Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 11 -  Agosto 2019  (en Castellano)
 

 
Anterior
Página 11
Siguiente

 

Reverenciando la Naturaleza:

hacia una Teosofía Ecológica – II

 

Jonathan Colbert

Miembro de la Logia Unida de Teósofos (ULT) y miembro del

Directorio de Conferencias Teosóficas Internacionales. Es un orador constante..

 

 

Un sentido de admiración es ciertamente un aspecto de la veneración hacia la Naturaleza. Pero, ¿qué hay acerca de nuestro propio contacto individual con ella? ¿Es la Naturaleza un lugar o es algo que está solamente allí afuera, en áreas rurales, alejada de las grandes ciudades? Teosóficamente, todo lo que contactamos es Naturaleza. Todo está formado de átomos vivos, y está vivo. Todo es una unidad de  vida o mónada, en la evolución espiritual. Todo lo que vemos y sentimos es consciencia encarnada, siempre viviendo y aprendiendo en su propio sendero de vida y evolución.

Reverenciar la Naturaleza, no más que amar a otra persona, es más que solo un sentimiento profundo, algo que le sucede a usted. ¿Recuerda cuando el joven ciervo Bambi “quedó embobado” o se enamoró en la película, cuando vio a una joven cierva? Esto es algo que solo le sucedió a él, debido a la biología de ser un ciervo joven adolescente. Pero reverenciar la Naturaleza como un verbo, como algo en que usted participa, como el amor, puede crecer muy profundamente, incluso si solo comienza desde la profunda alegría de estar simplemente en la Naturaleza.

En nuestros tiempos modernos, qué lástima, como sociedad nos hemos alejado de la Naturaleza y hemos fallado en reverenciarla. Hemos llegado a ver las cosas en términos de dualidades. Pensamos en el hombre y la Naturaleza, o peor aún, en el hombre versus la Naturaleza. También pensamos en términos de vida versus no-vida. Pensamos que somos la única especie con un alma, así que pensamos en términos de alma versus materia muerta. Pero en Teosofía no hay tal cosa como materia muerta.

¿Qué está vivo, entonces, más allá de lo obvio, significando vegetales, animales y humanos? Teosóficamente, y los antiguos pensaban esto también, el reino mineral entero está vivo, no menos que otra cosa. ¿Cuál es la vida que está dentro de las rocas y piedras, dentro de la vida de los minerales? La vida y la inteligencia dentro de los minerales es la de la energía de cohesión y dispersión. Usted sabe que hay vida en una piedra cuando la quiebra contra otra creando así una chispa.

En la monadología teosófica hay algo llamado la mónada mineral. ¿Qué es una mónada? Una mónada es un punto de vida. Un punto monádico de vida puede experimentar el plano de existencia de un mineral, un vegetal, un animal, un humano, e incluso más allá de nuestra idea normal de lo que significa ser humano, esto es, un adepto o un Mahatma. ¿Que define entonces lo que va a ser una mónada? La Teosofía enseña que toda vida es sagrada, cada punto de vida contiene una chispa de lo divino, y tiene dentro de si una chispa de Aquello que comparte con toda vida. Hay latente en cada mónada Aquello que es ya perfecto, completo, total. Y aún así cada mónada está en un gran peregrinaje.

 

Cada mónada, como un eterno peregrino, está simultáneamente (1) reuniendo experiencia en cada plano posible y en cada posible relación con todas las otras mónadas, (2) mientras al mismo tiempo se está transformando y metamorfoseando a través del desenvolvimiento, liberación y despertar de su sagrada y secreta esencia. Todas las mónadas están haciendo esto, ya sea el reino  mineral, vegetal o animal, o la despierta mónada auto-consciente del ser humano. No es sólo el bendito meta-conocimiento de la profunda y universal unidad que nutre nuestro sentimiento de solidaridad con toda vida, es también el despertar existencial que toda vida está haciendo lo mismo, todos los puntos de vida, en cualquier nivel de individuación, en cualquier etapa de auto-consciencia latente o activa, está en un eterno peregrinaje. Todos somos eternos peregrinos.

Cuando dos senderistas de la montaña se encuentran en un sendero, a menudo en un instante, tienen una profunda comprensión uno del otro, y una solidaridad especial con el otro. ¿Qué es lo que hace este sentimiento único entre estos dos peregrinos, quienes hasta aquí eran totalmente extraños? ¿Por qué aparece ese momento especial de contacto visual, apertura y admiración por el otro? Puedo decirlo ahora mismo que no es porque huelen bien! Es porque están haciendo la misma cosa; son transeúntes de lo que en La Doctrina Secreta de H. P. Blavatsky (HPB) es llamado el “peregrinaje obligatorio”. Ambos tienen los músculos doloridos y quizás algunas ampollas en los pies, pero han visto hermosos lagos, verdes prados y bosques maravillosos. Han visto paisajes desde puntos ventajosos ganados con esfuerzo, quizás sobre el límite del bosque, desde elevadas colinas, mesetas y cumbres de montañas.

Sí, estos transeúntes saben que el otro ha reunido muchas experiencias memorables a lo largo del camino, pero también saben algo más: que el otro/a ha descubierto algo dentro de si. Este es el reconocimiento espiritual de una mónada a otra y la definición más profunda de lo que van a reflejar los otros puntos de la vida desde su punto de vista único. Esto es reverenciar la Naturaleza, inclinarse ante la profunda unidad de cada mónada, cada caminante compañero en el peregrinaje de la vida, ya sea que consideremos que esta vida está más o menos lejos en el Sendero.

En La Voz del Silencio se nos ordena:

 

Ayuda a la Naturaleza y trabaja con ella y te considerará como uno de sus creadores, y te prestará obediencia. Ante ti abrirá, de par en par, las puertas de sus recintos secretos, y  pondrá de manifiesto ante tus ojos los tesoros ocultos en las profundidades mismas de su seno puro y virginal. No contaminados por la mano de la materia, muestra ella sus tesoros únicamente al ojo del Espíritu, ojo que jamás se cierra, y para el cual no hay velo alguno en todos sus reinos.

 

Este es un pasaje favorito para muchos teósofos. Es tan conmovedor, tan cerca de nuestra más profunda comprensión de la Teosofía, porque llama a cada alma a despertar de un secreto y sagrado sentido de responsabilidad individual por todo lo que vive. ¿Cómo ayudar a la Naturaleza? ¿Qué significa trabajar con ella? ¿Qué significaría ser considerado por la Naturaleza como uno de sus creadores? ¿Cuál es la mano de la materia? ¿Cuál es el ojo del Espíritu? Hay muchas formas de tratar de comprender este pasaje, pero creo que se da un indicio especial en la idea de que si consideramos la Naturaleza con puro respeto inmaculado, entonces para nosotros no existirá ninguna clase de velo, en ninguno o todos sus reinos.

Teosóficamente, hay siete reinos: los reinos humano, animal, vegetal y mineral y tres reinos invisibles más abajo del mineral. Estos tres reinos inferiores son los reinos elementales, sugeridos por los Rosacruces, los Alquimista, y personajes misteriosos como Paracelso y Cornelio Agrippa. Teosóficamente, los elementos de tierra, aire, fuego y agua son animados por inteligencias. En las tradiciones de la sabiduría antigua, los gnomos de la tierra, los silfos del aire, las salamandras del fuego y las ondinas del agua solo eran fantasías. Ellos eran habitantes primitivos de los complejos reinos de la Naturaleza invisible:

 

El culto silencioso de la Naturaleza abstracta o noumenal, la sola manifestación divina, es la única religión ennoblecedora de la Humanidad.

(DS, Vol.I, p.381, pie de p.)

 

¿Por qué sería tan importante una profunda apreciación o culto de estos reinos elementales bajo el mineral, tan ennoblecedora? ¿Qué significamos por “bajo”? ¿Eso significa que son menos importantes, que no tienen vida? La Teosofía dice “No”. Solo porque la consciencia dentro de ellos está menos individualizada que en el caso del reino mineral, esto no significa que sean menos importantes o que no cumplan un rol crítico en la gran economía de la Naturaleza. Precisamente porque están menos individualizados, su fuerza evolutiva es más afectada y moldeada por todos los pensamientos, sentimientos, emociones, acciones y palabras del reino humano.

 

 

En el diagrama, el reino mineral está justo en medio de la ola de vida involutiva y evolutiva. La flecha muestra el movimiento de la ola de vida a la derecha. El espíritu desciende en la materia en el punto del reino mineral, luego vuelve a ascender en su camino de vuelta. La materia, gradualmente, asume una forma hasta que alcanza el reino mineral. Luego, como forma, evoluciona a través de los reinos superiores, se vuelve más y más dispersa.

Como también se muestra en el diagrama, el grado en el cual el reino elemental es más espiritual, es el grado en el que no tiene forma. Los elementales relativamente espirituales son etéricos en naturaleza y tienen que ver con nuestros pensamientos y nuestros skandhas. Estos elementales etéricos están formados por la velocidad vibratoria de nuestro pensamiento. Mientras más espirituales y altruistas son nuestros pensamientos y motivaciones, más son de la naturaleza de las esencias espirituales sin forma. Mientras más densos son nuestros pensamientos, más densa es la naturaleza de los elementales que atraemos a la órbita de nuestras vestiduras internas.

Recuerde, refiriéndonos al reino elemental como a “los espíritus de los elementos” es solo una forma de comenzar a pensar en ellos, probablemente la forma más simple de comenzar a estar al tanto de la realidad de su existencia. Pero, en una cultura más espiritualmente desarrollada, en la que la reverencia por la Naturaleza invisible es comprendida más naturalmente, ¿por qué no podría haber 330 millones de dioses y diosas, devas y devatas, como las de la antigua India?

Finalmente guiados desde dentro hacia afuera y desde arriba hacia abajo por las huestes y jerarquías espirituales de la Naturaleza invisible, estos elementales constituyen los mismos “nervios de la Naturaleza”. Hay miles de clases de elementales, todos los cuales son sensibles al tono de sentimiento de cada pensamiento, deseo y sentimiento que atraviesa nuestras mentes. Los seres humanos son incesantes dinamos de poderosos pensamientos, algunas veces generamos pensamientos bellos, generosos y elevadores, enviando el pensamiento a elementales en una trayectoria ascendente, y otras veces, quizás, no tanto, dando desgraciadamente a estas pequeñas vidas una trayectoria descendente.

Así, podemos ver que no solamente son los seres humanos responsables de la conservación de la increíble diversidad de las especies vegetales y animales en la Naturaleza, sino somos también responsables del bienestar de la Naturaleza invisible. Podemos preguntar: ¿Cómo se supone que soy responsable de toda esta materia invisible? ¡Es suficientemente difícil cuidar de lo que puedo ver!” Pero si tenemos presente que los espíritus de los elementales residen en toda la Naturaleza, en todas las cosas que tocamos, en todo lo que manipulamos, en todo lo que usamos, todo lo que damos, todo lo que recibimos, vemos que está en cómo tocamos las cosas, cómo las manipulamos, cómo las usamos y cómo las damos y recibimos, lo que determina cómo influenciamos la vida y propiedades invisibles dentro de todo aquello con lo que interactuamos.

 Un aspecto final de la vida en la que podemos reverenciar la Naturaleza en forma práctica es en algo tan inmediato para nosotros como nuestro discurso de cada día. William Q. Judge sugiere en Cartas que me han Ayudado que “usemos con cuidado esos mensajeros vivos llamados palabras.” Las palabras tienen el poder de bendecir o maldecir, de sanar o dañar. Si nuestro pensamiento dinamiza y transforma los átomos vivos de la Naturaleza, entonces nuestra palabra dinamiza estas “vidas” invisibles mucho más. Una sola Resonancia homogénea penetra todo el universo. Esta Resonancia Divina, Nada Brahma, es el poder vivificador, el gran despertador, que agita todos los átomos y moléculas, las pequeñas “vidas” y elementales, que las pone en acción en los tres mundos, terrestre, astral y celestial. Toda la evolución de la materia desde lo invisible a lo visible depende del sonido. Cada pensamiento, palabra o acción entonces, sirve de esta manera como una semilla o bija, impulsando la vida desde los pequeños comienzos y desde lo invisible a lo visible.

La Dra. Vandana Shiva, mencionada anteriormente (en la Parte I) es una de las grandes ecólogas y feministas de nuestra época. Educada en física y filosofía, a menudo se refiere al punto indio o bindi, que ella usa en su frente como un símbolo del generoso universo que nos rodea por todas partes y de cómo todas las cosas, como las semillas, se inician con pequeños comienzos. Ella ve la idea de la semilla, como la rueda giratoria de Mahatma Gandhi, como un símbolo de independencia, democracia y libertad. Habiendo tomado mucha de su inspiración de las mujeres del Movimiento Chipko Indio, que puso sus vidas en la línea de defensa de los grandes árboles de los bosques del Himalaya, ella es querida en todo el mundo como una ecofeminista pionera. Para disgusto de la avaricia de los negocios agrocorporativos, ella lucha incansable y efectivamente para resguardar la diversidad de semillas a favor de pequeños agricultores indios. Sus admiradores indios la han llamado su Durga, en honor la diosa madre protectora del universo. El esposo de Durga, Siva, podemos recordar, es el Buen Jardinero de la Naturaleza.

Al aprender a reverenciar la Naturaleza, al actuar en armonía con ella, al ayudarle y trabajar con ella, sembremos semillas de caridad, bondad y buena voluntad hacia todo lo que vive.

 

 

 

 

 

 

 

Anterior
Página 11
Siguiente