Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 12 -  Septiembre 2019  (en Castellano)
 

 
Anterior
Página 10
Siguiente

 

¿Hacia dónde voy?

RAMI SHAPIRO

Eminente autor, maestro y orador sobre temas de judaísmo liberal y espiritualidad contemporánea.

Este es el cuarto de una serie de sus ensayos sobre la Sabiduría Perenne

 

 

Su respuesta a esta pregunta, "¿Hacia dónde voy?" depende de su respuesta a la pregunta, "¿De dónde vengo?" Si usted cree que vino de algún otro lugar, entonces es probable que crea que va a ir a algún otro lugar. Y si usted cree que surgió de aquí, lo más probable es que usted crea que se queda aquí también. Dónde vamos, por supuesto, se refiere a la muerte: ¿dónde va usted cuando muere? Y, como nuestras preguntas anteriores, hay dos respuestas básicas: A algún lugar y a ningún lugar.

Hace unos meses estaba viendo televisión temprano por la mañana mientras me alojaba en un hotel Holiday Inn en Canton, Ohio, EE.UU. Mis opciones de televisión del hotel eran limitadas: tres o cuatro canales de deportes, un par de canales reciclando películas viejas, unos pocos programas de noticias por cable las 24 horas, varios canales tratando de venderme productos tangibles y tres canales tratando de venderme productos intangibles basados en doctrinas Católicas y Protestantes de un tipo u otro.

Una de estas últimas me llamó la atención, y escuché atentamente mientras el predicador/invitado explicaba al predicador/anfitrión que la palabra "Biblia" era un acrónimo de "Mejores instrucciones antes de dejar la Tierra." El anfitrión fingió no haber oído nunca esa idea antes, y simuló excitación. Era nuevo para mí, sin embargo, estaba realmente emocionado. Las Mejores Instrucciones Antes de Dejar la Tierra, ¿Qué tan inteligente es esto?

Por supuesto que estos eran creyentes de la Biblia, por lo que su preferencia por la Biblia sobre, por ejemplo, el Corán o el Bhagavadgitâ es de esperar, pero lo que tenían que decir sobre la Biblia como mejores instrucciones antes de dejar la Tierra se podría decir de cualquier libro que un creyente en "ir a algún lugar" pueda considerar sagrado. El punto no es cuál es el mejor libro para dejar la Tierra, sino que se dejará la Tierra antes o después, y eso ayuda a prepararse.

"Solo tiene sentido", dijo una vecina cuando le mencioné el acrónimo de la Biblia. "Si voy a hacer un viaje a Alaska o a Europa me gustaría leer sobre el lugar y aprender la mejor manera de llegar allí. Lo que es cierto de ir a Europa o Asia o a algún lugar, es aún más cierto que ir al cielo. Después de todo, si no puedo ir a Europa, podría optar por Alaska y ambas cosas serían divertidas, pero si no puedo ir al cielo, la alternativa no es nada divertida, así que es inteligente leer sobre cómo llegar adonde quieres ir."

Tiene sentido. Si vienes de algún lugar debes ir a algún lugar. Y adonde vas es normalmente a uno de dos lugares: el cielo o el infierno. Por supuesto, estoy usando un lenguaje asociado con Judaísmo,  Cristianismo e Islam, pero los Hindúes esperan que puedas romper el ciclo de nacimiento/muerte/renacimiento, al igual que el Libro de los Muertos del budismo tibetano, ambos dejan claro que las religiones Abrahámicas no son las únicas que albergan planes para salir del planeta.

La Sabiduría Perenne enseña lo contrario. Viniste de aquí y seguirás aquí cuando mueras. No hay ningún lugar adonde ir, porque todo es Dios o la Realidad Absoluta o Tao o el nombre que elijas para hablar de esa realidad infinita que se manifiesta como toda la existencia finita. Esta es la visión orgánica de la vida.

La mayoría de la gente opta por ir a algún lugar y hay dos formas básicas de hablar acerca de esto: en algún lugar eterno o en un retorno perpetuo. En algún lugar eterno habla del cielo e infierno. Religiones como el Judaísmo, el Cristianismo y el Islam en general caen en el campo de un lugar eterno, y aunque difieren en cuanto a cómo alguien podría terminar en el cielo o el infierno, están de acuerdo en que quien lo hace es el mismo alguien que vive en la Tierra.

Piense en esto por un momento: Digamos que usted cree que cuando muera irá al cielo y allí se reunirá con sus seres queridos: sus padres, su cónyuge, sus hijos, etc. Si este escenario es reconfortante para usted, solo puede serlo si el "usted" que va al cielo es el "usted" que es ahora. Después de todo, si los que están en el cielo son radicalmente diferentes de las personas que fueron en la tierra, ¿cómo los reconocerá? Solo porque le digan a este total extraño que es su madre fallecida, no significa que vaya a correr a sus brazos si no se parece en nada a su madre.

Cuando hablamos de reunirnos con seres queridos, asumimos que ellos y nosotros seremos como los recordamos a ellos y a nosotros mismos de haber estado en la Tierra. De lo contrario el cielo no es un consuelo.

De manera similar, cuando hablamos de seres humanos torturados en los fuegos del infierno por algunos crímenes atroces o una creencia igualmente atroz, no tiene sentido que el alma torturada en el infierno es cualquiera otra que no sea la persona malvada que era en la tierra. El objetivo de la condenación eterna es infligir castigo a las personas que despreciamos aquí en la tierra, y si el alma del ser castigado no es la persona que queremos castigar, ¿dónde está la satisfacción?

La noción de retorno perpetuo no es tan diferente a la reencarnación. Mientras que no se espera que el cuerpo que muere sea el cuerpo que regresa, se espera que el alma que muere sea el alma que regresa. Si no, ¿qué sentido tiene la reencarnación?

La reencarnación o es un castigo o una oportunidad. O le obligan a volver a la tierra porque hizo algo horrible por lo que debe pagar, o reencarna porque hay más para aprender o acumular de lo que se puede aprender o acumular en una vida. En cualquiera de los dos casos, el “usted” que regresa debe ser el "usted" que se fue. En otras palabras, hay algo fundamentalmente egocéntrico sobre estos escenarios de la vida después de la muerte, algo que imagina un "usted" que vive después de esta vida.

Aunque no puedo probar o refutar nada de esto, nada de esto me habla a mí o a mi comprensión, de la realidad. Arraigado en la Sabiduría Perenne y su entendimiento de que no hay un yo separado, sino simplemente una miríada de expresiones del Yo Único, el Tao Eterno, Dios o la Realidad Absoluta, encuentro enajenante y desconcertante la noción de que hay un "yo" separado de la Realidad. Me siento parte del todo y no separado de él. Sé, lo mejor que puedo saber, que soy una ola de un mar sin fin, y que cuando muera, volveré a lo que ya soy: el océano mismo, y mientras el mar siga agitándose nunca más “me” agitará.

En mi último ensayo mencioné una conversación que tuve con un sacerdote sobre el control de la natalidad. Me dijo que las almas se alinean en el cielo esperando nacer en la tierra, para poder bautizarse y reservar un lugar en el cielo cuando mueran. Cuando se le presionó para que explicara por qué las almas que ya estaban en el cielo tendrían que bajar a la tierra para asegurarse un lugar en el cielo, se refugió en el misterio. Muchos creyentes lo hacen.

No me importa esta respuesta, mientras se aplique a cosas que son, de hecho, misterios. Pero la teología no es misteriosa y sus posiciones no son misterios. Cuando los teólogos se refugian en el misterio, simplemente están esquivando inconsistencias o irracionalidades en su sistema de creencias.

Hace un par de años un vecino escribió a nuestro periódico local, The Daily News Journal, desafiando a varios pastores cristianos, a nuestro imán local, y a mí mismo a publicar una afirmación en el periódico denunciando la violencia en el nombre de Dios. Me puse en contacto con el hombre y los ministros, y nos reunimos en un café para redactar esa afirmación para el periódico. Me llevó unos diez minutos, y eso incluyó la preparación del café.

Como estábamos tan sincronizados, sugerí que ampliáramos nuestra afirmación para denunciar no sólo la violencia en nombre de Dios en este mundo, sino también la violencia en nombre de Dios en el mundo venidero. Tanto los pastores como el imán creían que los creyentes iban a ir al cielo y que los no creyentes (en el caso de los pastores) y los malvados e infieles (en el caso del imán) iban a ser torturados por toda la eternidad en el infierno. Condenemos esta violencia también, les insté. Habríais pensado que les había pedido que permitieran la igualdad en el matrimonio. Con una sola voz dijeron, "¡Imposible! ¡Eso depende de Dios!"

No, no lo es, depende de vuestras ideas sobre Dios. Si vuestra historia de Dios incluye la condenación eterna y la tortura, podemos concluir que usted valora esta tortura porque valora esta historia, pero no podemos concluir nada sobre Dios. El Dios de esta o aquella teología es como el yo de esta o aquella historia: un personaje de una narración más que una realidad ontológica.

Usted puede o no creer en Dios, y si hay un Dios o no, está más allá de la prueba, pero el Dios que no podemos probar o refutar no tiene nada que ver con el Dios de la teología. Este Dios es una creación narrativa de una tribu de escritores de ficción teológica. Es por esto que los teólogos Cristianos nunca descubren que Krishna en lugar de Cristo es Dios, y por qué los teólogos Judíos nunca descubren que Dios prefiere a los Mormones en lugar de los Judíos. Nuestras historias siempre se presentan bajo la mejor luz. Y aunque es políticamente correcto decir que todas las personas adoran al mismo Dios, los hechos son lo contrario.

El Dios judío, por ejemplo, dictó la Torá a Moisés pero no el Corán a Mahoma. El Dios cristiano tiene un Hijo, mientras que los dioses judíos y musulmanes no. El Dios musulmán hizo de Mahoma el sello de los profetas, mientras que el Dios judío dijo que Moisés era el profeta superior, y esa misma profecía se detuvo siglos antes de que Mahoma naciera. Krishna vino a la tierra como auriga y flautista, mientras que no tenemos ninguna razón para creer que los dioses Judíos, Cristianos o Musulmanes sepan algo sobre cómo manejar un equipo de caballos o tocar un instrumento de viento. Cuando decimos que hay un solo Dios, o cuando decimos que todos los creyentes en Dios creen en el mismo Dios, estamos diciendo que lo que las diferentes religiones dicen sobre sus respectivos Dioses es irrelevante.

Mi punto es este: cuando dices que la razón por la que Dios hace lo que hace es un misterio, realmente estás diciendo que no tienes idea de por qué tu historia tiene un Dios que hace cosas que no puedes entender, o peor aún, cosas que no tolerarías en alguien que no sea Dios.

Mis amigos del clero nunca torturarían a una persona durante cinco segundos, y mucho menos durante toda la eternidad, pero estaban más que contentos de dejar que Dios lo hiciera. ¿Por qué? Porque se imaginan que son impotentes ante su narración, pero no son impotentes. Creamos los Dioses en los que creemos, y luego insistimos en lo contrario. Esto es como si Sir Arthur Conan Doyle creara la ficción que el Dr. Watson escribió sobre Sherlock Holmes, y luego creyera en su propia ficción como un hecho. Si Sir Arthur negara ser el autor de las historias de Holmes la gente lo consideraría loco, pero cuando negamos ser los autores de nuestras historias sobre Dios somos celebrados como personas de fe. Si sus escenarios sobre la vida después de la muerte le avergüenzan, cámbielos.

Aquí hay algunas enseñanzas de la Sabiduría Perenne que encuentro más esclarecedoras.

 

Soy la Muerte devoradora;

Soy el Origen de todo lo que sucederá...

                                                (Bhagavadgitâ, X.34)

 

Krishna está siendo honesto aquí. Dios es la realidad;  la realidad incluye el nacimiento y la muerte. YHVH no es menos honesto en la Biblia Hebrea:

 

Creo la luz. Formo la oscuridad.

Hago el bien y hago el mal.

                                                   (Isaías 45:7)

 

Cuando sabemos esto, cuando sabemos que toda la realidad es Dios, cuando sabemos que venimos del infinito, no podemos evitar saber que también regresamos al infinito. ¿Y dónde está el infinito si no es aquí mismo?

 

Le dijeron a Jesús, "¿Cuál es el lugar al que vamos a ir?"

Jesús les dijo: "Párense en el lugar que puedan alcanzar".

                                                   (Diálogo del Salvador 77-78)

 

Qué reto tan extraño y tentador: Párese en el lugar que pueda alcanzar. ¿Cuál es este lugar? Sugiero que es solo aquí. Aquí es el único lugar al que puedes llegar y pararte. ¿Y cómo se llega a este lugar? No puedes alcanzarlo, ¡ya estás en él!

Este es el corazón de la Sabiduría Perenne: tú eres Dios; el infinito está sucediendo en ti como tú estás aquí y ahora. No te falta nada, no necesitas nada, eres todo.

Saber que no hay ningún lugar adonde ir te libera para estar donde estás sin distracciones. "Siempre tengo un ojo en el cielo", me dijo un hombre durante una conferencia que di sobre la Sabiduría Perenne. "Siempre tengo que considerar si lo que estoy haciendo en este mundo me llevará por el lugar al que quiero ir en el próximo mundo, o me alejará de él. Si bajo la guardia aunque sea por un minuto, podría pecar y perder mi lugar en el cielo."

Esto parece una forma muy ansiosa de vivir. Y no tiene mucho sentido ya que este hombre también creía que Jesús murió por sus pecados, así que, ¿qué tiene que temer de la muerte? Pero la confusión simplemente habla de la inconsistencia de su narrativa.

Mi sugerencia es optar por una historia diferente. Prefiero la siguiente narrativa:

Había una vez un hombre que soñó con un gran tesoro escondido debajo del puente que conducía al palacio del rey. Habiendo soñado el mismo sueño tres noches seguidas, el hombre se dispuso a encontrar el tesoro debajo del puente.

Al llegar a la capital, encontró el puente fuertemente custodiado, y mientras merodeaba por el puente preguntándose cómo proceder, el capitán de la guardia se le acercó exigiendo saber lo que estaba haciendo. El hombre fue honesto, y le contó al capitán su sueño. El capitán se rió y le contó su propio sueño sobre un pobre hombre que vivía en una casa con un tesoro enterrado bajo su estufa. Escuchando al capitán describir la casa y la estufa, el pobre hombre se dio cuenta de que el capitán había soñado con su casa y su estufa. Corrió a su casa, desenterró el tesoro y se convirtió en un gran benefactor de todos los pobres de su pueblo.

Comentando esta historia, Martin Buber escribe:

Hay algo que sólo puede ser encontrado en un lugar. Es un gran tesoro, que puede ser llamado la realización de la existencia. El lugar donde este tesoro puede ser encontrado es el lugar en el que uno se encuentra… El tesoro no se puede encontrar en ningún otro lugar. El entorno que siento que es el natural, la situación que se me ha asignado como mi destino, las cosas que me suceden día tras día, las cosas que me reclaman día tras día, contienen mi tarea esencial y la realización de la existencia que está abierta para mí.

El camino del hombre según las enseñanzas del Jasidismo, p. 37-38

El aquí es lo que importa.

 

Anterior
Página 10
Siguiente