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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 08 -  Mayo 2019  (en Castellano)
 

 
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Viajando con Radhaji por Latinoamérica

 

Dolores  Gago

 

Trabajó en la Sede Internacional de la ST en Adyar desde 1999 durante más de diez años,

como Secretaria Internacional, y luego como Secretaria de la Escuela de Sabiduría.

 

 

Entré en contacto con la Sociedad Teosófica (ST) cuando era muy joven. Aunque me gradué en un Colegio Americano en Uruguay donde la mayoría de las asignaturas eran enseñadas en inglés, es una cosa saber algo de inglés, y completamente otra, traducir una conferencia teosófica. Mi primera experiencia de esta clase tuvo lugar “por casualidad” durante la primera visita a Uruguay del Sr. N.Sri Ram, quinto Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica (ST). Él estaba acompañado por mi tutor teosófico de Colombia, el Sr. Walter Ballesteros, quien iba a ser el traductor, pero cuando llegaron al aeropuerto local de Montevideo, este repentinamente perdió su voz.

 

Las conferencias de Sri Ram iban a tener lugar en el auditorio principal de nuestra Universidad Central. Ballesteros me pidió que tomara su lugar como traductora, y agregó que él se pararía justo detrás de mí para ayudarme si fuera necesario. Fue una experiencia inolvidable. Desde ese momento me convertí en la traductora de los conferencistas teosóficos que visitaban muchos países de América Central y de América del Sur. Así es como me convertí en la traductora de la Sra. Radha Burnier, séptima Presidenta de la ST e hija de Sri Ram.

 

Recuerdo la primera visita de Radhaji a un país sudamericano. La conferencia iba a tener lugar en una biblioteca renombrada y la mayor parte de la audiencia estaba compuesta de estudiantes. Después de algún tiempo vi que uno de nuestros miembros estaba intentando decirme algo usando sus manos. Al mismo tiempo estaba preocupada porque vi que algunas personas estaban abandonando la sala. Radhaji había comenzado usando términos sánscritos, que son, como es bien sabido, muy difíciles de explicar, así que le mencioné de una manera sutil que usara un lenguaje más fácil. Al final, la audiencia recibió con agrado su decisión y el miembro que estaba tratando de comunicarse conmigo estuvo muy agradecido. El lugar sugería una audiencia más erudita, pero los temas principales del pensamiento teosófico eran todavía nuevos para los universitarios occidentales.

 

En otra ocasión, nuestro anfitrión me advirtió que algunas veces un caballero particular de la audiencia, al final de las reuniones, se pararía y comenzaría a hablar con el deseo obvio de destacar su conocimiento. Informé a Radhaji y ella me dio una sugerencia inmediata: “Sólo escuche sus comentarios y tome su propia decisión.” Ella presentó su conferencia, la audiencia agradeció con su aplauso, ambas nos encontrábamos sentadas, y repentinamente el caballero mencionado se paró y comenzó a hablar. También me paré y miré a Radhaji, quien con sus ojos me decía que continuáramos con nuestro plan.

 

No interrumpí al caballero, pero esperé hasta que finalmente dejó de hablar. Entonces le agradecí su participación y agregué que, como no estaba relacionada con el tema principal de la conferencia, la conferencista no tenía observaciones que hacer. La audiencia se puso de pie con una fuerte ovación y se volvió difícil para nosotros dejar la sala. Después de algún tiempo fui informada que el caballero dejó de visitar las salas teosóficas.

 

En otra ocasión, en un pueblo al norte de Uruguay, fuimos recogidas por algunos miembros de la ST quienes se presentaron como responsables del programa de nuestra visita.  Fuimos llevadas en un coche a un lugar que pensé estaba muy lejos de la sede teosófica local de la ST. Mencioné este hecho a nuestro conductor y él me dijo que la conferencia iba a tener lugar en un “sitio muy especial”. Finalmente, llegamos al lugar y nuestra sorpresa fue inconcebible. Nos encontramos en un jardín grande y bello, con algunas estatuas desnudas cuyas partes privadas habían sido cubiertas con telas de colores. Al final del enorme jardín había una gran piscina llena de agua limpia. Se nos dijo que el almuerzo se iba a servir antes de la conferencia y que la audiencia podría escucharla sentada en algunas sillas disponibles o bien sentándose con las piernas cruzadas sobre el suelo alrededor de la piscina.

 

Para entonces, Radhaji y yo teníamos dudas acerca de nuestra finalidad. Ella me preguntó, “Dolores, ¿está segura que estamos en la Sociedad Teosófica?” a lo cual respondí que tenía mis propias dudas pero que investigaría. Así que encontré una silla para ella y le pedí que no se moviera de allí hasta que yo volviera. (A propósito, las sillas eran muy sofisticadas, reales obras de arte, bellamente talladas con incrustaciones de nácar y hermosa pintura de oro).

 

Dando vueltas encontré a dos o tres personas que preparaban los alimentos, así que les pregunté si estaban preparando alimentos vegetarianos, un requisito importante tanto para Radhaji como para mí. La respuesta fue afirmativa, así que pensé que al menos una duda  había desaparecido, y continué mi investigación. El caballero que trajo las sillas parecía ser indio. Decidí hablarle y averigüé que era un empleado de la Embajada de India, en ese país, así que le hice otra pregunta, la más importante para nosotras: “¿Dónde estamos?”.

 

Se me dijo que el lugar, en ese momento, pertenecía a la Embajada India, que estaba intentando crear un centro cultural. Continuó que, anteriormente, la espléndida mansión había sido la propiedad privada de uno de los barones locales de la droga, y había sido confiscada por el gobierno nacional y ofrecida para la venta en una subasta pública a un precio muy conveniente. Y ahí estábamos, ¡tratando de dar una conferencia teosófica! Pero la aventura continuó. El almuerzo se dilató mucho, después del cual comenzó la conferencia, con la mayoría de la audiencia sentada alrededor de la piscina…

 

Finalmente, fuimos llevadas al lugar donde se suponía íbamos a dormir y tomar nuestro desayuno en la mañana. Era un departamento, con una pequeña sala de estar, un dormitorio con una cama doble, un baño, y una cocina donde encontramos los utensilios necesarios para nuestro desayuno. Era evidente que pensaron que compartiríamos la cama doble, algo que sabía es que Radhaji no lo apreciaría ni permitiría. Entonces me fui a la sala de estar e intenté hacer una cama en una clase de sofá que descubrí podría ser ligeramente alargado. Tenía en mi maleta una sábana y una almohada, y estas, junto con mi propio poncho, me sirvieron de ayuda. Entonces ambas descansamos muy bien.

 

Teníamos diferentes vuelos para dejar ese país y había informado deliberadamente a nuestro anfitrión que el primero de nuestros vuelos estaba programado una hora antes que la verdadera hora de partida. Fuimos recogidas más o menos a tiempo, pero el conductor decidió tomar el que pensaba era un camino más corto, uno de los túneles de la ciudad, pero sucedió que después de un breve momento nos encontramos atascados en un embotellamiento vial, así que el coche se movía muy lentamente. Después de algunos largos momentos de real angustia, finalmente llegamos al aeropuerto, ¡donde el nombre de Radhaji se escuchaba a través de los parlantes diciendo que era la última llamada para abordar el avión!

 

Un país que enfrentaba muchas dificultades también tenía que ser visitado y Radhaji y yo nos preparamos para ir allá. Cuando viajamos, es difícil llevar alimentos, pero conseguimos comprar chocolates y diferentes tipos de galletas, y allí aterrizamos. Fuimos recogidas por uno de los miembros de la ST, una señora que era médico y tenía permiso oficial para conducir un coche. Pero incluso si alguien podía permitirse tener un coche, la gasolina era muy difícil se obtener, así que cuando fui ubicada en el asiento delantero de pasajero, fui advertida que tuviera cuidado porque al frente de ese asiento la doctora llevaba un gran contenedor de vidrio ¡con gasolina extra para el coche! La contribución de la doctora a nuestra visita era transportarnos desde la sede teosófica al lugar donde íbamos a dormir.

 

Nuestra anfitriona era una señora profesora jubilada que vivía en el segundo piso del que había sido un acogedor edificio. El departamento tenía un dormitorio con una cama doble, un pequeño estudio, un lindo comedor, cocina y un baño. La situación política del lugar en esa época era muy difícil. La Sección Teosófica estaba formada de miembros que vivían en muchas otras ciudades además del lugar donde nos estábamos quedando, y todos estaban ansiosos de escuchar a Radhaji. Pero ¿qué hay acerca del problema de permanecer en la ciudad capital, y qué hay acerca de las comidas?

 

Algunas veces el valor y la buena voluntad producen milagros. Nuestra anfitriona había pedido ayuda muy de antemano. Durante un periodo de meses, los miembros usaban sus tarjetas de racionamiento para esperar en largas filas para comprar cualquier tipo de alimento que estuviera disponible ese día; y cualquier cosa que se obtuviera era almacenada en la casa de nuestra anfitriona. De esa manera, el problema de las comidas estaba resuelto. Pero ¿dónde podían ser acomodados los miembros que provenían de otras ciudades? La Iglesia Católica Liberal en ese lugar era muy importante, y siendo una organización unida a la ST, ellos decidieron ayudar. Los asientos de la Iglesia se convirtieron en las camas para todos los miembros visitantes.

 

Radhaji informó a los directivos de esa Sección que ella había traído una considerable cantidad de dinero como donación que podían usar para reparar su sede. Ellos respondieron que no podían aceptar el dinero porque el gobierno del país observaría el trabajo de reparación y esto les daría una excusa para comenzar a investigar todas las reuniones teosóficas; por lo tanto, los directivos de la Sección prefirieron continuar compartiendo las ideas teosóficas en la pobreza.

 

Radhaji dejó ese país y viajó al Instituto de Teosofía de Krotona en Ojai, California. Antes de irse, capté su sutil sugerencia, “Quizás usted podría quedarse algunos días más”, y así lo hice. El gobierno nacional no dio el permiso para visitar otros lugares, así que permanecí en la ciudad capital. Pude dar algunas conferencias, pero después de unos días, comencé a sufrir de fiebre muy alta. Afortunadamente, la doctora que había sido nuestra conductora unos pocos días antes llegó a mi rescate. Cuando pude viajar nuevamente, partí del país dejando atrás muchos amigos.

 

Aparentemente, el trabajo de un conferencista teosófico viajero tiene otros encantos, tales como pararse en un estrado para compartir pensamientos con aquellos que están buscando respuestas a los enigmas de la vida. Pero para Radhaji era simplemente un deber que sentía en su corazón.

 

 

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