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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 09 -  Junio 2020  (en Castellano)
 

 
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Covid-19: ¿De dónde viene?

CLEMICE PETTER

La Sra. Clemice Petter es oradora internacional de la Sociedad Teosófica

y Jefa de su Oficina Editorial.

            El Año Nuevo empezó como cualquier otro, pero pronto el 2020 se reveló como un año que se destacará en la historia de la humanidad. Un nuevo virus inició su viaje en China y pronto se sintió en Europa, América y África, más rápido que cualquier otro virus conocido; llegó a todo el mundo. Prácticamente ningún país ha podido esconderse del nuevo brote de coronavirus. Es una situación sin precedentes en la historia humana. Aunque tuvimos pandemias antes, lo que hace que este brote sea tan diferente es la velocidad del contagio y la cantidad de portadores silenciosos y asintomáticos -personas portadoras del virus que no desarrollan síntomas.

            El mundo está en guerra con este silencioso e invisible enemigo. ¿Es un enemigo? Nosotros tendemos a pensar que lo es, porque hemos definido que lo que mata a seres humanos es un enemigo. Si seguimos con esta definición, pronto descubriremos que el verdadero enemigo, somos nosotros mismos. Estamos matando indiscriminadamente, matamos seres humanos en guerras, a través de la pobreza y el hambre, a través de la negación de asistencia médica, y también a través de la contaminación del aire, el agua y el envenenamiento de las plantas. Matamos animales para la alimentación y el deporte. Todavía usamos animales en laboratorios para experimentos médicos. Todo esto lo estamos haciendo sin preguntarnos a nosotros mismos: "¿quién es el enemigo?". Si matar define un enemigo, entonces la raza humana es el mayor de todos los enemigos.

            Sabemos que la naturaleza no conoce el mal, porque el mal es la creación de la mente humana, y que la naturaleza, siendo quien gobierna la vida en este planeta, siempre está trabajando para equilibrar y traer armonía al conjunto. Cuando miramos la cantidad de sufrimiento creado por la actividad humana,  podemos ver fácilmente por qué la humanidad tiene que enfrentar el subproducto de su comportamiento cruel.  Podemos ver fácilmente que las enfermedades son hijas de la ignorancia humana, no de la ignorancia de la ciencia. La única ignorancia que existe, es la de quiénes somos. Esta ignorancia afecta tanto a los alfabetizados como a los analfabetos. El conocimiento que necesitamos para vivir una vida humana libre de enfermedades es el autoconocimiento.

            Somos capaces de crueldad debido a la ignorancia del simple hecho de que cualquier cosa que hacemos nos la hacemos a nosotros mismos. Al ignorar la Unidad, nos sentimos libres para ir a la guerra, para matar animales como alimento o por deporte. Pensamos que el "otro" está separado de “mí”, porque tenemos cuerpos separados, cuentas bancarias separadas, y así sucesivamente. Pero a pesar de lo que creemos o pensamos, la Verdad es la Unidad. Todo lo que hacemos abre puertas que no se pueden ver ni medir y, puesto que no podemos verlas, creemos que no existen; no obstante, la vida sigue, y pronto esas puertas dan paso a gente y situaciones para que entren en nuestras vidas.

             La crisis que sentimos es tan difícil de afrontar y se ha ido gestando debido a nuestro proceso de pensamiento del diario vivir  -nuestro estilo de vida agresivo, la competencia que se desarrolla de una manera u otra. La verdad es que no somos seres pacíficos; estamos dispuestos a luchar y defender nuestros intereses creados, el interés de la familia, el grupo, la organización con la que estamos asociados, el país, etc. Es esta energía la que liberamos en el entorno en el que vivimos. Podemos hablar de amor y compasión, pero en nuestras relaciones hay muy poco o nada de eso. Y finalmente lo que cuenta no es lo que decimos, sino lo que hacemos. Nuestras acciones liberan una enorme cantidad de energía, de la cual la mayoría de nosotros no tiene idea.

            El estado actual de las cosas en el mundo es el resultado de nuestra actitud individual  en la vida, la forma en que nos comportamos. Podemos ser muy talentosos para ocultar nuestras intenciones a otros, e incluso a nosotros mismos, pero cualquier cosa que nos mueva reverbera a nuestro alrededor y crea el mundo en el que vivimos.

            Los virus son invisibles para el ojo humano, pero el resultado de sus actividades se siente y es temido por nosotros. De hecho, la ciencia ha demostrado que las cosas más poderosas de la naturaleza son invisibles para el ojo del ser humano, y tal es el caso de los virus, hongos y bacterias. La historia ha probado que cuanto más sepamos de esas diminutas entidades vivientes, mejor podremos prevenir y tratar las enfermedades creadas por ellas. Sabemos que un entorno higiénico es importante para prevenir y detener sus efectos. Del mismo modo, ahora tenemos que aprender sobre otra esfera importante de la higiene -la vida limpia-, no de manera dogmática, sino estableciendo reglas y regulaciones; después todo, esto se ha hecho durante siglos. Todas las religiones lo han hecho, pero de alguna manera no funcionó, ya que la gente repite esos conjuntos de reglas verbalmente, pero continúa con su vida diaria de la misma manera.

            Cuando hablamos de una vida limpia, esto se refiere a una forma de vida en la que cada acción es completa, por lo tanto, no deja residuos, que son tan comunes cuando hay atención y comprensión incompletas en el momento de la acción. De hecho, lo que llamamos acción es realmente reacción, por lo tanto, es atención y comportamiento automático. Una acción completa se va sin arrepentimientos ni esperanzas, se termina y acaba en el mismo momento en que tiene lugar. Por lo tanto, cada momento es nuevo y fresco, y uno se mueve completamente libre de residuos psicológicos.

            Lo que se necesita es sentir la urgencia de cambiar, ver que no podemos seguir viviendo como lo hemos hecho hasta ahora. Vamos a cambiar sólo cuando seamos capaces de ver la destructividad de la competencia, la ambición, el odio, y todas las actividades egocéntricas que existen en este mundo, construido ladrillo a ladrillo con un enfoque egoísta de la vida; cuando veamos que lo que realmente crea este mundo es nuestra propia forma de vida, las creencias que tenemos, y el anhelo interminable de más. Los seres humanos son bárbaros que desean vivir en un mundo civilizado. Lo que no comprendemos es que siendo de naturaleza bárbara, dondequiera que vayamos, llevaremos con nosotros la barbarie que se expresa cuando hablamos y actuamos. Para vivir en un mundo civilizado, tenemos que ser civilizados y comportarnos de manera civilizada. Esto es tan simple y básico, pero de alguna manera no hemos podido entenderlo.

            Los seres humanos de todo el mundo han estado buscando algún sentido a la vida. La esperanza de encontrar tal significado siempre ha estado en el futuro; convertirnos en alguien diferente a lo que somos ahora. Pero no vemos lo que somos ahora y, puesto que tenemos miedo de lo que podemos ver, soñamos con un mundo hermoso, perfecto, que existirá en el futuro. El hecho es que sin mirar el problema -que somos nosotros–,  la situación no cambiará y permaneceremos tal como hemos sido durante millones de años. El enfoque tiene que cambiar del futuro o pasado a lo que somos ahora, porque es en el momento presente que la vida existe en su plenitud.

            Estamos luchando por encontrar una manera de seguir siendo bárbaros, y al mismo tiempo, disfrutar de la paz de un mundo civilizado. Vivimos bajo la ilusión de que la ciencia arreglará esta condición de desequilibrio, pero el hecho es que cualquier cosa que haga la ciencia nunca nos permitirá engañar a la naturaleza. Lo qué pasará es que vamos a crear más y más dolor y sufrimiento para nosotros mismos, esto se debe a que tendemos a ignorar que somos sólo una pequeña parte de la creación de la naturaleza en este planeta.

            Todo en la naturaleza funciona en equilibrio y armonía; es sólo la actividad humana la que crea desequilibrio. Al ser discordantes y desequilibrados en nosotros mismos, proyectamos este desequilibrio en nuestras relaciones,  en la vida diaria, y esta proyección está creando nuestro mundo increíblemente loco. Para armonizarnos, necesitamos entender nuestro proceso de pensamiento y su efecto en el mundo. Los seres humanos son la única especie que es capaz de verse a sí misma, de conocerse a sí misma. La capacidad de ver y conocernos a nosotros mismos es un regalo único que la humanidad está ignorando y tratando de evitar. Mientras tanto, como no entendemos lo que somos y cómo funciona la Unidad, hagamos lo que hagamos,  el resultado siempre será desequilibrio y falta de armonía.

            Todos desean una vacuna y una medicina eficaz para detener la propagación del coronavirus. Por supuesto, es importante encontrar la cura, pero es igualmente importante hacerlo yendo al meollo del problema, para encontrar las puertas y ventanas a través de las cuales los virus encuentran su camino hacia el cuerpo humano. Es importante que nosotros cerremos esas puertas y ventanas para siempre. Para ello necesitamos profundizar en nosotros mismos, en un viaje que no tiene fin, y lo que vamos a encontrar es un misterio, un dolor, y una alegría. No se puede describir ni prever, el camino se revela a cada paso, y es un paseo único para cada uno de nosotros. Por lo tanto, nadie puede establecer reglas para que otros las sigan en la tierra sagrada de nuestro propio ser.

            Es importante entender que cuando hablamos de cerrar la ventana a través de la cual los  virus entran en el cuerpo humano, no estamos diciendo que el cuerpo estará libre de virus, sino que no encontrarán las conexiones adecuadas para convertirse en amenazas para la vida. Tal vez cuando la vida humana en este planeta ya no sea una amenaza para cualquier forma de vida, también podremos liberarnos de las amenazas que nosotros, como humanidad, luchamos en vano por superar. Es muy difícil encontrar la puerta de una casa cuando no estamos familiarizados con ella.

            Esta crisis pasará y la humanidad continuará su viaje. Los que son capaces de tomar estos días de reclusión forzada como una oportunidad de mirar la vida con otros ojos, con urgencia de comprender, de averiguar cuáles son las causas del sufrimiento y si puede llegar a su fin, son las personas que podrán ayudar la humanidad a cambiar sus caminos. Estos son los que pueden abrir la puerta para que el amor y la compasión puedan existir.

            Esperar una sociedad diferente y seguir siendo los mismos, es un juego de niños. Sentarse y meditar por la paz en el mundo, cuando nosotros mismos estamos en conflicto sin fin por dentro, en guerra con los que no piensan o se comportan como nos gustaría que lo hicieran y con aquellos que no siguen nuestro conjunto de reglas o reglamentos, es pura ceguera. Este no es un momento para hacerse ilusiones o tener esperanza, sino para despertar la inteligencia, un momento para cambiar y ser.-*****

 

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