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Vol. 127 - Número 8 - Julio 2006 (en Castellano) |
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Ninguna otra alternativa, la Teosofía y la condición humana
John Algeo
Los seres humanos somos como los sobrevivientes de un naufragio, todos apiñados en un bote salvavidas, bamboleándonos a la deriva en el tormentoso océano de la existencia. ¿Cuáles son nuestras opciones?
Simplemente podemos aferrarnos desesperados unos a otros, sin perspectivas de socorro, y sólo esperando una inevitable destrucción; o bien podemos comenzar a trabajar juntos para concebir un plan para alcanzar la playa con seguridad. Nuestras religiones, filosofías y ciencias constituyen nuestros viejos planes para afrontar la tempestad de la vida. Las hemos heredado de nuestros ancestros culturales, concebido o descubierto por nuestros propios medios, o bien pensamos que las hemos recibido por revelación. Pero pocas de ellas parecen funcionar muy bien.
Un plan alternativo es el que podemos denominar Teosofía. ¿Qué clase de plan es éste? ¿Religioso, filosófico, científico? ¿O es diferente a todos ellos?
La Teosofía como Religión
La Sociedad Teosófica es una organización religiosa, en el sentido de “religioso” “que se ocupa de las cosas de valor trascendente”. Pero, la Teosofía, no es una religión en el sentido de un conjunto organizado de creencias y prácticas que la gente identifica como su propia “religión”. Annie Besant, quien fue una reformadora, y probablemente la más grande oradora de finales del siglo XIX y comienzos del XX, también presidenta de la Sociedad Teosófica, dijo que la Teosofía no nos exige abandonar nuestra religión, sino vivirla. Así, la Sociedad Teosófica tiene miembros que se adhieren a muchas de las religiones del mundo: la religión budista, cristiana, confuciana, hinduista, judía, islámica, zoroástrica, y así sucesivamente.
Aunque religiosa, la ST es una organización no dogmática, que no pide a sus miembros que contraigan compromiso con algún cuerpo de creencias, o que practiquen algún estilo de vida particular. Sus miembros se suscriben sólo a sus tres objetivos: promover la fraternidad, alentar el estudio e investigar lo inexplicado. Tales objetivos no involucran creencias o actividades particulares, sino más bien cuestiones de actitud, de orientación mental y espiritual, que sean armónicas con varias formulaciones doctrinales y modos de vida.
La Teosofía sostiene que todas las grandes religiones son expresiones de la misma subyacente necesidad humana de llegar a una comprensión de la Realidad Última de la existencia, y a una relación con Ella. Cada expresión religiosa constituye una articulación cultural e histórica de aquella necesidad, especialmente adecuada para un lugar, tiempo y pueblo particular. La ST, por consiguiente, respeta y honra cada una de aquellas expresiones, pero también busca lo que ellas tienen en común.
La palabra “religión” deriva de una raíz latina que significa “volver a unir”. Tal etimología tiene una doble interpretación. Por un lado, una religión liga a sus adherentes nuevamente con el grupo, uniéndolos como correligionarios. Tal unión sirve a los intereses del grupo, reforzándolo. También ayuda a los miembros individualmente, otorgándoles un sentido de identidad y pertenencia. Pero, como la novelista Úrsula Le Guin ha observado, encender una vela es proyectar una sombra. El lado sombrío de la luz de esta interpretación de la religión es el énfasis en la separatividad, el orgullo, y la oposición a otras tradiciones religiosas.
Por otro lado, otra interpretación de la etimología de “religión” es el regreso a la unión de todos los seres humanos a su fuente y naturaleza común, a sus compartidos orígenes físicos, intelectuales y espirituales. Es esta segunda interpretación la que prioriza y busca promover la Teosofía. Es la esencia de los tres Objetivos de la Sociedad.
La Teosofía como Filosofía
La Sociedad Teosófica es también una organización filosófica, en el sentido de que conduce “una búsqueda en pos de una comprensión general de valores y virtudes por medios principalmente especulativos”, según una definición de “filosofía” del diccionario Merriam-Webster. “Especulativa” (del latín specula, “torre de observación”) aquí significa dirigir nuestra mirada hacia las cosas y tratar de explicarlas. Es lo que la Presidenta hace en su columna mensual “Desde la Atalaya”. La especulación teosófica ofrece una explicación de la naturaleza del universo y de nosotros, seres que lo habitamos. La filosofía teosófica cubre un amplio rango de ideas, desde las muy generales, hasta las más específicas. Pero todas ellas pueden comprender los tres títulos fundamentales: 1) la unidad esencial de todo lo que es; 2) el orden cíclico del universo y de todo lo que hay en él; y 3) la evolución orientada de la vida, como un proceso de creciente sensibilidad, capacidad de respuesta, y conciencia.
Dentro de las ideas más específicas que sostienen muchos teósofos, pero que no cuentan con un soporte oficial en la Sociedad, están las siguientes:
Tales ideas, aunque por cierto caras a tantos de nosotros, no son en sí mismas la esencia de la Teosofía. En una de las cartas a las Convenciones Americanas, Madame Blavatsky escribió: “pero hay otros entre nosotros, que son intuitivamente conscientes de que el reconocimiento de la Teosofía pura -la filosofía de la explicación racional de las cosas, no los preceptos- es de la más vital importancia en la Sociedad, a tal punto que por sí misma ésta puede proporcionar el faro de luz necesaria para guiar a la humanidad en su verdadero sendero” (Collected Writings, 9, 243). La Teosofía pura no consiste en preceptos o ideas, sino en “la filosofía de la explicación racional de las cosas”.
La Teosofía como Ciencia
La Sociedad Teosófica es, por último, una organización científica, en cuanto a que promueve una búsqueda por una explicación racional basada en la observación y probada en la práctica. Como cualquier ciencia, la Teosofía tiene axiomas que toma como punto de partida. Sus axiomas son sus conceptos fundamentales de unidad, y el sentido de orden y de propósito en la vida. Mas lo que la Teosofía construye sobre esos fundamentos no es un cuerpo de creencias basado en la autoridad o aceptado por fe ciega. Sus enseñanzas específicas son más bien empíricas, en cuanto a que deben ser probadas por la experiencia. Y si la experiencia desmiente cualquier detalle, debemos estar preparados para reconsiderar nuestro entendimiento de él.
El Maestro KH escribió a A. O. Hume (Cartas a los Mahatmas, cronol. 65/ Adyar 11): “La ciencia moderna es nuestro mejor aliado. Pero, por lo general, es la misma ciencia la que se convierte en arma para golpear nuestras cabezas”. La ciencia es la aliada de la Teosofía en resistir la inclinación humana a confiar en la autoridad, a aferrarnos unos a otros en nuestro bote salvavidas sobre el océano tempestuoso, mientras dirigimos nuestra mirada hacia el capitán por indicaciones.
Pero el juego de la ciencia moderna se basa en axiomas de alguna manera diferentes de los de la Teosofía. Su unidad con frecuencia se encuentra limitada a la realidad material, y su sentido de orden generalmente excluye el propósito. La Teosofía tiene como uno de sus axiomas el que KH continuó explicando a Hume, es decir que “el espíritu y la materia son uno, tratándose de una diferenciación de estados, y no de esencias”; y el espíritu, junto con la materia, son expresiones gemelas del “elemento uno en la Naturaleza (tanto espiritual como físico), fuera del cual no puede haber Naturaleza, ya que es la Naturaleza misma”. Nuestros axiomas difieren de los de la ciencia materialista, mas nuestros métodos básicos no deberían diferir. Para emplear un antiguo proverbio inglés: la prueba de cada budín, científico y Teosófico, es al comerlo.
Nosotros, teósofos, debemos prestar atención a los descubrimientos de la ciencia, no descartándolos si entran en conflicto con nuestros preceptos (aquellas ideas que sostenemos pero que no constituyen en sí mismas axiomas). Pero debemos asimismo reconocer que la verdadera ciencia es siempre provisoria. Dice que la experiencia muestra que una idea es correcta, y otra incorrecta. Pero una experiencia ulterior siempre puede alterar dichas conclusiones. La mayoría de nosotros no somos competentes para juzgar si las ideas teóricas son correctas o equivocadas. Pero sí lo somos para juzgar cómo resultan las ideas en nuestras vidas. Conocemos qué es un budín cuando lo saboreamos.
La Teosofía como Ética.
Las ideas teosóficas, tanto las fundamentales como las específicas, tienen implicaciones para la vida diaria. Y vivir tales ideas constituye nuestro modo de comprobar su veracidad, esto es, de “degustar el budín”. Algunas de las implicaciones de las ideas teosóficas, puestas en práctica por teósofos individuales de acuerdo a sus propias conciencias y circunstancias de vida, incluyen las siguientes:
1- Practicar, por respeto a toda vida, la inofensividad con respecto a los demás seres vivientes, incluyendo el vegetarianismo y el trato compasivo a los animales, así como una activa preocupación por la ecología del planeta. 2- Estudiar con el objetivo de aprender acerca de nosotros mismos y del universo en el que existimos. 3- Meditar, para incorporar en nuestro ser las verdades que hemos aprendido, y entrar en contacto con el núcleo más elevado e íntimo de nuestra existencia. 4- Servir a otros de manera que podamos ayudarles a vivir con efectividad, y a descubrir su propio sendero de realización. También, mediante el proceso de servir a los demás, nos desarrollamos hasta convertirnos en seres humanos más plenos y auténticos. 5- Ser comprensivos con respecto a teorías y prácticas que difieran de las nuestras; y aún si consideramos que tales teorías o prácticas son erróneas, no atribuir perversidad deliberada a quienes las abracen.
En “La Clave de la Teosofía” (sección 12), Blavatsky escribió:
El Deber es lo que se debe a la Humanidad, a nuestros hermanos, vecinos, familia y, especialmente, lo que debemos a todos aquellos que son más pobres y desamparados que nosotros. Esta es una deuda que, de no dejarse saldada durante la vida, nos deja espiritualmente insolventes y moralmente en bancarrota en nuestra próxima encarnación. La Teosofía es la quintaesencia del deber.
Este “deber” es nuestro dharma, el núcleo de nuestro ser, para cuya completa realización existimos.
La Ética puede ser considerada como la manera de aplicar las ideas en nuestras vidas. La esencia de la ética teosófica es la convicción de que ninguno de nosotros tiene todas las respuestas, y que ninguno de nosotros puede alcanzar el bienestar personal o la felicidad eterna solo. Si toda vida es una, como sostiene la Teosofía, entonces todos los seres vivientes se encuentran inextricablemente unidos. Cada acto, sentimiento y pensamiento nuestro afecta a todos los demás seres vivientes. Estamos todos juntos en aquel bote salvavidas sobre el océano de la existencia. Para alcanzar la costa, debemos trabajar conjuntamente.
No hay ninguna otra alternativa.
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