Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 12 -  Septiembre 2019  (en Castellano)

 
Anterior
Página 5
Siguiente

 

A los pies del Maestro

Tim Boyd

 

Con el paso del tiempo nos hallamos volviendo, una y otra vez, a pequeños libros tales como el de J. Krishnamurti (Alcyone), A los Pies del Maestro (APM), y el de H. P. Blavatsky (HPB), La Voz del Silencio. Una de las bellezas de estos textos cortos es su riqueza y, aunque de tamaño pequeño, parecen ser inagotables en su potencial para transmitir un nuevo significado. Nos ofrecen un planteamiento de varias capas respecto a la vida espiritual.

En el budismo tibetano, uno de los textos básicos se llama El Sendero Gradual hacia la Iluminación, también conocido como las enseñanzas Lamrim. El texto lo cita HPB en La Doctrina Secreta y en otros lugares. La base de Lamrim es que hay un “sendero” progresivo y cada vez más profundo hacia la sabiduría, un sendero gradual. En el principio, entramos en él con un nivel de comprensión y desenvolvimiento mínimamente desarrollado. Pero a medida que trabajamos en él, ese desarrollo se hace más profundo y se amplía. En palabras de la Biblia: “Cuando era niño, hablaba como un niño, pensaba como un niño y comprendía como un niño, pero cuando me hice hombre (o mujer) dejé a un lado las cosas de niños.” Al ampliar la conciencia, nuestra comprensión se ve alterada también. Una de las cosas que convierte APM en un libro muy valioso es que es la expresión no elaborada de una mente joven que intenta transmitir las enseñanzas que le ha dado un hermano mayor, su Maestro, en una forma que podría ser entendida por un joven de 14 años. Su autor llegó a ser una influencia espiritual única en el mundo. Cuando pensamos hoy en él tendemos a recordar a la persona desarrollada en la que se convirtió en su madurez. Pero en el momento en que se escribió APM, el autor era un joven, un joven muy evolucionado, pero con las capacidades de un joven de 14 años. Por eso el lenguaje es sencillo y las expresiones no son complicadas ni están demasiado elaboradas.

El material del libro le fue comunicado a Krishnamurti durante cinco meses. Dicen que, por la noche, su Maestro se lo llevaba en su forma astral y le daba instrucciones. Cada noche las enseñanzas se resumían. Al despertar, el joven las escribía. Estos escritos fueron compilados y publicados como APM. Krishnamurti vivió 77 años más, después de escribir el libro. Una de las bellezas de este pequeño libro es haber podido observar el desarrollo de Krishnamurti desde aquella semilla inicial.

Superficialmente, sus enseñanzas más tarde en su vida no se parecían en nada a esa primera obra. Sin embargo, si lo examinamos con más atención, veremos que la vida y el pensamiento que él encarnó fue una elaboración de aquella primera enseñanza. Todo lo que dijo, años más tarde, tenía profundidades cada vez mayores, matizadas, sutiles y originales, sobre los temas de Libertad, Amor, Percepción Correcta, el reconocimiento y la liberación de los esquemas habituales, lo mismo que vemos expresado de forma diferente en APM.

 A los nueve años, Albert Einstein tuvo un sueño. Se encontraba en un trineo que bajaba por una montaña nevada. El trineo iba cada vez más de prisa hasta llegar a alcanzar la velocidad de la luz. Miró hacia arriba y vio la luz estelar del cielo nocturno reflejado en un espectro brillante de colores sobrenaturales como jamás había visto antes. Con asombro y reverencia comprendió intuitivamente que estaba presenciando un hecho que contenía la vocación de su vida, todas las respuestas y todas las preguntas que necesitaría hacer. Dijo “Supe que tenía que comprender aquel sueño… y diría que toda mi carrera científica ha sido una meditación sobre ese sueño.”

Con Krishnamurti, presenciamos un proceso similar. APM, su primer libro, tiene cuatro secciones: Discernimiento, Ausencia de deseo, los seis puntos de Buena Conducta y Amor. Los describe a los cuatro a niveles cada vez más profundos. Cuando habla del discernimiento, existen en él varios niveles que le comunicó el Maestro. En último término, se trata del discernimiento entre lo real y lo irreal, pero él escribe que “de lo real y lo irreal hay muchas variedades.” Igualmente, con la ausencia de deseo, no se trata solamente de las pasiones básicas que constituyen el deseo, se trata del deseo de reconocimiento, de hacer el bien, pero también de ser conocido por hacer el bien, de todas las sutilezas en constante crecimiento, que describen un sendero espiritual.

En los Yoga Sutras de Patanjali vemos una curiosa expresión que dice que debemos “Evitar la miseria que aún no ha llegado”. ¿Qué significa esto? Esta miseria no está aquí y sin embargo de alguna manera hemos de evitar algo de lo que no tenemos un conocimiento inmediato. La advertencia de Patanjali tiene que ver con el karma. HPB señaló más de una vez que la comprensión de las enseñanzas sobre el karma y la reencarnación serían la salvación de la humanidad y que un profundo entendimiento de estas dos enseñanzas tendría un efecto liberador sobre nuestra mente y nuestro comportamiento.

Al karma se lo describe como de naturaleza triple: 1) Karma que ya ha madurado. Son los efectos de las acciones pasadas que experimentamos en el presente: los dolores del cuerpo, los hábitos de la mente, los numerosos y distintos aspectos que están ya maduros para poder expresarse. Es el aspecto del karma con el que estamos más familiarizados. 2) Hay un karma acumulado, para cuya maduración no se han producido las condiciones necesarias. Es como la semilla en la tierra. Hasta que no se le proporcione humedad, luz solar y alimento adecuados permanecerá dormida debajo de la superficie. 3) Este es el karma que estamos en proceso de crear en este momento. El ejemplo clásico que se nos da es el del arquero. El karma maduro es como la flecha que ha sido disparada desde el arco. El karma acumulado o latente es como la aljaba de las flechas que el arquero lleva a la espalda. El karma que estamos creando actualmente es como la flecha que estamos preparando para disparar.

“Evitad la miseria que aún no ha llegado” se relaciona con este karma acumulado y con nuestro comportamiento actual. En el budismo tienen la idea de que no hay nada que uno pueda hacer que sea tan malo o erróneo que no se pueda purificar. En la tradición budista probablemente lo peor que uno podría hacer sería matar a un Buddha y, sin embargo, eso también puede purificarse. El gran Milarepa, un ser iluminado, fue envenenado por un Geshe (sabio budista) celoso. Milarepa tomó el veneno a sabiendas, se sentó y le ofreció una enseñanza espiritual al Geshe que le había envenenado. Al hacerlo, el Pandit se convirtió en un gran discípulo después de la muerte de Milarepa.

Todo puede purificarse si lo enfocamos con el conocimiento y el motivo adecuados. El Arte de la Guerra es un libro cuyo título puede hacernos pensar que habla de estrategias militares, lo cual hasta cierto punto es cierto. Pero es también un tratado sobre la vida espiritual. Nos enseña que el guerrero más grande no es el que conquista ciudades y vence en cien batallas, sino el que puede conquistar ciudades sin entablar ninguna batalla.

En la Introducción a una versión del libro (Shambala Pocket Classics edition) leemos la historia de tres hermanos que son conocidos como sanadores. Le hacen una pregunta a uno de los hermanos, un  médico famoso en todo el imperio: “¿Quién de vosotros es el mejor sanador?”. Su respuesta resulta instructiva: “Mi hermano mayor ve el espíritu de la enfermedad antes de que esta tome forma y la cura. Su nombre no es conocido fuera de nuestra casa. Mi otro hermano ve la enfermedad en sus más pequeños inicios y la cura. Su nombre no es conocido más allá de nuestro barrio. Yo, por otra parte, receto pastillas, pongo inyecciones y hago masajes, pero mi nombre es conocido por todos los Señores del reino.”

De forma similar, las enseñanzas que se nos han dado, y que comprendemos como Teosofía, funcionan en cada uno de esos tres niveles. El gran médico, al que conocen en todo el reino, era el que trabajaba en el reino físico, con las formas del reino material, de modo que su fama era universal  en el reino mundano. Su eficiencia solamente funcionaba cuando las enfermedades ya se habían manifestado. La Teosofía nos ofrece curas a ese nivel.

A medida que nos vamos haciendo conscientes de nuestras tendencias antes de que estas se manifiesten, como son los hábitos del pensamiento, las reacciones ante la gente y las situaciones, los deseos ocultos, etc., somos capaces de presenciar estos procesos que ocurren, de observarlos del mismo modo que vemos el tiempo: ahora nublado, ahora soleado, ahora tormentoso. De la misma forma podemos observar el clima siempre cambiante de nuestros pensamientos y emociones, y ajustarlos adecuadamente. En sus etapas iniciales, podemos reconocerlos y ajustarlos.

El nivel más elevado de curación coincide con el nivel más profundo de conciencia. En el ejemplo de los hermanos, uno ve el espíritu de la enfermedad antes de que haya adoptado ninguna forma, en su estado sin forma o arupa. Es el nivel de percepción del que nos hablan los Maestros, el nivel desde el cual se originó la Teosofía. Intentan describir el mundo y sus procesos regentes, tal como existen, incluso sin sus trampas físicas. Es la práctica que se describe en las cuatro secciones de APM. Es una práctica que consiste en atenuar, reducir o diluir la fuerza de la enfermedad fundamental de la humanidad, de reconocer el desequilibrio en su estado incipiente y poder “evitar la miseria que aún no ha llegado.”

El Buddha muchas veces se describía a sí mismo como médico. Decía que vino a ayudar las causas del sufrimiento que generamos continuamente para nosotros y los demás. Su método consistía en curar al nivel de la mente. Todas las prácticas, filosofías y técnicas que se han transmitido, tienen que ver con ese proceso de atenuar el potencial de esta semilla creadora de la miseria, para evitar que arraigue y florezca.

¿Cuál es el agente que se añade para diluir estas tendencias negativas? A menudo pensamos que son las enseñanzas, la instrucción que recibimos por medio de los grandes maestros. Hasta cierto nivel, esto es correcto. A medida que nos vamos exponiendo a un enfoque particular de la sabiduría, todo ello tiene su efecto. Pero el agente alquímico que se añade a esa mezcla de conciencia que lo cambia todo es la conciencia. Cada maestro genuino ha dado instrucciones a los estudiantes. Particularmente en los estados iniciales del desarrollo, la instrucción es algo necesario para nosotros. En esencia, APM era una repetición de las instrucciones que el joven Krishnamurti había recibido. La base de sus enseñanzas posteriores fue la exploración y la aplicación de una conciencia cada vez más amplia a lo largo de 77 años.

A medida que la conciencia va creciendo, cada vez vemos todo con más claridad. El verdadero significado de la palabra “clarividencia” es visión clara. La gente que durante años no ha hecho el esfuerzo de incrementar su nivel de conciencia, necesariamente enfrenta dificultades en las relaciones de todo tipo. Por ejemplo, sólo son conscientes de su ira después de haber explotado. Solamente cuando la flecha ha salido del arco y se dirige a su objetivo, o cuando el foco de su ira ha sido agredido, se hacen conscientes de ello y responden con remordimiento o con arrogancia.

Hay una expresión que dice: “Habla cuando estés enfadado y pronunciarás el discurso más grande del que siempre te arrepentirás.” Una vez que el dardo ha salido del arco, o que la palabra airada sale de la boca, ya no se puede recuperar. Una de las cosas que parece ocurrir con la práctica de la atención es que nos vamos acercando cada vez más al momento presente. En una etapa inicial, nos hacemos conscientes de que la ira se está expresando a través nuestro. Y esto es valioso.

A medida que vamos profundizando en la práctica, empezaremos a ser conscientes antes de expresar nuestra ira. Antes de que sus componentes se hayan congregado y hayan adoptado una forma, lo vemos. En ese punto, gracias a nuestra atención, tendremos opciones. En muchos aspectos, ese es el propósito del comentario de Patanjali de que hemos de evitar la miseria que aún no ha llegado. Hemos de ser conscientes cada vez más profundamente para percibir los movimientos que ocurren en nuestro interior y optar por dar una dirección a esas energías. Tanto si nos encontramos en el principio, en el medio o en etapas avanzadas del sendero, regresaremos una y otra vez a las enseñanzas sencillas pero inagotables de APM sobre el Discernimiento, la Ausencia de deseos, la Buena Conducta y el Amor.

 

 

Anterior
Página 5
Siguiente