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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 11 -  Agosto 2019  (en Castellano)
 

 
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Memorias del Dr. Hugh Shearman

MARIE HARKNESS

Secretaria organizadora de la Sociedad Teosófica en Irlanda.

 

 

Una de las influencias más fuertes, inspiradoras y útiles en el comienzo de mi viaje teosófico fue el Dr. Hugh Shearman. Permanecimos firmes amigos y colegas desde 1983, cuando me uní a la Sociedad Teosófica Adyar (ST), hasta su fallecimiento en 1999.

Más tarde me di cuenta de que había sido un escritor prolífico de textos teosóficos, libros no teosóficos (tales como Una bomba y una chica) y también fue un periodista venerado y muy respetado para un periódico protestante, El boletín, en la época de los problemas en Irlanda del Norte. Escribió numerosos artículos pertinentes para El boletín y no se arrepintió de sus palabras. Para su propia protección en ese momento, escribió bajo un seudónimo. Más tarde también escribió una historia de El boletín.

Hugh era un sacerdote católico liberal y oficiaba misa en su casa todos los domingos por la mañana. Había asistido a la escuela en la prestigiosa Academia Real de Belfast, la escuela más antigua de Belfast. Estudió en la Universidad de Queens allí, y completó su doctorado en Historia en el Trinity College de Dublín. Estaba particularmente interesado en Historia irlandesa.     

Me había informado que se unió a la ST en Belfast cuando era joven. Si mi memoria no me falla, fue a sus primeras reuniones junto con su padre, que era director de una gran escuela en Belfast. Recordó haber estado rodeado por un número de damas muy maduras y ancianas en la Rama.

Habiendo leído muchos textos espirituales durante los años previos a decidir unirme a la ST, después del nacimiento de mi hijo menor, Shane, en 1983, decidí contactar al Dr. Hugh Gray, entonces Secretario General de la ST en Inglaterra, por un anuncio suyo, que había visto. Le escribí una carta en la que adjuntaba largas páginas con todos los textos que había estudiado desde mis días en la escuela.

El Dr. Gray remitió mi carta al Dr. Hugh Shearman, quien era entonces Presidente de la Rama de Belfast, y que anteriormente había sido durante muchos años el Secretario Regional para Irlanda del Norte. Hugh, como me pidieron que lo llamara, mantuvo un contacto regular conmigo durante muchos meses. Había gran poder y fuerza en sus cartas, me inspiró tanto, que me di cuenta de que este era el viaje que tenía que tomar por el resto de mi vida terrenal y más allá. Me tomó al menos seis meses antes de tener el coraje de conducir hasta Belfast hasta la sede teosófica allí, un viaje de ida y vuelta de 110 millas. Esperaba encontrar una figura fuerte y robusta en consonancia con la fuerza de los escritos del Dr. Shearman.

De modo pues, que un domingo me lancé y llegué a un edificio en Antrim Road en Belfast, un tramo conocido como "La milla asesina". Los miembros de la ST solían reunirse allí en una pequeña habitación lúgubre con su atmósfera propia y única. Entré en la habitación, había varias señoras mayores sentadas en silencio en sillas duras y rectas, sin hablar, pero algunas me saludaron en silencio con un movimiento de cabeza y una sonrisa. Sobre un papel de pared descolorido estaban colgadas fotografías en sepia de C. Jinarâjadâsa, G. S. Arundale, Annie Besant, J. Krishnamurti y Radha Burnier. Al lado de la silla del orador había una pequeña mesa de caoba con una campanita de latón, para anunciar el momento de silencio, supuse.

No me atreví a pensar en nada negativo sobre la habitación, sobre nadie allí, sobre lo que sucedió, porque gracias a todo el estudio que había hecho, creía firmemente que estos teósofos experimentados tenían el poder de leer mi mente en todo momento, así que tuve mucho cuidado. De pronto, entre otros que llegaban, un caballero delgado y casi demacrado dobló por un rincón y me miró. Él podría haber sido de la era de C. W. Leadbeater. Estaba vestido con un traje marrón que le quedaba mal, tenía barba y bigote de chivo y ojos penetrantes. Se quitó su alegre sombrero marrón y me dio la bienvenida a la Sociedad: era mi primer encuentro cara a cara con el Dr. Hugh Shearman.

En esa época, teníamos reuniones de estudio los miércoles por la noche, que rara vez me perdía, y reuniones abiertas los domingos. Recuerdo haber pensado que había un ambiente diferente los domingos. Con el tiempo, todos los asistentes se volvieron más habladores, charlaron un poco antes de las reuniones, y después eran muy amables cuando tomábamos nuestra taza de té, galletas o pastel. Hugh solía compartir con nosotros algunas de sus divertidas historias y chistes. ¡Sin embargo, yo todavía era muy cautelosa con mis pensamientos!

Un año o dos después nos mudamos a nuestro propio edificio con forma de plancha en Hillsborough Drive, Woodstock Road, Belfast. Con frecuencia había muy pocos de nosotros en la noche del miércoles en nuestras reuniones de estudio, ya que los problemas estaban en su apogeo, a veces solo Hugh y yo estábamos presentes.

A menudo, cuando entraba en Belfast, era redirigida a caminos y calles extraños, y de vez en cuando llegaba tarde a las reuniones debido a las frecuentes amenazas de bombas. Nos turnábamos para dar charlas los domingos, a los miembros de la Sociedad, y Hugh una vez me informó que cuando estaba preparando una charla, ¡se la daba a su máquina de escribir!

Visité la casa de Hugh en Cliftonville Road varias veces y aprecié mucho a su encantadora y solidaria esposa, Molly. Más tarde se mudó a una gran vivienda en Upper Newtownards Road, Belfast, cerca de los edificios del gobierno de Stormont. Esta casa era un edificio enorme y espacioso y me confió que en invierno, cuando leía en silencio o preparaba sus charlas para la Sociedad, se envolvía en una manta con una botella de agua caliente en la rodilla. Dijo que podía funcionar mejor de esa manera. Tuvo dos hijos a edad avanzada en la vida, Robert y Amanda.

A menudo hablaba del ex presidente internacional, C. Jinarâjadâsa, a quien hospedaba en su casa cuando iba como orador invitado a Belfast. Lo describió como una persona pequeña pero muy potente y verdaderamente inspiradora. Hugh daba charlas con frecuencia en Inglaterra cuando lo invitaban a hacerlo. También fue miembro del Consejo Internacional de Adyar y en ocasiones recibía llamadas telefónicas de la entonces Presidenta Radha Burnier. Siempre estaba listo para conversar, pero Radha podía ser bastante precisa, según me informó.

Ambos viajamos juntos al Centro Teosófico Internacional en Naarden, Países Bajos, en 1990 para asistir al primer seminario de la Sra. Burnier sobre "Regeneración humana". Encontramos que esta fue una ocasión muy estimulante e inspiradora. Había algo "diferente" en la atmósfera. Me presentó a muchos colegas teósofos suyos en ese momento. Esta visita me dejó una profunda impresión, particularmente las pocas conversaciones que tuve con la entonces presidenta Radha.

Creo que fue a fines de la década de 1980 cuando Hugh tuvo que ir al hospital para someterse a una operación para extraer uno de sus riñones. Los consultores y médicos encontraron el riñón extirpado con una forma tan inusual que pidieron permiso para ubicarlo en su museo médico. ¡Hugh ​​estaba contentísimo y muy orgulloso de esto!

Hugh tenía una gran compasión y lo experimenté en la práctica. Pasé por un momento personal y traumático a principios de la década de 1990 y, para protegerme tanto a mí como a mis tres hijos, Hugh guardó todos mis libros teosóficos y demás cosas en cajas en su casa, por si acaso se usaban contra mí en el Tribunal Superior. Irlanda del Norte, en ese momento, era muy religiosa en ambos lados y podía virar hacia el fundamentalismo. Había poca tolerancia para cualquier cosa original, así que tuve que tener mucho cuidado. Aprecié profundamente el amoroso apoyo que recibí de parte de Hugh y su esposa Molly.

A fines de la década de 1990, cuando Hugh padecía problemas de salud, Molly y su familia lo visitaban regularmente en el hogar de ancianos. También lo visité y él continuó mentalmente alerta y escribió sus cartas hasta su fallecimiento. Le encantaban los regalos de bonitos papeles y sobres. Poco antes de morir, Helen Gething llegó a Belfast para presentar la Medalla Subba Row que se le había otorgado a Hugh en reconocimiento a sus servicios a la Teosofía por sus prolíficos escritos. Esta fue presentada a su hijo Robert, quien lo recibió en nombre de su padre.

Con el transcurrir del tiempo, mi comprensión de la Teosofía gracias a Hugh me dejó una profunda impresión y, sin duda, a otros miembros. Como lo he leído, no importa lo que la vida te depare, debemos seguir adelante, centrados en nuestro compromiso con la causa teosófica. Él siempre decía que debíamos "actuar desde el Centro" y "el Centro está en todas partes, y la circunferencia en ninguna." Tal como lo entendí, el pensamiento analítico no se interpone en el camino. Otro dicho suyo era: "Dios creó al hombre, y el hombre ha estado devolviendo el cumplido desde entonces."

Sentí que se había dedicado total y completamente a la causa de los Maestros, se sintiera bien o no. Puedo decir sinceramente que en ese momento era la persona más dedicada e inspiradora que había conocido. Él creía que tal dedicación y profundo compromiso con el trabajo sin duda elevaba un poco la conciencia del mundo y ayudaba a los Santos Seres.

Éramos los "soldados de a pie" por así decirlo, los "engranajes en la rueda". En cierto sentido, fue un ejemplo inspirador de cómo superar todos los obstáculos y mantenerse enfocado en la tarea más importante. Nunca faltó a las reuniones de la ST, excepto cuando necesitó un corto periodo de recuperación después de su operación y cuando tuvo problemas de salud y permaneció en un hogar de ancianos. Todas las reuniones comenzaban puntualmente, él era muy específico sobre esto.

 

No tengo dudas de que Hugh tenía una misión interna, era una persona muy especial y cumplió con sus deberes, tal como los veía, con una energía serena y alegría interior. Esto era contagioso. Tenía la capacidad de ver detrás de las cosas, ver a través de la gente: ¡podía leerla! Siempre tenía que vigilar mis pensamientos.

Cuando falleció pacíficamente en 1999, me alegré porque había sido liberado de un cuerpo enfermo y ahora estaba cosechando su justa recompensa volando hacia la Luz, pero en mi corazón extrañaba a mi querido amigo, maestro y mentor.



 

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Algunos han tratado de editar La Doctrina Secreta de una forma abreviada y ordenada, convirtiéndola en el vehículo para la proposición de un sistema; o la han usado como una cantera de la que se podría extraer material para construir un sistema. Pero un ingrediente importante en el mensaje de La Doctrina Secreta es que la vida no es un sistema y no puede estar contenida dentro de un sistema. La cualidad selvática del libro es parte de su mensaje. Independientemente de lo que la mente pueda decir o hacer, una percepción intuitiva de la totalidad no puede ser meramente analítica o secuencial.

 

Hugh Shearman

"Un mensaje antes de su tiempo"

El Teósofo, mayo de 1991

 

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