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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 08 -  Mayo 2020  (en Castellano)
 

 
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Krishnaji: florecer en bondad

PETTER CLEMICE

Oradora internacional de ST Adyar y Jefa del Departamento Editorial.

 

            EL mundo ha cambiado tremendamente en el último siglo. La tecnología se ha desarrollado, y la vida de los seres humanos se ha vuelto mucho más confortable en muchos sentidos, pero interiormente, psicológicamente, los seres humanos no hemos cambiado. Seguimos siendo violentos, codiciosos, envidiosos, celosos y mucho más. La guerra sigue siendo una amenaza en la sociedad moderna, y ahora hemos desarrollado poderosas armas que podrían destruir la posibilidad de vida en la Tierra durante los siglos venideros. Con este escenario, no es difícil ver que nosotros, los seres humanos, no somos inteligentes; y esa inteligencia, cualidad que le falta a la humanidad, es la tiene que despertar para no destruirse a sí misma.

            Para rescatarnos de nuestra propia ignorancia, que es la ignorancia de quiénes somos, tenemos a J. Krishnamurti, que está intentando la difícil tarea de despertarnos de las ilusiones creadas por la falsa idea del "yo". Krishnaji no aporta una nueva filosofía o explicaciones abstractas sobre el universo y su origen, habla del origen y creación de toda la miseria y confusión en el mundo, que es la falsa idea de un "yo" separado. También señala cuáles son los peligros que llevaron a la humanidad a este trágico punto de crear los medios para su autodestrucción.

A mucha gente le parece incluso difícil escuchar a Krishnamurti, mientras avanza directo al corazón del asunto y solo le interesa señalar los obstáculos de creación propia, para el despertar de la inteligencia. Aquellos dispuestos a mirarse, encontrarán que todo el problema del mundo empieza en nosotros mismos. La sociedad está diseñada exactamente de la misma manera que nosotros. Una sociedad sin justicia, con unos pocos que se alimentan de las riquezas de la tierra, y la mayoría oprimida por el peso de reglas crueles y leyes inhumanas para la clase trabajadora. Los ricos dan un poco de caridad aquí y allí, y sienten que su deber se ha cumplido, sin cuestionar nunca la propia estructura social, porque no nos gusta ser llevados fuera de nuestra zona de confort.

Cuestionar todo sin aceptar o rechazar, es una de las cosas que Krishnamurti señaló como una forma de ver con claridad. Pero para la mayoría de nosotros cuestionar es algo indeseable, ya que puede guiarnos a ver lo que hemos estado intentando ocultar duramente, incluso de nosotros mismos. Es este hábito de no entrar en contacto con hechos, que ha creado el mundo como vivimos en la actualidad. Hemos evitado mirar nuestra fealdad, cubriéndola con hermosas palabras, por eso hemos creado opuestos. Del odio creamos el amor, que no es ningún amor en absoluto, ya que brota del miedo. Básicamente, el miedo es la energía creada por el proceso del pensamiento, con sus raíces en la idea de "yo" y "tú".

Está claro que el mundo exterior que vemos es el mismo que el interior, es el mismo  movimiento que ocurre dentro y se proyecta al exterior, por lo que el trabajo es adentro. Ver lo que pasa adentro es lo que provoca el cambio, tanto en el mundo interior como en el exterior. Esto es porque el mundo exterior existe sólo como un reflejo, no tiene vida propia y reflejará exactamente lo que está pasando dentro. Porque la mente lo ha dividido en el exterior y el interior creemos que esta división es real y tratamos de actuar sobre la proyección, en lugar de mirar al proyector y ver de dónde viene el mundo proyectado.

Quizás el error que seguimos cometiendo es creer que podemos cambiar el exterior sin mirar dentro. De alguna manera, hemos estado bajo la ilusión de que lo que somos no es importante, y que podemos cambiar a las personas que nos rodean sin entender de qué estamos hablando. En el momento en que comencemos a mirar dentro, dejaremos de intentar cambiar a las personas, entenderemos qué se necesita para que el cambio se lleve a cabo, por lo tanto, comenzaremos a ver la inutilidad de pedirle a cualquiera que cambie. Es sólo los teóricos, que no se comprenden a sí mismos, que hablan de cambiar a otros o cambiar el mundo.

Una mente enferma, distorsionada, sin entenderse a sí misma, intenta cambiar el mundo, intenta configurar el modelo, la forma en que el mundo debería funcionar, y cómo debería vivir la gente, y en qué creer. Este guión se ha repetido muchas veces en la historia de la humanidad, y de alguna manera no entendemos que ningún cambio real y fundamental ha ocurrido, y nunca se producirá por la fuerza. Si es el poder del estado o el poder de la religión organizada tratando de imponer sus caminos, históricamente se ha comprobado que los resultados son siempre los mismos: es decir, explotación y autoritarismo con todos sus terribles descendientes. ¿Es posible que la humanidad vea este hecho obvio y cambie de dirección? ¿Es posible pasar de la competencia a la cooperación, de la política con sus juegos egoístas, a la democracia real? Esto depende sólo de ti y de mí. Cuando cambiemos, veremos que el mundo ha cambiado.

Krishnamurti muestra cuán imposible es tener una buena sociedad, con la misma mirada egoísta que ha creado la sociedad que tenemos hoy. También señaló que los cambios sólo pueden ocurrir si nosotros, tú y yo, cambiamos. Esto sólo es revolución por sí misma, porque siempre hemos creído que después de leer algunos de los llamados libros sagrados sabemos lo que se necesita. También hemos creído que porque hemos leído tales libros, tenemos algo grandioso. O peor aún, creemos que nos hemos convertido en grandes personas porque tenemos algún conocimiento de esos libros. La realidad es que sólo el autoconocimiento es lo que transforma la mente humana.

Un libro es sólo un conjunto de palabras unidas de determinada manera. Para ver hacia dónde apunta el libro, necesitamos tener una mente clara sin ninguna opinión o conclusión. Es esta capacidad de observar sin evaluar, a la que Krishnamurti llama inteligencia. Dejar ir nuestras opiniones y conclusiones es lo más difícil, porque hemos acumulado cuidadosamente y apreciado todo este conocimiento, y nos da cierta sensación de seguridad, que hay algo más allá de la fealdad de una vida sin amor.

Krishnaji identifica las formas en que la mente humana ha intentado escapar de la brutalidad del desamor en nosotros. Es difícil de mirar, es horrible ver que aunque hablemos sin cesar de amor, y aunque a veces somos capaces de un poco de consideración, en lo profundo de nosotros lo que llamamos amor es una actividad egocéntrica, que tiene sus raíces en el "yo" y en lo "mío". Entonces, para despertar la inteligencia, que es también Amor y Compasión, necesitamos ver y comprender los caminos de la mente.

Para ver algo tenemos que mirar, darle atención y dejar de huir. El punto de inflexión es cuando empezamos a mirar para dar completa atención a lo que está pasando en el interior, para observar nuestro proceso de pensamiento, nuestros sentimientos y cómo justificamos todo o lo explicamos, para que a lo que hagamos, no tengamos que volver a mirarlo. Pero en esta oscuridad de ignorar nuestros propios caminos y sentimientos, perpetuamos la monstruosa sociedad en la que vivimos.

Ha sido la ignorancia de lo que somos, la ignorancia de la Unidad, lo que ha degenerado nuestro mundo interior, y por lo tanto el mundo exterior. Para regenerarnos necesitamos dirigir nuestra atención al mundo interior. Krishnaji enfatizó el impulso de florecer en bondad, lo que significa: ábrete al cielo. Cuando vivimos en el pequeño charco del "yo", somos como una habitación oscura, aunque el sol brille intensa y claramente afuera, a cielo abierto. Los "yoes", que son el centro de las tinieblas, de la ignorancia, están llenos de fórmulas y deseos de controlar la vida. Quizás la bondad es el cielo abierto, donde la vida se ve como es, y donde el "yo" no tiene lugar.

Florecer en bondad es esencial, y sin embargo, es lo más arduo de hacer. Tal vez parezca tan difícil porque nos hemos acostumbrado a ir en sentido contrario. Nosotros hemos escapado del autoconocimiento por siglos, hemos creado todo tipo de escapes, desde el autoengaño hasta la industria del entretenimiento. Hemos probado todo, y ahora nos quedamos sin otra opción que no sea la de mirar en el único lugar donde el autoconocimiento siempre ha estado, dentro de nosotros mismos. Si entendemos lo que pasa dentro de nosotros, de la misma forma, también comprenderemos lo que está sucediendo en cada ser humano en el mundo. Es sólo este entendimiento el que trae humildad, Amor y compasión hacia todos los seres vivos. No hay atajos ni cantidad de conocimiento en los libros lo que traerá la comprensión de la vida, la que comienza con la comprensión de uno mismo.

Fue Krishnaji quien rompió los barrotes de la prisión creada por la mente, y también dijo que la clave para abrirnos al aire libre, está dentro de cada uno de nosotros, ningún agente externo puede darnos la clave. Al decir esto, también nos liberó de la autoridad de otro, ya sea del sacerdote o el vecino. En el campo interior tenemos que caminar solos. La única compañía permitida en el campo sagrado interior, es el Amor. El Amor es la única fuerza capaz de mover montañas y traer una revolución total en la naturaleza humana. Pero para que el Amor entre en nuestro ser, el primer requisito es desnudarnos del egoísmo. El sentido de auto-importancia y auto-engrandecimiento tienen que desaparecer. El amor sabe sin orgullo y le roba todo lo que el "yo" ha juntado cuidadosamente y que protege con celo feroz.

Romper con la oscuridad exige una gran energía. Como la semilla que rompe la cáscara y se convierte en un árbol, nosotros también necesitamos romper el caparazón de la ignorancia, el yo, para florecer en la bondad. Mientras la semilla no rompa la cáscara, permanece sólo como un árbol potencial. Del mismo modo, siempre que no rompamos la cáscara del "yo", somos sólo potencialmente humanos. Es sólo en el cielo abierto que el ser humano encuentra espacio para florecer y extender su perfume y llenar el aire con amor y bondad. Romper el caparazón del "yo", es de lo que Krishnaji habló toda su vida.

Las enseñanzas señalan la energía necesaria para que tal logro tenga lugar, y las formas en que estamos desperdiciando esta energía. La única cosa por hacer es escuchar. Pero incluso esto parece difícil para nosotros. Estamos demasiado seguros de nuestras opiniones y somos demasiado arrogantes para ver nuestros errores. Si sólo pudiéramos escuchar, sin sacar conclusiones o comparar lo que se dice, con lo que creemos saber. Pero escuchar de esa manera requiere una gran humildad, no la humildad que cultivan los arrogantes, sino ese sentimiento de no saber, de estar abierto, en un estado de aprendizaje.

En realidad, lo que Krishnamurti está diciendo es muy simple y básico y, como ha indicado también, no podemos ir muy lejos si no sentamos el fundamento correcto, que es el conocimiento de uno mismo. Como sabemos, sentar las bases es el primer paso, y en el ámbito espiritual, el primer viaje es el primer paso de un interminable camino que, como cualquier otro viaje, comienza sólo después del primer paso. Cada maestro a lo largo de los siglos ha dicho lo mismo, de diferentes maneras.

Hasta donde podemos ver, las enseñanzas fueron siempre dadas usando algún tipo de relato, lo que los cristianos llaman parábolas, y se dice que Jesús habló a la multitud en parábolas. Fue en la Biblia donde primero aprendí de un sabio que estaba enseñando de una manera tan abierta. Krishnamurti va directamente al problema. Durante más de setenta años recorrió el mundo entero señalando lo que somos, y de qué manera nos estamos destruyendo a nosotros y al planeta. Dijo abiertamente que lo que llamamos amor no es amor, tiene sus raíces en el "yo". Llamó la atención sobre el hecho de que estamos usando la religión organizada con motivos egoístas, y que eso no es religioso en absoluto.

Cuando Krishnamurti estaba en su lecho de muerte, le dijo a quienes lo rodeaban que porque no pudimos escucharlo, no sabemos lo que nos estamos perdiendo. Hoy, después de todos estos años, podemos ver fácilmente de qué estaba hablando. No ha habido nadie antes de Krishnamurti que hablara a la multitud en la forma en que él lo hizo. Él estaba hablando a cada uno y al mismo tiempo a la multitud. Quienes asistieron a sus charlas han dicho que sentados allí frente a él, cada uno tenía la sensación de que Krishnaji se dirigía a ellos en particular, así entonces, toda la multitud tenía ese mismo sentimiento. Esto puede deberse a que para él no eran muchos, sino uno solo. Y porque para él era una realidad, superó la ilusión de quienes se sentían separados y por lo tanto muchos.

Es casi un pecado si quienes tienen la oportunidad de sentarse y escuchar, le niegan a la Humanidad la gracia de mejores días. Estamos acostumbrados a pensar en términos de "mi" salvación y "mi" progreso espiritual, pero de hecho no hay progreso personal ni salvación personal, se siente así porque miramos todo con los lentes del "yo", y mientras la idea del "yo" permanece, es imposible verlo de la manera en que en realidad es. La verdad es que no hay muchos, sino sólo Uno. Para ver esto necesitamos dejar de buscar el avance espiritual personal, que es la forma más alta de egoísmo, ya sea que lo veamos o no, nuestra ceguera no cambia el hecho, sólo lo mantiene en la oscuridad de la ignorancia en la que vive el "yo".

Hemos llegado a un punto en la historia de la humanidad que es muy peligroso. Somos extremadamente ignorantes de las consecuencias de lo que estamos haciendo y extremadamente codiciosos. Esta combinación de codicia e ignorancia, es algo espantoso. Tal vez hemos llegado al punto que vio Blavatsky, cuando desesperadamente pidió a los que la rodeaban que no dividieran a la Sociedad, y más aún, dijo que si pudiéramos ver lo que ella había visto, trabajaríamos por la hermandad y nada más. Krishnaji también dijo al final de su vida: "¡Por el amor de Dios, despierta! No sabes lo que le está esperando a la humanidad a la vuelta de la esquina!". Hoy puede que estemos viendo a los que tenían miedo. Pero incluso con espadas peligrosas colgando sobre nuestras cabezas, todavía no escuchamos. Uno se pregunta si la especie humana se equivocó y es incapaz de cambiar, de ser inteligente. Si este es el caso, entonces no hay mucho que esperar. Si continuamos eligiendo las mismas viejas formas y las justificamos diciendo que esto ha sido el camino de nuestros padres y de nuestros antepasados, o si justificamos nuestro egoísmo con libros y viejas tradiciones, entonces también seguiremos teniendo el mismo resultado que hemos tenido hasta ahora, más violencia, más guerras, y más dolor y sufrimiento.

Krishnamurti tiene claro que lo que se necesita es una revolución interior total y completa. Una forma de vida completamente nueva, sin la competencia que genera violencia, una forma en la que la humanidad nunca ha vivido antes. Esto solo es suficiente para nosotros, para cuestionar la tradición y lo que sea que la humanidad haya intentado hacer hasta ahora, ya que nada ha funcionado y la humanidad se ha mantenido psicológicamente la misma por miles de años.

Hay quienes justifican la situación actual diciendo que para ver claramente tiene que haber un crecimiento interior, lo que es verdad. Pero la pregunta que sigue: ¿Qué nos hace crecer? Y sabiendo esto, ¿por qué no crecemos? ¿No es, porque cuando decimos esto ya asumimos que este crecimiento es para el futuro, que no estamos listos ahora? De hecho, vivimos de palabras y esperanzas.

La realidad es que si somos capaces de ver que el crecimiento es necesario, entonces también estamos listos para crecer. Pero tratamos de evitarlo, porque es una tarea ardua. Pero como este mundo se vuelve cada vez más peligroso, no hay elección, tenemos que crecer, madurar y asumir la responsabilidad de lo que está pasando y dejar de correr lejos. Ya hemos tenido suficiente y la Tierra no puede soportarlo más.

El planeta está listo para recibir a aquellos que viven como personas adultas, asumiendo responsabilidades, y no como las que son infantiles, siempre buscando a alguien a quien culpar por las desgracias de la vida. Para crecer necesitamos pararnos sobre nuestros propios pies y no depender de cualquier otro que pueda ver con claridad; tenemos que afrontar la vida con ojos de niño, lo que significa con los ojos de la inocencia, capaces de ver la vida como por primera vez, con una mente abierta que no acumula psicológicamente las heridas y los placeres de ayer, por eso siempre es fresca, inocente. Al llegar a este punto de absoluta inocencia, el "yo" tiene que ser comprendido y abandonado. Una mente egocéntrica nunca puede ser inocente, por la sencilla razón de que la inocencia no es de su naturaleza.

El año 2020 es cuando celebramos 125 años del nacimiento de J. Krishnamurti, el Instructor del Mundo, del punto de inflexión en la conciencia humana. Estamos viviendo en un tiempo que exige un tremendo estado de alerta en nosotros. No podemos escapar y huir ya que no hay ningún lugar para hacerlo. Es una histórica lección enseñada por la Madre Naturaleza, de que aquellos que son incapaces de cambiar desaparecen, como la vida no espera ni se detiene, a los que intentan evitar su ritmo. También se ha dicho que el futuro de los seres humanos es infinito. Rompamos la cáscara de la ignorancia, la oscuridad del "yo", florezcamos en bondad, y realicemos el ser humano que somos en potencia.

 

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