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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 10 -  Julio 2020  (en Castellano)

 
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El Maestro

 

TIM BOYD

            Me gustaría considerar un poco una idea central que, para muchos, es también una experiencia central en la vida teosófica. En el proceso de nuestro desarrollo espiritual el Maestro juega un papel inigualable. Él / ella es esa persona que encontramos en el transcurso de nuestro crecimiento espiritual, que parece tener la capacidad de estimular nuestra comprensión y acelerar nuestro desarrollo.

            Todos hemos tenido alguna relación con alguien que ha tenido el rol de un Maestro. Es una experiencia común en la universidad, en la escuela, en nuestra casa o en nuestra vida espiritual, hallar a alguien en cuya presencia encontramos que las cosas difíciles se aclaran, y ante quienes, cuando hablan, nos elevamos. En esos momentos en que estamos en su presencia sentimos como que comprendemos.

            En varias ocasiones he tenido la oportunidad de estar cerca de Su Santidad el Dalai Lama. Cuando habla, ya sea a un grupo pequeño o a una audiencia de diez o veinte mil personas, hay una presencia que él genera, en la que el  sentido de la posibilidad de la compasión, que es su mensaje universal, parece ser algo muy real. He conocido personas que han asistido a una charla de Su Santidad, y luego dejaron su trabajo y se fueron a intentar grandes obras de compasión, sólo para encontrar que lejos de su presencia, la profunda comprensión de la compasión que pensaban que tenían, de alguna manera se escapó.

            De vez en cuando solía estar en presencia del físico cuántico y teósofo Amit Goswami. La física cuántica es un campo difícil de comprender, incluso para los propios físicos cuánticos. Pero de alguna manera encontraba que, cuando estaba sentado a su lado, escuchándolo hablar, sus ideas me parecían muy claras, y al alejarme me preguntaba qué era lo que pensaba que había comprendido en ese momento. El proceso es muy parecido a colocar una barra de hierro, un trozo de metal frío, frente al fuego. El hierro tiene la capacidad de responder al calor, por lo que el metal se calienta cuando está en presencia de éste. Cuando se lo aleja, se enfría nuevamente.

            Si nos examinamos a nosotros mismos, encontramos que hay aspectos de nuestra constitución que están compuestos de varias formas. Así, hay algunos aspectos que responden muy fácilmente a pensamientos elevados, a la emoción pura y profunda. En presencia de pensamientos y emociones elevados, ellos se aceleran, tal como el metal se acelera en presencia del fuego. Por la naturaleza desigual de nuestro desarrollo, encontramos que hay elementos de nuestro ser que responden más fácilmente, y otros que no lo hacen. Es muy parecido a pararse frente a un fuego, el metal en nuestro cinturón y botones se calienta, pero nuestra ropa, el cabello y la piel, no.

            Entonces el consejo que nos dan los Grandes Maestros es que necesitamos exponernos repetidamente a pensamientos y emociones elevados, para que podamos acostumbrarnos a vibrar a una frecuencia más alta o responder con regularidad a una energía elevada. Más tarde, podemos traducir esto ante una presencia con la que podamos conectarnos nosotros mismos. Ellos dicen cosas como "Piensa sobre estas cosas: ¿Qué es lo bueno?, ¿Qué es lo cierto? ¿Cuál es la naturaleza de la belleza?"

            ¿Cómo se expresa todo esto en la vida? Piense en estas cosas: Lleve la capacidad mental a este nivel superior de vibración, fuércela a vibrar de esta manera. Porque está fuera de nuestro alcance, al principio es cuestión de esfuerzo. El poeta dice que nuestro "alcance debe exceder nuestra comprensión, o ¿para qué es el Paraíso?" Eso hacia lo cual nos esforzamos, hacia lo que aspiramos, necesariamente excede lo que somos capaces de comprender inmediatamente. Esta es la descripción de la práctica. Repetidamente acudimos a la mente para que responda, al corazón para que se serene y poder actuar sobre él. En ese proceso, se convierte en una costumbre.

            Para aquellos de nosotros que hemos estado involucrados en el atletismo, estamos  familiarizados con el proceso de entrenamiento para desarrollar músculos. Cuando los músculos se utilizan enérgicamente, cuando se llevan a su límite, se produce algún daño resultando en micro-desgarros a las fibras musculares. El cuerpo responde a este daño reparando, renovando y agregando tejido a ese músculo. Porque se hace una sobre-demanda para que funcione en sus niveles más altos, responde creciendo en tamaño y fuerza.

            El mismo consejo se da con nuestras naturalezas mental y emocional. El proceso requiere utilizarlas al más alto nivel, en niveles en los que somos capaces actualmente. Inicialmente, el proceso puede ser exigente e incómodo, pero responde agregando más materia de un tipo similar que puede vibrar a este nivel elevado, y expulsa la materia que no puede vibrar de esa manera. Entonces nos convertimos cada vez en más puros, despiertos, conscientes.

            En las enseñanzas teosóficas estamos muy conscientes de una Jerarquía de Maestros. La mayoría de nosotros tenemos alguna idea sobre los Mahatmas o Maestros de Sabiduría, y la Jerarquía que existe entre ellos. Pero Ellos realmente no funcionan en este mundo. No son las personas que caminan con nosotros, charlan e interactúan en forma normal. Lo que parece que tienden a hacer, es trabajar a través de Sus estudiantes más cercanos, Sus "chelas", a través de los cuales la influencia del Mahatma puede irradiarse. A veces estamos en contacto con esos chelas, mayormente sin saberlo.

            Entonces nos involucramos en un proceso de intentar volvernos sensibles a la influencia de los Mahatmas en el mundo y a nuestro alrededor.  Nos hemos acostumbrado a algunas sensaciones muy aburridas. Los ruidos que nos rodean son las cosas que escuchamos más claramente. Los sonidos de los pájaros, el viento, el claxon de los coches y las motos, son lo que nos llama la atención. Sin embargo, siempre hay sonidos más sutiles, pero se necesita cierta sintonía para tomar conciencia de ellos. Por eso, se nos anima a enfocar nuestra atención en ciertas direcciones, particularmente en momentos de meditación. Se nos han dado varias formas de asesoramiento y pistas sobre cómo podemos oír y ver en niveles cada vez más sutiles.

            El hermoso poema que cierra el pequeño libro de J. Krishnamurti, A los pies del Maestro, habla de oír y ver de esta manera: “Quien la palabra del Maestro anhele de Sus mandatos póngase en escucha, entre el fragor de la terrena lucha, y la escondida Luz, atento cele”. Esperar es el proceso de suspender nuestras actividades externas e internas con el fin de esperar la palabra del Maestro. Aunque lo llamamos la "palabra", no es seguro de que será "escuchada" como una expresión verbal; no sabemos cuándo o cómo vendrá. "Observando la luz oculta": ¿Cómo miramos una luz que está escondida? Solo el proceso de intentar considerar esto, requiere que nos movamos más allá de nuestros sentidos normales de ver y oír.

            Escuchar sus órdenes en medio de la misma lucha: en medio de la ronda de actividad diaria, que en este poema el autor compara con una pelea, como reinos en guerra que batallan. Pocos de nosotros hemos estado en las batallas de la guerra. Así que para la mayoría, se requiere algo de imaginación para ver el movimiento creciente, la necesidad constante de juzgar, actuar, golpear, mover, y el continuo estruendo de los adversarios en combate. Pero en medio de todo, se conserva un espacio tranquilo en la conciencia, en sintonía para escuchar órdenes de lo alto. Es un proceso difícil para nosotros, que nos hemos entrenado de forma tan diferente. No solo en esta vida, sino en muchas vidas, a dirigir habitualmente nuestra atención hacia el exterior, centrarnos en la lucha y no en las direcciones internas.

            Hay una historia Sufí sobre un recolector de basura, que se encontraba en medio de un bazar de perfume en Estambul. Envuelto en una atmósfera de fragancias puras, de repente se derrumbó, y no podían hacer que volviera en sí. Un sabio que pasaba, encontró algo sucio y que se estaba pudriendo y lo puso debajo de la nariz del hombre colapsado. Cuando el hombre lo olió, inmediatamente despertó y el sabio fue capaz de escoltarlo fuera del bazar de perfumes. La historia, por supuesto, es sobre nosotros y nuestra atracción por los niveles más bajos de vibración. La tendencia está tan arraigada, que, en ausencia de la tosquedad a la que nos hemos acostumbrado, nos volvemos insensibles, en el relato es como el hombre que cae en la inconsciencia.

            Así que esperamos, miramos, escuchamos. La segunda parte de ese breve poema dice: "Sobre el inquieto y mundanal gentío del Maestro atisbe la señal más leve, y oiga el susurro que Su voz eleve, del mundo entre el rugiente griterío". Este es un entrenamiento en el que participamos, que generalmente se lo considera una práctica meditativa, pero tiene que vivirse de instante en instante, día tras día, en nuestra oficina o en casa.

            En la meditación, a menudo nos centramos en el aliento, y el aliento nos lleva a la conciencia de las pulsaciones dentro del cuerpo. Empezamos a tomar conciencia de los sonidos sutiles que nos rodean: el sonido de la respiración entrando y saliendo del cuerpo, los sonidos del corazón palpitante, los sonidos eléctricos internos. Estos siempre están presentes, pero nosotros rara vez los escuchamos. Estos son los tipos de consejos dados sobre cómo conectarse e interactuar con el Maestro.

            Hay un relato sobre uno de los grandes Maestros budistas del norte de India, Asanga, que vivió en el siglo IV de nuestra era. Él se retiró en meditación a una cueva por doce años, con una fórmula que pensó no fallaría, para establecer algún tipo de conexión con el Buda Maitreya. Él meditó durante tres años y nada sucedió. En ese momento estaba listo para rendirse. Salió de su cueva y mientras caminaba vio un cuervo que salía de su nido, en la ladera de una montaña. Se dio cuenta de que donde volaba el cuervo, dentro y fuera, la piedra alrededor del nido había sido ligeramente desgastada por sus plumas. Entonces se dijo a sí mismo: Si este pájaro puede desgastar una piedra con el solo roce repetido de sus plumas, puedo volver a mi meditación con confianza.

            Entonces meditó durante tres años más y todavía no tenía experiencia de ninguna conexión con el Señor Maitreya, por lo que abandonó nuevamente la cueva. Esta vez ve agua que cae en gotas, y donde el agua caía él nota que la piedra había sido desgastada por el más suave de todos los elementos de la naturaleza, y determina que volvería a meditar. Una experiencia similar sucedió después de nueve años. Ahora habían pasado doce años desde el inicio del retiro, pero todavía no tenía la visión del Maestro. En este punto Asanga decide que su práctica es infructuosa y sin esperanza, y se aleja definitivamente.

            Al costado del camino se encuentra con un perro herido tan gravemente, que su carne estaba comenzando a ser devorada por gusanos. Cuando Asanga ve al perro quiere curarlo, pero no quiere dañar a los gusanos que están alimentándose del perro, al verlos como otros seres vivos que también valoran su vida, por lo que trata de quitarle uno por uno. Encuentra que tratando de hacerlo con un palo les hace daño. Luego intenta hacerlo con los dedos y eso también les hace daño.

            Al final, uno por uno levanta a los gusanos con la lengua. Pero en ese momento, lo que había pensado que era un perro herido, se le aparece de repente como el Buddha Maitreya, y la respuesta dada para Asanga fue: "Todo este tiempo te sentabas y meditabas, pero aun quedaban cosas bloqueando tu visión. Tus obstrucciones kármicas personales impidieron esta conexión. Fue solo en este momento de compasión extrema, cuando no estabas pensando en tu motivo personal del encuentro con el Buddha Maitreya, en tu extrema compasión por este animal, tú finalmente fuiste capaz de ver y experimentar lo que te había eludido durante doce años".

            Cada uno de nosotros está en una etapa diferente de desarrollo y está continuamente en presencia de la más alta conciencia, en su mayoría somos inconscientes, ¡pero lo intentamos! Allí hay ciertos esfuerzos en los que participamos, no con el objetivo en mente de encontrar y ver estos Maestros, sino con el objetivo en mente de hacer un trabajo que nos acerque a Ellos. Determinar ese trabajo y comprometernos con él es cómo pasamos toda la vida. Si lo abordamos correctamente, hay momentos decisivos, tal como ocurrió con Asanga.

            Geoffrey Hodson escribió un hermoso librito, Así he oído. En él incluye una oración, o realmente una meditación, citada de otra fuente. Él lo llama un método infalible para conectarnos con el Maestro en el corazón. No debemos centrar nuestra atención en encontrar un individuo físico, sino conectarnos con el Maestro en el centro de nuestro ser. La plegaria comienza con la oración: "Oh, misericordioso Señor, entro en Tu resplandor y me acerco a Tu Presencia llevando conmigo el servicio hecho en Tu Nombre y por Ti".

            Es costumbre que cuando vamos a visitar a alguien especial, le llevamos un regalo, le ofrecemos algo. Cuando vamos a visitar al Más alto, tenemos que determinar cuál es el regalo más alto que podemos traer. En esta meditación nuestro regalo es “el servicio que he hecho en Tu Nombre y por Ti”. Y sigue: “Busco convertirme en un servidor eficiente”.

            El punto de nuestro encuentro, el punto de la ofrenda, es que pueda convertirme en un servidor eficiente: más eficiente en magnificar lo que tenemos para dar a lo Más alto. Entonces: “Abro mi corazón y mente al poder de tu amor, de tu gozo y de tu paz".

            Al iniciar la oración, se da una dirección para tres acciones internas específicas que preparan el escenario para nuestro encuentro con el Maestro: que identifiquemos y presentemos una ofrenda preciosa; que aclaremos y afirmemos nuestra intención de ser más eficientes al servicio del Maestro; y que nos abramos a las profundidades de nuestro ser, a la presencia e influencia del Maestro. Quitamos las barreras que nos bloquean de lo que el Maestro tiene que dar.

            En el budismo hay una enseñanza relacionada a estas primeras líneas de la oración de Hodson. Aborda la pregunta de: "¿Cómo podemos comportarnos cuando estamos en presencia del Maestro? ¿Cuáles son las cualidades de nuestro ser que traemos a este momento especial?” Presentan esta enseñanza usando el ejemplo de un recipiente, una olla. Y dicen que hay tres cosas que pueden ser impedimentos para nuestra conexión con el Maestro.

            El primer ejemplo es una olla al revés. Incluso en presencia de alguien que tiene néctar puro para compartir, esta olla no se puede llenar. Aunque vierta y vierta, como ellos podrían, nuestros corazones y mentes están cerrados y no se retiene la sabiduría. J. Krishnamurti, en A los pies del Maestro, dice: "A menos que haya una confianza perfecta, no puede haber un flujo perfecto de amor y poder".

            El segundo ejemplo es la olla que gotea. Recibe agua, pero no retiene nada. Nuestros hábitos de inatención y distracción, cultivados regularmente en nuestras actividades mundanas, no se van de repente de nosotros cuando estamos en presencia de algo sublime.

            El tercer ejemplo es una olla que está sucia por dentro. Uno puede verter el néctar más puro en tal recipiente, pero se mezcla con la suciedad. Lo puro se vuelve impuro en una conciencia impregnada de ideas equivocadas, emociones negativas, avenidas incorrectas de pensamiento, la nocividad que dirigimos hacia los demás, el chisme que llevamos con nosotros. Y, por supuesto, somos nosotros los que sufrimos, porque la enseñanza se pierde.

            En esta enseñanza la idea es no ser cerrado, tapar las fugas estando atento. En el ejemplo de Krishnamurti de "esperar" y "observar", estamos atentos; atendemos a lo que está ante nosotros. En ese estado es que tenemos la capacidad de recibir y responder.

            Así que: “Oh, misericordioso Señor, entro en tu resplandor y me acerco a Tu Presencia, llevo conmigo el servicio hecho en Tu Nombre y por Ti . Busco convertirme en un servidor más eficiente". Y me abro, el recipiente está abierto, intacto, purificado y vuelto hacia Ti, para que puedas llenarlo con “el poder de Tu amor, Tu alegría y Tu paz ”.

            La meditación continúa enfocándose individualmente en la alegría, la paz y particularmente el amor. “En Tu presencia Tu amor me envuelve". Y luego la oración habla sobre la calidad del amor, y que, habiendo recibido, necesariamente debo ser una presencia de amor en el mundo. Termina: “Guíame, oh misericordioso Señor, a través de tu inimitable amor, a la unión contigo y el corazón de la eternidad". Y al final las palabras de la meditación son: “En tu amor descanso para siempre".

            Siempre que tengamos algún nivel de experiencia de la naturaleza del "Amor, abarcando todo en la Unidad" (como se expresa en Plegaria Universal de Annie Besant), la respuesta es necesariamente "descansar"; eso trae descanso; detiene el mundo. Entonces descansamos en ese Amor.

            Este es el enfoque de la meditación, que en la experiencia de este sublime descanso, llegamos a darnos cuenta de una medida de la naturaleza de la fragancia dentro de la caverna del corazón. Y lo repetimos, luego lo abordamos de nuevo, pero siempre cuando la experiencia nos sobreviene, descansamos.

            Estos son sólo algunos consejos compartidos por aquellos cuya experiencia les da valor. El trabajo, como siempre, es nuestro, pero la guía, las pistas y las sugerencias en el camino, están llenas de poder.

 

 

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