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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 04 -  Enero 2020  (en Castellano)
 

 
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¿Cómo voy a vivir?

 

RAMI SHAPIRO

Eminente autor, maestro y orador sobre temas del judaísmo liberal y espiritual contemporáneo.

Éste es el quinto Ensayo de una serie de seis, adaptados de su próximo libro

La Sabiduría Perenne para los espiritualmente independientes.

 

Tu respuesta a nuestra quinta pregunta, “¿Cómo voy a vivir?”, depende de tu respuesta a nuestra pregunta anterior. “¿Dónde voy a ir?” (cuando muera). Si crees que el Cielo es una opción para ti, asumiendo que seas una persona racional, elegirás vivir de una manera que ganarás tu entrada a él, cuando mueras. Si crees que la entrada al Cielo es cuestión de comportamiento, buscarás vivir tu vida de acuerdo con lo que sea que creas que es el mejor sistema de comportamiento ético y ritual, que te haga ganar un lugar en él. Si crees que la entrada al Cielo, cuando mueras,  está determinada por la celebración de un cierto conjunto de creencias, buscarás esas creencias, tan pronto como decidas cuál puede ser ese conjunto.

De manera similar, si crees en la reencarnación, actuarás de la mejor manera para crear el renacimiento más favorable que puedas imaginar. Estos comportamientos, como aquellos con los que obtendrás tu entrada al Cielo, los determinarás tú según el sistema de creencias que encuentres más convincente. Si, por otro lado, no crees ni en el Cielo ni en la reencarnación, depende de ti. Después de todo, si no hay premio que ganar, no hay manera de ganarlo. Tristemente, yo caigo en este campo.

Digo “tristemente”, porque pienso que me reconfortaría tener el conocimiento de que hay una serie de creencias y comportamientos que podría adoptar, que me asegurarían el codiciado premio. Después de todo, no soy inmune al señuelo de la recompensa. Es solo que, tan tentador como suena, la noción de que hay un "yo" que sobrevive a la muerte, me suena falso. Pero incluso si no fuera así, no tengo la más vaga idea de cómo determinar con qué sistema de comportamiento o creencia ganaría yo el premio.

“Hacer el bien en este mundo, no es una cosa mala”, me dijo un pastor, “simplemente no es suficiente para llevarte al Cielo. El infierno está lleno de gente buena que no pudo aceptar a Jesús como su Señor y Salvador. Esa es la verdad, y Él es la clave”.

Incluso si aceptara su teología, le contesté, ¿cómo sé que su versión del cristianismo es la correcta? ¿Hay católicos en el Cielo? “No”, dijo. ¿Qué me dice de cristianos ortodoxos o mormones? “No,” dijo nuevamente. Bueno, ¿qué pasa con los Testigos de Jehovah, los Adventistas del Séptimo Día, la Iglesia Unida de Cristo o Metodistas? ¿Algunos de ellos están en el Cielo? “No. El Cielo es para los Bautistas, y ni siquiera todos los bautistas, solo la rama de Bautistas de este pastor.” Debe ser agradable estar tan seguro de las cosas.

Yo carezco de tal certeza. No, eso no es justo. El hecho de que rechace el Cristianismo Ortodoxo, Islamismo, Judaísmo, Budismo, Hinduismo y el resto, sugiere que estoy seguro de que ninguna de estas formas de creencias y comportamientos, es verdadera. Piense en eso por un momento. Estamos hablando de miles de millones de mujeres y hombres reflexivos, que creen algo que yo categóricamente declaro falso. ¿Cómo es eso de la certeza? Por no hablar de la arrogancia. Pero, ¿cual es mi alternativa? No puedo decir que son todos correctos, ya que no están de acuerdo en mucho. Y no tengo forma de determinar cuál de entre ellos tiene razón, si es que alguno la tiene. ¿Entonces qué hago?           

Un amigo mío, que comparte mi dilema, lo resuelve de esta manera: "Creo que Dios es de mente abierta". Pero, ¿por qué creer esto? Ciertamente, el Dios de Abraham no es de mente abierta. Él no ordenó la destrucción genocida de los pre-israelitas, residentes en la Tierra Prometida, porque fueran gente mala, sino porque ellos estaban ubicados de manera inconveniente. Si los hititas hubieran vivido en otro lugar, podríamos tener comunidades hititas en el mundo de hoy.

El Padre de Jesús no tiene la mente abierta. Después de todo, es Él quien concibió la idea de la  condenación eterna para las personas que consideró que no creían como Él lo deseaba. Y Allah, a pesar de ser Todo Compasión, no tiene la mente abierta, porque, también Él, está dispuesto a torturar a los infieles por toda la eternidad. Entonces, si bien creer que Dios es de mente abierta, puede consolar a mi amigo, y con esto quiere decir que acoge a personas de diferentes creencias, o incluso a aquellas sin creencia alguna, no hay evidencia de que esto sea así; y aún creyendo que sea así, te pone en desacuerdo con millones de personas temerosas de Dios, y que le temen, precisamente, porque no es de mente abierta. Entonces, si no puedo recurrir a la religión en busca de ayuda para determinar cómo vivir, ¿dónde puedo hacerlo? Hay muchas respuestas a esto, pero aquí está la mía: me dirijo a la Sabiduría Perenne. Recuerde, la sabiduría perenne es perenne, porque aparece una y otra vez, en cada civilización. Los místicos de cualquier fe revelan esta sabiduría a menudo, y cuando exploro sus Enseñanzas, encuentro que están diciendo casi lo mismo. Y esa misma cosa, es esencialmente, la Regla de Oro:

No juzguéis, para que no seáis juzgados”. (Cristianismo, Mateo 7: 1);

“No le hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti mismo”. (Confucianismo, Confucio, Analectas 15:23);

“No hagas nada a los demás que tú mismo encontrarías hiriente”. (Budismo, Buda, Udânavarga 5.1);

“Esta es la suma del deber: no hagas a los demás lo que si te hicieran a ti te causaría sufrimiento”.(Hinduismo, Mahabharata 5.1517).

“Trata a todas las criaturas del mundo como tú quisieras ser tratado”. (Jainismo, Mahavira, Sutrakritanga 1.11.33).

“Ninguno de ustedes es creyente hasta que lo que deseen para otros sea lo que desean para Uds. mismos”. (Islam, Mahoma, Hadith).

“Lo que es odioso para ti, no lo hagas a otro. Esa es toda la Enseñanza; todo el resto es comentario”. (Judaísmo, Hillel, Talmud, Shabat 31a).

“Considere la ganancia de su vecino como su ganancia, y la pérdida de su vecino como su pérdida”. (Taoísmo, Tai-Shang Kan-Yin P'ien).

“No hagas a los demás lo que sea perjudicial para ti mismo”. (Zoroastrismo, Shayast-naShayast 13.29)

“No pongas en ninguna alma, una carga que no desearías que te impongan, y no desees para nadie las cosas que no deseas para ti mismo”. (Bahá’í, Bahá’u’lláh, Espigar).

Entonces, este es nuestro punto de partida. Actualmente estoy trabajando en un libro sobre la Regla de Oro, y en ese libro exploraré las diferencias, algunas sutiles, otras no, entre diferentes expresiones de esta, pero en este ensayo es suficiente decir que esta Regla es una base sólida para vivir.

"Pero no te llevará al Cielo", un día dijo un amigo mío durante el almuerzo, mientras compartía con él mis pensamientos sobre la Regla. "Toda la Regla de Oro tiene que ver con el comportamiento, pero tú no puedes ganar tu camino al Cielo. Es una cuestión de Gracia".

No exactamente, dije. ¿Aceptaría Dios, a un no creyente, en el Cielo? Por supuesto que no. De modo que la gracia de Dios depende de que uno elija creer de cierta manera y elegir creer es un acto, entonces la gracia depende de la acción y por lo tanto se la puede ganar.

Esto no salió bien, y no te cargaré con la furia de un creyente despreciado, pero enfatiza un punto importante: la Regla de Oro no tiene nada que ver con el cielo, el infierno o la reencarnación. Es sobre cómo vivir aquí, como si hacerlo realmente importara. Lo que es así.

“Si no está bien, no lo haga. Si no es cierto, no lo diga”.

Marco Aurelio, Meditaciones

 

¿Hay mejor consejo que éste? Por supuesto, tendrás que determinar por ti mismo lo que es correcto y lo que es verdad, ese es el desafío de la Sabiduría Perenne: es una brújula, en lugar de un mapa.

Un mapa muestra el camino que debes seguir para llegar al destino que buscas. Una brújula solo dice en qué dirección caminar, y no cómo ni donde colocar tus pies. Un mapa elimina la necesidad de decidir. Una vez que decides seguir un mapa en lugar de otro, ya no hay otra decisión que tomar. Pero con una brújula, cada paso debe ser meditado. Las meditaciones de Marco Aurelio son una maravillosa "brújula" para vivir bien:

Nunca valores nada como rentable para ti mismo, lo que te obligará a romper tu promesa, perder el respeto por ti mismo, odiar a cualquier persona, sospechar, maldecir, actuar como hipócrita, desear cualquier cosa que necesita paredes y cortinas: porque la persona que ha preferido por sobre todo lo demás su propia inteligencia y espíritu, y la adoración de su excelencia, no actúa en ningún papel trágico, no se queja, no necesitará ni soledad ni mucha compañía; y, lo más importante de todo, vivirá sin buscar la muerte ni huir de ella. (Marco Aurelio, Meditaciones).

El Libro de Eclesiastés ofrece otro:

Entonces concluí que no hay nada mejor para ti que encontrar alegría en lo que eres dado para hacer, porque esa es tu suerte. Y nadie puede ver lo que depara el futuro. (Eclesiastés 3:22).

El mensaje aquí es que el futuro es desconocido. No puedo probar o refutar el Cielo o el infierno, como tampoco probar o refutar la reencarnación, ni el reciclaje interminable de olas en el océano infinito de la Realidad Absoluta. Y porque no puedo, no tiene sentido preocuparse por ellos. Lo que importa es lo que puedo probar, y es por esto que estoy aquí en este momento, y porque estoy aquí, tengo que actuar, y porque tengo que actuar, corresponde actuar de tal manera que sea beneficioso tanto para mí como para los demás, aunque esta sea la única posición que una persona ilustrada e interesada pueda sostener.

Pero Eclesiastés va más allá de la mera resignación. Hay alegría en esta vida, y viene de hacer.

Entonces, ¿qué vale la pena? Simplemente comer y beber, encontrar placer en tus tareas diarias. (Eclesiastés 5:17)

¿Parece esto una existencia solitaria para ti? Lo es para mí y para Eclesiastés también. Solo le agrega amistad a su atención a la comida, a la bebida y al trabajo significativo:

Trabajar con un compañero, es mejor que hacerlo solo, y juntos ganan una recompensa mayor. Y si te caes, tu amigo puede levantarte. ¡Que triste es caer solo, sin nadie que te levante! Y en la noche, en la cama, podéis calentaros unos a otros, porque ¿cómo puede encontrar calor el que duerme solo? Y cuando está solo, puede ser atacado; dos pueden resistir a un atacante, y un cordón de tres capas no se corta fácilmente. (Eclesiastés 4: 9-12).

Eclesiastés no es el único que se preocupa por la amistad:

Sin un amigo, nada en el mundo parece amigable. La amistad no debe estar regida por límites estrechos, porque abarca a todos a quienes debemos cariño y amor,  aunque se inclina más hacia algunos y es más vacilante hacia otros. Sin embargo, se extiende incluso a los enemigos por quienes también se nos ordena orar. Por tanto, no hay nadie en la raza humana a la que no le debamos amor, aunque no surja de amor mutuo, al menos es porque compartimos una naturaleza común. (San Agustín, Carta 130.2.4; 6.13)

Una persona sin un alma amiga es como un cuerpo sin cabeza.

(Santa Brígida de Kildare)

 

Entonces, ¿cómo viviremos? Si usted está viviendo con la esperanza de una recompensa, descubra cómo hacer para ganarla y perseguirla con todas tus fuerzas. Si no está interesado en las recompensas y prefiere, en cambio, hacer de este momento uno de justicia, compasión y paz, recurra entonces a las enseñanzas de la brújula de la Sabiduría Perenne.

 

 

 

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