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El Teósofo - Órgano Oficial de la Presidenta Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 127 - Número 8 - Julio 2006 (en Castellano)

 
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La felicidad como meta

 

S. Ramu

 

La felicidad, para ser verdadera, debe ser continua, sino permanente, porque no existe tal cosa como felicidad transitoria. Llamarla  felicidad transitoria es inexacto, es como ser parcialmente honesto o estar levemente encinta. A nadie le gustaría hacer de la felicidad transitoria una meta; todos quieren ser felices todo el tiempo. Aunque no hay registro de que algún mortal común  haya logrado una felicidad completa, personas muy eruditas han proclamado la felicidad como meta de la vida humana, y enumerado varios impedimentos y los métodos para vencerlos.

El problema es que la felicidad se ha convertido en un objetivo mental, y los estados mentales no pueden ser permanentes o verdaderos. La mente es una embaucadora que siempre está cambiando, y sus fluctuaciones son el producto de avidya (ignorancia), que no es ausencia de conocimiento, sino errónea percepción. La mente no puede percibir la verdadera naturaleza de las cosas y menos todavía el origen y naturaleza de la verdadera felicidad. Por lo tanto, ¿cómo podemos esperar que la mente encuentre la verdadera felicidad? Se dice que el hombre instintivamente busca la felicidad, pero ¡sabemos cuán confiables son nuestros instintos!

Normalmente, la gente considera felicidad al cumplimiento de los deseos, y cree que la felicidad duradera implica que en todo momento se cumplan todos los deseos. Pero la falacia respecto a la búsqueda de la felicidad yace en el hecho de que no existe tal cosa como felicidad individual, ni hay una definición de felicidad universalmente válida. Aunque el alivio de un dolor puede significar la felicidad para algunos. Nadie, por más insensible y egocéntrico que sea, puede ser feliz si todos los que lo rodean son infelices. El deseo egoísta, incluyendo el deseo de felicidad personal, destruye la sensibilidad, la cual es esencial para experimentar aun la alegría momentánea. Por eso el individuo insensible no  puede alcanzar la felicidad continua, aunque varios gurús establezcan la felicidad como la meta de sus seguidores, ofrezcan orientación y prescriban códigos para asegurar su logro.

El promedio de la mente humana inmediatamente haría surgir la pregunta: Si la felicidad no es la meta, ¿cuál es el objetivo de la vida? Esto está basado en la tonta suposición de que la vida de cada uno debe tener una meta personal, ¡y que cada uno debe alcanzarla! Probablemente esto sea el producto del hábito de la mente de enfocar todo sobre la base de “qué hay en ello para mí”. Los buscadores, a menudo quieren cumplir sus deseos o buscar vías de escape a través de la religión, de Dios, de la espiritualidad (como concepto intelectual), para suprimirlos.

Esta mente buscadora nunca podrá ser feliz, y por eso es un error imaginar un estado mental de felicidad permanente, como meta. Extrañamente, la desilusión es a menudo el producto ¡tanto del cumplimiento como del no cumplimiento del deseo! Sabemos por experiencia que la felicidad a través del cumplimiento del deseo es momentánea, tal vez porque la felicidad o infelicidad son las dos caras de una misma moneda  y una no existe sin la otra. Por lo tanto, puede ser un error hacer de la felicidad el único fin de la vida. ¿Es irreal el objetivo, o las personas están adoptando métodos insensatos? La felicidad parece evadir a los que luchan y se esfuerzan por ser felices, o a los que la asocian con las posesiones y el progreso mundano.

Todas las metas egoístas son obstáculos para la felicidad, pues, en verdad, ella proviene del olvido de uno mismo. No nos agrada que nuestra mente se encuentre en  estado de suspensión. La mente requiere una conclusión, y pregunta cómo ha de ser resuelto el dilema de no buscar. Si no proyecta una meta fija como el estado ideal del ser, solamente no buscar es la respuesta. Un estado de no búsqueda es un estado de “no- mente”. Ramana Maharshi dijo: “Si has de buscar, busca un estado de no-búsqueda”. Esto es, un estado en el que no hay ni felicidad ni infelicidad. De acuerdo con el budismo, el Nirvana es el estado de bienaventuranza sin sensaciones.

Sería realista decir “quiero que mi deseo se cumpla”, más bien que “quiero permanecer eternamente feliz a través de la búsqueda”. Que se cumpla un deseo actual puede conducir a futura infelicidad. Es más, si la mente insiste en buscar la felicidad, recuerden que la felicidad no es una meta  a ser alcanzada aisladamente, sino el inevitable resultado del recto vivir y de la correcta actitud para la vida. Este enfoque está basado en viveka (visión interna), discriminando entre lo real y lo irreal, lo permanente y lo no permanente, y entre el verdadero origen de la bienaventuranza, así como el de la miseria; vairagya (desapasionamiento) o la elevación por encima del afecto y de la aversión; no buscar (para uno mismo) o ausencia de egoísmo; renunciación (del “Yo” o ego) o renuncia a los apegos mentales; y compasión. El nombre de este estado ya no puede ser felicidad, puede ser llamado bienaventuranza.

 

La influencia es a menudo muy sutil. Con la  publicidad  se ha intentado la propaganda subliminal, mostrando una idea en la pantalla de cine o de televisión, tan rápidamente, que el espectador no es consciente de ella; pero que sin embargo es absorbida por la subconsciencia.

[…] Darse cuenta de estas influencias no es fácil. Pero una vez que conscientemente, deliberadamente, incesantemente, empezamos a formular la pregunta correcta, lo cual es descubrir en nosotros mismos esas distintas influencias, entonces la mente se vuelve extraordinariamente alerta.

                                                                                              J. Krishnamurti

 

 

 

 
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