Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 05 - Febrero 2020  (en Castellano)
 

 
Anterior
Página 7
Siguiente

 

Alma, Mente y Meditación

EDUARDO J.GRAMAGLIA

Miembro de la ST en Argentina. Conferenciante internacional, pianista profesional

y licenciado en Filología Clásica, con conocimientos de griego antiguo, sánscrito y latín.

Ha publicado libros y traducciones sobre Astrología Antigua, y es un erudito en escuelas de misterio de mitos y religiones.

 

 

1. Tres aspectos de la mente

Antes de considerar la naturaleza de ese principio interno que llamamos "alma", y de la meditación como la técnica para acceder a ella, centrémonos por un momento en la energía de la mente (manas). La esencia de la mente tiene una naturaleza peculiar, y se dice que es un gran misterio en este sistema solar. Su sustancia está comprometida con ambas, con la naturaleza espiritual y con  la material, está involucrada con el mundo de la forma y lo informe, y actúa como el dios titán Prometeo, el mediador entre los mundos.

Manas se encuentra en el punto medio donde el Espíritu se refleja en la materia, produciendo así la conciencia.[1] A diferencia de la materia astral, que sabemos que puede ser arrastrada a la actividad por formas de pensamiento, y cuya naturaleza es la de atraer hacia sí misma la naturaleza de la materia mental, es la de "difundir", irradiar y hacer contactos, permitiendo así el conocimiento y el contacto con los objetos de percepción. Pero debido a su naturaleza misma de compartir con lo inferior y lo superior, se puede mirar desde tres ángulos o perspectivas, y en este sentido estamos considerando al hombre como una criatura o unidad mental.

El lado que se pone en contacto con el mundo de la forma se llama mente concreta o receptiva, y es el principio razonador o discernidor, con una tendencia a distinguir y a establecer límites. Este aspecto, por muy útil que sea, ha sido particularmente sobrevalorado en este mundo sublunar, en el que hay que establecer muchas distinciones y límites; y es triste lo que el sistema educativo tradicional ha puesto de relieve: la acumulación de datos, y aquellos rasgos que nos hacen diferentes unos de otros. La percepción se convierte así en una especie de apropiación, una acumulación, que se suma a un sentido personal de pertenencia y posesión.

Los resultados de tal cultura pueden verse hoy en ambientes académicos, donde el amora la verdad ha sido reemplazado por un sentido de auto-importancia. El hecho de que actualmente se investiguen y estudien tantos campos de conocimiento sin conexión entre sí, que producen "expertos" en campos aislados, es el resultado del predominio del manas inferior en nuestra educación Occidental. Tal vez sería demasiado para el orgullo de nuestros actuales "expertos" admitir que no puede haber erudito más acertadamente preparado que un verdadero Iniciado, quien es consciente de que el conocimiento no puede ser confinado a compartimentos aislados, y quien es realmente consciente de las energías espirituales que condicionan, califican y trabajan detrás y a través de la materia.

Pero manas tiene todavía otro aspecto, que llamamos la mente superior o abstracta. Es el aspecto más bajo de la Tríada Espiritual, el océano de ideas que aún no ha sido encarnado en una sustancia concreta; estas ideas son verdaderos "arquetipos" de la Arquitectura universal; y una vez que la mente inferior ha sido puesta en relación con el Ser Real, el alma dentro del hombre, este aspecto superior de la mente trae la iluminación a la inferior. En esta relación tenemos las semillas de la iluminación y la inspiración. No debemos olvidar que ambos aspectos de manas, el inferior y el superior, comparten la misma esencia.[2]

Sin embargo, en el corazón de manasyace la Conciencia y la Luz misma: El Hijo de la Mente, el Ego, o Alma, en otras palabras, esa Individualidad relativamente real, por la cual la naturaleza inferior es eventualmente infundida. Digo "relativamente" porque este polo positivo se convertirá eventualmente en uno negativo, al ser absorbido por la más esencial de las individualidades: la Mónada misma. En esa etapa, la meta a alcanzar se convierte en el vehículo a ceder.[3] Se trata de la búsqueda de la "Palabra Perdida" en la Masonería: una vez que se descubre la Palabra (símbolo del alma), se encuentra que no es más que otro "sustituto" de otra más profunda y esencial, abriendo así nuevos horizontes a explorar[4]. Tales son las formas misteriosas que tiene la naturaleza de demostrar que el hombre es esencialmente la trinidad insinuada por San Pablo. Se debe tejer un puente entre la mente receptiva y la iluminada, y el alma es el "factor de coordinación" en ese proceso. Un hermoso símbolo se encuentra en un Upanishad,[5] donde dice que "los dioses se alimentan de los hombres": el Ego Superior proyecta el ego inferior como un rayo (esencialmente, el manas inferior) para obtener su experiencia terrenal.

La infusión del alma y la capacidad de la mente para recibir impresiones desde arriba e imprimirlas en el cerebro físico, hace que el discípulo esté preparado para conocer su parte del Plan, y estar en contacto con las ideas vertidas por Aquellos que normalmente funcionan y viven en esos niveles: La Jerarquía de Luz. Él entonces conoce su grupo interno y funciona dentro de un departamento específico del Rayo, al ser capaz de una cooperación inteligente con el Plan, que es, después de todo, la razón principal por la que se emprende el así llamado Sendero Espiritual. Por "cooperación inteligente" se entiende la capacidad de contribuir a bajar a este plano ideas que ayuden a establecer un nuevo orden mundial, resultado de fusionar y construir un puente entre el alma y la personalidad, sea humana, sistémica o cósmica.

2. El fuego del medio como un factor de síntesis

Entonces, podemos preguntarnos, ¿qué es el plano mental o la materia mental, después de todo? Annie Besant lo describe acertadamente como la conciencia funcionando como pensamiento"[6], es decir, la mente operando en su propio plano, sin el obstáculo del espíritu-materia física, e independientemente de su relación con el cerebro físico. Este es el mundo del hombre real, y de hecho uno puede recordar la palabra Sánscrita, manas, como derivada de la raíz del verbo, hombre, "pensar": El hombre es esencialmente un Pensador. Las vibraciones establecidas en el cerebro y el sistema nervioso son las formas en que el Pensador revela su presencia en este plano físico por medio de vibraciones simpáticas que son, después de todo, una triste reproducción y una pequeña fracción de ese rayo de energía solar que se esfuerza por expresarse a través de materiales groseros.

Entonces, no importa lo que un médico o psicólogo pueda afirmar (sólo un Adepto puede ser verdaderamente un médico o psicólogo) las vibraciones del cerebro y del sistema nervioso resultan ser sólo un pequeño fragmento de la vasta irradiación del Pensador trabajando en su propio nivel. Manas, como se dijo anteriormente, es una fuerza única en el sistema solar, ya que puede involucrarse tanto con el mundo de la forma como con lo sin forma, y tiene la capacidad innata y potencial de sintonizar tanto con lo inferior como con lo superior. Aunque, por desgracia, el cuerpo astral se encuentra con demasiada frecuencia fusionado con la materia mental, ya que su sustancia está tan estrechamente entrelazada, que ambas naturalezas se perciben, y actúan, como una sola. Esto es lo que llamamos kâma-manas, y con esto nos referimos a la mente trabajando en la naturaleza del deseo y con ella. Esta es la "mente" de la que se ocupan los psicólogos.

Cuando el manas se libera de este apego, se convierte en un campo claro y luminoso, que puede ser infundido con la luz de la Presencia. La mente es como una lente que puede ser girada en cualquier dirección, y allí reside su infinito potencial de contacto y conocimiento. Como un telescopio, la mente debe orientarse hacia el cenit o meridiano, su foco posible más elevado y claro. Nunca se orienta hacia el horizonte, donde sólo se pueden percibir imágenes distorsionadas.

Por lo tanto, podemos preguntarnos, ¿qué o quién es este Pensador, el Alma? Es el Yo divino, limitado, "individualizado" por una capa sutil extraída de materiales de las regiones sin formas del plano mental: una película alrededor de un rayo del Yo, un rayo de la Luz Única, apartado de su fuente.[7] Este Actor, el eterno Hombre individualizado, es la Presencia que transmite el sentimiento de "yoidad"; dicho de manera sencilla, nosotros mismos.

El Hombre[8] es básicamente una esencia espiritual, una Mónada, que se manifiesta en tres aspectos, que llamamos Espíritu, Alma-mente y la triple personalidad. Estos tres fuegos deben encontrarse eventualmente, produciendo una iluminación completa, y el factor regulador o coordinador en este proceso es el Fuego Medio, manas. Eventualmente la triple personalidad se pone en comunicación con el alma, permitiendo así que el cerebro sea impresionado por impulsos provenientes del alma. La mente, cuando es capaz de sintetizar los cinco sentidos, es por lo tanto el factor coordinador, como ha sido sugerido por Patañjali..[9]

Se ve entonces que este papel es asumido por el Alma: El Alma, un regalo de los mânasa-putras, como consecuencia de su naturaleza inherente de amor, su "gravedad", entendida en su profundo sentido oculto, se convierte en el gran "sintetizador". Hay una "facultad vinculadora" inherente en el alma que hace que ambos aspectos de la mente se alineen. Esto eventualmente evoca una afluencia de buddhi o intuición, en la mente alineada y a través de ella. Entonces ocurre la explosión de la supernova, y el "cuerpo causal" se rompe, siendo así liberada la Vida Misma, más que el Yo, como J. Krishnamurti tan perspicazmente señaló.

Las etapas de este proceso pueden especificarse mediante un enfoque astrológico. Mercurio, el "divino Prometeo", gobierna a Géminis, la constelación de los dos hermanos (alma y personalidad en una etapa, y la Mónada y el alma en otra), que son un símbolo de los pares de opuestos a integrar. Curiosamente, los "dos hermanos" en algunas mitologías, son hermano y hermana que también son amantes (como se encuentra en La Valquiria, de Richard Wagner, una representación bastante inexacta de los mitos nórdicos). Mercurio es la expresión de ese aspecto dual de manas que media entre lo más elevado y lo más bajo. Hermes (Mercurio) lleva los mensajes entre el alma y el cerebro, estableciendo así una relación entre el yo inferior y el superior. Este planeta es la mente iluminada, el factor coordinador, que relaciona el alma y la personalidad.

Por lo tanto, en términos de servicio del discipulado, el discípulo es una ventana al universo, un canal utilizable para la impresión y expresión de ideas subjetivas en el mundo de las apariencias. Cuanto mayor es la alineación interna, menos distorsionada es la proto-idea percibida; de la misma manera que cuanto más cerca está un texto del idioma original, mejor revela la intención del autor. La alineación y coordinación alcanzadas permiten al discípulo convertirse en un puesto avanzado en el plano físico, anclando así las semillas de una conciencia más elevada y amplia. Sin embargo, antes de que esto se pueda lograr, se debe pasar un umbral, y el peregrino en el camino se encuentra cara a cara consigo mismo.

3. El habitante

¿Ves tú qué portero se sienta en el vestíbulo? ¿Qué rostro vigila en el umbral?[10]

El Sendero es un sendero de Luz: los peregrinos caminan a plena luz del día, y cuanto más brillante es la luz, más oscura es la sombra proyectada: en ese Camino lo oculto se revela, y los aspectos más oscuros salen inevitablemente a la superficie. Cualquier promesa o decisión de seguir adelante exige una inevitable aparición de los aspectos oscuros que habían permanecido ocultos, esto parece ser la Ley. Ese recurrente enfrentamiento de uno mismo llevará eventualmente a ese encuentro final con lo que Bulwer Lytton en Zanoni describió tan poéticamente como un "fantasma que se desliza lentamente dentro de la cámara", y parece "arrastrarse como un vasto reptil deforme", identificándose finalmente como el Morador del Umbral.

Esa criatura, tan vívidamente representada en imágenes poéticas como con ojos hechiceros, no es más que ese tercer aspecto de la Divinidad, de hecho, todo lo que un hombre es, aparte del yo espiritual. Es ese glamoroso terror al que aprendemos gradualmente a enfrentarnos a través de repetidos reflejos en el espejo de la forma, los reconocimientos graduales de esos aspectos a entregar, esas formas de pensamiento creadas por nosotros mismos que debemos aprender a enfrentar cada día. Todo esto es parte del entrenamiento para volvernos ocultamente conscientes de nosotros mismos, que no es más que nuestra humilde contribución a la disipación final de ese morador planetario.

Este "mirarse a sí mismo" también podría ser visto como el proceso por el cual lo no esencial es eliminado, de la misma manera que un escalador de montaña se deshace de todo el peso extra para poder alcanzar la cumbre, como he visto aquí en los Andes. El logro de la meta es inevitable: la cima de la montaña se alcanzará finalmente, pero no se puede omitir ninguna etapa del proceso, y se requiere un reconocimiento intrépido de la oscuridad interior. La eliminación de los elementos no deseados debe preceder a la etapa final de la unión.

El Sendero que se recorre a plena luz del día es un sendero en conciencia, no de otra manera. La conciencia del hombre, que progresa a lo largo de identificaciones cada vez más amplias, se aparta gradualmente de la esfera del yo, aquello que se reconoce como "no-yo", al mismo tiempo que añade otras posibilidades que habían permanecido latentes hasta ese momento. Después de todo, el Sendero es el camino hacia el reconocimiento de lo que ya esencialmente somos. El hombre que progresa se ve así obligado a "enfrentarse a sí mismo" inevitablemente.

Como resultado, este hombre que progresa también encuentra el rostro de su hermano reflejado en el suyo propio, y su propio rostro reflejado en el de su hermano, de la misma manera que encuentra lo universal reflejado en él, y a sí mismo reflejado en el espejo de lo universal. Los "cambios" experimentados no son más que una forma engañosa de decir que se está convirtiendo cada vez más en sí mismo: las diferentes personae (máscaras) que, una por una se descartan, de modo que el ser interior es capaz de una expresión mejorada, una llamada a una constante actualización de su composición energética.

Nosotros, como personalidades, somos los monstruos de todas las mitologías, que sólo el compromiso desinteresado de un héroe puede derrotar. Así que el hombre, en un sentido real y profundamente oculto, debe encontrarse a sí mismo. Al encontrarse a sí mismo, encuentra el Todo.

4. La meditación como una actitud

En una era de ordenadores y teléfonos móviles, el concepto de concentración se ha convertido en un tema espinoso, en primer lugar, porque cada vez es más difícil para las generaciones más jóvenes fijar la mente en algo, durante un período de tiempo prolongado. Pero también se debe a la incapacidad, compartida por todas las edades, de tener una percepción fresca y renovada: nuestros conceptos existentes dan color a nuestro proceso de pensamiento. El mandato básico y simple de "prestar atención" es algo muy fácil de decir, y no tan fácil de lograr, pero probablemente esta frase, la más simple, encierra un gran secreto de auto-renovación y regeneración humana.

Por "vivir una vida concentrada" no se entiende meramente la atención centrada en un objeto o materia en particular, sino un constante sentido de vigilancia, como una actitud permanente y sostenida, y al mismo tiempo serena y relajada. Cabe preguntarse cómo mejorarían las relaciones si se encontrara cada situación o persona, sin importar cuántas veces, con un renovado sentido de descubrimiento, sin que ningún acontecimiento pasado, o conceptos ya existentes, interfirieran en el proceso.

Por tanto, se daría el primer paso, de muchos, hacia ese acto culminante de "destruir al asesino", esta afirmación de La Voz del Silencio implica un esfuerzo continuo que conduce a una acción final "contundente" y decisiva que solo puede realizarse “en el momento del equilibrio, cuando el enemigo está desconcertado por el silencio”. Así, "A través de las puertas de oro”, Mabel Collins describe este momento crucial de liberación, cuando la "serpiente del yo" es destruida.

La meditación sigue a la concentración, y es esencialmente una actitud de la mente más que una práctica o disciplina. Sin embargo, la técnica de la meditación oculta parece ser la mejor demostración del principio "la energía sigue al pensamiento", por el cual la mente se entrena para dirigir su enfoque hacia los reinos más elevados y sutiles, y sincronizarse a sí misma con otra meditación ya en curso: la del Ser Interno.

Quizás podríamos considerar la meditación como la "actitud innata" de la mente universal, como una fuerza positiva que dirige su enfoque hacia el reino de la forma, receptiva a los impulsos de los reinos superiores, de modo que pueda tener lugar la inmersión en la materia con su consecuente obtención de la conciencia, continuando así el proceso de diferenciación: una especie de "contrameditación", por así decirlo. "Padre-Madre teje una red cuyo extremo superior está sujeto al Espíritu... y el inferior a su extremo oscuro, la materia; esta telaraña es el universo hilado con las dos sustancias hechas una sola". ¡Cuántos secretos se esconden en esta relación primitiva entre lo superior y lo inferior, tan bellamente descrita en el volumen de "Cosmogénesis" de La Doctrina Secreta (p. 29)! Parece contener la respuesta a tantos misterios: la conciencia, los polos opuestos del sexo y la meditación misma. ¡La imaginación creadora del Logos dando nacimiento al universo manifestado! El papel de la imaginación creadora en este proceso no puede ser exagerado, como puede verse en los Yoga-Sutras de Patañjali, III, 24 a 31: nos convertimos en aquello en lo que fijamos nuestras mentes.

En términos musicales, la meditación podría pensarse como el resultado de la resolución de las muchas disonancias de la naturaleza inferior en una tríada consonante o acorde, siendo la tercera la personalidad integrada, la quinta el alma. Eventualmente esta quinta o nota dominante del alma encontrará su resolución en la nota tónica de la Mónada. La meditación activa este proceso de alineamiento de forma científica, produciendo un reemplazo fáctico de la sustancia de los vehículos inferiores, haciéndolos cada vez más receptivos a los impulsos que vienen de lo superior. El papel de la mente es aquí digno de mención, ya que actúa como el foco donde lo superior se refleja en lo inferior. Se puede ver así que es el alma, el "hombre real", que "recorre el Sendero", la naturaleza inferior que cumple su función correcta como capas o vehículos de expresión.

Entonces surge un pensamiento interesante: el héroe mítico que encuentra su camino en la jungla de la forma es el alma, los esfuerzos de la personalidad se limitan a "dejar que esto suceda", "hacerse a un lado", y limpiar obstáculos. Esto arroja una luz interesante sobre la interpretación de ciertos mitos, como el papel de los héroes en la mitología clásica. La oposición antropológica entre naturaleza y cultura, y la dualidad héroe-dios, tan ampliada en los estudios actuales del mito de Hércules, no son más que símbolos exteriores del discípulo que resuelve el conflicto "épico" de los opuestos polares, alcanzando así su "apoteosis", es decir, volverse divino.

La práctica de la meditación, que es una concentración sostenida o dhâranâ, está destinada a fluir a una etapa en la que uno se escapa desde su propia meditación, se pierde a sí mismo y se convierte en el alma (que es una forma de samâdhi, la última etapa del ashtânga-yoga, o "unión por ocho etapas"). La verdadera libertad se produce entonces, la libertad no para uno mismo, sino de si mismo, como Ravi Ravindra tan perspicazmente señaló. En este sentido el proceso de meditación se asemeja al servicio. El contacto real y estabilizado del alma suaviza los mecanismos de la preocupación por uno mismo, para que la luz pueda entrar.

El alma es la luz del conocimiento mismo, que se refleja en y a través de la mente, la mente se utiliza como un instrumento o un órgano de percepción, para luego llegar al cerebro. El servicio aparece entonces como una salida natural para esa energía de Luz y Amor, que al principio solo provoca la comprensión de cuán "fútil" puede ser la vida en el nivel de la forma; pero entonces perderse uno mismo en el servicio, resulta ser la inevitable consecuencia del proceso de manifestación del alma. En esa etapa todo tiene sentido, y la vida se convierte en una demostración de lo que el sabio Heráclito de Éfeso dijo: "La armonía más poderosa es la que permanece oculta".[11]

Los tres pilares, meditación, servicio y estudio, se equilibran y reflejan constantemente entre sí. Forman parte de un método probado y antiguo para "tomar el Reino de los Cielos por la fuerza", como se insinuó tan sabia y enigmáticamente en Mateo, 11:12. El proceso "forzado" del despertar espiritual es literalmente "jugar con fuego", como se ha sugerido: la "violencia" (que no debe tomarse literalmente, sino como una metáfora) resultante de la estimulación de los tres fuegos, funciona sin problemas y con seguridad, siempre que los tres pilares -meditación, estudio y servicio- se energicen y activen de forma armónica y rítmica. Uno debe darse cuenta de que todo el proceso debe ser lento y gradual, ya que, "cuando se busca oro, hay que cavar mucha tierra, sólo para encontrar poco", como tan sabiamente señaló el antiguo Heráclito[12].

 

De hecho, como el sonido global de la naturaleza está mostrando ser un solo tono definido, una nota clave que vibra desde la eternidad y a través de ella, que tiene una existencia innegable en sí misma, pero posee un apreciable tono sólo para "el oído agudamente fino"*, por lo que la armonía definitiva o la desarmonía de la naturaleza externa del hombre, el observador ve que depende totalmente del carácter de la nota clave que se da hacia el exterior por el hombre interior.

*Este tono es considerado por los especialistas como el fa medio del piano.

H. P. Blavatsky "¿Son los sueños solo visiones vagas?"

Escritos Recopilados, Vol. III, p. 434

Notas finales


 

[1] A veces, para explicarnos, utilizamos una redacción incorrecta. Lo que llamamos "Espíritu" es de hecho la materia en su estado más sutil, y la "materia" es el Espíritu en su estado más denso; manas es una especie de "punto medio" en términos de grado; musicalmente, la "nota dominante", por así decirlo. Todo el desarrollo posible para el hombre en este sistema solar (excepto para aquellos que son una "rara eflorescencia de una generación de investigadores") está contenido dentro del "Plano físico cósmico", lo que llamamos "planos" son de hecho "subplanos" cósmicos. Así que, incluso la Mónada, por muy sutil e informe que puedan parecernos sus reinos, habita en la capa subatómica (etérica) de lo que es esencialmente materia. Entonces, nuestro universo está hecho de sustancia.

[2] H. P. Blavatsky, Escritos Recopilados, Vol. XII, p. 709. También en D. Caldwell, "The Esoteric Papers of  M. Blavatsky", p. 609.

[3] El noúmeno (lit. Griego "lo que se piensa") se convierte en el fenómeno (lit. Griego "aquello que aparece o se manifiesta a si mismo", misma raíz que la de "fantasma", "epifanía", etc.).

[4] Los mitos tienen muchas imágenes coloridas que representan lo que la materia hace a las realidades espirituales: los cadáveres de Osiris, Orfeo e Hiram Abiff son desgarrados en pedazos, que deben ser recogidos, "coordinados", con el fin de devolverles la vida.

[5]Brhadâranyaka Upanishad, VI.2.16, "Llegan a la Luna y se convierten en alimento. Y los Dioses se alimentan de ellos".

[6]La Sabiduría Antigua, 2ª ed. de Adyar, cap. IV, p. 135.

[7]Id., p. 162.

[8]Desearía que los idiomas modernos tuvieran el equivalente de la palabra griega anthropos, que es inclusiva y apunta tanto a hombres como a mujeres. El llamado “lenguaje inclusivo”, tan generalizado hoy en el español americano, y hasta ahora tan defectuoso, es al menos un intento bien intencionado de borrar la prevalencia ancestral del lenguaje masculino. Como estudiantes de ocultismo, debemos saber que es nuestro pensamiento el que primero debemos apuntar a cambiar. Siendo el lenguaje un producto subconsciente del colectivo, no es tan fácil imponer cambios conscientes en él.

[9]Yogasutras, II.20; IV.23.

[10]Virgilio, Eneida, VI. 574, "Cernis, custodia qualisvestibulosedeat? Facies quaeliminaservet?" (     (¿Ve qué portero se sienta en el vestíbulo? ¿Qué rostro mira en el umbral?).

[11]Fragmento 54: Hipólito, Refutatio omnium haeresium, IX.5. (Una refutación de todas las herejías)

[12]Fragmento 22, citado por Clemente en Stromata IV: 4, 2.

 

 

 

 

Anterior
Página 7
Siguiente