TEOSOFÍA
EXOTÉRICA Y ESOTÉRICA
H.P.Blavatsky
Extraído de La Clave de la
Teosofía, cap.II, pp. 8-16/ sección II, p.16-25
Lo que no es la Sociedad Teosófica actual
PREG. ¿No son,
por lo tanto, vuestras doctrinas un renacimiento del Buddhismo,
ni están copiadas enteramente de la Teosofía Neoplatónica?
TEÓS. No. Pero permítame citar las palabras
del Dr. J. D. Buck, expresadas ante la Convención Teosófica en
Chicago, América (en abril, 1889):
“En
todas las épocas hubo individuos que comprendieron más o menos
claramente las doctrinas Teosóficas y las aplicaron a su vida
privada. No pertenecen esas doctrinas a religión alguna
exclusivamente, y no están relacionadas con sociedad o tiempo
algunos. Son el privilegio de toda alma humana.¨
PREG. ¿Qué
sistema preferís o adoptáis aparte de la ética budista?
TEÓS. Ninguno y todos. No estamos ligados a
religión o filosofía especial: escogemos lo bueno que hallamos
en cada una. Mas hemos de repetir aquí que la Teosofía, como
todos los demás sistemas antiguos, está dividida en dos
secciones: la Exotérica y la Esotérica.
PREG. ¿En qué
consiste la diferencia?
TEÓS. Los miembros de la Sociedad Teosófica
en general son libres de profesar la religión o filosofía que
prefieran, o ninguna -si así les parece-, siempre que simpaticen
con uno o más de los tres objetos de la Asociación y estén
dispuestos a sostenerlos. La Sociedad es una agrupación
filantrópica y científica para la propagación de la idea de
fraternidad en el terreno práctico en vez del teórico. Los
Miembros pueden ser Cristianos o Musulmanes, Judíos o Parsis,
Buddhistas o Brahmanes, Espiritualistas o materialistas, eso no
tiene importancia, pero cada miembro tiene que ser un
filántropo, o un estudiante investigador de la literatura
Aria, y otra literatura
antigua, o dedicarse a las Ciencias psíquicas. Debe, en pocas
palabras, contribuir, sí puede, a la realización de
uno de los objetivos del
programa, por lo menos. De lo contrario, ingresar como miembro
no tendría razón de ser. Tal es la mayoría de la Sociedad
exotérica, formada por miembros “adheridos” y “libres”.
Un miembro “adherido” es el que forma parte
de una Rama de la S.T., y miembro “libre” es el que pertenece a
la S.T. y tiene su diploma expedido por la Sede Internacional,
Adyar, Madrás (ahora Chennai), pero no pertenece a Rama o Grupo
alguno. Éstos pueden llegar a ser Teósofos de hecho o no. Son
miembros porque han ingresado a la Sociedad, mas no puede esta
última convertir en Teósofo a una persona que no tiene sentido
de la naturaleza divina de las cosas, o que comprende la
Teosofía de un modo particular, sectario y egoísta (si se puede
usar esta expresión).
Teosofía y Miembros de la Sociedad Teosófica
PREG. Lo que
antecede se refiere, según entiendo, a los miembros del círculo
externo. Pero ¿cuál es el caso de los que se dedican al estudio
esotérico de la Teosofía? ¿Son éstos los verdaderos teósofos?
TEÓS. No necesariamente, hasta que se han
probado a sí mismos que pueden ser considerados como tales. Han
entrado en el grupo interno y se han comprometido a observar,
tan estrictamente como les sea posible, las reglas del círculo
oculto. Esta es una empresa difícil, por cuanto la regla
principal es la renuncia completa a la propia personalidad, es
decir que un miembro que se ha comprometido ha de convertirse en
un perfecto altruista, no pensar en sí mismo jamás, y olvidar su
propia vanidad y orgullo en bien de sus semejantes, además del
de sus hermanos en el círculo esotérico. Si las instrucciones
esotéricas le son útiles, ha de ser su vida de abstinencia en
todas las cosas, de abnegación y de estricta moralidad,
cumpliendo con su deber respecto de todos los hombres. Los pocos
Teósofos verdaderos que cuenta la Sociedad Teosófica se
encuentran entre esos miembros. No quiere decir esto que fuera
de la S. T. y del grupo interno no existan Teósofos, los hay, y
en mayor número de lo que se cree en general, muchos más
seguramente, que entre los miembros del círculo externo de la
Sociedad Teosófica.
PREG. En este
caso, ¿qué ventaja ofrece el pertenecer a la llamada Sociedad
Teosófica? ¿En dónde está el estímulo, cuál es el móvil para
ello?
TEÓS. Ninguno, excepto la
ventaja de aprender las doctrinas genuinas de la Filosofía
Esotérica, y obtener mucha ayuda por el apoyo y simpatía mutuos.
La unión es la fuerza y la armonía, y los
esfuerzos simultáneos bien dirigidos hacen
milagros. Este ha sido el secreto de todas las asociaciones y
comunidades, desde que existió la humanidad.
PREG. Pero ¿por
qué no ha de poder un hombre de inteligencia bien equilibrada y
de propósito sincero, de indomable energía y perseverancia,
llegar a ser Ocultista y hasta Adepto, trabajando solo?
TEÓS.
Puede conseguirlo, pero existen diez mil probabilidades contra
una de que fallará. Hay una razón principal entre muchas otras y
es que en nuestros días no se encuentran libros sobre Ocultismo
o Teurgia que revelen en lenguaje simple los secretos de la
Alquimia o de la Teosofía de la Edad Media. Todos son escritos
simbólicos o en parábolas, y como en Occidente se ha perdido la
clave hace muchos siglos ¿cómo puede alguien conocer el
significado correcto de lo que lee o de lo que estudia? Este es
el peligro mayor, peligro que conduce a la magia negra
inconsciente o al mediumnismo más irremediable. El que no tenga
a un Iniciado por maestro, hará bien en abandonar este peligroso
estudio. Mirad en torno de vosotros y observad. Mientras las dos
terceras partes de la sociedad civilizada ridiculiza la mera
posibilidad de que pueda haber algo en Teosofía, Ocultismo,
Espiritismo o en la Kábala, la otra tercera parte está compuesta
de los elementos más heterogéneos y opuestos posibles. Algunos
creen en lo místico y hasta en lo sobrenatural (!), pero cada
uno lo cree a su manera. Otros se lanzan sin auxilio alguno al
estudio de la Kábala, del Psiquismo, Mesmerismo, Espiritualismo,
o cualquier otra forma de Misticismo. Resultado: no hay dos
hombres que piensen igual, ni que estén de acuerdo respecto de
cualquiera de los principios ocultos fundamentales, aunque
muchos son los que reivindican y pretenden poseer la última
palabra del saber, y quisieran hacer creer a quienes desconocen
estos temas que son adeptos perfectos. No sólo hay carencia de
un conocimiento exacto y científico del Ocultismo accesible en
el Occidente, sino también del de la verdadera astrología -la
única rama del Ocultismo que posee en sus enseñanzas exotéricas
un sistema y leyes definidas- y nadie tiene la menor idea de lo
que el verdadero Ocultismo significa. Algunos limitan la antigua
Sabiduría a la Kábala y al Zohar judío -que cada cual interpreta
a su modo según la letra muerta de los métodos Rabínicos-. Otros
consideran a Swedenborg o a Boheme como la expresión última de
la más elevada sabiduría, mientras otros ven en el mesmerismo el
gran secreto de la antigua
magia. Todos estos, sin excepción,
cuando tratan de llevar sus teorías a la práctica, caen
rápidamente, efecto de su ignorancia, en la magia negra.
¡Felices aquellos que se libran del peligro, careciendo como
carecen de experiencia y criterio que puedan guiarlos para
distinguir lo real de lo falso!
PREG. ¿Hemos de
entender con esto que el grupo interno de la S. T. recibe sus
enseñanzas de los verdaderos iniciados o maestros en la
sabiduría esotérica?
TEÓS. No directamente. La presencia personal
de esos Maestros no es necesaria. Basta con que den sus
instrucciones a algunos de los que han estudiado bajo su
dirección durante años, y que han consagrado la vida entera a su
servicio. Pueden entonces estos, a su vez, transmitir a los que
no tuvieron esa oportunidad, el conocimiento recibido. Es
preferible una parte de las verdaderas ciencias, a una masa de
conocimientos no digeridos y mal interpretados. Una onza de oro
vale más que una tonelada de polvo.
PREG. Pero ¿qué
medios tenemos para averiguar si la onza es de oro verdadero, o
una falsificación?
TEÓS.
Se conoce un árbol por sus frutos, un sistema por sus
resultados. Cuando nos prueben nuestros adversarios que algún
estudiante solitario del Ocultismo, a través de las edades, se
ha convertido en un Santo Adepto como Ammonio Saccas, en un
Plotino, en un Teurgista como Jámblico, o bien ha llevado a cabo
hechos como los que se atribuyen a Saint Germain, sin maestro
alguno para dirigirlo, y todo ello sin ser un médium, un
psíquico iluso o un charlatán, entonces confesaremos nuestro
error. Pero hasta que no llegue ese caso, prefieren los Teósofos
atenerse a la ley natural -probada y conocida- de la Ciencia
Sagrada tradicional. Hay místicos que han hecho grandes
descubrimientos en química y ciencias físicas, tocando casi los
dominios de la alquimia y del Ocultismo; otros, que sólo con la
ayuda de su genio han vuelto a descubrir parte -si no el todo-
de los alfabetos perdidos de la “Lengua del Misterio”, y son por
consiguiente capaces de leer correctamente los escritos hebreos;
otros, incluso siendo clarividentes han percibido maravillosos
resplandores de los secretos de la Naturaleza. Mas todos estos
son especialistas. El uno es un inventor teórico; el otro un
hebreo, es decir Kabalista sectario; el tercero, un Swedenborg
moderno, que niega todo aquello que esté fuera de su ciencia o
religión particular. Ninguno de ellos puede vanagloriarse de
haber producido un beneficio
universal o nacional, ni siquiera tampoco un
beneficio para sí mismo. Exceptuando a unos pocos curanderos de
aquellos que el Real Colegio de Médicos y Cirujanos tacharía de
charlatanes, ninguno ha ayudado con su ciencia a la Humanidad,
ni siquiera a algunas de aquellas personas que lo rodeaban.
¿Dónde están los Caldeos de la antigüedad, los hombres que
realizaban maravillosas curaciones, “no por medio de encantos o
hechizos, sino por el de los simples?” ¿Dónde un Apolonio de
Tyana que sanaba a los enfermos y despertaba a los muertos, bajo
cualquier clima y circunstancia? Conocemos a algunos
especialistas en Europa de lo primero, pero ninguno capaz de lo
segundo, excepto en Asia, donde el secreto del yogui, “vivir en
la muerte”, se conserva aún.
PREG. ¿Es el
objetivo de la Teosofía crear semejantes Adeptos sanadores?
TEÓS. Los objetivos de la Teosofía son
varios, pero los más importantes son aquellos que pueden
contribuir al alivio del sufrimiento humano bajo cualquier
forma, tanto moral como física, y consideramos la primera mucho
más importante que la segunda. La Teosofía tiene que inculcar la
ética y purificar el alma si quiere aliviar al cuerpo físico,
cuyas dolencias, salvo en casos accidentales, son hereditarias.
No es estudiando el Ocultismo con propósitos egoístas por la
satisfacción de la ambición personal, el orgullo o la vanidad,
como se llegará jamás a alcanzar el verdadero fin propuesto: el
de aliviar a la humanidad que sufre. Ni tampoco llegará alguien
a ser Ocultista sólo estudiando una rama de la filosofía
esotérica, sino estudiándolas todas, aunque no las domine
perfectamente.
PREG. Por lo
tanto, para alcanzar ese importantísimo objetivo, ¿sólo se ayuda
a aquellos que estudian las ciencias esotéricas?
TEÓS. De ningún modo. Todo miembro tiene
derecho a la instrucción general, si la desea, pero pocos
quieren convertirse en lo que se llama “miembro activo” y en
mayor parte prefieren ser los zánganos de la Teosofía. Sépase
bien que en la Sociedad Teosófica se estimulan las
investigaciones privadas, con tal que no traspasen el límite que
separa lo exotérico de lo esotérico, la magia ciega de la
consciente.
Pitágoras dijo que el arte
más elevado es la curación. Y si el arte de curar es el más
divino, se debe ocupar del alma al igual que del cuerpo, porque
ninguna criatura puede estar sana si la parte elevada en ese
cuerpo está enferma.
Apolonio de
Tyana
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