Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 06 -  Marzo 2020  (en Castellano)
 

 
Anterior
Página 10
Siguiente

 

La luz que nunca se apaga

 

Boris de Zirkoff

 

Boris M. de Zirkoff (1902-1981) fue un teósofo de Point Loma, editor de las obras de H.P.Blavatsky, y escritor. En 1981 recibió la Medalla Subba Row por su enorme contribución a la literatura teosófica. Conferencia dada en el 6°, también Centenario, Congreso Mundial de la ST de Adyar, realizado en la Ciudad de Nueva York en 1975.

 

La nota dominante esencial del Movimiento Teosófico a través de todas las épocas, ha sido su Universalidad. Por la naturaleza misma de su mensaje, sus objetivos e ideales, nunca puede estar limitada a un solo grupo de personas o cualquier área del pensamiento humano. Todo lo que es auténticamente teosófico es incondicionalmente universal, en significado y aplicación, en teoría y práctica.

 

La fuerza mística detrás del Movimiento, es una energía viva, dinámica, palpitando en nuestra Tierra y a través de su atmósfera espiritual. Fluye en mayor o menor medida a través de todo hombre o mujer desinteresado que esté trabajando por el progreso espiritual de la humanidad, y se manifiesta en el mundo como un impulso incesante, una urgencia interminable hacia el conocimiento superior, el dominio del carácter, la iluminación espiritual y la conquista interna.

 

Todo trabajo impersonal en la causa del Movimiento Teosófico, que es la causa de la Humanidad, la “Gran Huérfana”, es una parte integral de un modelo universal, y tiene ya sea el respaldo directo o indirecto de los Maestros y Guardianes del conocimiento sagrado cuya atención es impulsada solamente por el servicio impersonal y el olvido de si mismo.

 

Discípulos y representantes de los Grandes están trabajando en todas partes y han estado activos en esa causa universal desde tiempos inmemoriales. Señales e hitos de su actividad pueden ser rastreados y reconocidos en cada siglo y en cada nación. Sin su ayuda e intervención a lo largo de líneas tanto internas como externas, muchos de los movimientos constructivos de épocas pasadas nunca habrían tenido lugar. Tan atrás como podemos llegar con el pensamiento en la historia universal, encontramos las lejanas y a menudo un tanto dudosas descripciones de nobles figuras cuya grandeza espiritual es siempre recordada en el pensamiento humano: Zoroastro, Krishna, Hermes, Orfeo, Quetzalcohuatl, Moisés, Akenatón, Taliesin y muchos otros. Más cerca de nuestros tiempos y mucho más definidas en su descripción y trabajo, están las Escuelas de Misterios de la antigüedad. Escuelas de entrenamiento espiritual, centros de iniciación, conducidos por maestros y guías inspirados, derramaron su luz sobre uno u otro grupo étnico o civilización: Los templos-cuevas de India, ermitas remotas del Oriente; Eleusis, Samotracia, los ritos Órficos de Grecia; Ecbatana y Éfeso en Media; Abu-Simbel, Tebas, Karnak, y Memfis en Egipto; Nippur y Lagash en Babilonia; Sippar en Asiria; Stonehenge en Gran Bretaña; Tiro y Ballbeck en Fenicia; Chichen-Itza, Teotihuacán y Tiahuanaco en las Américas,  ¿cuántas otras en otros lugares?

 

De ellas se originaron corrientes de inspiración, enseñanzas ocultas técnicas, y las reglas más nobles de la conducta humana que fueron transmitidas a otros por discípulos iniciados que actuaban como mensajeros en el mundo externo, a veces reconocidos como tales, otras veces desconocidos y trabajando silenciosamente entre hombres y mujeres.

 

¿Qué hay de la sucesión neoplatónica de maestros? Amonio Saccas, Porfirio, Jámblico, Plotino, Proclo y otros cuyas nobles filosofías están presentes aún hoy. ¿Qué hay de los gnósticos? ¿Quienes fueron realmente Marción, Basílides, Bardesanes, Valentino, Menander, Saturnino de Antioquía, quienes enseñaron  esa Gnosis mística, la realización de la cual es como un destello de luz incomparable donde todas las cosas se le aclaran inmediatamente a esos que no están ciegos? ¿Qué hay de los Cabalistas y Alquimistas de muy diferentes épocas, y de los Rosacruces de los siglos diecisiete y dieciocho, esos individuos poco conocidos cuyo nombre e ideas han sido arrastrados por el lodo en los últimos tiempos por personas egoístas carentes de conocimiento real?

 

En todas las edades y en cada nación, testigos de la Luz han estado trabajando, sembrando semillas de pensamiento espiritual, animando las aspiraciones de las personas, guiando sus esfuerzos hacia un conocimiento más profundo. Los vemos de pie como faros de luz a través de los siglos del pasado. El brillo de su pensamiento y su vida se hace más visible por la oscuridad circundante de los días en que vivieron. Algunos son bien conocidos, otros casi desconocidos; algunos han dejado su mensaje escrito para las generaciones futuras, otros pasaron como brillantes meteoritos en la oscuridad de su época. Algunos puede que hayan sido discípulos directos de iniciados, trabajando bajo su tutela, otros puede que hayan sido solamente tocados por la luz interna, ayudados desde más allá del horizonte visible, aunque inconscientes de su verdadera misión. ¡Innumerables y diferentes son aquellos que realizaron el trabajo de las edades!

 

Muchos son los siglos que nos separan del trabajo de Pitágoras y su Escuela, de Apolonio de Tyana, Dionisio el Aeropagita, la sabiduría alquímica de Jabir, los trágicos esfuerzos del Emperador Juliano y las místicas profundidades de Johannes Scotus Erigena, por citar solo unos pocos de los nobles faros de luz.

 

Ibn Gabirol de Avicebron permanece como testimonio en el siglo undécimo; el siglo duodécimo vió a Joaquín de Fiori y Maimónides; el décimo tercero transcurrió con Meister Eckhart, Vincent de Beauvais, Roger Bacon y Raymond Lully, sembrando las semillas del conocimiento por todas partes; el décimo cuarto atestiguó el martirio de John Huss; el décimo quinto tuvo a su Thomas a Kempis y Pico della Mirándola; el décimo sexto fue el escenario externo de Paracelso, Giordano Bruno, Jacob Böhme, Cornelio Agrippa, John Dee, y Conrad Gessner, entre muchos otros; el décimo séptimo cultivado por Spinoza, Robert Fludd, Elías Ashmole; el décimo octavo produjo al extraordinario Grigoriy S. Skovorodá, el ruso ocultista por su propio esfuerzo.

 

Se vio hace más de un siglo la mortal lucha entre los cátaros, albigenses y maniqueos por un lado y la tiranía eclesiástica por el otro, una lucha entre la antigua luz y el poder de la oscuridad, un suceso periódico en la historia de la humanidad en conjunto.

 

El movimiento teosófico actual, en todas sus ramificaciones, es solo el eslabón más reciente en esa antigua cadena de luz, el guardián de las mismas enseñanzas en un idioma un tanto diferente y la cresta de una antigua ola que es parte de la marea creciente del pensamiento oculto y espiritual. El movimiento organizado y algunos de sus representantes independientes son solo testigos de la existencia y el impulso vital de esa urgencia interna y universal que une todos los siglos a su debido tiempo y se revela una y otra vez, cuando las épocas de la historia pasan desde su actual manifestación al olvido relativo del lejano pasado.

 

Pensando en los tres fundadores principales de la Sociedad Teosófica moderna H. P. Blavastky, Henry S. Olcott y William Q. Judge, no estaría fuera de lugar considerarlos a ellos y a su combinado trabajo como una cuña de empuje con conocimiento y poder en la trama del materialismo occidental, un esfuerzo que resultó en la apertura de nuevos canales para el pensamiento humano e hizo posible para otros continuar su trabajo y ampliarlo. Ellos y aquellos que siguieron sus huellas son el testimonio de nuestra era presente; y aún si sus actuales nombres pueden volverse borrosos con el paso del tiempo, su esfuerzo y mensaje no desaparecerán de la memoria de los hombres.

 

Para unir este siglo y llevar su mensaje y esfuerzo al siguiente, la Sociedad Teosófica debe permanecer fiel al impulso original de hace cien años y preservar inviolables las enseñanzas básicas de la Filosofía Esotérica confiadas a su cuidado por los fundadores “externos” y aquellos fundadores “internos”, individuos muy superiores cuyos representantes fueron ellos. En este sentido, tenemos un deber sagrado que realizar: guardar seguro y sin mácula un tesoro de conocimiento místico y oculto, y entregarlo a una generación más joven, entre quienes se encontrarán algunos otros representantes de la Fraternidad para continuar el antiguo trabajo.

 

Nadie podría posiblemente negar el rápido aumento de interés en todo tipo de personas en las ideas consideradas algo menos materiales y más inclinadas a lo espiritual que pueden observarse hoy por todo el mundo. Este interés es en gran parte eclipsado por aún un mayor interés en el aspecto de la Naturaleza sensacional, pseudo-oculto, mediumnístico y prodigioso. Este hecho es explotado por un nuevo lote de farsantes que juega con el público crédulo y lo utiliza con fines personales en vista. Toda clase de rishis y swamis, avatares y tulkus, iniciados y mahatmas autoproclamados se anuncian hasta la saciedad y llenan los salones de conferencias con incautos ignorantes. La ignorancia predominante de la mayoría de las personas y su falta de discernimiento entre lo espiritual y lo psíquico los convierte en presa fácil para el engaño psíquico. La situación tiene algún peligro incluso para los estudiantes de Teosofía no suficientemente cimentados en los principios-fundamentos de nuestras enseñanzas y quienes a veces, se permiten alejarse del sendero del estudio espiritual auténtico en el cenagal de la confusión psíquica.

 

En estos días de malas prácticas psíquicas y visiones mediumnísticas vendidas al público por una amplia variedad de “yoguis” itinerantes desfilando a menudo bajo ficticios nombres y títulos orientales, es verdaderamente de capital importancia para una Rama teosófica, como grupo, como también para el estudiante individual, estar bien informado sobre el tema de la filosofía teosófica, sus enseñanzas y postulados para estar en posesión de un referente dispuesto a ser usado para analizar cualquier idea que pueda serles lanzada desde varios sectores. Sin esta base sólida en nuestras enseñanzas tradicionales, el estudiante es privado del discernimiento que se necesita en la confusión de ideas de la actualidad.

 

En este sentido queda mucho que desear, cuando observamos los programas de varias Ramas en diferentes partes del mundo teosófico. Algunas de ellas se permiten convertirse en salones para el entretenimiento de las personas con temas programados que no tienen ninguna relación con los propósitos principales para los cuales han sido establecidos tales grupos, es decir, el estudio y difusión de la Teosofía, de las enseñanzas fundamentales que solo pueden proporcionar a los oyentes un conocimiento básico, factible, ético para sus propias vidas y para responder sus preguntas en cuanto al significado de la existencia. Trabajar con cuestiones secundarias y pasar horas de tiempo valioso en la astrología, numerología, bio-retroalimentación, ritualismo de la iglesia, prodigios psíquicos, sesiones de sanación, técnicas de meditación y variados tipos de prácticas de yoga, va a promover confusión, sin duda, sin querer hacerlo así, y va a llevar a la audiencia lejos aún de los primeros pasos del conocimiento espiritual.

 

Hoy, más que nunca antes, es de seria importancia y de urgente necesidad proporcionar a la gente, a través de todos nuestros canales establecidos o a través de nuevos por abrir, las enseñanzas básicas de la filosofía teosófica de la vida: reencarnación y karma, la dualidad del hombre, el Yo Divino en el hombre, la estructura séptuple del universo, el funcionamiento cíclico de la Naturaleza, la diferencia entre lo psíquico y lo espiritual, la función de la Luz Astral, la existencia de hombres perfectos más allá de nuestra propia etapa de evolución y nuestra propia capacidad de evolucionar hasta esa etapa, la sucesión de razas raíces y rondas en la historia de la vida del mundo, los peligros del psiquismo, la doctrina de las jerarquías, la naturaleza de los estados después de la muerte, y los principios éticos y normas que son la base de una vida teosófica.

 

Cualquier apoyo que demos a la confusión psíquica que es predominante en el mundo actual, es apoyo a las instituciones que promueven la manipulación de las fuerzas psíquicas para afectar las mentes humanas y dominarlas de maneras sutiles, tanto a nivel individual como de gobierno. Esta es clara y pura “magia negra”, es decir, el uso de fuerzas naturales para fines egoístas.

 

Como un Movimiento mundial a lo largo de líneas espirituales tradicionales, deberíamos hacer todo esfuerzo posible para liberarnos de esta contaminación y por estar firmemente plantados sobre la base fundamental de las enseñanzas antiguas, dispuestos en todo momento a distinguir entre ellas y su tergiversación por intereses establecidos.

 

En la medida en que grupos teosóficos organizados o estudiantes individuales se permitan diluir las enseñanzas antiguas con un revoltijo de ideas casi místicas y en gran parte pseudo-ocultas promovidas por toda clase de gente ignorante de los principios auténticos de la Sabiduría Antigua, la Sociedad Teosófica de hoy corre el riesgo de ser gradualmente disuelta en un verdadero mar de pseudo-ocultismo y puede que no sobreviva al siglo presente.

 

En la medida en la que tales grupos e individuos rechacen todo esfuerzo por parte de otros de cambiar sus estudios de la sabiduría antigua tradicional, y se concentren en la difusión de los principios recibidos de los fundadores originales y de la tradición acumulada de siglos, ellos mantendrán y fortalecerán los cimientos del movimiento actual que entonces, sin duda, llevará a los siglos sucesivos el impulso espiritual detrás del movimiento externo y los tesoros del conocimiento esotérico que se nos ha confiado.

 

En el caso anterior, la Sociedad Teosófica no tendrá futuro digno de registrar. En el último caso, su reconocimiento e influencia mundial tendrá un futuro glorioso como un baluarte espiritual en las civilizaciones aún no nacidas. La opción se halla justo ante todos nosotros, y exige acción inmediata, enérgica y sostenida.

 

Faro de Luz en un mundo de oscuridad material, el movimiento teosófico de hoy es el legítimo sucesor de todos los esfuerzos similares a través de incontables edades del pasado, que deriva su fuerza de la misma fuente de inspiración, y su vitalidad de los fuegos del mismo sol.

 

 

 

Anterior
Página 10
Siguiente