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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 02 -  Noviembre 2019  (en Castellano)
 

 
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Teosofía y una Vida que vale la pena Vivir

ELTON A. HALL

El profesor Elton A. Hall es un asociado de la Logia Unida de Teósofos de Ithaca, Nueva York.

Conferencia dada en las Conferencias Internacionales de Teosofía en Berlín, Alemania, en agosto de 2018.

Véase: <https://www.theosophytrust.org/1109-theosophy-and-a-life-worth-living>.

 

Es hora de que la Teosofía entre en escena.

                                              - El Gran Maestro (MahaChohan)

 

 ¿Qué es una vida que vale la pena vivir? Este es el gran desafío para cada ser humano en la actualidad y es directamente relevante para nuestros tres temas candentes: (1) intolerancia religiosa, (2) problemas del final de la vida y (3) depresión. La intolerancia religiosa, que se manifiesta en un espectro que va desde el rechazo y la denigración de aquellos cuyas convicciones y acciones religiosas varían de las propias hasta la violencia abierta, la eliminación de otros e incluso su destrucción, está muy presente en nuestro complejo y caótico mundo. Aquellos de inclinación secular que rechazan todas las religiones aún pueden caer fácilmente en este espectro.

La creencia de Sigmund Freud de que la religión es una ilusión, una condición neurótica que debe ser desterrada en un individuo maduro y sano, es simplemente incorrecta. "No hay religión más elevada que la Verdad", no ataca a las religiones, pero apunta más allá de ellas a su Fuente, que es la teosofía. La Verdad no se alcanza por un enfoque, como el llamado método científico, o con una forma discreta de meditación, o por un enfoque de lo sagrado y divino. La Verdad es espiritual y tiene muchos reflejos, todos parciales y ninguno es un espejo perfecto. Por eso, la distinción entre verdad absoluta y relativa. Para un ser humano en evolución, la verdad absoluta, paramarthasatya, es una meta, no un logro que se ponga en un estante con otros premios. La opinión de que uno tiene la verdad en su forma última es el fundamento de la intolerancia religiosa.

 Los aspectos del final de la vida son fundamentales, porque el karma y la reencarnación nos enseñan que hay un sentido muy real en el que la vida es una preparación para la muerte, como dice Sócrates en el Fedón de Platón. Si bien una vida digna de ser vivida debe prepararnos para la muerte, también debe dar sentido a cada momento de la vida, aunque nos resulte difícil captar el sentido de cada día, mucho menos de cada momento. La depresión, para muchos, surge con la incapacidad de discernir el significado de los eventos, los eventos en sus propias vidas y para algunos, eventos en el mundo en general. Hay mucho en el mundo que invita a la depresión y la desesperación, por lo que, en última instancia, las personas deben confiar en su fuerza interior cuando se enfrentan al mundo.

Pero la pregunta "¿Qué es una vida que vale la pena vivir?" es difícilmente nueva. Ha sido el gran desafío para los individuos desde los albores del pensamiento. Así que encontramos esta pregunta en Pitágoras, Sócrates y Platón, en los Estoicos y Epicúreos Helenísticos, pero incluso antes en los Upanishads, escuelas Hindúes y textos Budistas. Y lo encontramos en las primeras enseñanzas Taoístas, en el pensamiento Confuciano y en la historia Judía y Cristiana. Uno puede recordar fácilmente a Boecio, Nicolás de Cusa, el Maestro Eckhart y Jacob Boehme, entre muchos otros. Está presente en el misticismo Sufí Persa de Suhrawardi y el filósofo andaluz Muhyiddin ibn al'Arabi, y en el propio Corán. Pero las condiciones cambian, y en la evolución humana la pregunta es siempre nueva. Los desafíos de la vida actual en un mundo cada vez más fracturado y globalizado no hacen más que añadir intensidad a la interrogante: ¿Qué es una vida que vale la pena vivir?

 Nos ayudará enfocar estos temas cruciales desde una perspectiva que comience con los universales y pase a los particulares. En el 2017, las Conferencias Teosóficas Internacionales (CTI) se reunieron en Filadelfia. El interés se centró en las formas prácticas de fomentar un núcleo de fraternidad universal, el primer Objetivo de todas las organizaciones teosóficas. Entre las muchas ideas y sugerencias valiosas y útiles que surgieron de las presentaciones y los grupos de trabajo, dos son especialmente relevantes para esta conferencia (ITC, 2018, en Berlín). La primera se centró en cómo hacer Teosofía práctica y fácil de compartir, especialmente con aquellos sin un conocimiento en las Enseñanzas. La segunda lidió con los significados fundamentales de la Vida Una. Ambas preocupaciones son relevantes para los tres temas de esta conferencia.

 La Vida Una es el fundamento para la creación de un núcleo de fraternidad universal, pero sustenta a toda la humanidad en evolución, no importando cuan pocos la reconozcan o la acepten. Estos hechos tienen dos implicaciones directas e inmediatas. Primero, el núcleo existe no solo para sí mismo sino para llegar a toda la humanidad. Es parte integral del Ideal del Bodhisattva y, por tanto, del trabajo de los Maestros en el mundo. El núcleo de la fraternidad universal, en la medida en que realmente existe, refleja ese ideal y ese trabajo. En segundo lugar, este núcleo implica una transformación individual intensa, profunda y continua. Para aquellos de nosotros que tenemos la gran suerte de encontrarnos con la Teosofía, los desafíos que enfrentamos invariablemente son oportunidades kármicas para realizar ese núcleo y hacer que la Teosofía sea práctica. En esta conferencia, nos centraremos en nuestros tres “temas candentes”: intolerancia religiosa, problemas relacionados con el final de la vida y depresión, porque el mundo clama por soluciones prácticas.

Como dijo el Gran Maestro (Mahachohan): "La religión y la filosofía verdaderas ofrecen la solución a todos los problemas". Nuestra tarea es nutrir esas soluciones, en aquellos a quienes encontramos en este mundo plagado con distracción, caos, confusión y sufrimiento. Todos los problemas tienen su raíz en lo que el Gran Maestro denominó como “los grandes principios duales, correcto e incorrecto, bien y mal, libertad y despotismo, dolor y placer, egoísmo y altruismo”, y nuestros tres temas, los involucran a todos.

 En un nivel superficial, estos tres temas tienen causas fácilmente discernibles (perceptibles, comprensibles). La intolerancia religiosa se produce cuando los individuos creen que saben y otros están simplemente equivocados, y al estar obstinadamente equivocados, merecen ser condenados, incluso eliminados. Pero, ¿por qué un individuo llega a esta convicción? Las razones varían, desde el miedo hasta el engaño, y debemos tener una idea del entorno mental y espiritual que rodea a esa persona para saber cómo abordar la intolerancia.

 La depresión surge de la sensación e incluso de la convicción de que la vida, especialmente la propia vida, carece de sentido y propósito. Incluso el mundo puede verse como sin sentido y sin propósito. Un famosísimo físico, Steven Weinberg dijo una vez: “Cuanto más comprensible parece el universo, más inútil parece”, una visión que difícilmente acerca a la ciencia a la teosofía. Afortunadamente, muchos otros físicos no están de acuerdo. Una vez más, tenemos que discernir la base de la depresión, que puede ser intelectual, pero a menudo surge por la creencia de que uno es víctima de un mundo sin corazón, o que nadie entiende, o que a nadie le importa, o todo esto y más.

 Los problemas del fin de la vida surgen de varias combinaciones de miedo a la muerte, miedo a morir, la creencia de que la muerte es de alguna manera el fin completo de uno mismo y la experiencia, y la negación de la muerte como una parte crucial de la vida. Vivimos en un mundo, especialmente el mundo médicamente sofisticado y tecnológicamente moderno, en el que hay una tendencia a encontrar un medicamento para todo tipo de sufrimiento, incluido el sufrimiento psicológico.

No es de extrañar, entonces, que la perspectiva del envejecimiento con su degradación de facultades y posible dolor también pueda evitarse apresurando la muerte mediante alguna acción artificial. Una visión de la finalidad de la muerte puede llevar a intentos de prolongar la vida pase lo que pase, que es la otra cara de inducirla; la práctica médica puede hacer ambas cosas en muchos casos. Uno detecta aquí, la atracción atávica, arcaica, de la Atlántida.

 Pero, como ya se sugirió, estas explicaciones de nuestros "temas candentes" sólo rozan la superficie de la dinámica del alma detrás de ellos. Las almas humanas tienen historias complejas que tejen un tejido kármico que requiere una gran comprensión incluso para comenzar a comprender. H.P. Blavatsky (HPB), sirvió voluntariamente, a pesar de la enfermedad y la calumnia, bajo la dirección de aquellos Seres Sabios que trabajan incansablemente para beneficiar a la humanidad. Ella fue el canal que trajo la Teosofía en su forma moderna al mundo por el bien de la humanidad. Estos seres misteriosos no interfieren en el karma de los individuos o de cuerpos colectivos como naciones y culturas; más bien nutren la evolución de los seres humanos y, de hecho, de toda la naturaleza de innumerables formas. Pero la Teosofía, tal como la ofrecieron a través de HPB en el último cuarto del siglo XIX, no tiene como objetivo producir ocultistas que adquieran nuevos poderes psíquicos, aunque tales poderes son bastante reales, sino proporcionar la base para la transformación de la humanidad, incluida la autotransformación.

Todos tenemos ya vastos poderes, poderes de expresión, pensamiento, voluntad, intención y acción. Y tal como sabemos muy bien, estos inmensos poderes pueden usarse tanto para el mal como para el bien solamente. Las enseñanzas teosóficas, arraigadas en la doctrina de la Vida Una y las doctrinas gemelas del karma y la reencarnación, tienen como objetivo ayudar a los seres humanos en la transformación que incluye aprovechar estos poderes para el bien de todos. Y sabemos por experiencia que el ego intenta rapazmente expropiar cada pensamiento e intención espiritual para su propio engrandecimiento. Pasar ese ego a un sentido del verdadero Yo de uno, no es fácil o sin mucho esfuerzo continuo.

La Voz del Silencio muestra claramente que el Teósofo llega a un punto en el que debe elegir un sendero, una bifurcación en el camino de la vida: una rama conduce a beneficios solo para uno mismo; el otro por el servicio sin fin a la humanidad, que incluye su propio yo. El Gran Maestro dice que el primer camino es "después de todo, sólo un egoísmo exaltado y glorioso". El segundo sendero es, dice, "la búsqueda abnegada de los mejores medios para llevar por el sendero correcto a nuestro prójimo, para hacer que se beneficien de él tantos de nuestros semejantes como sea posible ...", y es este sendero "el que constituye el verdadero teósofo".

 El verdadero teósofo elige este sendero que está marcado por las siete virtudes enumeradas en La Voz. Solo en la medida en que recorramos ese sendero, que somos nosotros mismos, podremos transformarnos de maneras cada vez más fundamentales. Cada uno de nosotros es ese sendero y, afortunadamente, no tenemos que ser dueños del sendero antes de poder ser de ayuda genuina. Los Maestros insisten en la dirección, no en la perfección.

 Ese sendero tiene implicaciones prácticas para cada uno de nosotros todos los días. De hecho, cada hora y minuto. Entonces sabemos que la vida que vale la pena vivir es una vida de desafíos y oportunidades. Las situaciones en las que nos encontramos varían de un individuo a otro, más bien como huellas dactilares. Las personas que encontramos, el trabajo que hacemos, las relaciones que el karma proporciona y elimina, nuestras propias disposiciones, son dinámicas y cambian de instante en instante. Sin embargo, el desafío de una vida digna de ser vivida sigue siendo constante. Es nuestro destino ser desafiados y tener siempre nuevas oportunidades para servir a la humanidad. En términos de nuestros tres temas  - intolerancia religiosa, problemas del final de la vida y depresión - tenemos la buena fortuna de la guía y los modelos teosóficos que podemos seguir hoy.

 El actual Dalai Lama ha dado varios pasos radicales con respecto a la intolerancia religiosa. Mientras se mantiene firme en las tradiciones Gelugpa del Budismo Tibetano, ha abierto ese sendero espiritual de meditación y estudio a la participación activa en y con el mundo moderno. Es como si el karma trágico del Tíbet estuviera resultando en un nacimiento doloroso, ya que todos los nacimientos son dolorosos, lo que resulta en la difusión de las percepciones espirituales del Tíbet por todo el mundo. Enseña que su tradición religiosa no es la poseedora exclusiva de la verdad y no es el mejor sendero para todos.

 El primer paso para eliminar la intolerancia religiosa es este reconocimiento: todos los buscadores sinceros tienen percepciones; y nada menos que la Iluminación total tiene toda la verdad. El desafío para nosotros como teósofos es recurrir a las verdades de todas las religiones para discernir sus orígenes prístinos en la Sabiduría-Religión. Podemos usar ese entendimiento para involucrar a otros, no en un debate, sino en un diálogo que profundice en la propia religión de cada uno y para mirar más allá de las reflexiones distorsionadas hacia verdades más fundamentales. Observe el criterio que el Dalai Lama le da a la religión: debe llevar al devoto a una acción cada vez más compasiva. Con los individuos que encontramos, como los médicos, debemos conocer algo de sus convicciones y preocupaciones para poder ofrecerles una medicina teosófica eficaz. La medicina será la Teosofía, pero lo que es su composición debe variar con el paciente. 

El autor de viajes y cultura Pico Iyer preguntó una vez al Dalai Lama cómo se pueden cambiar los corazones y las mentes de los dedicados comunistas chinos que oprimen al Tíbet. El Dalai Lama respondió: "A través de un comunista chino a la vez". Lo que hacemos en cada encuentro con otro importa en el momento, y también para el futuro de la humanidad.

 El sufrimiento personal no es la condición necesaria y suficiente para la depresión. Esto ha sido demostrado repetidamente por los sobrevivientes de tragedias que prosperan incluso después de pasar por horrores que la mayoría de nosotros no conocemos. La depresión tiene sus raíces en la convicción  de que la vida de uno es de alguna manera sin sentido, inútil, sin propósito, y que la vida en general e incluso el universo son igualmente sin sentido e inútil. Aquí el maestro teosófico Raghavan Iyer ofrece un modelo para superar la depresión en uno mismo y en otros que desesperan. Él insta gentil pero firmemente a uno a hacer un balance de sí mismo tan desapasionadamente como sea posible, meditando en el hecho de que somos seres que asignan la realidad, lo que significa tanto discernir el valor en el karma como todo lo que trae y reconocer que le damos valor o retenemos el valor de cosas, eventos y acciones. Comprender nuestros motivos y las consecuencias de nuestro pensamiento y acción nos permite corregir lo que se puede mejorar. También conduce naturalmente a la simpatía y la compasión por las luchas de los demás y a reemplazar el juicio crítico con ayuda que no interfiera. En la medida en que rectifiquemos en nosotros mismos nuestra orientación hacia la teosofía, rectificamos nuestra orientación con respecto a los demás.

 Raghavan Iyer llamó la atención sobre el Dr. Víctor Frankl como un ejemplo de alguien que reconoce la centralidad del entorno moral y psicológico en el que la gente vive y lucha hoy. Como teósofos, deberíamos estar en posición de reconocer, en las palabras de Krishna en el Bhagavad Gita, lo divino en cada ser humano. Al hablar con el Krishna interior, apelamos a lo mejor en otro ser. Dadas las inescrutables matemáticas del karma, es probable que no conozcamos los resultados de tales encuentros, pero es posible que hayamos abierto una perspectiva sobre el significado y el propósito que puede manifestarse en algún momento en el futuro de ese ser, tal vez incluso en una vida futura. Así como no debemos sobreestimar lo que podemos hacer por otro ser humano, tampoco debemos subestimarlo. En términos de Frankl, esto es idealismo que más tarde es realismo.

 Sócrates y Platón ofrecen una perspectiva amplia de los problemas relacionados con el final de la vida. Sócrates sostenía, como la Teosofía, que toda vida es una preparación para la muerte, y Platón mostró en “El Mito de Er” no solo por qué esto es así, sino también por qué tal preparación es al mismo tiempo una preparación para la próxima vida. La historia que cuenta Er al final de la República de Platón es un mito, y Platón advierte que no debemos tomarlo literalmente.

Sin embargo, una lectura atenta del Mito de Er es bastante esclarecedora. Aquellos que vivieron la vida sin un enfoque en el alma - lo que llamaríamos el Yo Superior - están confundidos después de la muerte y vagan perdidos y sin rumbo. Aquellos que tenían ese enfoque pasan directamente a los procesos que conducen a la próxima vida. Los buenos son recompensados ​​con una agradable vida después de mucho tiempo; podríamos pensar en Devachan. Aquellos que eran malos sufren en proporción a sus actos; podríamos pensar en la desintegración del kamarupa. Lo más importante es que después de este período, las almas individuales eligen la próxima vida.

 Hay tres puntos importantes que vale la pena considerar en el mito. Primero, el mito dice que aquellos que fueron tan puros en sus últimas vidas que no se beneficiarían de otra vida en la tierra son llevados a un lugar indeterminado de paz y bienaventuranza sin fin. En segundo lugar, muy pocos han sido tan malvados que ninguna cantidad de sufrimiento por sus actos y ninguna variedad de oportunidades en otra vida les brindaría alguna posibilidad de redención. Estos pocos son llamados y desaparecen del proceso de renacimiento para siempre. Platón llama la atención sobre este trágico grupo como si estuviéramos emitiendo una advertencia terrible. Parece estar refiriéndose a esa aniquilación rara y horrible de la que HPB habla solo con mucho cuidado. Pero él habla de esas almas puras que trascienden el ciclo de los renacimientos en una sola frase en el griego original, como reticente ante tan profundos misterios espirituales. Algunas traducciones del mito lo han pasado por alto por completo, tan sutil es la referencia.

 El tercer punto es que, en el mito, cuando las almas tienen la oportunidad de elegir su próxima vida, Platón observa que lo hacen en reacción a su vida pasada y sus consecuencias. Aquellos que vivieron una buena vida a menudo eligen vidas de poder y drama, sin darse cuenta de los terribles resultados de tales vidas, aunque están claramente descritos. Aquellos que sufrieron las consecuencias de una mala vida eligen vidas tranquilas y retraídas que se esconden del mundo. Solo unos pocos individuos sabios que tienen claridad con respecto a la naturaleza y el propósito de la vida pueden elegir desapasionadamente vidas que realmente importan, vidas que promoverán su crecimiento espiritual y ayudarán a otros.

Al elegir, todas las almas se ven obligadas a cruzar la llanura seca y polvorienta del Leteo, el olvido, y luego beber de las aguas del arroyo Amelete, el olvido, antes de ser llevadas a nuevos nacimientos. Otra vez, los menos sabios beben mucho, tienen mucha sed y no recordarán nada de esto ni de sus vidas pasadas. Los muy sabios sólo tomarán un sorbo o dos, y en la próxima vida estarán abiertos a recordar muchas cosas.

 Platón ha expuesto claramente la gran doctrina del karma, contada como una historia que no debe tomarse literalmente como un hecho, pero que sin embargo está llena de sabiduría teosófica. Uno podría recordar otra historia de vidas como perlas enhebradas en un hilo dorado a este respecto.

 Entonces, una vida que vale la pena vivir incluye entender la muerte como parte de la vida. Saber que el karma es preciso e implica la reencarnación es crucial, pero no es toda la historia.

En la actualidad, nos encontramos en un mundo donde las naciones no pueden ponerse de acuerdo ni siquiera sobre cuál es el momento de la muerte. Algunos lo relacionan con la parada del corazón, otros con el cese de la actividad cerebral medida de una u otra forma. Y, sin embargo, incluso con el cese de la actividad cerebral, a veces el cuerpo puede mantenerse artificialmente durante semanas, incluso meses y años. Incluso se debate el tema del cese de la actividad cerebral: ¿es cuando la corteza frontal deja de emitir señales electroquímicas o cuando el tallo cerebral deja de funcionar? ¿Cuándo es apropiado dejarlo ir? Y la otra cara de la moneda es la opción de la eutanasia, salir antes de que el cuerpo deje de funcionar, a menudo para evitar un dolor insoportable, pero cada vez más porque uno ha renunciado a la vida, al significado y al propósito. Uno piensa en la antigua Roma, donde el suicidio a veces se consideraba una salida apropiada frente al deshonor. También se podría pensar en la Atlantida, con la tecnología para prolongar la vida indefinidamente o acortarla médicamente.    

 Pensando en la vida a la luz de la muerte, el Dr. Atul Gawande de la Universidad de Harvard y cirujano de un hospital prominente en Boston pone los problemas del final de la vida en lo que puede ser una nueva perspectiva para muchas personas. El Dr. Gawande no plantea esas preguntas espirituales más profundas que es probable que nos hagamos, al menos a nosotros mismos, pero muestra que el final de la vida puede tener más sentido que ahora para todos. Señala que lo que  importa es la calidad, no la cantidad, de la vida, y esto es cierto en todos los niveles. Así que hace la pregunta: "¿Por qué continúas con tu vida?" Aquí la Teosofía puede dar respuestas, tanto en la perspectiva más universal como para cualquier individuo en particular. Debemos considerar respuestas relevantes que pueden ser significativas y útiles para diversos pueblos en diversas situaciones.

 Así que nuestros temas son realmente candentes, tanto como problemas de actualidad que generan intensas discusiones en todo el mundo, como desafíos que se aplican a nosotros mismos y a todos los seres humanos. Nos recuerda el trípode en el santuario interior de Delfos, donde el oráculo se sentó y pronunció los misteriosos y ambiguos oráculos de Apolo. Para los teósofos, el trípode es tapas, cuyas tres patas son el estudio de la Teosofía, la meditación y el autoestudio. Una sola pata no será suficiente, y dos no nos permitirán subir al asiento del oráculo, el centro del que proviene la verdadera percepción. Los tres son necesarios.

 Cómo nos involucramos en este triple trabajo depende de nuestro karma, lo que es necesario para cada individuo y las oportunidades que cada uno ha generado en el pasado para el presente. El estudio profundo de la Teosofía requiere el cuestionamiento reflexivo que enseñó el Buda: no aceptar nada como la verdad, ni siquiera las palabras de Buda, sin probarlas en la propia vida. Algunos buscadores afortunados han encontrado la Teosofía, pero ese no es el final de la búsqueda. Más bien, es el comienzo, porque una vez que un buscador ha encontrado, comienza la búsqueda real, porque ahora uno se sumerge en el océano de la Teosofía a profundidades cada vez mayores, sin llegar nunca al fondo porque este océano no tiene fondo. El estudio no es solo dominar doctrinas complejas y sutiles, sino afectar la conciencia, romper la mentalidad de la época, purgar los supuestos culturales y las creencias y prejuicios irreflexivos, para que nos veamos a nosotros mismos y a los demás más claramente dentro de una gran visión, en consonancia con el conjunto de la manifestación.

 Pitágoras enseñó que antes de dormir debemos repasar el día que acabamos de vivir para ver qué hicimos bien, qué errónea o inadecuadamente, y qué podría haberse hecho mejor. Hacerlo requiere coraje, porque el ego, siempre tomando todo para sí mismo si se le permite hacerlo, ve esta actividad como una paliza a uno mismo. Eso puede ser descorazonador, incluso deprimente.

Pero el punto es no denigrarse uno mismo, ni siquiera al ego, que, después de todo, es un instrumento para vivir en el mundo. El punto es comprometerse en este autoestudio de manera desapasionada, a fin de aprender y por el bien del crecimiento bodhisatvico de uno. A medida que nos comprendamos a nosotros mismos en niveles cada vez más profundos, comprenderemos a los demás en esos niveles, y esto fortalece nuestra capacidad de ser de ayuda genuina para todos. Si podemos vislumbrar a Krishna dentro, podemos empezar a vislumbrar a Krishna en el otro, así como lo recomienda el Gitâ.

 Por tanto, necesitamos meditar, si queremos que las enseñanzas teosóficas se vuelvan prácticas. Sin embargo, la Teosofía no enseña un sistema de meditación. ¿Por qué? El maestro teosófico Raghavan Iyer explicó que el meditador “concluirá que, por definición, no podría haber ninguna técnica fija de meditación sobre lo trascendente. La técnica es ... un término mecanicista. Una técnica o habilidad tiene reglas y pueden reproducirse. Por otro lado, lo que es trascendental no se puede reproducir. No se manifiesta y está más allá de todo lo que existe, por lo que no puede haber ninguna técnica para meditar en eso". Cada ser humano es, en última instancia, esta realidad trascendente, por lo que lo que llegamos a conocer en nuestro interior no se puede decir, pero afecta todo lo que hacemos en relación con los demás.

 La sabiduría de los Maestros se vuelve clara. La teosofía se presentó al mundo en su forma más desvelada, aunque sigue habiendo velo sobre velo, para nutrir a aquellos que servirían a los demás, no simplemente para que los individuos pudieran aprender doctrinas y terminologías complejas y sentirse como élites "por encima de la pelea". Podríamos decir que para ser verdaderos teósofos, tenemos que tomarnos a nosotros mismos menos en serio, y más en serio lo que sugiere nuestra cultura actual.

 En la medida en que practiquemos estas enseñanzas en pensamiento, palabra y obra, seremos capaces de hacer lo que Platón demostró en los diálogos socráticos, comprometiéndonos unos con otros como seres espirituales, aprendiendo y enseñando juntos en el diálogo. Podemos hacer esto con cualquier persona con la que nos encontremos que tenga una mente mínimamente abierta y cuestionadora, comenzando por el punto en el que se encuentra espiritual, mental y moralmente. Lo más probable es que no conozcamos los resultados de estos encuentros, pero bajo el karma, podemos esperar que en algún momento en el futuro nuestros encuentros den frutos. Como Krishna aconseja, actuamos y dejamos ir los frutos de la acción.

 Ser capaces de trabajar para transformarnos a nosotros mismos con el fin de ayudar a los demás, y ver a todos los seres como almas con un destino tan vasto como la evolución cósmica, es el desafío subyacente. Al aceptar ese desafío en la vida, incluidos los temas candentes que tenemos ante nosotros, como oportunidades para el servicio bodhisatvico, comenzamos a vivir una vida que de hecho vale la pena vivir. Nuestra luz puede ser pequeña o grande, pero brillará en la oscuridad del samsara y arrojará su iluminación sobre todos.

 Para terminar, no se puede hacer nada mejor que recordar las palabras de HPB:

 

 “Los hombres no pueden ser todos ocultistas, pero todos pueden ser teósofos. Muchos que nunca han oído hablar de la Sociedad son Teósofos sin saberlo ellos mismos, porque la esencia de la Teosofía es la perfecta armonía de lo divino con lo humano en el hombre, el ajuste de sus cualidades y aspiraciones divinas y su dominio sobre lo terrenal o pasiones animales en él. La bondad, la ausencia de todo mal sentimiento o egoísmo, caridad, buena voluntad para con todos los seres y perfecta justicia para con los demás y con el yo mismo, son sus principales características. El que enseña Teosofía predica el evangelio de la buena voluntad; y lo contrario de esto también es cierto: el que predica el evangelio de la buena voluntad enseña Teosofía. "

                                                     Cinco mensajes, (HP Blavatsky), 1888

 

 

 

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