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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 09 -  Junio 2020  (en Castellano)
 

 
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Unidad en la Tradición Cristiana

 

(De una misa celebrada en la Iglesia Católica Liberal Nuestra Señora de Todos los Ángeles, Ojai, California, el domingo 19 de Abril de 2020).

Gaspar Torres

 

Gaspar Torres ha estado trabajando para el Instituto de Teosofía Krotona, en Ojai, California, desde 2011. También guía grupos de estudio en español desde su hogar vía Skype, dicta conferencias internacionalmente, y ha sido Obispo de la Iglesia Católica Liberal durante los últimos 40 años. Anteriormente, fue Presidente Nacional de la ST en Cuba.

 

Estamos celebrando en la Iglesia Cristiana occidental la misa de domingo de Cuasimodo1, el octavo día del Domingo de Resurrección, o Pascua. Pero hoy nuestros hermanos de la Cristiandad oriental celebran la Resurrección de nuestro Señor, debido a las diferencias de calendarios2 que existen ahora, y de algunas tradiciones que se han perdido, lo que ha separado a las instituciones.

 

Estas separaciones son lamentables, porque no sabemos cómo estar unidos, y no sabemos cómo respetar nuestras diferencias de creencias. Esto ha llevado a la división del movimiento cristiano y de tantas otras tradiciones religiosas en el mundo. No obstante, la verdadera religión nunca se divide ni tiene un nombre. La religión es como enlazar a cada ser humano a la realidad de la Unidad de todo lo que vive y respira.

 

Como resultado, deberíamos considerar estas diferencias como transitorias mientras la ilusión de nuestras opiniones es tan fuerte que nos divide; pero, en el fondo, siempre podemos continuar buscando y descubriendo la Verdad. Esto sucede con todas las escrituras de cada una de estas ramas, de cada una de estas variantes de la religión universal, de la Sabiduría de la Única religión, del Único espíritu y de la  Única enseñanza- la primera religión verdadera que al comienzo de cada ciclo de la manifestación humana se vuelve a exponer a través de los  Instructores de la humanidad.

 

Estos instructores son llamados con diferentes nombres, pero también, las enseñanzas son las mismas. Son las instrucciones divinas que se repiten de modo que cada ser humano se identifica con su Unidad, no  para que se separen de los otros miembros de la familia humana, porque eso es imposible.

 

Lo que es una “Unidad” no puede ser separado. Podemos ver esto si lo analizamos profundamente, y no sólo la simple interpretación de la letra que también separa y divide, como un instrumento que es propio de la mente, en la cual están basadas la Epístola y el Evangelio de este domingo de Cuasimodo (tal como ha sido llamado desde la más remota antigüedad). Cuasimodo fue también la primera palabra en el Introito, o primer himno de la antigua Misa, cuando estos ceremoniales comenzaron a gestarse, que desgraciadamente substituyeron la verdadera filosofía de nuestro Señor y de todos los grandes Instructores del mundo, que es la misma, la enseñanza de la Unidad. Sin embargo, surge indirectamente si analizamos con nuestra alma personal primero, pero sobre todo con nuestra alma espiritual (si podemos ascender desde el alma personal al alma espiritual); podemos comprender que ambas escrituras escogidas para hoy, como también aquellas escogidas para otros Domingos de Pascua, tienen un significado interno extremadamente profundo.

 

Las palabras atribuidas a Pedro en el fragmento de los Hechos de los Apóstoles escogidas para la Epístola de hoy comienzan con el uso de una palabra, “respetuoso”, que ya no se usa hoy, y ha sido malinterpretada. Cuando Pedro dice “que Dios no ‘respeta’ a las personas” realmente significa que Dios no tiene favoritos. Dios no distingue seres humanos más o menos agradables, o más o menos cultivados intelectualmente. El favoritismo, inclinación o prejuicio, que prefiere a algunos seres más que a otros, solamente causa separatividad; eso es porque Dios no tiene favoritos.

 

Dios sólo aprecia la honestidad, la rectitud, la entrega interna de nuestro ser al espíritu. Es solamente en la personalidad que somos aparentemente diferentes. Pero en nuestras almas espirituales la Unidad ya es apreciada a través del Amor al que apunta nuestro espíritu. Allí es donde se encuentra la completa Unidad, y  esa es la razón por la cual el resto de la Epístola, cuando no se interpreta dogmáticamente, habla, sobre todo, acerca de la justicia, porque el verdadero amor es siempre justo, y el amor interno real nunca traiciona a la justicia.

 

Eso es porque Cristo personifica la Justicia, no en el sentido de condenar, sino en el sentido de unir toda vida en la Realidad Una. Ese es nuestro verdadero Señor. Esa es también nuestra verdadera Señora, porque la realidad de las expresiones masculina y femenina de la Divinidad es la unidad de Todo. Por lo tanto, el Amor conduce a la justicia cuando es bien practicado, y entonces no hay necesidad de un juicio.

 

El juicio es esa realidad del espíritu en Todo lo que se aviene con la Unidad, y nos conduce a la comprensión de esa Unidad. Esto es también revelado en la narración de los dos discípulos en camino a Emaús, cerca de Jerusalén, a la que llegaremos luego en nuestra Liturgia, antes del Saludo de la Paz, de una manera muy bella, y que nos inspirará para el Saludo de la Paz. Antes nos prepararemos para tomar la Comunión.

 

Hoy, muchos de nosotros lamentamos no poder tomar la comunión físicamente – este es otro efecto de la ilusión. La comunión que recibimos en nuestras ceremonias, como expuse en la Liturgia, después que terminamos de distribuirla, está bajo el velo de las cosas mundanas. El aspecto energía de la transubstanciación de ese pan ácimo, como subrayé en la Pascua Gradual especial, es el pan ácimo de la sinceridad y de la verdad.3 Y esa unión, esa comunión, cuando es mística, como lo fue con los dos discípulos en camino a Emaús, los conduce a la Unidad. Por este motivo es que mucha gente se sorprende – los dos discípulos no habían reconocido al Señor, y en el momento que Lo reconocieron, Él desaparece,  porque el verdadero reconocimiento de Cristo está cuando se entra en el estado de la Unidad.

 

Por eso la figura externa de Cristo tuvo que desaparecer del estado físico, porque Él no estaba en ese estado. Ya no era ya no era un individuo en el cuerpo de Jesús. Cuando resucitó, el Señor entró en la mayor profundidad de todos los seres. Estos dos discípulos, a través de la comunión real que recibieron cuando él se las dio con la apariencia material del pan, ven que él desaparece de su vista por el hecho de que entraron en la unidad espiritual con Cristo.

 

Este mismo proceso continuó teniendo lugar con los otros discípulos, uno a uno, y por eso reciben, cincuenta días después de la resurrección del Señor, la realidad del fuego del Espíritu Santo, el fuego que surge de esa Unidad, el fuego que construye todo el Universo. Es el fuego que tiene que tomarnos a todos para poder, después que comprendamos nuestra Unidad, ser agentes de la vida divina en todas las cosas que pueden manifestarse y en toda manifestación que podamos alcanzar; para decidir, como hicieron los discípulos, continuar ayudando a la humanidad en general; esta huérfana humanidad que necesita la ayuda de cada uno y todo ser que verdaderamente ame, quien sea verdaderamente sincero, y quien esté verdaderamente determinado a elevarse sobre las deficiencias y limitaciones que hoy todavía nos separan de la Vida Una.

 

Referencias

 

1 Del latín “malformado”, “casi formado” o “recién nacido”.

 

2 Las Iglesias orientales continúan usando el calendario Juliano mientras las Ramas Romana y otras occidentales usan el Gregoriano.

 

3 Ver la Primera Epístola de San Pablo a los Corintios, cap.5, v, 7-8 (que son usados en la Pascua Gradual especial: “no con la vieja levadura, ni con la levadura de malicia y maldad, sino con panes sin levadura, de sinceridad y de verdad”). La levadura aparece en el Antiguo como también en el Nuevo Testamento, pero sobre todo, es San Pablo que le da un definido sentido alegórico en la frase recién citada. Esto confirma la opinión de H.P.Blavatsky cuando afirma que Pablo fue un Iniciado en los Antiguos Misterios.

 

 

 

 

 

 

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