Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 06 -  Marzo 2020  (en Castellano)
 

 
Anterior
Página 8
Siguiente

 

La necesidad de ética teosófica

 

Jon Fergus

Teósofo canadiense cuyo enfoque principal es la aplicación práctica de la sabiduría a través de ética teosófica. Ha ayudado a muchas personas a adoptar un estilo de vida más libre de crueldad y violencia.

 

 

La compasión no es una virtud. Es la LEY de LEYES, Armonía eterna… La compasión se manifiesta aquí como una ley abstracta, impersonal, cuya naturaleza, siendo Armonía absoluta, se transforma en confusión por la discordia, el sufrimiento y el pecado.

La Voz del Silencio.

 

La Armonía es la ley de la vida, la discordia es su sombra, desde donde surge el sufrimiento, el maestro, el que despierta la consciencia. 

Gemas desde el Este.

 

 

La Armonía es la ley esencial del Universo. Todo lo que es, fue o será, debe permanecer en armonía eterna. Sin embargo, esta no es una ley mecánica, sino una armonía dinámica, conducida conscientemente, susceptible de ser transformada en confusión por nuestros propios pensamientos, palabras y actos. Mientras el Universo, como un todo, permanece siempre en equilibrio, nosotros podemos empujarnos a nosotros mismos fuera de ese equilibrio, y de tal manera activar otro lado de esa misma ley: el Karma. Cuando nos desviamos de esa armonía inherente del Universo, estamos llamando fuerzas opuestas, las cuales siempre, eventualmente reaccionan sobre nosotros. Hacemos esto individualmente y colectivamente.

 

Este, entonces, es el problema esencial que la humanidad enfrenta. Cuando comenzamos a desarrollarnos auto-conscientemente a través de esfuerzos auto-diseñados y auto-inducidos, necesitamos aprender a progresar juntos en Armonía dinámica. Pero mientras este problema se aleja de la armonía, evocando así discordia y sufrimiento, intimida, pero aún así puede ser resuelto, lo que ignoramos o no hemos practicado, podemos aprenderlo y dominarlo. Podemos aprender a estar en armonía y mantenerla en todos los niveles de nuestro ser de un momento al siguiente.

 

Nuestra dificultad actual, sin embargo, no es tan simple. Ha sido agravada por lo que Platón llama “la enfermedad de las multitudes”, o ignorancia doble, ese estado en el cual no sólo somos ignorantes, sino también ignorantes de nuestra propia ignorancia. Somos capaces de aprender aquello que ignoramos, pero anulamos esa posibilidad en el momento en que creemos saber lo que no sabemos; porque ¡nadie intentaría investigar aquello que cree saber!

 

Este es el estado actual de la humanidad. No sólo nos estamos desviando de la armonía natural sino que estamos constantemente engañándonos, al creer que no es así. Como muchos músicos que tocan en una orquesta con instrumentos desafinados, sembramos discordia en la música de la naturaleza, pero, cada uno enfocado solamente en su propia ejecución, mientras ignora al resto, engañándose al creer que ejecuta correctamente. Si alguna vez rompemos nuestro foco auto-absorbido y notamos por un momento el desorden de sonidos, a menudo apuntaremos nuestros dedos a quienes están alrededor y diremos: “Escuchen, están arruinando la canción! ¡Ellos son el problema, no yo!”. Y así continuamos ejecutando nuestra parte fuera de tono, esperando que los otros acompañen nuestra propia ejecución, falsamente imaginando que así tendremos armonía.

 

Es esta doble ignorancia la que retrasa todo el progreso humano y nos mantiene enraizados en nuestra discordia. Así, nuestra solución al sufrimiento humano viene en dos partes: primero debemos sobreponernos a nuestra doble ignorancia, luego aprender a armonizar, no solamente entre unos y otros, sino también con toda la naturaleza.

 

Las razones por estar tan altamente exaltado en tu propia opinión, estoy deseoso de desplegarlas ante ti…. (Éstas) te las mostraré ahora y te mostraré tu propia mente.

Sócrates a Alcibíades.

 

Hay una hermosa historia escrita por Platón[i] donde un joven llamado Alcibíades, encarna esta tendencia humana de doble ignorancia. Alcibíades es joven e inteligente, e inicialmente muy admirado por sus pares, pero se vuelve ciegamente arrogante sobre su propio conocimiento y supuesta grandeza. Él cree que todos los políticos de Atenas son tontos ignorantes, y que él es sabio y está en posesión de las soluciones a los sufrimientos de su sociedad. Sin embargo, como está demostrado en el diálogo, Alcibíades está sufriendo de ese terrible estado de doble ignorancia. Él apunta el dedo hacia otros y no hacia sí mismo, porque se cree entendido y sabio donde no lo es, se cree en posesión de soluciones cuando no las tiene. Alcibíades intenta entrar en política con el propósito de liderar Atenas; él es, en concreto, un tirano en potencia. Cuando el sabio Sócrates viene a él, él está al borde de dar su real primer paso hacia la manifestación de su tirana naturaleza.

 

Éste es el siempre continuo estado de la humanidad. Somos Alcibíades, y estamos siempre manifestando la tiranía que surge de esa condición de doble ignorancia: tiranía del uno hacia el otro; tiranía hacia nuestros hermanos menores del reino animal; tiranía hacia la madre tierra; y más aún, tiranía hacia nuestro “Padre que está en los cielos”, nuestro propio Ser Superior impersonal, mientras “luchamos para romper el cordón de plata” que nos ata a lo Universal. Es de suma importancia que nos demos cuenta de que los problemas del mundo son solo un reflejo externo de nuestra propia condición interior de ignorancia doble.

 

Sin embargo, hay buenas noticias también en la historia de Alcibíades. A través de su diálogo con Sócrates, por escuchar las palabras del sabio, él es liberado gradualmente de su falso sentido de superioridad en conocimiento. Es guiado, poco a poco, a salir de su doble ignorancia y hacia el maravilloso estado Socrático de “ignorancia simple”, donde uno es en verdad, aún, ignorante, pero se ha vuelto consciente y está dispuesto a admitir su propia ignorancia. Este estado es el requisito previo de todo real aprendizaje, y por lo tanto de todas las soluciones a todos los problemas.

 

Hay otra historia ilustrativa, en este caso de los Upanishads[ii], donde otro personaje, Svetaketu, se lo hace ejemplo de doble ignorancia. Él es un joven Brahmin que ha sido instruido en los Vedas y en ciencias Védicas. Es reconocido como muy culto, él conoce los Vedas de memoria después de 12 años de estudio, pero ha permitido que este conocimiento se le subiera a la cabeza y se ha vuelto orgulloso de tenerlo. El padre de Svetaketu viene a él y, como Sócrates con Alcibíades, destaca la ciega arrogancia de su hijo. Le dice: “Svetaketu, ya que eres engreído, querido, vanidoso por tu cultura y orgullo, ¿has solicitado la instrucción, a través de la cual, lo no oído se vuelve oído, lo no pensado se vuelve pensado, lo desconocido se vuelve conocido?” Svetaketu no había buscado tal instrucción, por supuesto.

 

Entonces, su padre lo instruye más profundamente en las enseñanzas Védicas. Sin embargo, Svetaketu aún no está curado de su doble ignorancia. En realidad, uno podría aventurarse a sugerir que su doble ignorancia está simplemente ampliada por tal continua instrucción cuando entonces él se cree aún más instruido. El “saber de la cabeza” incrementado, no es la cura para la doble ignorancia.

 

Con el tiempo Svetaketu llega a un sabio rajanya llamado Pravahana. El sabio le pregunta si él ha sido instruido por su padre, a lo cual Svetaketu responde que sí. Pravahana procede entonces a hacerle cinco preguntas esenciales relacionadas con las enseñanzas de los Misterios, para las cuales Svetaketu no tiene ninguna respuesta. Entonces llega la lección más importante: Pravahanase ofrece enseñarle a Svetaketu los Misterios, pero Svetaketu se niega y en su lugar regresa corriendo a su padre. Le cuenta que Pravahana le ha hecho cinco preguntas, pero que él no conocía ninguna de ellas, y acusa a su padre de no haberle enseñado plenamente. Su padre, sin embargo, ignora las respuestas a las cinco preguntas, y así sugiere a su hijo que ambos vayan al sabio para aprender las respuestas. Pero Svetaketu otra vez se niega. Aunque su padre humildemente fue al sabio y fue instruido en las doctrinas de los Misterios, debemos decir honestamente, que Svetaketu nunca más fue visto en los Grandes Upanishads.

 

Svetaketu permitió que su arrogancia y doble ignorancia lo bloquearan e impidieran encontrar las respuestas a las cuestiones más importantes de la vida. Cuando impactado por el sabio, al darse cuenta momentáneamente de su propia ignorancia, reaccionó retrocediendo a su falso saber, como una tortuga a su caparazón. Alcibíades, por el contrario, encontró el coraje para permitirse ser guiado y salir de esa doble ignorancia.

 

Estas dos historias representan dos caminos posibles que la humanidad enfrenta ahora.

 

Ahora, para nosotros pobres y desconocidos filántropos, ningún hecho de alguna de estas dos ciencias (física y metafísica) es interesante, excepto en el grado de su potencialidad o resultado moral, y en la proporción de su utilidad a la raza humana… La ciencia exacta experimental no tiene nada que ver con la moralidad, la virtud, la filantropía; por lo tanto no puede reclamar nuestra ayuda.

-“Primera Carta del Mahatma KH a A.O. Hume”

 

Aún la ignorancia es mejor que el conocimiento de la cabeza sin la Sabiduría del Alma que lo ilumine y lo guíe.

-La Voz del Silencio

 

 

Así, la humanidad en general ha seguido el mismo patrón de Svetaketu. Nosotros, colectivamente, hemos instalado una convicción infundada en nuestro propio “saber mental”, volviéndonos cada vez más limitados en nuestra coraza de doble ignorancia, y de esta manera hemos dejado fuera, la sabiduría de los grandes sabios. El conocimiento que hemos obtenido, científico y tecnológico, provee solamente una pequeña parte de la solución a los pesares humanos, pero por sí mismo es más perjudicial que beneficioso; si no es guiado por la “Sabiduría del Alma”, la que lastimosamente nos falta, y la que ninguna cantidad de “conocimiento mental”  puede cultivar.

 

Lo que Alcibíades hizo, y que Svetaketu rechazó, fue escuchar seriamente y humildemente la sabiduría del sabio. A lo largo de los siglos precedentes, hubo un gran esfuerzo, realizado por innumerables personas, para traer el conocimiento de los sabios, una vez más, a la vanguardia del pensamiento humano. H. P. Blavatsky, entre otros, nos urge a seguir esa sabiduría, diciéndonos en términos categóricos, que es solamente esa sabiduría, la que puede resolver los problemas que nos aquejan. Uno debería dar a esta propuesta la consideración correspondiente.

 

Cuando muchos de nosotros no tenemos en cuenta nuestro estado de doble ignorancia y nos ubicamos en la ignorancia simple, nos damos cuenta que un conocimiento tecnológico y científico cada vez más grande, no es suficiente por sí mismo. Seguramente mucho de lo que aprendemos en esos campos tiene el potencial para ayudar a la humanidad; sin embargo, el mismo conocimiento mantiene igual potencial de gran perjuicio. Para usar tal conocimiento sabiamente se requiere “Sabiduría del Alma”.

 

¿Qué es entonces esta “Sabiduría del Alma?

 

En La Voz del Silencio, la “Sabiduría del Alma” es la que está conectada con el corazón, “el conocimiento de la cabeza” lo está con el cerebro. El cultivo de la “Sabiduría del Alma” es “limpiar tu corazón”, es “quitar la contaminación de tu corazón”. Nos impulsa a “permitir que cada gota de ardientes lágrimas humanas permanezcan en nuestro corazón sin enjugarlas, hasta que se haya desvanecido el dolor que las causara”.

 

“El Dharma del ‘Corazón’ es la personificación de Bodhi”, la verdadera Sabiduría divina. Este no es conocimiento o sabiduría de la clase común, sino auto-Conocimiento y “El Auto-conocimiento es hijo de las proezas del amor”.

 

El conocimiento mundano, en el que se ha destacado la humanidad hasta ahora, cuando está desprovisto de Auto-Conocimiento, causa un incremento en nuestra desarmonía, especialmente entre nosotros mismos y los delicados ecosistemas en los cuales vivimos. Para equilibrarnos necesitamos que el Auto-Conocimiento, esa “Sabiduría del Alma” eclipse lo mundano; pero esto no se adquiere con el saber de los libros o búsquedas científicas o tecnológicas. Se adquiere “viviendo la vida”. Se adquiere practicando la Ética.

 

Si podemos llegar honestamente a este punto de realización, que un código de vida adecuado es necesario, que una orientación en ética es necesaria, nos podríamos encontrar haciendo el mismo tipo de preguntas como las que encontramos a continuación, tomadas de La Clave de la Teosofía:

 

Pregunta: ¿Tienen algún sistema ético para llevar a cabo en la Sociedad (Teosófica)?

 

Teósofo: La ética está presente, lo suficientemente lista y clara para quien desee seguirla. Es la esencia y la crema de la ética del mundo, recogida de las enseñanzas de todos los grandes reformadores del mundo. Por lo tanto, usted encontrará representados allí a Confucio, Zoroastro, Lao Tse y el Bhagavad Gita (Krishna), los preceptos de Gautama Buddha y Jesús de Nazareth; de Hillel y su escuela, como de Pitágoras, Sócrates, Platón y sus escuelas….

 

Pregunta: ¿Cuál sistema prefieren o siguen ustedes?

 

Teósofo: Ninguno en absoluto. No sostenemos ninguna religión, como ninguna filosofía en particular: recogemos lo bueno que encontramos en cada una de ellas.

 

Esta, por lo tanto, se vuelve nuestra gran tarea. El primer paso se da cuando descartamos nuestra doble ignorancia: el segundo paso se da cuando comprendemos la necesidad de la “Sabiduría del Alma” a través de la Ética para guiar nuestras acciones en el mundo. Después viene el estudio y la práctica de esa Ética. Para lograr esto, uno debe estar seriamente atento a los sistemas de los grandes Sabios y “recoger lo bueno que encontramos en cada uno de ellos”. Esta es una tarea que debemos emprender, pero debemos también hacerla en concordancia con todos. A través de esfuerzos auto-ideados y auto-inducidos, a través de prueba y verificación, debemos sintetizar las enseñanzas éticas de aquellos grandes sabios, en un poder vivo dentro de nosotros mismos, y éste es el sendero de la Ëtica Teosófica.

 

Sea en el Yama y Niyama de Patanjali; en el Noble Octuple Sendero y las Paramitas del Buddha; las Cuatro Virtudes Cardinales de los Griegos; la Regla Dorada de Hillel, el Sermón de la Montaña de Jesucristo; las Virtudes de Confucio y del Tao; o la “acción sin acción” de Krishna; cada una de estas es sólo una faceta del diamante ético. Es el total sintetizado el que hace la verdadera “Sabiduría del Alma”; la piedra fundamental para el verdadero Auto-Conocimiento, la cual es la clave para la Armonía dinámica de nuestra evolución espiritual compartida.

 

Entonces, nosotros, los teósofos, busquemos esta sabiduría, estudiemos y sinteticemos las grandes enseñanzas éticas en un código de vida práctico, y sobre todo, practiquemos esa ética para poder convertirnos en brillantes ejemplos de Armonía en este mundo de profundas luchas.

 

 


 

[i]VerThe First Alcibiades, tr. Thomas Taylor, Kshetra Books, 2016.

 

[ii]Ver Chhândogya Upanishad 6.1–16 & 5.3–10, and Brihadâranyaka Upanishad 6.2, in The Mukhya

Upanishads, tr. Charles Johnston, Kshetra Books, 2014, pp. 381, 402, 579 et seq.

 

 

 

 

 

Anterior
Página 8
Siguiente