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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 07 -  Abril 2020  (en Castellano)
 

 
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Libertad del yo

P. KRISHNA

Jefe del Centro de Estudios en el campus de la Fundación Krishnamurti - India en Rajghat Fort, Varanasi.

Charla dada en la Convención Internacional ST Adyar, Varanasi, 1 de enero de 2020.

 

            El tema de nuestra Convención es “Cultivar la semilla divina”. Cualquier cosa que no sea la creación del hombre o de sus pensamientos, es una manifestación de lo Divino. Entonces, toda la Naturaleza, incluido nuestro universo, nuestro propio planeta, los ríos y montañas, los animales y, por supuesto, todos nosotros, somos la manifestación de lo Divino, porque no somos creados por el pensamiento humano. Lo Divino tiene un orden tremendo, lo que llamamos "el Orden Cósmico”, que se rige por leyes muy definidas, universales y atemporales.

            Esas son las leyes que estudian los científicos. Nos dicen la forma en que opera la inteligencia universal de la Naturaleza. Si le preguntamos al científico, "¿Para qué están estas leyes?, ¿por qué hay leyes en absoluto?, y ¿por qué la Naturaleza es ordenada?”, dirían: "No lo sabemos, somos estudiantes de la Naturaleza y encontramos que es extremadamente ordenada, en el sentido de que la misma causa produce los mismos efectos, y estas leyes nos hablan de la relación entre las causas y los efectos". Ellos no creen en una inteligencia universal, pero la gente religiosa ha hablado de la conciencia, como lo primero que está allí, y es esta inteligencia universal la que guía todo el cosmos, su creación y desarrollo. Opera en nuestro cuerpo también. Diez mil cosas suceden perfectamente para mantener el cuerpo en orden, lo único que hacemos es comer algo y hacer algo de ejercicio. El orden no tiene causa. Es cuando hay desorden, como la enfermedad, cuando hay una causa.

            ¿Por qué ese orden no opera en nuestra conciencia? Lo hace, pero hemos suplantado la inteligencia de la naturaleza, con la inteligencia de nuestros pensamientos e imaginación, los cuales crean un gran número de ilusiones. Adquirimos muchas nociones del entorno en el que crecemos, algunos de los cuales son ciertos y otros bastante ilusorios. Son las ilusiones las que crean desorden en la conciencia en forma de división, conflicto y emociones negativas, que son elementos del sufrimiento psicológico. El Buda señaló, hace unos 2.500 años, que la ignorancia (como ilusión) es responsable de crear dolor, y puede eliminarse discerniendo lo que es verdadero de lo que es falso, que es la búsqueda para el autoconocimiento.

            Las ilusiones son sólo ciertos constructos del pensamiento, que no son parte de la naturaleza, pero que hemos aceptado como verdaderas, y por tanto, se vuelven verdaderas para nosotros. Cuando nace un niño, ya tiene, no solo la religión Hindú o Musulmana, sino una casta. Ya sea que nazca en una familia como un Brahmin, Kshatriya, Shudra o Vaishya. Esto se inició hace unos 3000 años, porque se menciona incluso en el Bhagavadgitâ. Puede no haber comenzado en la forma en que existe hoy, pero lo que existe hoy en la sociedad es la realidad, se está perpetuando y divide la sociedad en varias castas.

            ¡Todo el asunto es falso! No hay diferencia entre un niño brahmán y un niño Shudra, pero el Shudra es discriminado, desde la niñez. El científico le dirá: "No puedo decirle por sólo estudiar la estructura del ARN o ADN de los cromosomas, si el niño es un Brahmin o un Shudra”; no hay diferencia alguna. Entonces, es completamente falso y extremadamente discriminatorio, pero se perpetúa. Porque el niño crece, y al ver esto en funcionamiento, su mente es infectada con las castas, y mantiene eso. Entonces, lo que está afuera se convierte en lo que está dentro de él, y lo que está adentro sostiene lo de afuera. Por tanto, hay una tremenda inercia en la sociedad; la sociedad simplemente se replica a sí misma. Por eso India es India y América es América, y así sucesivamente. Allí también se replica. Entonces no es fácil cambiar esto.

            Sin embargo, a menos que investiguemos lo que es verdadero y lo que es falso, en lugar de sólo aceptar lo que nuestra cultura nos dice, estaremos atrapados en ilusiones, y tales ilusiones difieren de una cultura a otra. Nos apegamos a nuestras propias ilusiones, y eso nos separa de los demás. Hay muchas ilusiones culturales como esta. Durante siglos, los hombres han sentido que las mujeres son sus asistentes y que el hombre es superior a la mujer, ¡falso! Durante siglos esto ha continuado. Los seres humanos creían que los reyes eran personas divinas y no estaban sujetos a leyes y demás, y ¡se cometieron tantas atrocidades! Entonces, somos capaces de todo tipo de ilusiones, y de esas ilusiones surge mucha crueldad. No se ve como crueldad, porque decimos, "¡Esa es nuestra cultura!" En el mundo islámico mantienen a las mujeres escondidas tras velos la mayor parte del tiempo. En otras culturas también dicen: "las mujeres no pueden hacer esto, no pueden hacer aquello”, etc. Simplemente dicen: "¡Es nuestra cultura!", y no ven la crueldad en ello.

            Del mismo modo, el problema es que todos tenemos ilusiones en nuestras mentes. La dificultad es que la mente que funciona en la ilusión, no es consciente de sus ilusiones. Si fuera consciente de ellas, las ilusiones terminarían. Hitler, realmente creía que los judíos debían ser eliminados y que al hacerlo, crearía un mundo mejor. Él realmente creía eso, ¡falso! Entonces, debemos tener mucho cuidado de no estar demasiado seguros o ser dogmáticos sobre cualquier opinión. ¿Cómo sabemos que algo es la verdad? Puede que no lo sea, podemos ser engañados o engañarnos a nosotros mismos.

            Sócrates dijo: "Una vida no examinada, no vale la pena de ser vivida". Porque la humanidad  necesita la búsqueda del autoconocimiento, que es distinguir entre lo que es verdadero y lo que es falso, y no aceptar todo lo que nuestra propia mente nos dice que es cierto. Pero nos identificamos con nuestro cerebro, con nuestros pensamientos e ideas, y también estamos seguros de ellos, y eso crea división. El hombre de Pakistán está tan seguro como el de India, y eso divide a los indios y paquistaníes, aunque hace unas décadas todos eran una nación, estaban juntos.

            Más profundas que las ilusiones culturales son las ilusiones psicológicas, que los psicólogos  llaman "complejos". Ellas se forman porque hemos tenido ciertas experiencias traumáticas en la infancia, que se acumulan en la memoria, y causan todo tipo de miedos o complejos en la mente. Esas son también ilusiones; yacen más profundo y de esta manera son más difíciles de borrar. Finalmente, los sabios dicen que el sentimiento de ser un yo separado, un ego separado, también es falso, que somos realmente uno con la naturaleza y con el resto. Nos separamos mediante la identificación con una tierra o una idea en particular, una política o creencia particular, etc. Eso es lo que nos hace sentir que somos individuos separados.

            Entonces, existe en nuestra conciencia, tanto la conciencia individual condicionada, como la conciencia universal, que es la capacidad de ser consciente. Esta última no tiene estructura; no es tu conciencia o la conciencia de otra persona, es sólo conciencia, la capacidad que es parte de la semilla divina en nosotros. La personalidad es la parte condicionada de la conciencia, resultante de dónde nacimos y crecimos, con las nociones que nos rodean, y todo eso. Si estamos demasiado apegados a la personalidad, eso constituye el ego.

            La personalidad en sí misma no es el ego, es un hecho. No puedo borrar todos esos recuerdos que están ahí, en mi cerebro, así que debe tener una estructura. Después de todo, aprendí física, no sé biología. Entonces, eso está ahí, en mi cerebro; pero el orgullo que obtenemos de él, el estado que derivamos de él, todos eso es obra nuestra. De lo contrario, al igual que nuestro cuerpo tiene cierto color de piel y forma, nuestras mentes o pensamientos o conocimientos tienen ciertas formas, ciertos límites; eso es un hecho. El apego a eso, la propiedad de eso, y la sensación de que todo lo que nuestra mente nos dice es verdad, allí es donde radica el problema. Por eso, saber lo que no conocemos, es la sabiduría más elevada, y ese es el comienzo del aprendizaje.

J. Krishnamurti nos enseñó que la mente que aprende es la verdadera mente religiosa; no el aprendizaje de conocimientos y habilidades que se adquieren en la universidad, que es aprendizaje acumulativo, sino aprender a discernir lo que es verdadero de lo que es falso: eso se llama autoconocimiento; es realmente desaprender de lo falso, no sólo intelectualmente, sino a través de la percepción. Cuando percibimos lo falso como lo falso, se va, desaparece; así se puede acabar con la ilusión. Por esto la Teosofía se llamó "la Religión de la Sabiduría", porque el autoconocimiento es la clave de la sabiduría, mucho más que llevar todas estas ilusiones de nuestra propia cultura.

            Si hacemos eso, encontraremos que la Fraternidad Universal de la Humanidad es un hecho, que es el primer Objetivo del Sociedad Teosófica. Mientras estemos divididos de nuestros semejantes en base a la religión, casta, ideología, etc., el otro no es tu hermano. Podemos pensar que es bueno ser fraterno, pero en realidad no somos hermanos. Para ser fraternos, tenemos que liberarnos de esta división que surge en nuestras mentes, surge a través del proceso de identificación con un fragmento. Cuando trabajamos sobre él y nos liberamos de él, entonces vemos que los otros seres humanos son esencialmente, nosotros mismos. Esto significa que son iguales a nosotros, similares, teniendo el mismo tipo de cuerpo y conciencia. Sus deseos pueden ser diferentes a nuestros deseos, pero ellos tienen deseos y nosotros también. Asimismo, sus miedos pueden ser diferentes de los nuestros, pero también tenemos miedos, etc. Somos absolutamente iguales, "las otras personas son nosotros mismos”, es lo que enseñó el Buda.

            ¿Por qué esto no se convierte en realidad para nosotros? Porque la mente está llena de todas estas ilusiones que nos dividen. Esto es porque la búsqueda de la Verdad es la esencia misma de la religión. El resto es cultural: cómo adoramos, qué libros leemos, cómo y dónde cantamos, ya sea en la mezquita o el templo, todos esos son detalles culturales. Pero la búsqueda de la Verdad, que comenzó desde la época de los Upanishads, ha sido nuestro legado a través de la religión. Esa es la esencia de la verdadera religión, porque nos lleva a la libertad de la ilusión, y la mayor ilusión es el ego en el ser humano. Cuando la mente se identifica con la personalidad, comienza a operar como abogado personal, buscando seguridad y lucro para la personalidad y deja de buscar la Verdad.

             La única ilusión central de toda la humanidad, es que cree que le conviene ser egoísta, que el ego nos trae ganancias, nos protege, etc. No es verdad, el ego es la mayor causa de todo el desorden en nuestra vida y en el mundo. Pero cuando tenemos este sentimiento, de que es nuestro protector, nuestro amigo, entonces es mantenido. El día que percibamos el peligro del ego, desaparecerá, porque no es una realidad, como nuestros órganos. No ha sido creado por la naturaleza, surge de la manera en que abordamos la vida. Nuestra casa o nuestro cónyuge, no crean el ego. Somos nosotros quienes nos acercamos a ellos de manera egoísta. El ego es realmente un mendigo, siempre buscando algo para sí mismo en cada relación. Así que no abordar la vida como un mendigo, no cultivar relaciones basadas en "quiero esto o aquello", es la clave. Kahlil Gibran escribe en El Profeta, en el capítulo "Sobre la amistad":

Que no haya ningún propósito en la amistad, salvo la profundización del espíritu. Porque el amor que no busca más que la revelación de su propio misterio, no es amor, sino una red lanzada, y sólo lo inútil es atrapado!

            El Profeta dice que no es rentable, aunque creamos que es rentable. No es rentable porque, mientras estemos acercándonos a la amistad, lo que significa a cualquier relación, de esa manera, nunca sabremos qué es el amor. En una de sus afirmaciones, Krishnamurti dice: "Ama, y luego haz lo que quieras, porque lo que hagas será lo correcto." Define el amor como "donde el yo no está”, que no es el amor como la sociedad lo entiende. Esto significa que no hay interés propio o intención de lucrar con quien uno se acerca a esa relación.

            Entonces, ¿puede uno ser un amigo, un verdadero amigo, del árbol, de la vaca, del río, de uno mismo, no exigir, no juzgar, no reprimir, pero aprender sobre ello? La vida es un misterio a ser aprendido, y no un problema a ser resuelto. Entonces, amigos, como teósofos,  ese es el desafío que tenemos: ¿Podemos acabar con el desorden en nuestra conciencia? Esa es la única forma en que puede terminar en nuestras relaciones, y por lo tanto ahí afuera, en la sociedad.

            Es una ilusión pensar que un nuevo Mesías, un nuevo Primer Ministro, un mejor sistema político o nuevas leyes, traerán la paz, la felicidad y la prosperidad. No hay nada de malo con los Mesías que hemos tenido, pero somos incapaces de aprender de ellos. Esto es así, porque no es algo que podamos aprender de otro, por genial que sea esa persona. Había un filósofo llamado Matsuo Basho, en el Japón del siglo XVII que dijo: “No busques seguir los pasos de los sabios. Busca lo que ellos buscaban". ¿Cómo nos encontramos con esa sabiduría? Lo haremos descubriendo por nosotros mismos lo que el Buda, Jesús y otros descubrieron. Eso comienza con la libertad del pasado. Ellos rompieron con el pasado, eso fue lo extraordinario acerca de estas personas.

            Pero si estamos completamente atrapados en las ideas del pasado, provenientes de nuestra experiencia o conocimiento, entonces estamos en una pequeña prisión, porque nuestras experiencias y conocimientos individuales son muy limitados, en comparación con todo el conocimiento que existe. Si nos identificamos completamente sólo con este conjunto limitado, estamos dentro de una prisión, pero no lo sabemos, y nos sentimos seguros dentro de esa prisión. Es una falsa sensación de seguridad, porque eso es lo que está creando todo el caos, la crueldad y el peligro en el mundo. Es por eso que la mayor ilusión humana es pensar que al actuar por interés propio lo hacemos por nuestro propio  interés, ¡no es así!

 

 

 

 

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