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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 10 -  Julio 2019  (en Castellano)
 

 
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Reverenciando la Naturaleza:

hacia una Ecología Teosófica- I

 

Jonathan Colbert

 

Miembro de la Logia Unida de Tesósofos (ULT) y miembro del Directorio de las Conferencias Teosóficas Internacionales.

Es un orador regular de la ULT en Santa Bárbara, California.

 

 

Crecí en una pequeña cabaña a una milla en subida de un antiguo cañón, cerca de Mount Baldy Village en las Montañas de San Gabriel. No se podía conducir un automóvil de ningún tipo hasta la diminuta cabaña en la que vivíamos los siete. El sendero era polvoriento, con rocas y demasiado empinado y estrecho; puentes de troncos cruzaban el río durante todo el año, y eran muy inseguros y poco confiables. Por otro lado, comestibles y libros escolares tenían que ser llevados y traídos diariamente, incluyendo cualquier clase de desperdicio que no pudiera ser quemado en la chimenea.

Bear Canyon Creek, como era llamado el río, proporcionaba al pueblo de abajo abundante agua para beber. También le proporcionaba al cañón suficiente humedad para crear un bosque cubierto de árboles de cedro rojo muy altos, de tronco grande, vibrantes sicómoros, fuertes robles y perfumados laureles. Los enormes cantos redondeados modelaban el suelo del cañón, imponentes y escarpados, aferrándose a sus empinadas paredes. Grajos azules alertaban del paso de infrecuentes excursionistas y los árboles usualmente susurraban en el dulce aroma de la brisa.

A la altura de 5.000 pies, el viento se movía a través de los árboles y sobre ellos, haciendo el mismo suspiro que los sonidos de la respiración, como hacen las olas del océano al estrellarse en una lejana playa. Siempre en el cañón, estaba el ambiente del sedante sonido del río, constantemente en cascada, burbujeante, fluyendo, formando pozas, siempre tentándole a uno a inclinarse, juntar las manos para formar una taza y tomar un sorbo de sus refrescantes aguas, y al hacerlo, doblegarse ante la gran Naturaleza.

El tema de reverenciar la Naturaleza y su ritmo, es en honor a la celebración mundial anual del Día de la Tierra, el 22 de abril, siendo el tema de este año “Salvando nuestras especies.” Como sabemos, cada año, cada día, las especies animales y vegetales de nuestro mundo están amenazadas por su posible extinción o están yendo literalmente a la extinción. Uno de los grupos más amenazados de especies son los insectos, que juegan un rol fundamental en las cadenas de alimentos y ecosistemas, desde las abejas que polinizan las flores de los cultivos de los alimentos, hasta las termitas que reciclan los árboles muertos de los bosques.

Se estima que la biomasa completa de los insectos del mundo está declinando en un porcentaje de 2.5% por año y que el 40% de todas las especies de insectos estará en peligro en unas próximas pocas décadas. Las actividades de los seres humanos, es decir, la forma en que vivimos, cultivamos, comemos, nuestros modos de transporte y fabricación, lo que usamos, construimos y hacemos, todo esto está teniendo un severo impacto en detrimento de todo el ecosistema de nuestro mundo.

De modo que ¿qué vamos a hacer? ¿Deshacernos de todas las personas de este mundo? ¿Es un programa de control radical de la población, de algún modo, la respuesta? ¿Qué dice la Teosofía acerca de estas preguntas? La Teosofía tiene postulados muy profundos acerca de la relación fundamental de la humanidad y la Naturaleza. Estos van a la raíz de lo que la humanidad y la Naturaleza son en su esencia. Va a las mismas raíces de la vida y de los aspectos más profundos de lo que queremos significar por “medio ambiente.” La Ecología misma es el estudio de los sistemas. Es una rama de la biología que estudia las interrelaciones de los organismos con su medio ambiente y otros organismos. Pero los estudiantes de Teosofía están sintonizados con una ecología y un sentido del medio ambiente más profundos.

El filósofo sueco, Arne Naess, en la década de 1970 había promovido la “ecología profunda,” la filosofía del valor inherente de todos los seres vivos. Los ecólogos profundos afirman que la Naturaleza, específicamente la red entera de interrelaciones como un todo, tiene un valor inherente, sin contar con su utilidad fundamental para las necesidades humanas. La ecología superficial, por otra parte, es el estudio de la interrelación de las especies dentro de una estructura valórica estrechamente antropocéntrica y utilitaria, por lo tanto, es egoísta.

La ecología profunda, que surgió de obras pioneras de estudiosos ambientales tales como Rachel Carson, David Brower y Paul R. Ehrlich, dice que el hombre no tiene derecho a explotar la Naturaleza para obtener ganancias egoístas. Igual de clave para este nacimiento del movimiento de la ecología profunda, es el despertar colectivo de la humanidad, en términos muy visuales, de nuestra Tierra como una joya frágil y solitaria, aparentemente flotando en el espacio. Ciertamente el astronauta Edgar D. Mitchell tuvo esta comprensión cuando, durante su regreso de la misión del Apolo 14, mirando nuestra pequeña bola de tierra rodeada del vacío del espacio, a través de la ventana de la nave espacial, tuvo la revelación que lo que se necesitaba resolver de la eco crisis en la tierra es “una transformación de la consciencia.”

Aunque Naess inspiró el movimiento de la Ecología Profunda y se dijo que era un hombre compasivo y defensor de la no violencia gandhiana, no todos sus seguidores lo fueron. Esto ha resultado del fracaso en comprender que los fines nunca justifican los medios. Por ejemplo, algunos de los amigos de la “¡Tierra Primero!”, mientras profesan el amor a la Naturaleza, han parecido odiar a las personas.

Como corrección a este exceso, apareció el nacimiento de algo muy pequeño pero poderoso, como una semilla, el Instituto de Ecología Reverencial. Destacados ecólogos han apoyado este Instituto, tales como Satish Kumar (antiguo editor de la revista Resurgence), Vandana Shiva (una importante ecóloga y apasionada activista que protege la diversidad de semillas en India), Andy Lipkis (fundador del Tree People en Los Angeles) y Adam Wolpert (co-fundador de las Artes Occidentales y Centro de Ecología), como también algunos socios de la Logia Unida de Teósofos de Santa Bárbara. Estos pensadores han tratado de restaurar el impulso e ímpetu del movimiento de la Ecología Profunda.

Como Satish Kumar ha escrito, “Sin respeto no puede haber ecología. Por lo tanto, la Ecología Reverencial restaura el significado original de la Ecología Profunda.” Además, concordando con James Hillman, quien dijo, “La crisis ambiental es una crisis de estética,” Kumar agrega que, “La belleza es la primera víctima de la cultura consumista. Y continúa:

 

Estamos tan obsesionados con la velocidad, cantidad y progreso, que el lugar de la cualidad, belleza, ética y estética ha sido muy ignorado. Las Artes han llegado a estar restringidas a las profesiones, más que a la vida diaria. Para restaurar la estética necesitamos disminuir la velocidad. Necesitamos desarrollar el aprecio, respeto y, sobre todo, la reverencia por los objetos materiales. Necesitamos tratarlos con cuidado y consideración.

“Una Perspectiva General de la Ecología Reverencial”

https://reverentialecology.org

 

En 1891, Madame Blavatsky escribió algo similar:

 

Debido a la marcha triunfal  e invasión de la civilización, la Naturaleza, así como el hombre y la ética, se sacrifica y  se vuelve rápidamente artificial. Los climas  se modifican, y la  faz del mundo pronto se alterará. Bajo la mano homicida de los pioneros de la civilización, la destrucción de  bosques primitivos enteros da lugar a que los ríos se sequen, la apertura del Canal de Suez ha cambiado el clima de Egipto y el de Panamá desviará el curso de la Corriente del Golfo. Casi todos los países tropicales se están volviendo fríos y lluviosos, y tierras fértiles amenazan con transformarse en desiertos arenosos. Dentro de pocos años, a cincuenta millas a la redonda de nuestras grandes ciudades, no habrá ningún lugar rural inviolado de especuladores vulgares. Los lugares pintorescos y naturales se reemplazan diariamente por lo grotesco y artificial. Escasos son los paisajes en Inglaterra donde el cuerpo hermoso de la Naturaleza no esté profanado por los letreros que anuncian  “Jabones de Pera” y “Pastillas de Beecham.” Se contamina con humo el aire puro del campo, olores de grasientas locomotoras y la peste enfermiza de ginebra, whiskey y cerveza. Y una vez que todo lugar natural desaparezca, y el ojo del pintor no descanse más que en los productos artificiales y espantosos de la especulación moderna, el gusto artístico tendrá que seguir el ejemplo y desaparecer con ello.

“Civilización, la muerte del arte y la belleza”

Lucifer, mayo de 1891

 

H. P. Blavatsky fue una ecóloga profunda en el mejor sentido y una ecóloga reverencial en el sentido más profundo. Era una ocultista, es decir, quien reverencia tanto lo visible como lo invisible, el lado oculto de la Naturaleza. Fue también una feminista pionera. Estas dos, las dimensiones más profundas del feminismo y de la reverencia por la Naturaleza, ella expresó, están conectadas y aludiremos a esa conexión hacia el final de nuestra consideración del tema. Ahora me gustaría explorar con ustedes lo que podría llamarse un ambientalismo teosófico o una ecología profunda, compasiva, basada en la sabiduría de las edades. Y al hacerlo así, podemos descubrir juntos una profunda reverencia por la que podría ser llamada la meta-Naturaleza.

La metafísica teosófica forma la base para ver el corazón de  la meta-Naturaleza y tener una profunda reverencia por ella. La Doctrina Secreta de la antigüedad afirma que existe una unidad fundamental que penetra toda la manifestación y lo no manifestado. Es la raíz sin raíz de toda vida manifestada, enteramente más allá de la extensión o alcance del pensamiento humano, y por esta razón, transciende toda expresión humana. Y sin embargo, esta unidad abstracta, universal, es la base de una profunda y sincera solidaridad con toda vida que podamos sentir en la más profunda reverencia mística:

 

“En el Catecismo, el Maestro pregunta al discípulo:

 

Levanta tu cabeza, ¡oh Lanú!; ¿ves una o innumerables luces encima de ti, ardiendo en el cielo obscuro de la medianoche?”

 

“Yo percibo una Llama, ¡oh, Gurudeva!, veo innumerables y no separadas centellas que en ella brillan.”

 

“Dices bien. Y ahora mira en torno de ti, y en ti mismo. Aquella luz que arde dentro de ti, ¿la sientes de alguna manera diferente a la luz que brilla en tus hermanos los hombres?”

 

“No es en modo alguno diferente, aunque el prisionero es mantenido en cautiverio por el Karma, y aunque sus vestiduras exteriores engañan al ignorante al decir: “Tu alma y Mi Alma.”

 

La unidad radical de la esencia última de cada parte constituyente de los compuestos de la Naturaleza, desde la estrella al átomo mineral, desde el más elevado Dhyani-Chohan hasta el más pequeño infusorio, en la acepción completa de la palabra, y ya se aplique al mundo espiritual, intelectual o al físico, esta es la ley fundamental en la Ciencia Oculta.

La Doctrina Secreta,Vol.I, p.120

 

Esta unidad radical no es “algo” amorfo, estático, inerte. Es la VIDA misma. No  existe punto en el sistema entero de la gran Naturaleza en que no esté encarnada la consciencia en una u otra forma. Ni están todos estos puntos de luz, ni su consciencia, desconectados de alguna manera. Todos están participando de un reflejo monádico vivo, cada uno en su propia forma, reflejando el total, y todos los otros puntos en el todo. Todas las estrellas que vemos en la noche son nudos de Fohat. El universo no está vacío. Está lleno. Es un conjunto de océano de energía, luz, vida y electricidad. Fohat, (un término prestado de los tibetanos) es la base de la electricidad y magnetismo místico y metafísico. Al existir en todo el universo, a Fohat se le da dirección a través del pensamiento: “Fohat es el corcel y el pensamiento el jinete.” (La Doctrina Secreta, Vol. I, p.107-108).

Un ejemplo del dinamismo vivo del universo se ve en la ciencia creciente de los agujeros negros. La teoría de la relatividad de Einstein condujo a una nueva concepción del cosmos, en el cual tiempo y espacio no son cantidades fijas, sino más bien podrían cambiar y “curvarse”, podrían vibrar y expandirse, o aún arremolinarse y desaparecer en un agujero negro. Esto ocurre cuando una masa crítica de materia y energía se concentra en un lugar hasta el punto en el que todo lo que está en su cercanía es atraído, capturando así toda la materia que le rodea. La teoría es que, como los gases se condensan y las partículas colapsan, cuando se arremolinan hacia dentro del centro de un agujero negro como el agua bajando por un desagüe, intensas presiones crean campos de energía dinámica que a su vez causan que la inmensa energía surja de estos centros de energía masivos e invisibles.

Desde la década de 1950, los astrónomos han sabido, por la información disponible obtenida por medio del uso de antiguos radio telescopios, que las galaxias están emitiendo enormes cantidades de radio energía desde sus centros. Se piensa ahora que son los agujeros negros los que están haciendo esto. Paradójicamente, como la materia es atraída hacia estos imanes invisibles, la energía es emitida fuera de ellos. Se estima que el agujero negro en el centro de nuestra Galaxia de la Vía Láctea tiene una masa de 4.1 billones de veces a la de nuestro Sol. Ahora, el consenso general entre muchos astrónomos es que el universo tiene millones de agujeros negros y que no están solamente generando cantidades pavorosas de energía, sino que también están potenciando el movimiento giratorio de muchas de las galaxias. Algunos científicos están ahora preguntándose si los agujeros negros proporcionan la integridad cohesiva de la que aún es una galaxia, al menos en sus comienzos formativos.

Recientemente, se ha construido una imagen digital de un agujero negro, usando información recogida simultáneamente de algunos radiotelescopios e interpretada por algoritmos matemáticos. La técnica es conocida como Interferometría Basal de Largo Alcance. Todos sabemos que el poder de las lentes de un telescopio es aumentado por su tamaño. Bien, ¿qué hay si pudiéramos hacer una lente del tamaño de la tierra? Los astrónomos han deducido que conectando matemáticamente la información que es simultáneamente recogida de telescopios colocados estratégicamente alrededor del mundo, se podría hacer exactamente eso.

Los astrónomos pueden, con radiotelescopios y usando esta técnica, “ver” años luz de distancia en las distantes extensiones del espacio. O, un sentido humano más apropiado por medio del cual pensar sobre esto es decir que podemos “escuchar” distancias increíbles, ya que las ondas de radio es más probable que suenen, a que iluminen. Sólo hace una semana que los científicos, usando algoritmos y computadores, crearon lo que equivale a una fotografía digital de un gigante agujero negro en la galaxia que ellos llaman M87, distante unos 55 millones de años luz de nuestra tierra. Se estima que es varios billones de veces más masivo que nuestro sol y, en realidad, los científicos dicen que está liberando un enorme chorro de energía al espacio a unos 5.000 años luz.

Mientras más sabe la ciencia de la exploración del espacio profundo por medio del famoso telescopio Hubble, Interferometría Basal de Largo Alcance y otros medios, más humildes son los científicos. A medida que aumenta el perímetro de nuestro círculo expansible de conocimiento, más hay una interconexión entre lo conocido y lo desconocido, y la mente está enfrentada con la comprensión de cuánto, verdaderamente, no sabemos. Y, aunque si somos honestos y de mente abierta, como es el caso con muchos grandes científicos, esto puede despertar una clase de reverencia agnóstica:

 

Mientras mayor el nivel de la gnosis, más profunda la reverencia agnóstica por lo Desconocido, lo Insondable, lo Inagotable y lo Inexpresable. Esto ha sido apreciado por los pensadores más profundos en las matemáticas puras, la astronomía teórica, la física cuántica y la microbiología.

 

Raghavan Iyer,

“Kalahansa y Kalachakra”

Hermes, julio de 1989

 

La reverencia agnóstica es la reverencia del prodigio, que significa que el mundo es más profundo, más misterioso de lo que nosotros habíamos comprendido hasta aquí como posible. El agnosticismo no es necesariamente oscuridad o un callejón sin salida, terminando en duda. Más bien es un despertamiento en el que siempre es posible aprender más. Siempre existe la posibilidad de más luz más allá.

 

La reverencia ante un misterio es cuando hemos comprendido que lo que podría ser oscuridad desde un punto de vista o desde un plano de percepción, puede finalmente ser comprendido como pura luz y energía desde otro punto de vista, desde un plano superior de percepción. Quizás los sentidos más sutiles podrían un día revelarnos que lo que pensamos que fue un completo misterio, es en cambio una luz que está siempre fluyendo, insondable e inagotable.

(Continuará)

 

 

 

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