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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 09 -  Junio 2019  (en Castellano)
 

 
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El papel del amor y el odio

en el sendero espiritual superior

 

William Wilson Quinn

Antiguo miembro de la ST en Norteamérica, habiendo servido como Editor de su revista y

como Editor Asociado de la TPH (Wheaton). Es graduado en Divinidad y  Humanidades.

 

Antes de comprometernos en una consideración significativa sobre el amor y el odio desde el punto de vista de la philosophia perennis, primero debemos revisar el principio de polaridad, que, como un primer principio dentro de esta filosofía primordial, es inmutable e inmemorable. Esta consideración es necesaria porque amor y odio representan los “dos polos del ‘Alma’ del hombre,” como comentó el Adepto Koot Hoomi (KH), identificándolos expresamente como un ejemplo clásico de la naturaleza binaria de la polaridad. Comprendidos como sentimientos o emociones por iniciados de la Orden de la cual los Adeptos Morya (M.) y KH son miembros, el amor y el odio son también descritos por KH como “sentimientos inmortales,” y como tales son una excepción a la regla que expresa que todos esos componentes que constituyen el cuarto de los siete principios del ser humano, el kamarupa o centro de la emoción, se desintegran en algún punto después de la muerte. El significado de esta excepción relativamente oscura para el viajero en el sendero espiritual superior no puede ser exagerado. Las elecciones que él o ella hacen basadas en la emoción que implica amor y odio como los polos de este eje, e incluyen sus diversos grados entre estos dos polos, necesariamente tendrán efectos inmediatos y duraderos en el viaje espiritual superior del viajero.

 

El “Primer Principio” de la polaridad

 

La polaridad, que es sinónimo de dualidad, y la síntesis de sus dos polos opuestos en una unidad, es un componente central y está entre los primeros principios de la tradición de la sabiduría antigua. En los Vedas, por ejemplo, este principio está expresado por los conceptos de purusha y prakrti. El primero es el principio activo o masculino, mientras el último es el femenino o pasivo, que representan los dos polos axiales de toda la manifestación en el universo. En la Vedanta, este principio de dualidad está expresado por el término dvaita, cuya síntesis es advaita. Otras escrituras sagradas antiguas y asociadas a la literatura histórica, similarmente abundan en referencias a este principio, el más visible de los que se encuentran en las expresiones Taoísta (yin/yang), tántrica (Budista e Hindú), y Gnóstica Helenística[1]. La polaridad, como un principio, también es reconocida en varias formas en las tradiciones religiosas principales. En suma, este principio ocasionalmente presentado como sicigia, fue un elemento clave del pensamiento pre-Socrático, evidenciado por la “tabla de los opuestos” (diez) formulada por Pitágoras, y conservada por el método de Aristóteles en su Metafísica. Todos estos escritos, colectivamente, sostienen que el primer principio de la polaridad, y simultáneamente la coincidencia oppositorum (la síntesis o “coincidencia de los opuestos”), puede ser encontrado en cada nivel de la manifestación y en cada modalidad manifestada o funcionamiento, hasta ese punto de coincidencia.

 

H. P. Blavatsky (HPB) a menudo trataba el principio de polaridad, contrarios u opuestos, en referencia a diferentes fenómenos. Entre sus comentarios más breves, y uno que ilustra una correspondencia del macro-principio con el micro-sujeto, es el siguiente:

 

La Filosofía Esotérica no reconoce ni el bien ni el mal per se, como existiendo independientemente en la Naturaleza. La causa de ambos se encuentra, por lo que respecta al Kosmos, en la necesidad de los contrarios o contrastes; y respecto del hombre, en su naturaleza humana, su ignorancia y sus pasiones. No hay Demonios o seres absolutamente depravados, como no hay Ángeles absolutamente perfectos, aun cuando puede haber espíritus de Luz y de Tinieblas; así LUCIFER… es el Logos en su aspecto más elevado, y el “Adversario” en su aspecto inferior, reflejándose ambos en nuestro Ego”.[2]

 

Quizás, más importante, es esta perspectiva humana donde, como en otros lugares, estos dos opuestos están en un constante estado de intercambio y tensión, luchando por la solución o reconciliación. Esto fue acentuado por Aquino en su enunciado duo sunt in homine (literalmente, “hay dos en el hombre”), ilustrando además la centralidad de este principio. Estos dos contrarios Interno/Superior y Externo/Inferior del ser humano, así como los sentimientos inmortales del amor y el odio, están conectados como correlativos. Como observó HPB, estos opuestos o contrarios siempre ocurren en pares, ejemplos de los cuales son luz, abnegación y supra-consciencia versus oscuridad, egoísmo e inconsciencia, ninguno existe independientemente per se, sino como contrarios interrelacionados, pero polares a lo largo del mismo eje. También podemos agregar a estos los conceptos morales del bien y el mal.

 

Lo que podría ser llamado el aspecto supremo de la polaridad es su solución o síntesis, la dualidad en la mónada. Esta solución es la coincidencia oppositorum en la cual la dualidad debe, en algún punto, disolverse antes y en el uno o unidad. Esta es la acción de la coincidencia de su naturaleza binaria, equilibrándose efectivamente y neutralizándose en el proceso de unión. Esta integración dos en uno es la meta final del esfuerzo humano, el ens perfectissimum (“bien absoluto”) de la metafísica esotérica, la liberación total, moksha, nirvana; es la identidad con el Ser incondicionado. Este aspecto de la polaridad está, en suma, entre los temas más sublimes y sagrados de la philosophia perennis, de la theosophia, referido en los diferentes sistemas ocultos o religio-filosóficos y esotéricos como plena iluminación, transformación, o realización de Dios, términos que pueden ser característicos de doctrinas específicas pero que transmiten el mismo significado. Comentado muy brevemente, es una completa síntesis o coincidencia oppositorum, cada polo transubstanciado en el otro, formando uno de los dos o sublimando la dualidad en un estado holístico y unificado más allá de los contrarios y condiciones.

 

La condición singular del amor y el odio

Como ejemplos del principio de polaridad, sabemos por KH que “Amor y Odio son los únicos sentimientos inmortales, los únicos supervivientes del naufragio del Ye-dhamma, o el mundo fenomenal”.[3] Podemos extrapolar seguramente de esto, que  amor y odio son los sobrevivientes de la disolución del mundo fenomenal, que incluye el “cuaternario inferior” de los siete principios del ser humano. Por consiguiente, amor y odio, son sentimientos inmortales y, como tales, están protegidos como una excepción a la regla de que los fenómenos del ser humano deben desintegrarse después de este “naufragio” que podemos llamar muerte, se integran parcialmente con el mundo noumenal de la “tríada superior” de estos siete principios, siendo atma (7° principio), buddhi (6°principio), y manas (5°principio), durante la transición de la muerte al renacimiento. Estos principios superiores son las “facultades espirituales” de las que habla KH cuando agrega que “Nada queda de ese Pasado que ha vuelto a renacer (encarnación anterior), excepto lo que el Ego ha experimentado espiritualmente, aquello que evolucionó y vivió por y a través de sus facultades espirituales, ya sea amor u odio.”[4] Es significativo que KH use el verbo “experimentar” para explicar la resurrección del amor y el odio en la condición post mortem del devachan, y potencialmente en las encarnaciones subsiguientes, en contraste con los “recuerdos” puramente intelectuales de nuestros hitos espirituales.

 

Si la supervivencia del amor y del odio es una excepción a la regla de que los sentimientos o emociones, como progenie del kamarupan (4°principio) en unión con manasarupa (5°principio inferior), no sobreviven a la transición de la muerte al renacimiento, ¿cuál es esa regla? La regla es que a la muerte de uno, los tres principios inferiores, el 1° o cuerpo físico, el 2° o cuerpo etérico y el 3° o cuerpo vital (jivatma), todos mueren juntos, y así se separan de los cuatro principios superiores restantes que entonces existen juntos, transitoriamente, en el kamaloka. Allí sigue una “lucha a muerte” de los principios 6° y 7° versus el 5° y el 4°, y donde predominan los dos principios superiores, atraen hacia ellos… ”la quintaesencia del Bien del quinto… y las partes más espiritualizadas de su mente (5° principio superior), sigue a su divino mayor (el 7°) al estado de ‘Gestación’.”[5] KH agrega además a esto que al final de esta lucha a muerte,”… el 6° y 7° (principios) llevando una porción del 5°…”entran en el estado de gestación”… con el botín espiritual del 5°.”[6]

 

Significativamente, con respecto a los sucesos de la transición post-mortem, ni KH ni M. proporcionan detalle alguno acerca de la excepción que las emociones del amor y el odio pueden ser parte de este “botín” que sobrevive a los estados post-mortem iniciales como un componente de la entidad inmortal que reencarna del ser humano, la Mónada espiritual. KH explica, no obstante, que ningún otro sentimiento existe en la felicidad del devachan, “…nada, aparte de ese sentimiento de amor inmortal y de esa fuerza de atracción compasiva cuyas semillas se plantaron en el quinto principio, cuyas plantas florecen exuberantemente en el cuarto principio y a su alrededor, pero cuyas raíces han de penetrar profundamente en el sexto principio”.[7] Como el contrapunto polar al devachan, se le deja a uno especular si este mismo modelo o proceso puede aplicarse al odio en ese estado post-mortem llamado avichi, donde, para aquellos que recorrieron el sendero oscuro, no existe ningún sentimiento “aparte de ese sentimiento inmortal” del odio, y si  es aún posible que las “raíces” del odio “penetren profundamente” en el 6° principio (buddhi), como lo hacen las raíces del amor.

 

Elecciones en el rango entre el amor y el odio

 

Para el viajero en el sendero espiritual superior, el significado de la inmortalidad de la emoción del amor y su sobrevivencia en el devachan, y potencialmente de una encarnación a otra, debería ser inmediatamente obvio. Con respecto al transporte de la esencia del amor y del odio a futuras encarnaciones, sabemos de M. que “El hombre posee sus siete principios, cuyos gérmenes lleva consigo al nacer.”[8] Por lo tanto, inmerso en el remanente del 5° principio que forma parte de la Mónada que reencarna de cada ser humano, el amor inmortal o el odio, posiblemente pueden regresar en nuevas encarnaciones dentro de los “gérmenes” de los cuales habla M. A lo largo del eje del amor y del odio, donde el viajero crea decisiones significativas en la vida, mientras aún no ha alcanzado una condición de verdadera libertad, sus consecuencias espirituales pueden ser  salvadoras o catastróficas.

 

Dado que el amor y el odio son los polos extremos de un eje, debemos reconocer que existe un amplio espacio a lo largo de este eje donde estas emociones opuestas se superponen y comienzan a unirse, semejante al agua salobre formada por la confluencia donde grandes ríos se juntan con el mar. Como escribe KH:

 

Sí, Amor y Odio son los únicos sentimientos inmortales; pero las gradaciones de tonos a lo largo de siete por siete escalas del teclado completo de la vida, son innumerables. Y puesto que esos dos sentimientos, (o… esos dos polos del ‘Alma’ humana, la cual es una unidad), configuran el futuro estado del hombre, ya sea para el Devachan como para el Avitchi, entonces la variedad de esos estados también debe ser inexhaustible.[9]

 

Es pocas veces que uno se ve enfrentado con una elección entre el amor puro, o absoluto con el odio puro o absoluto. Como señala KH “las gradaciones de tonos” a lo largo del eje entre los polos extremos del amor y del odio son “innumerables.” Tales elecciones, entonces, son casi siempre más sutiles que tajantes, y a menudo más ambiguas que claras. Donde las circunstancias son ambiguas, puede no siempre ser fácil discernir la intención desinteresada de la egoísta, cuando nos enfrentamos con elecciones en  la vida. En suma, los viajeros pueden tener “emociones mezcladas” cuando enfrentan tales problemas en su vida diaria.

 

El desafío principal para el viajero que huella el sendero espiritual superior, por lo tanto, es ser capaz de discernir con precisión entre  las ambiguas  emociones del amor-odio cuando se toman opciones significativas en la vida, y similarmente evitar una indiferencia o apatía que ignora el amor como compasión. Para el viajero que es lo suficientemente afortunado, de haber alcanzado un estado de genuina libre voluntad, estas opciones son efectivamente tomadas por él o ella. La libre voluntad ocurre solamente donde el viajero ha sido capaz de sincronizar su voluntad individual funcionando a través de la persona interna (atma-buddhi-manas) con la voluntad cósmica o Universal. Sin embargo, donde no se ha alcanzado aún este estado superior y las opciones que se toman se hallan dentro de este laberinto salobre o “las gradaciones de tonos” entre los polos del amor y el odio, las consecuencias de tomar la opción correcta o incorrecta, son profundas. Entregarse completa y firmemente al camino del amor universal, por ejemplo, en las opciones de vida que uno hace dentro del eje del amor y del odio, es amar  bien y por eso recibe sus recompensas. Esta idea está reflejada en las palabras de KH, quien escribió que “A menos que un hombre ame mucho u odie también mucho, no estará en el Devachan ni en el Avitchi”[10] durante la transición post-mortem.

 

Las dos opciones y sus consecuencias

 

Puede parecer sorprendente que en sus escritos, los Adeptos M. y KH pongan mucha atención, y también HPB, a la vía oscura, el sendero de la oscuridad, donde florecen el temor y el odio. En un punto KH se refiere a “…las dos clases de iniciados, los adeptos y los hechiceros”[11], refiriéndose también a los últimos como a los “Hermanos de la Sombra”, entre quienes está una discreta orden de monjes de los Himalaya conocidos como Dugpas. Además, sabemos que estos Hermanos de la Sombra tienen reglas en sus órdenes, y entrenan a neófitos con sus insidiosos métodos de funcionamiento que incluyen seducción y temor, entre otros. Más que buscar ejercer control sobre uno mismo para el beneficio de los demás, como hacen los Adeptos y sus chelas, los hechiceros buscan ejercer control sobre los demás para sus propios fines egoístas, siguiendo “el sendero de la izquierda” o polo de la polaridad entre cuyos elementos están el egoísmo y el mal, y donde el odio es utilizado como una emoción de fuerza destructiva. Como observó HPB, “Afortunadamente muy pocos, fuera de los altos practicantes del Sendero de la Izquierda y de los Adeptos de la Derecha… comprenden las evocaciones “negras” (mágicas)… (y los) hechiceros odian a todos esos que no están con ellos, argumentando que, por lo tanto, están en contra de ellos.”[12] Las consecuencias de escoger este sendero de la oscuridad son finalmente el aislamiento y la destrucción total como Mónada humana, y la entrada en avichi puede estar relativamente próxima en el largo ciclo de la transmigración.

 

De hecho, no debería sorprender que M., KH, y HPB hicieran referencia a esta vía oscura en sus escritos, aún mientras promueven expresamente la  vía lucis, “el sendero de la luz”, para aquellos cuya meta es más progreso espiritual. Esto es así porque, primero, la vía oscura representa el opuesto polar de los senderos escogidos de estos Adeptos. Así proporciona un contrapunto absoluto para escoger entre estos dos senderos, bajo el precepto de que las cosas están definidas por sus opuestos. Pero segundo, y lo más importante, quienes están en probación y chelas recientemente aceptados permanecen en riesgo, por ejemplo, intoxicándose con los nuevos poderes que pueden haber desarrollado o sucumbiendo a impulsos egoístas de un dilatado ego personal, y posiblemente deslizándose hacia atrás a ese otro sendero. No hay garantías cuando la búsqueda espiritual del viajero alcanza estos niveles, aún bajo la atenta mirada del gurú, ya que cada uno somos el navegante en nuestro propio viaje, y cada uno nuestro “propio absoluto legislador, dispensador de gloria o de oscuridad” para nosotros mismos. Las tentaciones son fuertes y peligrosas, y como M. escribió una vez a su chela RamaswamiIyer, aún “Un chela aceptado no está libre de tentaciones, pruebas, ni tribulaciones”.[13]

 

Sin embargo, permanece el hecho de que la esfera de la vía oscura alberga la emoción del odio, mientras la esfera de la vía lucis alberga la emoción del amor, y que cada una es el opuesto de la otra. Para el viajero en el sendero espiritual superior es también crucial distinguir, en un debate del amor, las diferencias en esa emoción que puede comprenderse por medio de los antiguos términos griegos. Los griegos desarrollaron algunos términos separados bajo el rótulo del amor, pero para nuestros propósitos necesitamos concentrarnos solamente en dos: (1) eros, del  cual deriva la palabra inglesa “erótico”, que tiene que ver con un amor específico y personal, y (2) ágape, que tiene que ver con un amor impersonal e incondicional, como los Adeptos y sus chelas tienen por la humanidad como un todo. Por consiguiente es sólo ese amor, ágape, del que hablamos en este debate. Este es el amor necesario para hollar el sendero espiritual superior, como observado por KH cuando escribió que “… no sólo me lo han enseñado, sino que estoy deseoso de subordinar toda preferencia por los individuos, al amor por la raza humana.”[14] Este es el amor a todos los seres y compasión por su sufrimiento, el ideal Buddhista del bodhisattva, cuyos adherentes practican metta, traducido del pali como “bondad amorosa” y para quienes “La Compasión no es un atributo. Es la Ley de las Leyes, la Armonía eterna, el YO de Alaya; una esencia universal ilimitada, la luz de la Justicia imperecedera y lo adecuado de todas las cosas, la ley de amor eterno.”[15]

 

Enfoque final a una síntesis del odio y del amor

 

En este punto, en nuestro ciclo de duración, la ominosa sombra de la vía oscura avanza constantemente sobre nuestro globo, en numerosas formas. Por esta razón, debe hacerse un continuo esfuerzo por promover su opuesto, la vía lucis, como un antídoto para la desesperación y sufrimiento que siguen al despertar de estas fuerzas oscuras. Aquellos que se consideran ser viajeros en el sendero espiritual superior deben entonces responder sin equivocación siguiendo la religión del corazón y escogiendo el amor como su sendero, y así irradiar amor puesto que como HPB observa hábilmente “El odio nunca se extingue con el odio; el odio cesa mostrando amor, esta es una antigua regla.”[16] Y esta “antigua regla,” como dice HPB, es la clave para equilibrar y neutralizar los efectos del odio y la oscuridad, que son ahora tan aparentes en los acontecimientos del mundo. Uno no puede recorrer los dos senderos opuestos simultáneamente; uno debe escoger un sendero y seguirlo hasta que se alcance el punto final de la síntesis. Estas fuerzas oscuras sólo pueden neutralizarse irradiando amor universal e incondicional hasta ese punto místico de coincidencia de la oscuridad y la luz, del odio y el amor, cuando el viajero al final escapa de las compulsiones de los pares de opuestos, de los contrarios, y asciende al inefable estado más allá de ellos.

 

Pero hasta que se alcanza ese estado inefable, se necesita un sostenido esfuerzo por parte del viajero en el sendero de la luz, conscientemente, para irradiar y proyectar esa bondad amorosa, el “sentimiento inmortal” hacia todas las personas, hacia todos los seres sensibles, para compensar el manto de angustia, temor y sufrimiento global. Al igual que nuestros mentores, los Adeptos lo hacen, debería llegar a ser parte del deber del viajero proyectar y transmitir a través de todos los medios disponibles, la esperanza y consuelo que son inherentes en el sendero del amor y de la luz. Por ejemplo, él o ella deberían ser un constante recordatorio para otros de que el amor es la asombrosa y deslumbrante belleza de las emanaciones prismáticas que fluyen desde atma y buddhi, el resplandor sereno y espiritualmente luminoso que “todo lo abarca en la unidad”, el bienvenido refugio del calor que simula los rayos del sol que nutren y bendicen todas las cosas que tocan, incondicional e indiscriminadamente. Y así el sentimiento inmortal del amor acompañará al viajero al devachan y posiblemente en futuras encarnaciones, y amplificará su rol como un ser espiritual, porque “Sólo el que alberga en su corazón el amor a la humanidad, el que es capaz de captar por completo la idea de una Fraternidad práctica y regeneradora es el cualificado para la posesión de nuestros secretos”.[17]

 

 

 

Referencias


 

[1] Ver particularmente el tratado de las escrituras gnósticas titulado “The Thunder, Perfect Mind”: “Porque soy el primero y el último, y soy el honrado y el despreciado, soy el que adora dioses falsos y el santo”, etc. De Robinson, James M., ed. The Nag Hammadi Library, San Francisco: Harper &Row, 1977, p.271.

[2] Blavatsky, H.P, La Doctrina Secreta, Vol. II Los Angeles: The Theosophical  Company, 1947, p.162.

[3] Chin, Vicente H., ed. Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, Manila: TPH, 1993, p.209.

[4] Idem., p.263

[5] Idem, p.193

[6] Idem, p.213

[7] Idem, p.209

[8] Idem, p.120

[9] Idem,p. 264

[10] Idem,p.215

[11] Idem, p.504

[12] Blavatsky, H. P,. Collected Writings, vol.14. Adyar: TPH, 1985, p.105

[13] Jinarajadasa, C., comp. .Cartas de los Maestros de Sabiduría, 2ª. Serie, 4° reimpreso. Adyar: TPH, 2002, p.101

[14] Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, p.92

[15] Blavatsky, H. P.,trad. La Voz del Silencio, Adyar: TPH, 1964, p.208

[16] ------------,Collected Writings, vol. 12, p.434

[17] Las Cartas de los Mahatmas a A. P. Sinnett, p.100

 

 

 

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