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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 08 -  Mayo 2020  (en Castellano)
 

 
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La Verdad es una tierra sin caminos

MARY ANDERSON

Mary Anderson (1/11/1929–14/4/2020) fue Secretaria de la Federación Teosófica Europea,

Vicepresidenta internacional y Secretaria internacional de la ST.

Reimpreso de El Teósofo, julio de 1989.

            Cuando J. Krishnamurti dijo: “La Verdad es una tierra sin caminos”, sorprendió a mucha gente. Todavía sorprende. ¿Qué es un camino? Una línea que va de un lugar a otro, que tiene un principio y un final. Y lo seguimos sólo para llegar a nuestro destino. Una vez que hemos llegado, ya no lo necesitamos. Entonces un camino es limitado en tiempo y espacio, y en utilidad.

            Un camino es, en muchos casos, necesario e importante. En la vida diaria, seguimos un camino para llegar a un destino, ya sea a pie o en coche, tren o incluso avión. Necesitamos caminos en el sentido de reglas, métodos, para establecer nuestra vida terrena y organizarla. Con la ayuda de los métodos aprendemos a leer, escribir, aritmética, idiomas, química y todo eso. Continuamos con nuestra formación o aprendizaje, para estudiar y aplicar ciertas leyes. En todo esto confiamos de nuestra cultura pasada, usamos la experiencia pasada de otros. Lo hacemos incluso mientras leemos las instrucciones sobre un nuevo aparato doméstico o cómo hornear un pastel de acuerdo con una receta. En tales casos seguimos ciertos caminos.  Sería una tontería no hacerlo. Todas estas actividades tienen una cosa en común, el factor tiempo, ya sea yendo de un lugar a  otro o aprendiendo ciertas habilidades.

            ¿Qué significa sin camino? ¿Qué imagen nos evoca una "tierra sin caminos"? ¿Un desierto sin oasis, donde tormentas de arena borran todas las huellas? ¿Una selva impenetrable? ¿Un océano que nos lleva de aquí para allá y sin brújula? ¿O es el espacio, el universo, sin camino ni siquiera para las órbitas de las estrellas?

            Una vez que imaginamos el espacio, tendemos a colocarnos en él, y nuestros pensamientos tienden a emitirse en diferentes direcciones y vuelven a nosotros, creando así senderos. Pero si una tierra o el espacio deben estar completamente sin caminos, no debería haber ningún punto de conciencia personal en ello. No deberíamos estar en él. Debemos borrarnos de nosotros mismos. Entonces allí no habría ningún "yo", ningún centro, ningún punto de salida o regreso, sin caminos, sin límites imaginables. Y esta tierra sin camino representa la Verdad. ¿Esto no significa que la Verdad sólo puede estar donde el "yo" (los pensamientos y emociones personales) no existe, donde el tiempo y el espacio (limitado) no existen, donde no hay límites? La verdad aquí significa que existe la Verdad en el sentido más elevado de lo Absoluto. Cuando hablamos de ausencia de un camino en conexión con esta Verdad, nos referimos a lo Indescriptible, al negar todo lo que se pueda afirmar sobre él cómo "no esto, no aquello".

            Desde otro punto de vista, es como dar un paso hacia una nueva dimensión o "adimensionalidad". Imaginemos una criatura consciente, familiarizada con una sola dimensión, que solamente puede avanzar o volver sobre sus pasos. ¡Qué impacto sería aprender una segunda dimensión! No puedo imaginar tal cosa y podría decir: “Tonterías. No existe ¡porque yo no lo sé!". ¡Y cuando descubre la segunda dimensión por sí misma y se da cuenta de que también se puede mover a la izquierda o a la derecha, qué shock, qué libertad repentina, qué expansión de conciencia! Y del mismo modo, cuando descubre que también puede subir y bajar a lo largo de una tercera dimensión.

            Esto apunta a lo que nos espera, seres tridimensionales como somos, si llegamos a descubrir que puede haber una cuarta dimensión. Alguien que ha hecho ese descubrimiento, encuentra poca comprensión, mucha incredulidad, o incluso persecución. Lo apodan de un tipo loco. Tales "tontos sagrados", intentan describir una nueva dimensión a la humanidad sólo con la ayuda de ciertas imágenes. "Una tierra sin caminos" es una de estas.

            Pilato preguntó a Jesús: "¿Qué es la Verdad?" pero no esperó una respuesta. Quizás la respuesta hubiera sido el silencio. Se observa del pasaje anterior de la Biblia, que Jesús se ha referido a la Verdad que todo Gran Maestro trae, ciertamente como algo indescriptible, ¿refiriéndose quizás a lo Divino, lo Absoluto? ¡Hubiera desperdiciado su tiempo si hubiera traído algo menos, algo con lo que la humanidad ya estaba familiarizada! Pero aplicamos la palabra "Verdad" no sólo a lo Más Elevado, lo Absoluto, lo Sin camino, lo Indescriptible, sobre lo cual sólo podemos estar en silencio. Como lo Absoluto es la fuente final de todos los fenómenos, es por lo que la Verdad Absoluta puede ser vista como la fuente de todas las verdades relativas, que forman una jerarquía de formas de verdad:

Las personas profundamente religiosas y los filósofos buscan la Verdad Absoluta Única.

En el siguiente nivel, hablamos de "verdades" en plural, es decir, principios o leyes tales como los que Madame H. P. Blavatsky nos dio en las Tres Proposiciones Fundamentales. Los científicos buscan principios similares: las leyes de la naturaleza. Tales verdades son relativas, pero abstractas. Las verdades relativas dependen de determinadas circunstancias. Ellas no aplican a todos los casos y bajo todas las circunstancias. Fue descubierto en este siglo, por ejemplo, que las leyes de la física hasta ahora conocidas, se aplican a la materia pero no a las partículas atómicas. (¿Quizás las Proposiciones Fundamentales de La Doctrina Secreta se aplican sólo a nuestro Cosmos?) En la vida diaria, sabemos sobre todo la verdad concreta que corresponde a los hechos. Este es el tipo de verdad que un detective o un juez intenta descubrir, la verdad frente a la falsedad o la ilusión.

            Debemos tener cuidado de no hacer de la relatividad de ciertas verdades o la ausencia de caminos de la Verdad, una excusa para aprobar falsedades o cosas ilógicas. La verdad corresponde a la realidad o a "las cosas como son". Las cosas existen en diferentes niveles del ser o realidad, y lo que parece real desde un punto de vista, puede verse como irreal desde otro. Blavatsky lo expresó con fuerza:

El Universo, con todo en él, es llamado Mâyâ (ilusión), porque todo es temporal en él…. Sin embargo, el Universo es lo suficientemente real para los seres conscientes en él, que son tan irreales como él mismo.

Ya que vivimos en él, debemos tomar en serio este mundo y sus hechos, su realidad y sus verdades.

            Entusiasmado con la idea de que todo es Divino y todo es Uno, un estudiante de Yoga, ni por un momento pensó en apartarse del camino de un elefante enloquecido que cargaba sobre él. Pensó: "Después de todo, yo soy Dios, el elefante es Dios. ¡Dios no puede dañar a Dios!" Pronto se enteró de que debería haber visto a Dios, no sólo en sí mismo y en el elefante, ¡sino también en el niño gritando una advertencia! Esta historia ilustra el hecho de que "las cosas como son" no son objetos aislados, pasivos, estáticos. Están en relación entre sí y forman un modelo dinámico, no admitiendo caminos discretos.

            Debemos tener en cuenta todos los factores, si queremos reconocer la Verdad, y no dejarnos engañar por conclusiones falsas. Un daltónico puede ver cierto objeto como verde, que es azul para otros. Debemos considerar no sólo el objeto, sino también si el observador tiene una vista "normal". También somos parte de las cosas como son. La verdad sobre ellas encuentra su expresión en nosotros. Si no somos brillantes y puros como un espejo inmaculado, manipulamos la verdad a través de nuestra falsa visión. Tal como los físicos modernos han descubierto que el observador influye en el comportamiento de los fenómenos subatómicos que observa, nosotros también influimos en lo que vemos, de modo que para nosotros, ¡no son lo que son! Los vemos a través de los vidrios polarizados de nuestras experiencias y opiniones pasadas, nuestro egocentrismo. Los obligamos a entrar en ciertos patrones o caminos.

            Nosotros, los humanos, por regla general no tenemos contacto directo con las cosas. Si las notamos en todos, las vemos sólo a través del velo siempre presente del "yo", de nuestros pensamientos y emociones personales. Por un lado, basado en el sentimiento, no vemos los objetos sino nuestras propias imágenes de ellos. Por el otro lado, sobre la base del pensamiento, los definimos, nombramos, sólo para dejarlos de lado y olvidarlos. Y… ¿qué es el presente sino la realidad, la verdad, las cosas y las personas como ellos son? No vemos ni siquiera a nuestros amigos como son, sino de acuerdo a nuestra imagen creada de ellos. Como dice Krishnamurti: "Cuando la mente está en el vuelo del descubrimiento, la imaginación es algo peligroso. La imaginación no tiene cabida en la comprensión. Especulación e imaginación son los enemigos de la atención". (2)

            Sólo cuando estamos atentos, es posible tener un contacto real con las cosas, con la gente, con nosotros mismos. Estar atento es vivir en el presente. Cerrar los caminos trazados del pasado y del futuro."Tienes que emprender el viaje en un mar inexplorado". Sin embargo, ciertos mapas son necesarios en nuestras vidas. ¿Cómo podemos conciliar estos dos puntos de vista? Es cuestión de la esfera de la que se trata y la relación de uno con el llamado camino. Un sendero es una ayuda, un medio para un fin. Los medios son para que nos sirvan, no nosotros a ellos. Donde hay un camino necesario para aprender una determinada habilidad, éste tiene un rol, pero sólo subordinado a eso. Es sólo el marco en el que la imagen viva de nuestra vida se mueve. Está la forma, somos la vida. Un camino es útil siempre que lo usemos como tal. ¡Se vuelve peligroso cuando lo confundimos con el destino! Todo tiene su dharma, su lugar en la vida. Es una ilusión asignar un falso dharma a algo, ponerlo en el lugar equivocado.

            Hemos dicho que la Verdad corresponde a las cosas como son. Hemos notado cómo seguimos poniendo barreras entre las cosas como son y nosotros mismos. Al reconocerlas, las desenmascaramos, y a nosotros mismos, de instante en instante. Esto requiere una gran atención por dentro y por fuera. No se puede programar como ruta para seguir y recomendar a otros. Ciertamente, al hacerlo, estamos rastreando un camino, estamos dejando huellas. Quizás realmente los grandes seres no dejan rastro. Pero los seres humanos siempre encuentran a alguien a quien seguir, para hacer una religión, un método, un culto, una secta. Es un relato contado por Krishnamurti, que el diablo no se desanimó cuando un hombre recogió un pedacito de verdad, ¡sino que planeaba ayudarlo para organizarla! No es que debamos no prestar atención a los caminos de los Grandes Seres, sino que debemos hacerlo con discernimiento.

            Ver la verdad en nuestra vida diaria, vivir en la tierra sin camino, significa vivir en el presente, soltar aquello que nos impide ver las cosas como son, ese es nuestro propio egocentrismo, consciente o inconsciente. Cuando tengamos éxito, así sea por un momento, sabremos la verdad también en las cosas de todos los días y mostraremos discernimiento. Para hacer esto, debemos ser completamente honestos y evitar incluso las pequeñas mentiras piadosas. Como arriba, así abajo. Sólo cuando la verdad relativa se respete dentro de su propio marco, podremos dar un paso hacia la Verdad Absoluta. Este es un "Camino" que cada uno de nosotros debe crear para sí mismo, de instante en instante, olvidándose a cada paso del anterior. En este sentido, uno mismo es el camino. Cristo bien decía: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida”.

            El concepto de la Verdad no debe limitarse. Lo que es realmente verdadero, también es hermoso y bueno. Si la supuesta verdad sobre una persona no es también hermosa y buena, es porque la vemos sólo desde el punto de vista exterior y no desde su verdadero ser interior. Volvamos a la imagen de la Verdad como la de una tierra sin camino, el Espacio ilimitado, donde no hay ningún "yo" presente. Blavatsky recomienda en su "Diagrama de meditación”, que reflejemos “Soy todo Espacio (y Tiempo)". Espacio sin el pequeño "yo" personal y Espacio que es el Yo, lo más elevado dentro de nosotros, que es al mismo tiempo, los más elevado dentro de todos, son uno y lo mismo. El pequeño "yo" debe desaparecer para dar paso al más elevado Yo.

Notas finales

1. Citado en Fundamentos de la Filosofía Esotérica, Ianthe Hoskins, p. 31.

2. J. Krishnamurti, Comentarios sobre el vivir, p. 190

 

 

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