete peldaños es un símbolo frecuente en la Francmasonería, por ejemplo, en la traza del tablero del primer Grado. Esta escalera en La Voz, sin embargo, es aquella “de los sonidos místicos”. Tenemos que escuchar la voz de nuestro “DIOS interior” de siete maneras. Los siete escalones o sonidos representan las siete etapas en el peregrinaje hacia la meta. También son análogos a los siete principios, así como también a todos los juegos de siete que la Sabiduría Antigua expone: planos, chakras, etc. En un pie de nota, HPB identifica el “DIOS interior” como el “Yo Superior”. Ella usa este último término para referirse al âtmâ o chispa del espíritu divino en nosotros – no como el término se usa a veces en los escritos Teosóficos posteriores, para la individualidad o yo reencarnante. La divinidad interior de la chispa nos habla de diversas maneras, de acuerdo a nuestro foco de conciencia, y dichas maneras están simbolizadas por los siete sonidos de los próximos siete versos. En el verso 42 el sonido es el canto del ruiseñor (en inglés ´ruiseñor´: ´nightingale´, significa “cantante nocturno”). Este pájaro está asociado con la noche, la muerte, la separación, y la pérdida. Es por lo tanto un símbolo adecuado para el mundo físico y el cuerpo denso, la “tumba” del espíritu. El ruiseñor está cantando por la partida o la separación de su pareja, por lo tanto el verso sugiere la impermanencia del mundo físico y su separación de la conciencia espiritual. Por más bello que pueda ser el mundo físico, es transitorio. En “Navegando a Bizancio” el poeta teósofo William Butler Yeats escribe sobre un pájaro dorado que canta sobre “lo pasado, lo que está pasando, o lo que vendrá”. En el verso 43 el sonido es el de un címbalo de plata. La plata se asocia con la luna (que también tiene la forma de un címbalo). La luna está relacionada con el linga sarira o cuerpo doble etérico, el segundo principio. Los Dhyanis son los “meditadores” cósmicos (el término sánscrito dhyâna significa “meditación”); ellos proveen la forma arquetípica para la Creación, meditando. “Despertando a las centelleantes estrellas” sugiere el primer despertar de las monadas, las Peregrinas de la Eternidad o chispas divinas, de su sueño semejante a estar muerto en el físico, para comenzar la peregrinación hacia la iluminación. En el verso 44 el sonido es el de una concha marina. Uno de los instrumentos musicales importantes de India, Grecia y otras culturas es la caracola, que se sopla en su interior para producir un sonido que es melodioso pero a la vez fantasmal, un “lamento”. Como este sonido se produce por el aire que circula a través de las espirales del cascarón, se asemeja a la energía vital o prâna, que circula a través del cascarón del cuerpo. La energía vital es por lo tanto aprisionada en nuestro cuerpo, como está la chispa en sus varios cuerpos o cascarones. En su poema “The Chambered Nautilus”, Oliver Wendell Holmes utiliza la imagen de una caracola para simbolizar la forma que sostiene a la vida, pero esa vida sigue creciendo. El verso 45 introduce a la vinâ, que esta descripta en la glosa 26:
Glosa 26 : La Vinâ es un instrumento de cuerdas indio parecido a un laúd.
Como señala el Nuevo Diccionario Oxford (The New Oxford Dictionary), el instrumento musical llamado vinâ o veena tiene muchas variedades diferentes, todas con siete cuerdas (cuatro principales y tres auxiliares); y por lo tanto puede ser vista como un símbolo de los seres humanos con nuestros siete principios. Sus cuatro cuerdas principales conectan la vinâ con el cuarto principio kâma o deseo. Inclusive en inglés hablamos de “tocar la cuerda del corazón”, de modo que la asociación de un instrumento de cuerdas como la vinâ con las emociones, es universal. El tipo de vinâ del sur de la India es como el laúd; pero el del norte de la India tiene dos calabazas adjuntas a manera de cámaras de sonido, una en cada extremo, así como nosotros tenemos materia y espíritu como los dos aspectos de nuestra expresión. De acuerdo con la tradición, la vinâ fue inventada por un rishi o sabio llamado Nârada. El Glosario Teosófico dice de él: “Esotéricamente hablando, Nârada es el Gobernante de los acontecimientos durante varios ciclos Kármicos, y la personificación, en cierto sentido, del gran ciclo humano; un Dhyan Chohan.” Por consiguiente resulta apropiado que él debe haber inventado la vinâ, el instrumento humano que produce sonido. También la vinâ simboliza a la humanidad en su totalidad. En el verso 226 del tercer fragmento de La Voz, “Los Siete Portales”, se hace referencia a la vinâ nuevamente: “Los discípulos pueden compararse a las cuerdas de la Vinâ, eco del alma; la humanidad a su caja armónica; la mano que la pulsa, al soplo melodioso de la gran ALMA DEL MUNDO. Además el “canto de la Vinâ” es el cuarto o el sonido del medio respecto a los siete sonidos, que lo conecta con el cuarto chacra, el chacra del corazón. Su música es llamada un “canto” quizás porque el canto está más asociado con la música sagrada que con la secular. El “canto de la Vinâ “ es la Canción de Vida dentro de nuestros corazones, anuncia la llegada o es la precursora de la Voz del Silencio. La flauta de bambú del verso 46 es un símbolo de la mente o manas, el quinto principio. Krishna (la encarnación del espíritu divino en nosotros) es quien toca la flauta, de la misma manera que la mónada “actúa” o encuentra expresión a través de manas o la mente. El oído es la entrada a la cabeza, la parte corporal que corresponde a la mente. Y el sonido de la flauta se dice que es estridente, como el intelecto, que también se simboliza por una espada que atraviesa o divide la realidad. El bambú es muy frecuente en el arte Chino y Japonés. Su centro hueco representa la mente vacía en meditación. Las secciones unidas del tronco representan los pasos en el sendero hacia la iluminación. El verso 47 presenta un considerable cambio en volumen; su sonido es el toque de trompeta, que despierta a todos los que lo escuchan. Se parece a la trompeta del arcángel en el Día del Juicio Final, llamando a los muertos de sus tumbas. Por lo tanto es un símbolo adecuado para buddhi, que es el principio que nos despierta del sueño o muerte de la vida terrenal a la realidad espiritual. Buddha es el que está “despierto”, y por lo tanto buddhi (el toque de trompeta) es el que nos despierta e ilumina. Los ángeles en la escalera de Jacob en el Mutus Liber, citado precedentemente, hacen sonar las trompetas para despertar a quien está dormido.
El verso 48 nos lleva al séptimo sonido: un rugiente y mortal trueno. El trueno, que "ruge mortalmente", puede estar por debajo del umbral de la capacidad auditiva humana, es también la Voz del Silencio, como vemos en el verso 49. Incluye todos los otros sonidos. “Morir” o “ser destruido” (como dice el verso 50) es un símbolo de transformación o transmutación. Debemos morir a lo viejo para renacer a lo nuevo. Shiva, la tercera persona de la trinidad Hindú, es el dios de la muerte y a la vez del renacimiento, es decir, de la transformación. El verso 50 nos dice que el objetivo de la escalera de los sonidos místicos es unirnos con lo más elevado en nuestro interior. Esto se hace explícito en las dos glosas referidas a aquel verso:
Glosa 27. Los seis principios; alusión a cuando la personalidad inferior es destruida y la individualidad interna se funde y se pierde en el séptimo o Espíritu.
Glosa 28. El discípulo es uno con Brahman o el Ātman.
El sonido del trueno es un símbolo tradicional y poderoso de cómo nuestro “DIOS interno” se comunica con nosotros. El Bhadâranyaka Upanishad cuenta la historia a la cual alude T. S. Elliot en su poema The Waste Land, cuya quinta y final sección se llama “Lo que el trueno dijo”. La historia es sobre el Señor de toda la creación, Prajâpati, que tuvo tres clases de hijos: dioses, humanos y demonios. Los tres estudiaron con su Padre y le solicitaron instrucción. Primero le pidieron los dioses, y el Padre les dijo con voz de trueno: “¡Da!” y luego preguntó, “¿Entendieron?” Los dioses contestaron, “Sí entendimos, tú nos dijiste “Damyata, contrólense a ustedes mismos.”Y el Padre confirmó: “Así es, han entendido.” Porque los dioses son impetuosos y necesitan refrenarse. Luego, los humanos solicitaron instrucción, y el Padre les habló con voz de trueno: “¡Da!” y luego preguntó, “¿Entendieron?” Los humanos contestaron, “Sí entendimos, tú nos dijiste “Datta, sean generosos”. Y el Padre confirmó: “Así es, han entendido.” Porque los humanos son egoístas y necesitan compartir. Finalmente, los demonios solicitaron su instrucción, y el Padre les habló con voz de trueno: “¡Da!” y luego preguntó, “¿Entendieron?” Los demonios contestaron, “Sí entendimos, tú nos dijiste “Dayadhvam, simpaticen.”Y el Padre confirmó: “Así es, han entendido.” Porque los demonios son violentos y necesitan volverse compasivos. El trueno, que es la Voz del Silencio, nos dice algo a todos, pero cada uno de nosotros oye la verdad que necesita. Existe sólo una Sabiduría Antigua, pero cada uno la comprende de una manera en que es adecuada para sí. Une todos los diversos sonidos de la escalera en Uno, y quienes lo oyen se vuelven uno con la Fuente de la Seidad y por consiguiente uno con todos los demás.
MEDITACIÓN. Una forma de meditación es la visualización creativa, en la que usted trae imágenes a la imaginación y luego se concentra en ellas. Intente una variación – audición creativa. Imagine uno por uno los siete sonidos descriptos en los versos 42 a 49. Comience con el sonido del canto del ruiseñor, y deje que se funda con el suave sonido de un címbalo, luego con el de una caracola de mar, con un laúd, una flauta, una trompeta, y con un rugiente tronar distante. Finalmente permita que la voz del trueno se vuelva tenue y deje de oírse. ¿Qué está diciendo cada uno de estos sonidos? Cuando todos ellos están contenidos en el séptimo, ¿Qué es lo que queda? Si tiene dificultades para concentrarse solamente en el sonido, visualice objetos que produzcan los sonidos, o visualice una escalera, en la que en cada escalón se oye un sonido diferente.
VERSOS 51-58- A continuación de los diez versos referidos a la escalera de los sonidos místicos, siguen los versos que retoman el tema de la muerte, de ser destruido o fundirse, y lo exploran desde diferentes puntos de vista. Es importante tener en cuenta que el lenguaje es metafórico y también lo es buscar el significado detrás del símbolo.
[51] Antes de entrar en aquel Sendero, debes destruir tu cuerpo lunar29, purificar tu cuerpo mental30 y limpiar tu corazón. [52] Las aguas puras de la vida eterna, claras y cristalinas, no pueden mezclarse con los torrentes turbios del tormentoso monzón. [53] Las celestiales gotas de rocío que relucen bajo los primeros rayos del sol matutino, dentro del seno del loto, cuando caen en la tierra se convierten en barro; mira, la perla es ahora una partícula de fango. [54] Lucha contra tus pensamientos impuros antes que te dominen. Trátalos como ellos pretenden hacerlo contigo, porque si muestras piedad con ellos y echan raíces y crecen, sábelo bien, estos pensamientos te dominarán y te matarán. Ten cuidado, discípulo, que ni la sombra de ellos se te acerque. Porque crecerán, incrementarán su tamaño y poder, y luego esta cosa tenebrosa absorberá tu ser antes que te hayas dado cuenta de la presencia del abominable monstruo negro. [55] Antes que el místico Poder31 [Kundalini, la “Serpiente Poderosa” o fuego místico] pueda hacer de ti un dios, lanú, tu tienes que haber adquirido la facultad de matar a voluntad tu forma lunar. [56] El ser material y el Ser Espiritual nunca pueden juntarse. Uno de los dos debe desaparecer; no hay lugar para ambos. [57] Antes que la mente de tu alma pueda comprender, el capullo de la personalidad debe ser aniquilado, el gusano de la sensación destruido sin posibilidad de resurrección. [58] No puedes transitar el Sendero antes que te hayas convertido en el Sendero mismo. 32
COMENTARIO. El “cuerpo lunar” del verso 51 recuerda al címbalo de plata del verso 43, que también tiene asociaciones con la luna, cada uno representa uno de los siete principios humanos. La glosa 29 correspondiente a este verso presenta una interesante relación entre aquellos principios, e implica cierta confusión de términos entre los primeros escritos teosóficos y los posteriores. Se dice que el “cuerpo lunar” es:
Glosa 29. La forma astral producida por el principio kãmico, el kãma-rupa o cuerpo de deseo.
Blavatsky generalmente utilizó el término “astral” para referirse al linga sarira o lo que posteriormente fue llamado el “doble etérico”. Sin embargo, también usó el término de modo más general y a veces indefinidamente para referirse al vehículo de conciencia etérico o menos denso. Aquí ella lo utiliza específicamente para el cuerpo emocional, un uso adoptado por los teósofos de la segunda generación y posteriores. Sin embargo, existe también una relación entre todos los principios inferiores, desde el cuerpo físico hasta la mente “inferior”, que forman colectivamente la personalidad. Como un todo, ellos contrastan con el “cuerpo mental”, también llamado el “cuerpo causal”, que es la entidad individual reencarnante.
Glosa 30. Mãnasa-rupa. El primero [cuerpo lunar] se refiere al yo astral o personal; el segundo [cuerpo mental] se relaciona con la individualidad o al Ego reencarnante cuya conciencia en nuestro plano, o sea el manas inferior, tiene que ser paralizada.
La mente propiamente dicha es la individualidad reencarnante. Su reflejo en la personalidad es “manas inferior”, que no es un principio separado, sino que es manas operando a través del cerebro. Este verso y las glosas que se refieren a él, identifican los tres elementos principales en nuestro ser: la personalidad transitoria (cuerpo lunar), la individualidad que perdura (cuerpo mental), y la percepción intuitiva (corazón), que tenemos que “limpiar”. Ellos son los vehículos a través de los cuales el Yo Superior ( ãtmã ) funciona en nosotros. Todas las imágenes en estos versos -la destrucción del cuerpo lunar, mantenerse limpio de los “torrentes turbios del tormentoso monzón”, la perla que deviene en “una partícula de barro”, ser absorbido por la “presencia del abominable monstruo negro”, la aniquilación del “capullo de la personalidad”, la destrucción del “gusano de la sensación”- son todas metáforas para la misma cosa. Son formas diferentes de decir que debemos identificarnos, no con la personalidad, sino con la individualidad y finalmente con el Yo Uno, la chispa divina en nuestro interior. Mientras estemos en este plano, debemos tener una personalidad –es la manera en que funcionamos aquí. Aún los grandes instructores en nuestra tradición, como los Maestros K.H. y M., tienen personalidades bien definidas. No podemos existir en este plano sin una personalidad. La verdadera cuestión es si nos identificamos con esa personalidad y pensamos de nosotros mismos como siendo dicha personalidad. Si lo hacemos, hemos sucumbido a todas las horribles imágenes de estos versos. Pero si no nos identificamos con la necesaria pero meramente auxiliar personalidad, podemos elevarnos sobre ella. Si no queremos quedar atrapados en este plano, no debemos suponer que el vehículo que usamos para funcionar en él es el verdadero “Yo”. El verdadero “Yo” es por completo diferente a la personalidad física. Debemos decidir a cuál de ellos reconocemos como siendo nosotros mismos. El verso 55 nos dice que una vez que hemos “adquirido la facultad de matar a voluntad la forma lunar” (es decir, transferir nuestro sentido de identidad, de quienes somos, de la personalidad a la individualidad), entonces el “místico Poder” puede hacer un dios de nosotros (es decir, podemos dar el próximo paso, que es darnos cuenta que la individualidad no es “nosotros”, sino que somos de hecho el Yo Divino, y por lo tanto “un dios”). Aquel “místico Poder” se identifica en un pie de página y en una glosa:
Glosa 31. Kundalini se denomina el poder “serpentino” o anular, por su modo de obrar o de su progreso en espiral, en el cuerpo del asceta que desarrolla en sí mismo tal poder. Es una fuerza eléctrica, ígnea, oculta o Fohática, la gran energía primordial que sustenta toda materia orgánica e inorgánica.
“Anular” significa en “forma de anillo” o “circular” (proveniente de una palabra latina que se refiere al dedo anular) y se aplica a kundalini debido a su movimiento a través del cuerpo y del cosmos. Anteriormente (en la glosa 24 del verso 38) se nos dijo que kundalini es buddhi considerado como un principio activo. Aquí está conectado con fohat. Esto sugiere que buddhi y fohat son, si no lo mismo, al menos aspectos de la misma cosa. En algunos sistemas de esoterismo occidental, Dios tiene un aspecto femenino, Sophia o Sabiduría, a través del cual crea el mundo. En el hinduismo, la escuela Saivita señala que el divino Shiva tiene un aspecto femenino Shakti o Poder a través del cual crea. Estas parecen formas alegóricas de hablar sobre la relación entre ātmā y buddhi, siendo este último también el principio de la sabiduría y, en su aspecto activo kundalini, uno de los poderes creativos. El verso 56 afirma que el "yo material" y el "Yo espiritual" nunca pueden unirse; uno de los dos debe desaparecer. Es lo mismo que el Maestro Cristo enseñó cuando dijo, “Nadie puede servir a dos amos: porque odiará a uno y amará al otro, o bien se entregará a uno y despreciará al otro” (Mat. 6:24). Debemos elegir entre dos amos, nuestro yo personal o nuestro Yo Superior. Debemos identificarnos con la personalidad temporal o con el Yo divino en nuestro interior, tenemos que elegir. La novela de Herman Hesse, Viaje a Oriente (en alemán, Morgenlandfahrt, literalmente “viaje a la tierra del amanecer”) finaliza con una imagen que expresa la misma idea. El narrador de la historia estaba en una búsqueda, en compañía de un grupo de buscadores viajando hacia el Este, guiados por una figura misteriosa y sabia llamada Leo. Arriban a un hall inmenso donde se le dice al narrador que allí se mantienen registros de todo lo referente a cada uno de los viajeros (los registros ākāsicos, aunque no son llamados así en la historia), y se le muestra el lugar en el que se encuentran sus registros. Él va y los consulta, para encontrar que el único objeto en el cajón donde deberían estar sus registros son dos extrañas figuras de cristal transparente, con un fluido que circulaba en su interior, parecido a una serpiente. El fluido fluye desde una de las dos figuras unidas hacia la otra. La figura desde la cual fluye es una imagen del narrador, y dicha imagen se va desvaneciendo a medida que el fluido se aleja de ella. El lado hacia el cual el fluido se mueve se hace más grande y más marcado, y es una imagen de Leo el guía. Ahí finaliza la historia. Es un final que debe desconcertar a muchos lectores, pero considerándolo teosóficamente y a la luz de La Voz del Silencio, su significado es claro. El narrador es la personalidad, con la cual nos identificamos habitualmente. Leo es el supremo Ser, el líder, nuestra individualidad, el león o rey de las bestias, astrológicamente gobernado por el sol (así como la personalidad está representada por la luna). El serpentino fluido (anular) circulante es kundalini, que está llevando la energía vital de la personalidad a la individualidad. Si nos identificamos con la personalidad lunar, nos iremos apagando. Pero si realizamos nuestra verdadera identidad, seremos el sol inmortal de la individualidad, irradiando la luz del Yo Superior. El Verso 58 y la glosa 32 resuelven una de las paradojas de la tradición Teosófica:
Glosa 32. Este Sendero se menciona en todas las obras místicas. Como dice Krishna en el Jñānesvari: “Cuando se contempla este Sendero . . . ya parta uno hacia la florescencia del este o hacia las cámaras del oeste, sin moverse, Oh tú que empuñas el arco, es viajar en este camino. En este sendero, a cualquier lugar que uno vaya, ese lugar se convierte en nuestro propio ser.” “Tú eres el Sendero” se le dice al gurú adepto y este último al discípulo, después de la iniciación. “Yo soy el camino y el Sendero”, dice otro MAESTRO.
Por un lado, se nos dice “Existe un camino”, existe “Luz en el Sendero”, el Sendero es la forma de vivir que seguimos. Por otro lado, se ha dicho que “la Verdad es una tierra sin sendero”. ¿Cómo puede ser que exista el sendero y a la vez que la verdad no tenga uno que nos lleve a ella? Este verso y su glosa son la clave para comprender esta paradoja. El Sendero existe, pero no aparte de nosotros que lo caminamos. Somos el Sendero. Si pensamos en él como algo que existe aparte de nosotros, lo entenderemos mal. Si pensamos que no tiene existencia, también lo entenderemos equivocadamente. William Butler Yeats habló sobre esta misma paradoja con una metáfora diferente, cuando al final de su poema “Entre Escolares”, pregunta retóricamente, “Oh cuerpo vibrante por la música, oh brillante mirada, como podemos diferenciar al danzarín de la danza?” No hay danzarín sin danza, ni existe danza alguna sin alguien que la dance”. No existe otro sendero aparte de aquel que lo recorre, y al transitar el sendero, lo vamos creando. Somos el sendero. Krishna expresa la misma idea en el Bhagavad Gitā, cuando en el último capítulo de esa obra (18.66) le dice a Arjuna, quien ha estado esforzándose para saber cuál es su dharma y qué debería hacer: “Abandonando todo dharma, ven solo a Mí para refugiarte”. Nuestro dharma es nuestro deber; es también la enseñanza que seguimos; como así también nuestra más recóndita naturaleza, quiénes somos. Krishna le dice a Arjuna que no se preocupe por ningún dharma externo a él mismo, sino que descubra quién es realmente. Arjuna es Krishna, así como el narrador en el Viaje a Oriente de Hesse es Leo, y como nosotros somos el divino Yo Superior dentro nuestro.
MEDITACIÓN. Piensa acerca de quién eres. ¿Cómo te defines a ti mismo? ¿Y en relación con los demás? ¿Y en relación a las cosas que haces para ganarte la vida o para entretenerte? ¿Y en cuanto a tus sensaciones, emociones, pensamientos? ¿En cuánto a cómo te “sientes” respecto a ti mismo? ¿Existe quizás otro “yo” aparte de todos aquellos? Intenta entrar en contacto con ese otro yo. Inténtalo en calma.
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