Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 05 - Febrero 2020  (en Castellano)

 
Anterior
Página 5
Siguiente

La relevancia de nuestro trabajo

TIM BOYD

 

            EL tema de esta 144º Convención es “Nutrir la semilla”. Aunque ya hemos escuchado muchas reflexiones en profundidad, sin recargar el tema, quisiera agregar algunos pensamientos más.

 

            La analogía de la semilla requiere alguna definición: una semilla es una vida embrionaria encerrada en una cáscara protectora. Nuestro interés no es hortícola, sino relacionado con el alma, la vida oculta dentro del confinamiento del caparazón de la personalidad humana. La eventual expresión de esa vida depende de la disolución de la cáscara, del modo adecuado en el momento adecuado. Pero ¿cómo sabemos cuál es ese modo y ese momento?

           

            En A los pies del Maestro, el joven J. Krishnamurti hace una afirmación radical: “En todo el mundo solo hay dos tipos de personas, las que conocen y las que no conocen, y este conocimiento es. . . " lo que importa. El conocimiento específico al que se refería era la evolución, en el sentido del desarrollo de la conciencia y las capacidades que la acompañan.

 

            Ya sea que estemos considerando el alma humana o la semilla de una planta, el conocimiento especializado involucrado en el cultivo de una semilla es del dominio del jardinero, esa persona que ha adquirido conocimientos a lo largo de la observación, el estudio y la práctica. Desde la experiencia, un buen jardinero conoce el potencial de crecimiento de la semilla y las condiciones necesarias para que prospere: la calidad del suelo, la humedad, el sol y la sombra, y los ciclos estacionales. En esencia, es una conciencia basada en la experiencia de la interdependencia de las cosas.

 

            Los mejores jardineros saben algo más: el poder de la conciencia humana en potenciar el crecimiento. Mejorar la vida produce efectos sobre los seres vivos, donde el amor, la bondad, y la intención son una parte activa de su conciencia. Ejemplos significativos de esto abundan. En su libro, “Mensajes ocultos del Agua”, Masaru Emoto documentó su investigación sobre el efecto de la conciencia humana en la estructura molecular del agua. Sus experimentos con cristales de agua consistieron en exponer el agua, vertida en vasos, a diferentes palabras, imágenes o música, y luego congelarla y examinar las propiedades estéticas de los cristales resultantes, con fotografía microscópica. En sus experimentos, el agua expuesta al habla y a los pensamientos positivos, resultaron en cristales visualmente armoniosos que se formaban cuando el agua era congelada. La intención negativa produjo formaciones de cristales fragmentados.

 

            Cuando mi hija estaba en la escuela primaria su maestra le asignó, en la clase de ciencia, un proyecto a su elección. Ella decidió intentar el conocido experimento donde se plantan tres juegos de semillas. Un grupo de semillas se expone a conversaciones amorosas a intervalos durante el día; otro grupo recibe discurso negativo durante los mismos intervalos; al tercero no se le habla en absoluto. En todo lo demás se respeta la luz, el suelo y la humedad, que son los mismos para los tres grupos. El resultado fue que al final del período de crecimiento, las semillas que recibieron la atención positiva mostraron una mensurable diferencia en el tamaño de los brotes.

 

            Dentro de la comunidad científico-académica, tanto la investigación de Emoto como el experimento de semillas de mi hija, son relegados al estado de “pseudo-ciencia”. Este es un término normalmente utilizado para etiquetar creencias, teorías o prácticas consideradas científicas, pero sin ninguna base científica. La lista de campos pseudo-científicos es larga, tales como Astrología, Feng Shui, los campos morfogenéticos de Sheldrake, Acupuntura (hasta que sus efectos sean científicamente demostrados), Percepción Extrasensorial, Hipnosis, Psicoanálisis, etc. A pesar del sesgo, contra la demostración científica de la conciencia, como algo complicado en el mundo natural, hay muchos estudios estadísticos que muestran los efectos de la conciencia que satisfacen al método estándar de la ciencia.

 

            Se han realizado varios estudios notables, demostrando la curación por el poder del amor. Debido a que la conciencia en sí misma todavía no es mensurable y, desde una perspectiva científica, sólo se revela por sus efectos, los estudios midieron efectos estadísticos. Al usar parejas casadas, relacionadas positivamente, como grupo de prueba, fueron grabados varios efectos demostrables. Entre ellos se encuentran: las personas que se relacionan amorosamente tienden a tener menos ataques cardíacos y accidentes cerebro-vasculares; viven más tiempo, tienen mayores tasas de supervivencia en las principales cirugías y cáncer; están menos deprimidas; sus heridas se curan más rápido; pensando en un ser querido les baja la presión arterial, etc. El verdadero jardinero/practicante espiritual tiene un conocimiento innato de estas cosas.

 

            Hay un conocimiento significativo que el jardinero carece. Él no tiene conocimiento de la fuerza vital dentro de la semilla. Más allá del hecho de que existe, y que se revela a sí misma y crece cuando se dan las condiciones adecuadas, permanece siendo un misterio. Su experiencia es que la aplicación de su conocimiento menor conduce a la expresión de una vida mayor.

 

            Como practicantes espirituales, también podemos decir que no sabemos nada del Espíritu. El reino de lo que podemos saber se limita al espectro de la mente, que toca al Espíritu en su punto más alto y a la Materia en su punto más bajo. Lo que podemos decir sobre el Espíritu se limita a lo que sabemos de su "Reflejo" en el campo del alcance de la parte superior de la mente, la "Mente Superior". Del mismo modo, no sabemos nada de la materia. En la comprensión actual de la ciencia, la totalidad de la materia conocida y estudiada que comprende el universo, asciende a aproximadamente el 5% de la cantidad de materia necesaria para que el universo se expanda al ritmo que lo hace. El otro 95% se ha denominado "materia oscura", que no absorbe ni refleja o emite luz. No puede ser detectada, excepto por su efecto sobre los objetos dentro del universo conocido.

 

            La mente podría describirse como el "Campo" dentro del cual la semilla del alma está plantada. Es el "lugar" donde se lleva a cabo todo el trabajo de la práctica espiritual. La naturaleza de ese trabajo se ha descrito de diversas maneras: "Conócete a ti mismo" fue la inscripción tallada en la piedra sobre el templo del oráculo de Delfos. La enseñanza de Buda dijo: "Sé una luz para ti mismo". H. P. Blavatsky (HPB) dijo que debemos "paralizar" la personalidad. El gran poeta inglés, William Blake, dio una excelente indicación de la naturaleza de nuestro trabajo: “Si se limpiaran las puertas de la percepción, todo le parecería al hombre como es, Infinito ".          

 

            Esta limpieza de las puertas de la percepción, es el trabajo que hacemos como individuos, y comienza con una realización. En palabras de HPB, "La primera necesidad para obtener el auto-conocimiento es volverse profundamente conscientes de la ignorancia; sentir con cada fibra del corazón que uno es auto-engañado constantemente". Formamos ideas fijas sobre la naturaleza de la realidad basada en la información más parcial. Todos nuestros órganos/puertas de percepción se limitan a una banda extremadamente estrecha de lo electromagnético, y también de los espectros de sonido, gusto, olfato y sensación. Necesitamos reconocer que los informes de todas nuestras avenidas de percepción están incompletos.

 

            El camino hacia una comprensión más profunda comienza con la observación del camino que percibimos y cómo reaccionamos en el mundo. Nosotros observamos el cuerpo y sus hábitos. Los movimientos nerviosos que hacemos cuando nos sentamos o al estar de pie, las posturas que adoptamos, los alimentos y entornos que buscamos, la manera en la que la respiración fluye hacia adentro y hacia afuera del cuerpo. Comenzamos a tomar conciencia de todos nuestros procesos corporales normales, no con un sentido de juicio, sino simplemente llevándolos al nivel de la conciencia. Probablemente encontremos que muchos de nuestros hábitos normales no contribuyen a un sentido de bienestar, sino que fragmentan nuestra energía. Del mismo modo, observamos nuestras emociones. Aprendemos a distinguir entre estados corporales y corrientes emocionales que influyen en el cuerpo. Observamos físicamente el efecto estimulante de la ira, el efecto pasivo de la tristeza, el edificante y energizante efecto de la felicidad. De este proceso de observación obtenemos un sentido de las emociones que contribuyen a nuestro bienestar.

 

            El nivel más importante de observación es con nuestros pensamientos, nuestra corriente mental. En la primera carta escrita por uno de los Mahatmas a A. O. Hume, se compartió un profundo hecho sobre los efectos internos de los pensamientos: "Cada pensamiento del hombre evoluciona y pasa al mundo interior y se convierte en una entidad activa. . . Sobrevive como una inteligencia activa, una criatura engendrada por la mente. . . Por tanto, un buen pensamiento se perpetúa como un poder benéfico activo, uno maligno como un maléfico demonio." El flujo de pensamientos generado inconscientemente por cada persona "reacciona sobre cualquier organización sensible o nerviosa que entre en contacto con él". Es en este nivel mental que tenemos nuestra  mayor capacidad para ayudar o dañar.

 

            Un compromiso sincero en este proceso de observación revela ciertos déficits y oportunidades, limitaciones y también poderes latentes dentro de nosotros. Nuestra principal revelación debe ser, tener constantemente la capacidad de evolucionar y transmitir conscientemente pensamientos. El simple acto de "ver" claramente esta verdad, resuelve innumerables dificultades e incertidumbres. Este nivel de conciencia conduce a una condición de respuesta sin esfuerzo. Cuando uno ve que el camino por delante es intransitable y que una ruta alternativa está abierta, es fácil girar e ir en una dirección diferente. Todas nuestras acciones corporales, emocionales y mentales están sujetas al mismo principio de orden.

 

            Con la claridad de la visión, llega un profundo potencial previamente oculto. En este proceso de visión se disuelve el caparazón que encierra la vida embrionaria del alma. La Vida, Luz y Amor Ocultos, que son la naturaleza del alma, por primera vez, llegan a ser completamente accesibles. Incluso la disolución parcial del caparazón de la personalidad da como resultado destellos de perspicacia, determinación y estabilidad. Desde esta perspectiva iluminada se aplican las palabras de San Agustín: “Ama, y haz lo que quieras. . . Deja que la raíz del amor esté en ti: nada puede surgir, sólo lo bueno". El desafío es ese amor no adulterado por la necesidad y los deseos personales, y sólo resulta de una conexión abierta con el alma. Una persona que encuentra la influencia del alma que crece dentro, se convierte en una fuerza benéfica en el mundo.

 

            Al considerar la relevancia de todo esto, la pregunta es: ¿relevante para qué, o para quién? Una cosa está clara: en términos de diálogo o cultura popular, la línea de pensamiento que consideramos precedentemente, rara vez llega. Hay alguna alusión ocasional velada en el cine, la música o la literatura, pero en una consideración directa son reclamados por los diversos enfoques religiosos, cuyas teologías separativas tienden a ser más divisivos que unificadores. A pesar de los ejemplos históricos de las grandes y ocasionales almas que han influido en el cambio social, como Mahatma Gandhi, Martín Luther King, Abraham Lincoln, Nelson Mandela y sus colaboradores menos conocidos, en el ámbito de la política, economía, ingeniería social, negocios, entretenimiento, reportes de noticias, agricultura, etc., el papel del alma despierta, no sólo es ignorado sino que está ausente de la conciencia.

 

            Entonces, ¿cuál es la posible relevancia de una obra que ni siquiera sube al nivel de conciencia en aquellos a quienes está destinada? ¿Está el Movimiento Teosófico y los numerosos esfuerzos aliados que engendró, destinado a ser para beneficio de unos pocos individuos? La ST fue fundada para “formar un núcleo de la Fraternidad Universal de la Humanidad”. Aunque se requieren individuos despiertos, el trabajo siempre se ha centrado en la potencia de un esfuerzo grupal. En palabras de HPB, "Aunque solo una minoría de nuestros miembros tienen inclinaciones místicas, sin embargo,. . . la clave para todos nuestros aciertos. . . está en reconocer la realidad del Yo Superior: incoloro, cosmopolita, no sectario, asexuado, no mundano, altruista, y la realización de nuestro trabajo sobre esta base". En el nivel individual proporcionamos condiciones para que el Yo Superior/alma se imprima en nuestro mundo. A nivel del "núcleo" sembramos la atmósfera de pensamiento con el resplandor de formas de nuevas potencialidades, posibilidades aún no realizadas para una unidad basada en la indivisibilidad inherente de la Humanidad. Estos pensamientos, ejemplificados en unos pocos, deben reaccionar finalmente sobre el conjunto.

 

 

Anterior
Página 5
Siguiente