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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 141 - Número 01 -  Octubre 2019  (en Castellano)

 
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La esencia de Annie Besant

Tim Boyd

 

Hoy, primero de Octubre, se cumplen 171 años del nacimiento de Annie Besant, y es significativo que el recuerdo de una persona se mantenga en la forma en que lo hace el de Annie Besant. La mayoría de nosotros tratamos de vivir una vida correcta, tratarnos bien mutuamente, y dejar en este mundo la mejor huella de la que seamos capaces. Pero para la gran mayoría, una vez que nuestros hijos y nietos se han ido, nuestro nombre se desvanece. El trabajo que hayamos hecho aquí en la tierra, aunque haya tenido su impacto, queda prácticamente olvidado. Es característico de los grandes seres que la huella de su vida supere ampliamente la época que vivieron entre nosotros. Tal es el caso de Annie Besant. Aunque sepamos que su impacto llegó muy lejos, como hoy estamos hablando en la India, tendemos a centrarnos en el gran beneficio que significó para esta nación. De hecho, es incuestionable que ella hizo posible que hoy exista la India como nación, pero su periodo en la India comenzó en la segunda mitad de su vida. La persona que conocemos como la gran Annie Besant comenzó siendo la ”pequeña Annie”, nacida en Inglaterra de padres irlandeses. Uno de los factores que contribuyó a su grandeza fue que tuvo la oportunidad de experimentar la vida desde el fondo hasta la cúspide. No disfrutó por nacimiento de la ventaja de la fortuna o del poder. Su grandeza es el resultado de la forma en que supo hacer frente y transcender muchas pérdidas a lo largo de su vida. La conocemos como defensora de muchas causas. En su funeral, celebrado en Adyar, cuando murió en 1933, George Arundale, que la sucedió como Presidente de la Sociedad Teosófica, tuvo la oportunidad de hacer su homenaje póstumo. Había colaborado muy estrechamente con ella durante los últimos treinta años, siendo, incluso, retenido con ella en una casa en la montaña, cuando la detuvieron por su actividad a favor de la independencia de la India. En su elegía insistió en el hecho de haber tenido una naturaleza “guerrera”. Fue, sin duda, una persona luchadora, pero, ¿por qué causa luchó? Desde la perspectiva histórica, particularmente la de la prensa india, luchó por una nación india independiente. Era una organizadora nata. En Inglaterra organizaba huelgas a favor de la protección de los niños, frente a su explotación en el trabajo, y por la libertad de expresión, para poder publicar libros que abrieran la mente de la gente, y que otros trataban de censurar. Luchó y sufrió por esos derechos, pero también consiguió que se aplicaran a todos. En la India la consideramos una luchadora por una nueva nación. Pero, ¿cómo organizó esa lucha? ¿Cómo condujo la batalla? ¿Cómo la ganó? Tenemos suerte con el programa de hoy, porque algunos de los logros de su visión están incluidos en este programa en honor a su vida. Un elemento fundamental de su visión era que las mujeres de la India necesitaban hacerse oír. Que la condición de la mujer en la India debía ser no sólo abordada, sino escuchada de sus propias voces y resuelta mediante su participación. Así que cuando no sucedía así, ¿qué hacía? Junto con otras prominentes mujeres indias formó la Asociación India de Mujeres (Women’s  Indian  Association-WIA) para promover el empoderamiento de las mujeres. Hoy, una de nuestras oradoras va a ser la actual  Presidente de la WIA, constituida hace 101, y aún viva y fuerte. Otro orador de este acto será la Asociación India de Jóvenes (Young  Men’s  Indian  Association YMIA), resultado de la estrategia organizativa de Annie Besant, en su lucha por la Verdad en la India. Annie Besant fundó y donó propiedades a la YMIA, destinada a formar y preparar líderes para la futura nación india independiente, aún pendiente de lograrlo por entonces, pero que la visión de Annie Besant daba por hecho. Pensaba que las personas que fueran a liderar la futura nación deberían ser personas de carácter, con ideas bien desarrolladas, que desearan servir y trabajar por la nueva nación en formación. Así que organizó, planeó, y preparó un lugar donde esa formación pudiera tener lugar. Sabiendo que las instituciones sobreviven a las personas, fundó muchas de ellas —Boy Scouts, instituciones educativas a todos los niveles por toda India, no sólo masculinas, sino también escuelas y “facultades” para chicas jóvenes. En la historia reciente de América surgió otro gran luchador por los derechos humanos, de un molde similar al de Annie Besant —Martin Luther King, que hizo profundas aseveraciones durante su vida, que fue demasiado breve. Una de ellas, aplicable a la vida de Annie Besant fue: “La medida definitiva de una persona no se encuentra allí donde se posiciona en momentos fáciles y de confort, sino allí donde se sitúa en los momentos de desafío y de controversia.” La vida de Annie Besant habla por sí misma; fue una persona que no sólo expuso sus ideas ante la opinión pública, sino que se arriesgó físicamente por las causas en las que creía. Lo dio todo, especialmente en tiempos de desafío y controversia. A lo largo de su vida atrajo muchos amigos fieles y cercanos y, también, muchos enemigos acérrimos. Sus enemigos habrán cuestionado sus opiniones, habrán discrepado de sus ideas, pero en términos personales, nunca hemos leído ni oído a nadie cuestionar la Verdad ni la integridad de su carácter. En sus 85 años de vida, una edad notable, se enfrentó con mucha gente, pero nunca en el terreno personal, sino siempre en nombre de algo más elevado, la Verdad. Annie Besant falleció en 1933, así que en el mundo actual no queda ninguna persona que haya tenido una relación significativa con ella. Me considero muy afortunado por haber tenido la oportunidad de conocer algunas personas, que aunque jóvenes en esa época, la trataron y trabajaron con ella. Los testimonios de todos ellos son coherentes con la historia escrita. Una Presidente anterior de la Sociedad Teosófica de Estados Unidos, Dora Kunz, a quien consideraba una buena amiga, casada con el secretario personal de Annie Besant, falleció en sus noventa y tantos años en 1999, y tuvo la oportunidad de tratar y trabajar en numerosas ocasiones con ella. De vez en cuando, Dora me transmitía sus impresiones sobre Annie Besant y creo que merece la pena mencionar una de ellas. Dora decía que Besant estaba permanentemente ocupada, a niveles muy diferentes, con proyectos y personas de todo el mundo. Era un constante foco de atención de las energías, los planes y los movimientos de otras personas. Y Dora decía que la impresión que siempre tenía después de haber estado con Besant, en todas esas distintas experiencias, era que siempre percibía en ella una sensación de profunda tranquilidad. En medio de aquella intensa actividad de todas las batallas en curso, lo primero que se percibía de ella era una sensación de profunda quietud, que seguía conservando siempre en medio de la batalla. Besant se describía a sí misma como “una hija de la India” y tenía muy claro que la India eran su patria: su trabajo y sus cenizas reposan aquí. Pero en esa tranquilidad, desde la cual era capaz de llevar a cabo sus proyectos y su trabajo y proyectarlos hacia el mundo, no era hija de ninguna nación en particular. Repetidamente afirmaba que la humanidad era una sola: no estaba dividida ni separada, sino que era una sola. El hecho de haberse encontrado en la India significaba que su trabajo consistía en promover la Unidad dentro del contexto de la India. Percibía que la India debía de ser el modelo, ya que en ningún otro lugar existe tanta diversidad de religiones y de etnias dentro de una misma nación. Y si la India podía alcanzar una situación de mutuo respeto y comprensión, podría ser un modelo que se extendiera por todo el mundo. Su visión fue siempre universal. Fue esa visión la que le permitió escribir una hermosa plegaria, la Invocación a la Unidad, o Plegaria Universal. Esta plegaria expresa muy bien su estado interior. No es una meditación, pero sí es tema de meditación. Las palabras y el sentido que provienen y conducen a ese estado de quietud merecen la pena de ser estudiadas. Si pretendemos descubrir la esencia de esta gran mujer, hay muchos sitios donde la podemos encontrar. Veremos trazas de ella en su vida política, en su actividad social, en su aproximación a la religión. Pero el lugar en el que veremos su verdadera esencia y la experimentaremos más profundamente es en su Plegaria Universal. En muchos aspectos es un destilado de su vida, de su trabajo, de su pensamiento y, sobre todo, de su tranquilidad. “Oh, Vida oculta que vibras en cada átomo”. Cada átomo, y ni siquiera decimos cada persona, está animado por una vida siempre presente a la que, de alguna manera, nos hemos vuelto ciegos, una vida oculta omniabarcante. “Oh, Luz oculta, que brillas en cada ser”. La luz, por su misma naturaleza, se difunde, está necesariamente en todas partes. Hay una luz ante la que estamos ciegos por las separaciones que creamos de la religión, raza, nacionalidad, género etc. La lista es, desgraciadamente, muy larga. Cada una de las identidades a las que nos apegamos forma una barrera ante el resplandor de la Luz oculta. “Oh, Amor oculto, que todo lo abarcas en la Unidad”. Esta es la raíz que señala que detrás de la Vida, detrás de la Luz, hay un Amor que abraza todas las cosas en la Unidad. Nuestra comprensión más cercana al significado de la Unidad nos llega en esos momentos de amor genuino que experimentamos por otra persona, por una nación, por aquellos grandes seres que dan forma y enseñan el poder del amor, por la humanidad en su conjunto. “Que aquel que se sienta uno contigo”, uno con la Vida, con la Luz, con el Amor, “sepa que es, por tanto, uno con todo lo demás”. Esta es la esencia de Annie Besant.

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En 1889 me dieron un libro para revisar, escrito por H. P. Blavatsky, titulado La Doctrina Secreta. Me lo dieron a mí porque a quienes hacían ese trabajo en el periódico no les interesaba y creyeron que yo podría hacer algo, ya que me consideraban más o menos entusiasta del tema que trataba. Acepté la tarea, leí el libro, y supe que había encontrado la clave que había estado buscando. Pedí, entonces, una cita con la autora del libro, presintiendo que la persona que lo había escrito sería capaz de mostrarme algo del camino que podría seguir, con la esperanza de descubrir más cosas de las que ya sabía sobre la vida y sobre la mente. La conocí aquel mismo año. Pronto seguí sus enseñanzas y no hay nada en toda mi vida que agradezca tanto como aquel aparente accidente que puso su libro en mis manos y la decisión que tomé de conocer a la autora del libro.

 Annie Besant

“1875-1891: Fragmento de Autobiografía”

 

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