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Vol. 140 - Número 08 - Mayo 2019 (en Castellano) |
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Armonía y fraternidad
SHIKHAR AGNIHOTRI Conferencista nacional de la Sección India de la ST. Charla dada en Adyar el 3 de enero de 2019 en la Convención internacional, Adyar. Antes de tratar de estudiar la ciencia de hacer de la armonía y la fraternidad una realidad en nuestras vidas, intentemos actualizar nuestra comprensión acerca de estas dos palabras y su uso en la literatura teosófica porque, como suele suceder, la misma palabra puede tener significados diferentes para diferentes personas. También tratemos de ver cómo estos dos estados de Conciencia, y no solo las palabras, están relacionados entre sí. La forma en que cada uno de ellos afecta al otro y cómo, si se logra uno de ellos, el otro le sigue naturalmente.
Tomemos primero la fraternidad o, para hacerlo más simple, la palabra "hermano", ¿qué significa? Puede haber muchos significados dados a esta palabra basados en los prejuicios de una cultura particular, pero la idea básica detrás de esa palabra es que dos entidades tienen un origen común. Por lo tanto, cuando a un grupo se lo llama ‘una fraternidad’, significa que las entidades de este grupo tienen un origen común. La Teosofía habla de la Fraternidad Universal, lo que implica que todo en este universo tiene un origen común.
Esta, en sí misma, fue una de las ideas más revolucionarias del siglo XIX. Implica que no solamente se dejan de lado las diferencias entre los seres humanos, basadas en el color de la piel, religión, nacionalidad, sino que los otros cohabitantes de esta Tierra como minerales, vegetales y animales están vivos y también comparten un origen común con los humanos. A los seres humanos se los considera como la cima de la creación en este planeta debido al mero egoísmo de algunos pocos pensadores.
Pero, por ahora, dejemos de lado los otros reinos de la Naturaleza y limitémonos solo a los humanos. Entonces, ¿será acaso posible darse cuenta de este sentimiento fraternal si solo observamos el cuerpo físico, las emociones y los pensamientos de la otra persona? Lo dudo, porque basado en la expresión física-emocional-mental que es la percepción normal, por lo menos para una persona no iluminada, tales individuos infinitamente diversos no pueden tener el mismo origen.
Entonces, lo primero que hay que comprender es que este sentimiento fraternal solo puede surgir en nosotros cuando intentamos ver algo más profundo que simplemente el cuerpo (el color de la piel y el género), gustos y aversiones, procesos del pensamiento, que denominamos colectivamente como la personalidad.
Es solo cuando tratamos de ver la fuente que mantiene funcionando a esta personalidad, la fuente que es común a todos, un campo más allá de la mente, que empezamos a ver un destello de la fraternidad de la que habla la Teosofía y que es la UNIDAD DE TODA VIDA, y no una semejanza de la forma o los pensamientos, o una uniformidad, como muchos la entienden. No hay uniformidad en la naturaleza. Incluso, ni dos hojas de la misma rama de un árbol son iguales.
Pero, lo más significativo a darnos cuenta es que no es posible ver el aspecto más profundo en el otro a menos que lo hayamos visto dentro de nosotros mismos. Este es un hecho natural muy simple. Lo que está dentro está afuera, proyectamos lo que está dentro de nosotros en la pantalla externa que llamamos mundo. Si soy mentiroso, consideraré a todos como mentirosos; si soy egoísta, todas las demás personas me parecerán egoístas; si soy una chispa de la Llama Divina, entonces todos serán una chispa de la Llama Divina para mí.
Entonces, hasta que no haya una comprensión más profunda de nuestra verdadera naturaleza, de nuestro origen, no podremos ver eso en el otro y, hasta entonces, el mundo seguirá siendo el mismo. Y tal vez, es por esto que Confucio dijo:
Cuando ponemos orden en nuestros corazones, hay armonía interior. Y cuando hay armonía interior, inevitablemente esta encuentra su expresión en forma de amor y compasión en todas nuestras relaciones, que no es más que fraternidad en la práctica y que no se limita solo a los humanos, sino a la manifestación en su conjunto.
De manera similar, cuando la fraternidad se practica en lo externo, no hay temor, inseguridad, envidia, codicia, orgullo, sentido de separación, lo que significa que hay armonía en el interior, y este ciclo de bondad continúa y se fortalece a sí mismo. Entonces, podemos decir que la armonía es fraternidad en forma potencial, y la fraternidad es armonía en acción. Por lo tanto, antes de intentar armonizar de forma externa se debe establecer, al menos en cierta medida si no perfectamente, armonía interior.
La pregunta más importante es, ¿cómo se puede establecer esta armonía interna? Para esto debemos saber qué es la falta de armonía y qué la causa. Normalmente, creemos que cuando todo sucede de manera suave, tranquila, hay armonía, y cuando hay diferencias o fricciones en cualquier forma, hay desarmonía. En otras palabras, se cree que el bien es armonía y el mal es la falta de armonía. La virtud es armonía y el vicio es la falta de armonía. Lo correcto es armonía y lo incorrecto es la falta de armonía.
No hay duda de que una distinción entre las dualidades relativas tales como el bien y el mal, lo correcto y lo incorrecto, el vicio y la virtud es necesaria en el camino de la evolución, pero llega una etapa en la que se vuelve obligatorio para el peregrino indagar en la raíz misma de la desarmonía y cuestionar las bases de esta diferenciación. Se debe hacer todo este esfuerzo para descubrir qué es realmente bueno y qué es malo. ¿Es el acto mismo o algo más profundo que el acto lo que crea esta falta de armonía? Y Luz en el Sendero indica claramente que la raíz de todo mal es el sentido de separación. Esto no es solo una respuesta filosófica, un modo de evitar los problemas en el mundo. Sino que cada vez más mentes científicas comienzan a darse cuenta de esto, y uno de ellos, el Sr. James Gustave Speth, un asesor estadounidense sobre cambio climático, dijo:
Esto implica que el bien, la virtud, lo correcto atan tanto como el mal, el pecado, lo incorrecto, por la simple razón de que la falta de armonía reside en el sentido de separación.
En el
momento en que nos consideramos separados del resto del universo, surge un
centro de actividad, centro de 'yoidad' e inmediatamente comienza la
interacción entre este centro y el resto del universo. Cualquier energía, ya
sea mental-emocional-física, que se libere a través de este centro hacia el
universo, creará desarmonía y el universo responderá a esta energía para
armonizar, de acuerdo con la ley de armonía, que a menudo se conoce como ley
de causa y efecto, ley del Karma, ley de retribución, etc., la ley sobre la
cual se funda todo el Universo, y las consecuencias tendrán que ser
enfrentadas por ese centro ya sean de placer o dolor.
Entonces, la causa de la falta de armonía no es la acción en sí, sino el
actor, la ‘yoidad’, el sentido de separación que es lo opuesto a la
fraternidad. Por lo tanto, podemos ir adquiriendo virtudes, haciendo buenas
obras, pero no serán suficientes si este sentido de separación no disminuye
y se reemplaza gradualmente por amor y compasión para todos.
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