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Vol. 128 - Número 7 - Abril 2007 (en Castellano) |
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Fe Y El Espíritu Científico
(Conferencia Ciencia-Teosofía, Adyar, 29 de diciembre 2006)
P.V. Indiresan
(El Prof. P. V. Indiresan fue el anterior Director del Instituto de Tecnología Hindú, en Chennai, India)
La fe es creencia sin prueba. El espíritu científico es escepticismo a pesar de la evidencia empírica. Se dice que la fe mueve montañas; de cierta manera eso es verdad. Las personas de fe a menudo dominan a los incrédulos de manera casi milagrosa. Sin embargo, eso es ocasional, y la prosperidad que la ciencia y la tecnología ofrecen, es para siempre. Si los creyentes buscan milagros, de acuerdo a Arthur C. Clarke, cualquier tecnología que esté lo suficientemente avanzada, no se distingue de la magia. India ha producido muchas ideas espirituales, siendo la Teosofía la más reciente. No ha tenido el mismo éxito con la ciencia. De hecho, durante algunos siglos, India ha estado rezagada en la ciencia. Esto no fue así en el pasado. Hasta el siglo dieciséis (en todo caso hasta el siglo XI) India estaba económica, cultural y tecnológicamente entre las principales naciones del mundo. En ciencia y tecnología, los indos eran tan buenos como los eruditos de occidente. Ya en el año 1000 AC, Surya Siddhanta calculó el diámetro de la tierra en 7.840 millas y la distancia a la luna en 253.000 millas, ambas cifras muy próximas a los cálculos modernos, mucho más exactas que las estimaciones en las cuales Cristóbal Colón basó su viaje para encontrar una ruta occidental hacia la India. Tal conocimiento permaneció como una curiosidad científica; no inspiró a nadie en India para que llevara este conocimiento a su conclusión lógica de la manera que lo hizo Colón. Nadie en India se embarcó en un viaje de descubrimiento.
Por qué el Occidente estuvo a la cabeza de la Ciencia durante cuatro siglos. La erudición occidental ha sido mucho más exitosa. Como explicó Thomas Kuhn, la Ciencia Occidental despegó cuando el espíritu científico basado en la comprobación empírica reemplazó a la fe religiosa. De acuerdo a Kuhn, el notable éxito de la ciencia occidental se debe a una política sistemática compuesta de los seis pasos siguientes: a. Adoptar un paradigma con un conjunto consistente de hipótesis como la base de toda investigación científica. b. Establecer enigmas más y más nuevos para probar los límites hasta los cuales el paradigma se considera verdadero. c. Experimento. Verificar anomalías entre predicciones teóricas y resultados experimentales reales. d. Impulsar las investigaciones empíricas hasta que falle el paradigma. El objetivo fundamental de la investigación científica no es comprobar una hipótesis sino refutarla. e. Buscar y descubrir un nuevo paradigma que explique tanto anomalías como resultados anteriores. f. Una vez que se acepta el nuevo paradigma, escribir nuevos textos que desechen los antiguos, y utilizar solamente los nuevos. Así, educar a una nueva generación con el último paradigma, sin confundirla con ideas obsoletas.
Negación de la Vedanta Básicamente, el conocimiento es infinito; es como el horizonte –podemos verlo pero nunca alcanzarlo. Limitando sus estudios a las escrituras antiguas, alejados de experimentos, los eruditos ortodoxos limitaron su búsqueda del conocimiento a lo que vino del pasado; no intentaron crear un nuevo futuro diferente del pasado. En efecto, tal estrecha visión no está autorizada por la Vedanta. Por ejemplo, el Mundaka Upanishad divide el conocimiento en dos categorías, superior e inferior. En su lista de áreas de conocimiento inferior están: Dicción, rituales, gramática, etimología, métrica, astrología (Rrg-veda, Yajur-veda, Sâma-veda y Atharva-veda). Describiendo los cuatro Vedas como conocimiento inferior, nuestras escrituras dejaron la puerta abierta al descubrimiento. El Bhagavadgitâ es aún más específico:”Oh, Partha, los necios se regocijan con la letra de los Vedas, diciendo: No hay nada salvo esto!” El Mundaka Upanishad continúa enumerando los atributos del conocimiento superior como: invisible, incomprensible, nonato, indescriptible – en efecto, nuevo descubrimiento. A diferencia de Galileo, los eruditos indos nunca corrieron el riesgo de persecución por expresar ideas no ortodoxas. India ha sufrido porque sus eruditos no sacaron provecho de la libertad que le permitían nuestras escrituras. Trataron el conocimiento como un libro cerrado; no contribuyeron al progreso de la ciencia de la forma en que podrían y deberían haberlo hecho. En efecto, nuestros eruditos negaron la verdad como la describía la Vedanta. Si nuestros eruditos hubieran seguido los preceptos de la Vedânta habrían hecho, en palabras de Arthur Clarke, una magia tal que habrían continuado subyugando a las masas. Aún cuando abrigaban nuevas técnicas, lo hacían rindiendo culto a tecnología prestada, no creando una tecnología nueva propia. De esta manera, se colocaban en una posición inferior intelectualmente. No es de extrañarse que ya no impongan el respeto que solían causar. En la ciencia, reemplazar las Leyes de Movimiento de Newton por la Ley de la Relatividad de Einstein no se considera de ninguna manera una falta de respeto a Newton. En la religión, reemplazar lo antiguo por algo nuevo es blasfemia. Recientemente, el Papa despidió al astrónomo del Vaticano por no aceptar la versión bíblica de que la tierra fue creada por Dios en seis días hace seis mil años. Los Upanishads y el Gitâ no imponen restricciones de este tipo considerándolas blasfemias. Podemos reemplazar la idea de la creación como se da en el Purusha Sukta o el Vishnu Purana por ideas modernas. Esto no es faltarles el respeto a nuestros rishis. Es al revés: fallamos en respetar a nuestros rishis cuando no ahondamos más en sus ideas.
Superstición: Râhu Kâlam En ausencia del espíritu científico, la superstición rige nuestra cultura. Por ejemplo, en el Sur de India, es indiscutible la idea de que la hora de Râhu Kâlam es desfavorable. Cuando el presidente Zail Singh accedió a dirigir la Asamblea de la IIT de Madrás en su Jubileo de Plata, citó a las 5 de la tarde de un domingo – justo en medio de Râhu Kâlam (4.30-6 p.m). Como lo quiso la suerte, el día que el presidente iba a llegar a la ciudad de Madrás, fue paralizado por defensores de la LTTE, su visita tenía que posponerse. El Presidente llegó otro domingo, pero en la mañana. Si hubiera escogido las 5 p.m. nuevamente, ¿habría yo intentado cambiar la hora? No lo habría hecho porque millones de sucesos importantes acontecen en todo el mundo durante Râhu Kâlam y no sucede nada malo. El hecho de que ocurriera un percance una vez, no es razón científica para creer que el Râhu Kâlam es malo. Aquí está la diferencia esencial entre fe y espíritu científico, o más bien fe ciega y el espíritu científico. En la fe ciega, el hecho de que algún anhelo se hizo realidad una vez, se acepta como prueba que sucederá nuevamente. En el espíritu de la ciencia, el hecho de que algo anhelado no se materialice ni siquiera una vez, por extrema que sea la condición, es suficiente prueba de que la teoría es defectuosa. Un creyente de Râhu Kâlam espera que cualquier cosa que se intente durante ese periodo fracase. La persona de ciencia investigará cuál es la certeza de que los acontecimientos ocurridos durante el Râhu Kâlam demuestren ser infructuosos. Así mismo, aquellos que son supersticiosos acerca del Râhu Kâlam estarán tan preocupados acerca de la amenaza de las malas consecuencias, que están sujetos a cometer errores. Es más que probable en su caso, que los éxitos sean menos durante el Râhu Kâlam que en otro momento. Lo contrario también es verdad. La fe, como dicen, puede mover montañas. La gente de fe absoluta puede alcanzar resultados inusuales que los científicos nunca lograrían. Esto es verdad particularmente en las relaciones humanas. La gente de fe puede inspirar a millones, la gente de lógica no puede hacerlo así. La gente de ciencia no inspira la fe. Algunos historiadores han dicho que cuando Alejandro invadió India, los astrólogos del rey indo Purushottam le aseguraron que Alejandro no atacaría porque el momento era desfavorable. Sea que Alejandro no creyera en la astrología o que tuviera diferentes consejeros; de cualquier modo, el resultado es historia. Existe la historia de un devoto que tenía una fe incondicional en Dios. Cuando sus vecinos le dijeron que huyera ya que se aproximaba un desborde, se negó, diciendo que Dios lo protegería. Dijo lo mismo cuando voluntarios locales llegaron en un bus para ponerlo a salvo. No se movió aún después que las aguas inundaron su casa y la policía llegó en un bote a rescatarlo. Sentándose en el techo de su casa, se negó por cuarta vez cuando llegó el ejército en un helicóptero. Finalmente se ahogó, entonces se quejó severamente a Dios y le preguntó por qué lo había abandonado a pesar de la absoluta fe que tenía en Él. Dios le respondió, ‘Vine a ti cuatro veces y cuatro veces te negaste a escucharme. ¿Qué más podía haber hecho?’ El problema con la fe es que es difícil saber en qué creer; quizás la ciencia ayude. De acuerdo a un colega en el IIT Madrás, famoso por su conocimiento de los Vedas, la astrología no es parte de nuestras escrituras. Solía señalar que todas las pujas comienzan con las palabras subha muhoorthe (en este tiempo auspicioso) sin considerar cuándo comienzan. Mi propia opinión es que en cualquier momento que hagamos algo bueno es un buen momento; en cualquier momento que hagamos algo malo es un mal momento. No espero convencer a ningún creyente del sur a que esté de acuerdo con la astrología. (Los norteños no observan Râhu Kâlam). Un gobernador anterior de la Provincia de Sind en Pakistán me dijo que la astrología es la única ciencia verdadera. Hay un supersticioso funcionario de edad en Delhi que trabaja con incomodidad en una pequeña habitación, aún cuando existe una habitación mucho más grande vacía, disponible para su uso. En contra de tal fe, la ciencia es impotente. La ciencia puede decir cuáles son las leyes del universo, pero no quién las creó o por qué son lo que son. Mientras la ciencia no pueda resolver el misterio de la muerte, la fe tendrá el dominio.
Creencia en Dios Es evidente que el Espíritu o Âtman es diferente del cuerpo porque éste no es autónomo. Lo mismo es verdad de la mente y del corazón. Así, el cuerpo, la mente y el espíritu, están sujetos a una fuerza misteriosa que la ciencia aún no ha sido capaz de desentrañar. ¿Resolverá la ciencia alguna vez ese misterio? Hay límites en la ciencia: La velocidad de la luz es absolutamente limitada; la temperatura más baja es el cero absoluto – menos 273 grados Celsius. De aquí que el verdadero científico esté siempre consciente de los límites de la posibilidad científica. La fe no acepta límites. Precisamente porque los científicos saben que la ciencia es limitada, ellos creen en las deidades. Sir C. V. Raman nos dijo una vez que la gente preguntaba por qué usaba un rodete en su cabello. Él respondió preguntando cómo Dios lo elevaría al cielo si no tuviera uno. Pudo haber estado bromeando, pero era un hecho que conservaba el rodete. De todos los científicos, Einstein ha sido el más explícito. Él expresó:
El conocimiento de la existencia de algo que no podemos comprender, de las manifestaciones de la razón más profunda y de la belleza más radiante – son este conocimiento y esta emoción los que constituyen la actitud verdaderamente religiosa; en este sentido, y en éste únicamente, soy un hombre profundamente religioso. No creo en un Dios personal, y nunca he negado esto sino que lo he expresado claramente. Si hay algo en mí que pueda llamarse religioso es la admiración ilimitada por la estructura del mundo tanto como nuestra ciencia puede revelarla. Creo en el Dios de Spinoza, que se descubre en la ordenada armonía de lo que existe, no en un Dios que se ocupa del destino y de las acciones de los seres humanos. Un ser humano es parte del total, llamado por nosotros, universo, una parte limitada en el tiempo y el espacio. Nosotros experimentamos nuestros pensamientos y sentimientos, como algo separado del resto. Una clase de ilusión óptica de la consciencia. Esta ilusión es una especie de prisión para nosotros, limitándonos a nuestros deseos personales y al afecto por unas pocas personas cercanas a nosotros. Nuestra tarea debe ser liberarnos de la prisión ampliando nuestro círculo de compasión para incluir a todas las criaturas vivas y al total de la Naturaleza en su belleza. El verdadero valor de un ser humano está determinado por la medida y el sentido en que han obtenido la liberación del yo. Necesitaremos una manera de pensar sólida y nueva si la humanidad quiere sobrevivir. La experiencia más bella y profunda es la sensación de lo místico. Es el sembrador de toda verdadera ciencia. Aquel para quien esta emoción es extraña, quien ya no puede sorprenderse y permanecer extasiado y admirado, bien podría estar muerto. Saber que lo que es incomprensible para nosotros realmente existe, manifestándose a sí mismo como la sabiduría suprema y como la belleza más radiante que nuestras torpes facultades pueden comprender sólo en sus formas primitivas –este conocimiento, este sentimiento está en el centro de la verdadera religiosidad.
De estas declaraciones, la que se refiere al Dios de Spinoza es la que expresa mejor la diferencia entre fe y ciencia. La gente de fe cree que Dios interviene en los casos individuales; las personas de ciencia creen que Dios pone las reglas y opera de acuerdo a ellas. Consideremos dos contrincantes, cada cual absolutamente creyente, quienes desean dos cosas opuestas. Cuando ambos oran a Dios ¿qué puede Él hacer? Cuando hay billones pidiéndole a Dios toda clase de dádivas irreconciliables, ¿qué puede Él hacer? En el limitado mundo de la conducción, los buenos dirigentes actúan de acuerdo a las reglas; saben que sería desastroso no hacerlo así. Con más razón, tal precaución ha de estar en un universo de billones y billones de estrellas con trillones y trillones de seres sensibles e inanimados también. La gente de fe pide favores; las personas de ciencia buscan sabiduría para saber cuál es la verdad. Reinhold Niebuhr expresó el método científico de la fe cuando dijo:
Dios concédeme la Serenidad para aceptar las cosas que no puedo cambiar, el Valor para cambiar las cosas que puedo, y la Sabiduría para saber la diferencia.
La creencia en un Dios Personal es la esencia de la fe; la búsqueda del conocimiento es la esencia de la ciencia. Esta última no excluye la creencia en una Fuerza Universal; de hecho, requiere de tal creencia. Las personas de fe difieren tanto entre sí que es difícil concebir una Fuerza Universal común entre ellos. Lo que es más, la gente de fe cree que si ora lo suficiente, Dios creará una fuerza especial para ayudarlos, y suspenderá toda Fuerza Universal que pueda actuar de modo opuesto. El creyente cree que las leyes de la Naturaleza no son inmutables; que a través de la devoción pueden cambiarlas. Los científicos creen que las leyes de la Naturaleza son inmutables, que no hay forma de cambiarlas. Ellos creen que lo mejor que uno puede hacer es comprender mejor las fuerzas de la Naturaleza, y que todavía hay más por conocer.
Bhakti y Jñana En su famosa introducción al ‘Bhajagovindam’, presentada por la Sra. M. S. Subbulakshmi, Rajaji dijo que los senderos de la devoción y del conocimiento son uno y el mismo. El Bhagavadgitâ dice lo mismo en el Jñanavigñana Yoga: ‘Después de muchos nacimientos y muertes, la persona iluminada encuentra refugio en Mí’. Por otra parte cuando el Bhagavadgitâ habla de Bhakti Yoga, habla de la ética práctica:
Igual con enemigo y amigo, y asimismo igual en la fama y la ignominia, igual en el frío y en el calor, en los goces y los dolores, despojado de apego, quien recibe por igual la alabanza o el reproche, silencioso, totalmente contento con lo que sobreviene, sin posesiones, de mente firme, ese hombre es caro a Mí.
Estos versos apoyan lo que dijo Rajaji. De acuerdo al Bhagavadgitâ, el sendero de la sabiduría termina en la devoción, y el sendero de la devoción está pavimentado de sabiduría. La sabiduría intelectual y el espíritu científico son quizás mejor descritos por el bien conocido verso del Isopanishad: “Hacia las negras tinieblas marchan los que siguen el sendero de la ignorancia; hacia negruras más tenebrosas van aquellos que siguen el sendero del conocimiento”. ¿Por qué entrarían aquellos que siguen el sendero del conocimiento en negruras más tenebrosas que quienes siguen el sendero de la ignorancia? Sucede porque todos tenemos dos clases de conciencia – conciencia de lo que sabemos, y conciencia de lo que sabemos que no sabemos. Sabemos muchas cosas en el mundo, pero también sabemos que no sabemos acerca de muchas cosas de las que hemos escuchado – nanotecnología, por ejemplo. Supongamos que estudiamos nanotecnología y por lo tanto aumentamos nuestro conocimiento. Entonces nos volveremos conscientes de muchos otros aspectos de la física molecular de los cuales no hemos siquiera escuchado en el presente. Así, cuando aprendemos más, nos volvemos conscientes de aún mayores niveles de ignorancia. Por lo tanto, la verdadera prueba del saber no es cuánto sabemos, sino cuánto sabemos que no sabemos. Esa oscuridad en aumento es una fuerza que nos impulsará hacia adelante; es una fuerza que también nos mantendrá tan humildes como deberíamos ser. ¿Podría ser Dios el área de las tinieblas que desconocemos? No lo sé.
La felicidad es el cielo; el dolor el infierno. Si es así, el cielo y el infierno están dentro nuestro; podemos crearnos el cielo o el infierno del modo que queramos. Basava (Fundador de la comunidad Lingayat)
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