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Vol. 127 - Número 6 - Marzo 2006 (en Castellano) |
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MUCHOS COLORES FORMAN EL ARCO IRIS
Ricardo Lindemann
La belleza del arco iris consiste en la relación armoniosa de sus múltiples colores. Si faltara un color perdería su riqueza. El arco iris es un fenómeno transitorio y glorioso que surge al final de la tempestad; es el heraldo de un nuevo comienzo, un nuevo día que emerge de la tempestad como el misterio eterno de la regeneración cíclica de la vida.
El arco iris es como un profeta que señala hacia el horizonte la llegada de una nueva era, como lo hizo Madame Blavatsky. Ella dijo:
Pero al público en general y a los lectores de la Doctrina Secreta puedo repetirles lo que he venido diciendo durante todo este tiempo, y sintetizo ahora en las palabras de Montaigne: “Señores, aquí tengo un ramillete de flores escogidas: nada hay en él mío, sino el cordón que las ata”1.
Por lo tanto no se estaba dando ninguna importancia personal en su carácter de autora de la obra. Como un prisma de cristal transparente, sin tomar ningún color para sí misma, ella fue capaz de brindarse como un medio a través del cual brillara la pura luz blanca de la verdad, revelando los siete colores del arco iris. Eliminando el único estorbo, que es el ego personal, ella no fue la creadora de la luz sino sólo un canal lo suficientemente transparente a través del cual la luz divina podía manifestarse. Como ella dijo: “El verdadero ocultismo o Teosofía es la `Gran Renuncia al yo´, incondicional y absolutamente, tanto en pensamiento como en acción. Es ALTRUISMO”2.
Verdaderamente, cada uno de nuestros líderes proporcionó su contribución altruistamente, como un color a la causa de la Teosofía: Madame Blavatsky, inspirada proféticamente por los Mahatmas, nos legó “La Doctrina Secreta” y la Escuela Esotérica de Teosofía; el Coronel Olcott fue nuestro embajador diplomático y Presidente-fundador, y nos dio la Sociedad como nuestro cuerpo; la Dra. Annie Besant fue nuestra filósofa y nos dio el primer pilar de la Orden Oriental de la Co-masonería Internacional; el Obispo Leadbeater fue nuestro hombre religioso, dándonos la estructura principal de la Iglesia Católica Liberal, aunque sus descripciones clarividentes fueron más el trabajo de un investigador de la Ciencia Oculta; Krishnamurti fue nuestro psicólogo y nos legó su grandiosa enseñanza sobre la unidad en un lenguaje universal y sus Escuelas para jóvenes por todo el mundo; C. Jinarajadasa fue nuestro artista y N. Sri Ram fue como un matemático, ofreciéndonos la verdad en forma abstracta; y así sucesivamente, por mencionar sólo a siete líderes en el comienzo de nuestra historia.
Podemos tener nuestras preferencias, pero negar la contribución de cualquiera de nuestros líderes, es perder la riqueza de nuestro tesoro que forma los varios colores de nuestro arco iris Teosófico.
Madame Blavatsky nunca se proclamó como la única descubridora de la teosofía, incluso enfatizó que la Teosofía:
Ha existido eternamente a través de ciclos sin fin del Pasado, y existirá por siempre a través de la infinitud del Futuro, porque la Teosofía es sinónimo de la SEMPITERNA VERDAD3.
Por lo tanto, es importante estar siempre alerta a la expresión “Teosofía Moderna” es una creación de la mente, utilizada a veces para hacer una división en lo que es indivisible. Como ella escribió: “La mente es el gran destructor de lo Real”4.
De hecho, todas las descripciones creadas por la mente deben ser limitadas como todo en el universo manifestado. Respecto a las partes limitadas del Universo, la Dra. Annie Besant dijo:
Ud. entiende, entonces, por que debería haber variedad: porque ninguna cosa limitada puede revelarLo plenamente (Ishvara, el Señor), porque no existe forma limitada que pueda expresarLo plenamente. Por lo tanto, la perfección del Universo es la perfección de la variedad y de la armonía de las partes interrelacionadas 5.
Por consiguiente, es difícil imaginar un jardín de solo una flor o una orquesta de solo un instrumento, porque la riqueza de ambos consiste en la variedad de las partes que superan sus limitaciones, produciendo un Todo más armonioso. Esa es también la idea que subyace en nuestro lema: “No hay religión más elevada que la Verdad”. Por supuesto, la Unidad es mayor que cualquiera de sus partes, por lo tanto, la Verdad considerada aquí es esa Verdad Eterna y Absoluta o Realidad Última a la cual se refieren todas las religiones, como generalmente lo enfatizaba el Dr. Taimni.
También en el campo de la Ciencia, es posible ver la limitación de cualquier teoría aislada porque es un hecho que la Realidad es mayor que cualquier teoría que tenga por objeto describirla. El electrón siempre fue considerado una partícula, pero los experimentos probaron que difracta, comportándose como una onda. La luz fue siempre considerada como una onda; pero los experimentos de Einstein probaron que estaba constituida por partículas llamadas fotones, que son quantum de luz con masa. De esta manera, todo esfuerzo para describir la Naturaleza a través de cualquier teoría científica que incorpore una división cartesiana en estas dos categorías de materia, a saber partículas y energía u ondas, presentará eventualmente una contradicción, porque es una división artificial, una ilusión o maya, según lo mencionado por la Sabiduría Antigua. La Unidad es la Realidad Ultima o Verdad, y ninguna teoría puede describirla perfectamente.
La Teosofía no es una excepción. Cuando usa el pensamiento para describir la Realidad a través del lenguaje, impone una limitación artificial, creada por la mente, a la Realidad, la cual es indescriptible. Así, los antiguos sabios, percibiendo esa dificultad, prefirieron darle distintos nombres a distintos niveles de la Verdad, como Madame Blavatsky menciona en La Doctrina Secreta.
Paramârtha-satya es conciencia propia en sánscrito, svasamvedanâ, o la “reflexión que se analiza a sí misma” – de dos palabras, parama (por encima de todas las cosas), y artha (comprensión); significando satya el ser verdadero y absoluto, o esse. En tibetano, paramârtha-satya es dondampai-denpa. Lo opuesto a esta realidad absoluta, es samvrti-satya -la verdad relativa solamente- pues samvrti significa “falso concepto”, y es el origen de la ilusión, Mâyâ; en tibetano, kundzobchi-denpa, “apariencia creadora de ilusión” 6.
Radha Burnier, en su libro No hay otro Sendero a seguir, también menciona este aspecto dual de los niveles de la verdad diciendo: “La filosofía oriental habla de dos clases de verdad: una es pâramârthika-satya, verdad absoluta; la otra es vyâvahârika-satya, verdad relativa”7. J. Krishnamurti sintetizó esta cuestión simplemente diciendo: “La palabra no es la cosa”8.
Una analogía puede brindarnos más claridad sobre esta cuestión de que la verdad tiene distintos niveles, al igual que la Teosofía, dependiendo del nivel de nuestra propia conciencia o percepción. Imaginemos que la Verdad Absoluta o la Sabiduría Divina es una luz blanca y pura. Es esta Teosofía primaria que Madame Blavatsky equiparó con la Verdad Sempiterna. Cuando llega a nuestra percepción, se divide en los siete colores del arco iris, como si pasara a través de un prisma transparente. Estos siete niveles de percepción corresponderían a nuestros siete cuerpos o vehículos de conciencia, y de esta manera a un nivel de verdad relativa o teosofía secundaria, como lo denominó Hugh Shearman. Él escribió:
En la práctica, la Teosofía, o Sabiduría Divina, tiene dos significados principales. Primero, su significado primario, que quiere decir la sabiduría última, la verdad última que sostiene la vida; y un significado secundario, que es el cuerpo de enseñanzas sobre el hombre y el universo, que ha sido divulgado particularmente por miembros de la Sociedad Teosófica, algo que es conocimiento antes que sabiduría. Pero ninguna Teosofía secundaria está completa en sí misma ni puede entenderse sin recordar que está destinada solamente a conducir a la experimentación de una teosofía mayor e incomunicable que la subyace9.
Es aquella teosofía primaria sobre la que el sabio chino escribió: “El que sabe no habla; el que habla no sabe”.
Si es lo suficientemente claro que nadie puede hablar sobre la teosofía primaria o la verdad absoluta, porque corresponde al nivel de conciencia del Absoluto, el Logos, donde el lenguaje humano es impotente para comunicar, entonces podemos profundizar aún más en la analogía de los siete colores que corresponden a la verdad relativa y a los niveles limitados de percepción de nuestros siete cuerpos. Estos niveles de percepción limitados y diferentes, inevitablemente crean contradicciones aparentes entre distintos autores que escriben a este nivel de verdad relativa o teosofía secundaria.
Si se considera la cuestión de Dios, por ejemplo, desde un punto de vista personal, es decir, desde el nivel de la mente concreta o el cuerpo mental, que tanto C.W. Leadbeater como Annie Besant tratan cuando interpretan cuestiones que surgen aún del Cristianismo exotérico, el Hinduismo o el Islam, intentando encontrar su significado esotérico, serán diferentes de los comentarios de Madame Blavatsky, las Carta de los Mahatmas, el Budismo Esotérico o la Vedânta, que van desde del punto de vista de la mente abstracta o aún niveles más elevados. Leadbeater, por ejemplo, dijo:
En cuanto a Parabrahman, el Absoluto, no es personal de ninguna manera; no es lo que llamaríamos una existencia. Nada puede decirse correctamente del Absoluto, excepto que: no es esto, no es aquello; no puede definirse en ningún plano que alguna vez hayamos imaginado o pensado. Según lo expresó Buda: “No busquen a Brahman o el origen allí”. Por más honesto que sea el buscador, Él nunca puede ser comprendido. “Podemos levantar velo tras velo pero debe haber velo tras velo detrás”. Es inútil especular, Brahman puede ser entendido solamente a Su nivel.
Cuando hablamos de Dios queremos decir, para todos los fines prácticos, el Logos de nuestro sistema solar. El Logos es más comprensible que el Absoluto porque se ha desarrollado a través de grados lentos a partir de nuestra propia humanidad. La materia física del sol y de los planetas de nuestro sistema forma Su cuerpo físico; la materia astral dentro de los límites del sistema es Su cuerpo astral; la materia mental es Su cuerpo mental. Por eso todos somos parte de Él10.
Por otro lado, el Mahatma KH escribió:
Parabrahma no es un Dios, sino la ley inmutable y absoluta, e Ishvara (el Señor o Logos) es el efecto de Avidyâ y Mâya, la ignorancia basada en la gran ilusión (....) Si la gente está dispuesta a aceptar y a considerar como Dios, a nuestra Vida Una inmutable e inconsciente en su eternidad, puede hacerlo así y quedarse entonces con un término inapropiado más inmenso11.
Las afirmaciones de Leabeater y del Mahatma parecen ser contradictorias, pero si pensamos un poco más, podemos ver que ambas son verdaderas en su propio nivel de verdad, lo cual significa el nivel de la mente concreta y el otro nivel mucho más allá, en donde sólo existe la Vida Una.
Similarmente, en la ciencia, los descubrimientos de Einstein conocidos como la teoría de la Relatividad, concernientes a una dimensión más amplia del espacio y del tiempo en el campo de la física, no invalidan las teorías mecánicas clásicas de Newton. Ambas son aún verdaderas y útiles en su propio nivel. Madame Blavatsky nos dio una clave para interpretar lo que es relativamente real cuando escribió en La Doctrina Secreta:
Las existencias pertenecientes a cada plano del ser, hasta los más elevados Dhyân Chohans son, en su grado, de la naturaleza de las sombras proyectadas por una linterna mágica sobre una pantalla blanca; sin embargo, todas las cosas son relativamente reales, puesto que el conocedor es también un reflejo, y por lo tanto, las cosas conocidas son tan reales para él como él mismo12.
Por lo tanto, parece que niveles diferentes de verdad no sólo son reconciliables, sino de hecho son, la real riqueza misma de la teosofía secundaria y responden a los diferentes niveles de interrogantes que inquietan al corazón humano a través de las distintas etapas de desenvolvimiento del alma. Como dijo la Dra. Besant: “Si fallamos al ayudar a cada alma en su propio lugar, es porque somos instructores mal preparados”13.
Sinceramente creo que si fuera posible que en algún momento y lugar estuvieran sentados juntos el Buddha, Cristo, Krishna, Mahoma y Moisés, no habría fuertes discusiones entre ellos. Pero entre sus seguidores, particularmente si fueran estrechos de mente y supersticiosos, los conflictos podrían surgir fácilmente. ¡Qué trágico ataque terrorista ocurrió en Nueva York el 11 de septiembre del 2001 en el nombre de Dios! Similarmente, mutatis mutandis, también creo que si fuera posible en algún momento y lugar que los líderes de la Sociedad Teosófica mencionados anteriormente como los colores del arco iris teosófico se sentaran todos juntos, no habría discusión entre ellos.
Si somos verdaderos miembros de la Sociedad Teosófica, necesitamos desarrollar esa percepción de unidad para mostrar un ejemplo diferente al mundo y para superar cualquier tendencia humana hacia la división o fundamentalismo entre nosotros, como está señalado en las palabras atribuidas al Mahatma KH:
Los hombres han cometido muchos crímenes en el nombre del Dios del Amor, movidos por la pesadilla de la superstición; ten mucho cuidado por lo tanto de que ni la más leve traza de esto permanezca en ti14.
La ST estuvo destinada a ser la piedra angular de las futuras religiones de la humanidad. Para lograr este objetivo, aquellos que la conducen deben dejar de lado sus débiles predilecciones por las formas y las ceremonias de cualquier credo particular y mostrarse como verdaderos Teósofos tanto en pensamiento interno como en conducta externa15.
La esencia del amor se manifiesta en el cuidado por preservar la multiplicidad, percibiendo la maravillosa interdependencia de las partes que constituyen el Todo, y en cooperar armoniosamente con su evolución hacia una expresión mayor de Vida. Cuidar lo que es diferente de nosotros es altruismo; es la esencia del amor universal. Verdaderamente, tomar en consideración sólo lo que es similar a nosotros es demasiado fácil, y frecuentemente es causa de injusticia hacia lo que es diferente, debido a la falta de una percepción más universal y abarcadora. Por lo tanto la esencia misma del amor es ser capaz de ver la unidad más allá de la multiplicidad, percibir la similitud más allá de las diferencias o, como G.S. Arundale a menudo decía: “Diferentemente juntos”.
Por consiguiente, para preservar la riqueza de nuestro tesoro, que consiste en los muchos colores de nuestro arco iris, necesitamos encontrar esta percepción de la unidad que subyace en la multiplicidad, y esta unidad oculta es la esencia del amor, como Annie Besant escribió en palabras inolvidablemente inspiradas:
Oh, Vida Oculta que vibras en cada átomo; Oh, Luz Oculta que brillas en cada criatura; Oh, Amor Oculto que todo lo abarcas en la Unidad; Que cada ser que se sienta uno Contigo, Sepa que por lo tanto es también uno con todo lo demás.
Referencias
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