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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 127 - Número 12 - Septiembre 2006 (en Castellano)

 
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  TEOSOFÍA EXOTÉRICA Y ESOTÉRICA

 

H.P.Blavatsky


Extraído de La Clave de la Teosofía, cap.II, pp. 8-16/ sección II, p.16-25

 

Lo que no es la Sociedad Teosófica actual

 

PREG. ¿No son, por lo tanto, vuestras doctrinas un renacimiento del Buddhismo, ni están copiadas enteramente de la Teosofía Neoplatónica?


TEÓS. No. Pero permítame citar las palabras del Dr. J. D. Buck, expresadas ante la Convención Teosófica en Chicago, América (en abril, 1889):

 

“En todas las épocas hubo individuos que comprendieron más o menos claramente las doctrinas Teosóficas y las aplicaron a su vida privada. No pertenecen esas doctrinas a religión alguna exclusivamente, y no están relacionadas con sociedad o tiempo algunos. Son el privilegio de toda alma humana.¨


PREG. ¿Qué sistema preferís o adoptáis aparte de la ética budista?


TEÓS. Ninguno y todos. No estamos ligados a religión o filosofía especial: escogemos lo bueno que hallamos en cada una. Mas hemos de repetir aquí que la Teosofía, como todos los demás sistemas antiguos, está dividida en dos secciones: la Exotérica y la Esotérica.

 

PREG. ¿En qué consiste la diferencia?


TEÓS. Los miembros de la Sociedad Teosófica en general son libres de profesar la religión o filosofía que prefieran, o ninguna -si así les parece-, siempre que simpaticen con uno o más de los tres objetos de la Asociación y estén dispuestos a sostenerlos. La Sociedad es una agrupación filantrópica y científica para la propagación de la idea de fraternidad en el terreno práctico en vez del teórico. Los Miembros pueden ser Cristianos o Musulmanes, Judíos o Parsis, Buddhistas o Brahmanes, Espiritualistas o materialistas, eso no tiene importancia, pero cada miembro tiene que ser un filántropo, o un estudiante investigador de la literatura

Aria, y otra literatura antigua, o dedicarse a las Ciencias psíquicas. Debe, en pocas palabras, contribuir, sí puede, a la realización de

uno de los objetivos del programa, por lo menos. De lo contrario, ingresar como miembro no tendría razón de ser. Tal es la mayoría de la Sociedad exotérica, formada por miembros “adheridos” y “libres”. Un miembro “adherido” es el que forma parte de una Rama de la S.T., y miembro “libre” es el que pertenece a la S.T. y tiene su diploma expedido por la Sede Internacional, Adyar, Madrás (ahora Chennai), pero no pertenece a Rama o Grupo alguno. Éstos pueden llegar a ser Teósofos de hecho o no. Son miembros porque han ingresado a la Sociedad, mas no puede esta última convertir en Teósofo a una persona que no tiene sentido de la naturaleza divina de las cosas, o que comprende la Teosofía de un modo particular, sectario y egoísta (si se puede usar esta expresión).

 

Teosofía y Miembros de la Sociedad Teosófica

PREG. Lo que antecede se refiere, según entiendo, a los miembros del círculo externo. Pero ¿cuál es el caso de los que se dedican al estudio esotérico de la Teosofía? ¿Son éstos los verdaderos teósofos?


TEÓS. No necesariamente, hasta que se han probado a sí mismos que pueden ser considerados como tales. Han entrado en el grupo interno y se han comprometido a observar, tan estrictamente como les sea posible, las reglas del círculo oculto. Esta es una empresa difícil, por cuanto la regla principal es la renuncia completa a la propia personalidad, es decir que un miembro que se ha comprometido ha de convertirse en un perfecto altruista, no pensar en sí mismo jamás, y olvidar su propia vanidad y orgullo en bien de sus semejantes, además del de sus hermanos en el círculo esotérico. Si las instrucciones esotéricas le son útiles, ha de ser su vida de abstinencia en todas las cosas, de abnegación y de estricta moralidad, cumpliendo con su deber respecto de todos los hombres. Los pocos Teósofos verdaderos que cuenta la Sociedad Teosófica se encuentran entre esos miembros. No quiere decir esto que fuera de la S. T. y del grupo interno no existan Teósofos, los hay, y en mayor número de lo que se cree en general, muchos más seguramente, que entre los miembros del círculo externo de la Sociedad Teosófica.

 

PREG. En este caso, ¿qué ventaja ofrece el pertenecer a la llamada Sociedad Teosófica? ¿En dónde está el estímulo, cuál es el móvil para ello?

TEÓS. Ninguno, excepto la ventaja de aprender las doctrinas genuinas de la Filosofía Esotérica, y obtener mucha ayuda por el apoyo y simpatía mutuos. La unión es la fuerza y la armonía, y los


esfuerzos simultáneos bien dirigidos hacen milagros. Este ha sido el secreto de todas las asociaciones y comunidades, desde que existió la humanidad.

PREG. Pero ¿por qué no ha de poder un hombre de inteligencia bien equilibrada y de propósito sincero, de indomable energía y perseverancia, llegar a ser Ocultista y hasta Adepto, trabajando solo?


TEÓS. Puede conseguirlo, pero existen diez mil probabilidades contra una de que fallará. Hay una razón principal entre muchas otras y es que en nuestros días no se encuentran libros sobre Ocultismo o Teurgia que revelen en lenguaje simple los secretos de la Alquimia o de la Teosofía de la Edad Media. Todos son escritos simbólicos o en parábolas, y como en Occidente se ha perdido la clave hace muchos siglos ¿cómo puede alguien conocer el significado correcto de lo que lee o de lo que estudia? Este es el peligro mayor, peligro que conduce a la magia negra inconsciente o al mediumnismo más irremediable. El que no tenga a un Iniciado por maestro, hará bien en abandonar este peligroso estudio. Mirad en torno de vosotros y observad. Mientras las dos terceras partes de la sociedad civilizada ridiculiza la mera posibilidad de que pueda haber algo en Teosofía, Ocultismo, Espiritismo o en la Kábala, la otra tercera parte está compuesta de los elementos más heterogéneos y opuestos posibles. Algunos creen en lo místico y hasta en lo sobrenatural (!), pero cada uno lo cree a su manera. Otros se lanzan sin auxilio alguno al estudio de la Kábala, del Psiquismo, Mesmerismo, Espiritualismo, o cualquier otra forma de Misticismo. Resultado: no hay dos hombres que piensen igual, ni que estén de acuerdo respecto de cualquiera de los principios ocultos fundamentales, aunque muchos son los que reivindican y pretenden poseer la última palabra del saber, y quisieran hacer creer a quienes desconocen estos temas que son adeptos perfectos. No sólo hay carencia de un conocimiento exacto y científico del Ocultismo accesible en el Occidente, sino también del de la verdadera astrología -la única rama del Ocultismo que posee en sus enseñanzas exotéricas un sistema y leyes definidas- y nadie tiene la menor idea de lo que el verdadero Ocultismo significa. Algunos limitan la antigua Sabiduría a la Kábala y al Zohar judío -que cada cual interpreta a su modo según la letra muerta de los métodos Rabínicos-. Otros consideran a Swedenborg o a Boheme como la expresión última de la más elevada sabiduría, mientras otros ven en el mesmerismo el gran secreto de la antigua magia. Todos estos, sin excepción, cuando tratan de llevar sus teorías a la práctica, caen rápidamente, efecto de su ignorancia, en la magia negra. ¡Felices aquellos que se libran del peligro, careciendo como carecen de experiencia y criterio que puedan guiarlos para distinguir lo real de lo falso!

PREG. ¿Hemos de entender con esto que el grupo interno de la S. T. recibe sus enseñanzas de los verdaderos iniciados o maestros en la sabiduría esotérica?


TEÓS. No directamente. La presencia personal de esos Maestros no es necesaria. Basta con que den sus instrucciones a algunos de los que han estudiado bajo su dirección durante años, y que han consagrado la vida entera a su servicio. Pueden entonces estos, a su vez, transmitir a los que no tuvieron esa oportunidad, el conocimiento recibido. Es preferible una parte de las verdaderas ciencias, a una masa de conocimientos no digeridos y mal interpretados. Una onza de oro vale más que una tonelada de polvo.

PREG. Pero ¿qué medios tenemos para averiguar si la onza es de oro verdadero, o una falsificación?


TEÓS. Se conoce un árbol por sus frutos, un sistema por sus resultados. Cuando nos prueben nuestros adversarios que algún estudiante solitario del Ocultismo, a través de las edades, se ha convertido en un Santo Adepto como Ammonio Saccas, en un Plotino, en un Teurgista como Jámblico, o bien ha llevado a cabo hechos como los que se atribuyen a Saint Germain, sin maestro alguno para dirigirlo, y todo ello sin ser un médium, un psíquico iluso o un charlatán, entonces confesaremos nuestro error. Pero hasta que no llegue ese caso, prefieren los Teósofos atenerse a la ley natural -probada y conocida- de la Ciencia Sagrada tradicional. Hay místicos que han hecho grandes descubrimientos en química y ciencias físicas, tocando casi los dominios de la alquimia y del Ocultismo; otros, que sólo con la ayuda de su genio han vuelto a descubrir parte -si no el todo- de los alfabetos perdidos de la “Lengua del Misterio”, y son por consiguiente capaces de leer correctamente los escritos hebreos; otros, incluso siendo clarividentes han percibido maravillosos resplandores de los secretos de la Naturaleza. Mas todos estos son especialistas. El uno es un inventor teórico; el otro un hebreo, es decir Kabalista sectario; el tercero, un Swedenborg moderno, que niega todo aquello que esté fuera de su ciencia o religión particular. Ninguno de ellos puede vanagloriarse de haber producido un beneficio universal o nacional, ni siquiera tampoco un beneficio para sí mismo. Exceptuando a unos pocos curanderos de aquellos que el Real Colegio de Médicos y Cirujanos tacharía de charlatanes, ninguno ha ayudado con su ciencia a la Humanidad, ni siquiera a algunas de aquellas personas que lo rodeaban. ¿Dónde están los Caldeos de la antigüedad, los hombres que realizaban maravillosas curaciones, “no por medio de encantos o hechizos, sino por el de los simples?” ¿Dónde un Apolonio de Tyana que sanaba a los enfermos y despertaba a los muertos, bajo cualquier clima y circunstancia? Conocemos a algunos especialistas en Europa de lo primero, pero ninguno capaz de lo segundo, excepto en Asia, donde el secreto del yogui, “vivir en la muerte”, se conserva aún.

 

PREG. ¿Es el objetivo de la Teosofía crear semejantes Adeptos sanadores?


TEÓS. Los objetivos de la Teosofía son varios, pero los más importantes son aquellos que pueden contribuir al alivio del sufrimiento humano bajo cualquier forma, tanto moral como física, y consideramos la primera mucho más importante que la segunda. La Teosofía tiene que inculcar la ética y purificar el alma si quiere aliviar al cuerpo físico, cuyas dolencias, salvo en casos accidentales, son hereditarias. No es estudiando el Ocultismo con propósitos egoístas por la satisfacción de la ambición personal, el orgullo o la vanidad, como se llegará jamás a alcanzar el verdadero fin propuesto: el de aliviar a la humanidad que sufre. Ni tampoco llegará alguien a ser Ocultista sólo estudiando una rama de la filosofía esotérica, sino estudiándolas todas, aunque no las domine perfectamente.

PREG. Por lo tanto, para alcanzar ese importantísimo objetivo, ¿sólo se ayuda a aquellos que estudian las ciencias esotéricas?


TEÓS. De ningún modo. Todo miembro tiene derecho a la instrucción general, si la desea, pero pocos quieren convertirse en lo que se llama “miembro activo” y en mayor parte prefieren ser los zánganos de la Teosofía. Sépase bien que en la Sociedad Teosófica se estimulan las investigaciones privadas, con tal que no traspasen el límite que separa lo exotérico de lo esotérico, la magia ciega de la consciente.

Pitágoras dijo que el arte más elevado es la curación. Y si el arte de curar es el más divino, se debe ocupar del alma al igual que del cuerpo, porque ninguna criatura puede estar sana si la parte elevada en ese cuerpo está enferma.

Apolonio de Tyana


 

 
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