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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 07 -  Abril 2019  (en Castellano)
 

 
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Auto-conocimiento,

la búsqueda de la Verdad

 

Clemice Petter

Directora del Departamento Editorial en Adyar. Conferencia dada  en la Rama Gandhi Nagar.

 

La Sociedad Teosófica (ST) fomenta el estudio comparativo de las religiones y afirma que no hay religión más elevada que la Verdad. Por lo tanto, parece importante investigar en ella y ver si podemos explorar la conexión entre Verdad y auto-conocimiento. ¿Por qué es tan importante comenzar con el auto-conocimiento?

 

En el prólogo de La Voz del Silencio, Blavatsky escribe:

 

El Libro de los Preceptos de Oro, algunos de los cuales son pre-buddhicos, mientras que otros pertenecen a una época posterior, contiene unos noventa pequeños tratados distintos. De estos aprendí hace años, treinta y nueve de memoria. Para traducir los restantes, tendría que recurrir a multitud de notas diseminadas entre los papeles y cuadernos de apuntes, coleccionados durante los veinte últimos años y jamás puestos en orden, siendo su número demasiado grande para que la tarea resultara cosa fácil. Por otra parte, tampoco podrían ser todos ellos traducidos y presentados a un mundo demasiado egoísta y apegado a los objetos de los sentidos, para estar en  disposición de recibir en su verdadero espíritu una moral tan sublime. Pues a no ser que el hombre persevere formalmente en su empeño de lograr el conocimiento de sí mismo, jamás prestará complaciente oído a reflexiones y enseñanzas de tal naturaleza. (énfasis agregado).

 

De este breve extracto está claro que sin auto-conocimiento no habrá buena voluntad para escuchar las enseñanzas que son de naturaleza distinta al del egoísta “mi y mío”. Este dice que el auto-conocimiento es el primer paso en el ámbito de la Verdad. El auto-conocimiento coloca la base, es el punto de partida para quienes zarpan hacia la Verdad.

 

Los seres humanos han vivido en la ilusión, en la oscuridad, lo cual es ignorancia, y muchos creen que esto es natural en la presente etapa de evolución de la humanidad. Pero puede que no sea así. Si miramos muy atentamente, podemos ver que la humanidad no ha estado buscando la Verdad, aun cuando todas las religiones dicen que ellas lo son. Lo que a  la mayoría de las personas les interesa es una forma de vida fácil, cómoda, pero si uno está buscando algo conocido, como la comodidad, uno ya no está interesado en la Verdad, porque la Verdad es lo desconocido, no puede ser reconocida porque es siempre nueva, no se repite, no puede tenerse a la mano, no puede ser guardada para el día siguiente.

 

Y esto es parte de la dificultad, los seres humanos le tienen miedo al cambio, a soltarse de lo conocido, que es nuestra forma de vida condicionada, por miserable que pueda ser, somos reacios a soltarla. Hay identificación y cierto sentido de seguridad en lo conocido, en estar seguro, en pensar que sabemos lo que hacemos, y cómo reaccionamos cuando enfrentamos la vida. Pero la vida no nos pide permiso, cambia. Y al estar así sobrecargados de toda clase de teorías y fórmulas acerca de cómo vivir, de qué es lo correcto y qué lo incorrecto, es imposible fluir con la vida. Nos resistimos, queremos  aplicar nuestra solución del ayer extinguido al nuevo vivir del ahora. Y esto produce toda clase de desdichas.

 

Para comenzar la búsqueda de la Verdad, el primer paso es el auto-conocimiento. Investiguemos en él y veamos por qué es así. Cuando deseamos mirar el cielo a través del telescopio, lo primero que tenemos que hacer es asegurarnos que las lentes sean las correctas y estén limpias, que todos los ajustes estén adecuadamente hechos, que todo el instrumento sea preciso, de modo que podamos ver sin distorsiones.  En el laboratorio también, los científicos son muy meticulosos con el microscopio. Es de  fundamental importancia que el equipo sea preciso y esté ajustado correctamente, de modo que cualquier cosa que se observe sea vista sin distorsión. De lo contrario, todo el trabajo será inútil, no puede ser confiable, y el resultado puede incluso ser desastroso. De la misma manera, para  investigar la Verdad, el primer paso tiene que ser acerca del instrumento, del equipo que tenemos para esta investigación. ¿Qué instrumento vamos a usar en la búsqueda de la Verdad?

 

El único instrumento que tenemos es la mente. Es obvio y necesario comprender cómo trabaja esta mente, cómo se comporta, sus reacciones; sus motivaciones e ilusiones tienen que ser observadas. Si esta mente, la cual es el instrumento, no es precisa, clara, limpia, libre de conocimiento, necesidades y deseos, de gustos y aversiones, distorsionará todo lo que vea y el resultado de ello será una ilusión cada vez más profunda. La exactitud de la mente se halla en su capacidad para vaciarse continuamente, nunca acumular. Y el arte de vaciarse es el arte de vivir. Para vaciar la mente, esta tiene que tener cierta cualidad de darse cuenta sin identificarse con lo que está sucediendo. La mente tiene que tener la capacidad de ser imparcial, ni personal ni impersonal. Es importante aclarar que no es posible ser imparcial mientras exista el “mí” proyectado por una mente dividida, confusa.

 

Mientras la mente se sienta separada, tal como al pensar en términos de “mi” y “tu”, no puede ser imparcial; lo único por hacer es observar que uno se siente separado, sin hacer el esfuerzo de ser uno con los demás, sino solamente permanecer con el hecho, el sentimiento de separatividad. El “mi” no puede ser uno con el total, porque al momento que uno dice “yo soy uno con el todo”,  todavía hay dos (”yo” y “el todo”), no hay unidad. También a la mente le gusta actuar, y puede proyectar un estado que piensa que es imparcial, pero esta proyección es otra forma de ilusión; se separará, se enfriará, será indiferente, y podemos llamarlo desapego, pero este trae consigo las semillas de la crueldad. El apego y el desapego son los dos lados de la misma moneda, el mismo movimiento de la mente. Es lo mismo que si estuviéramos en una habitación y viéramos que la parte de la habitación donde estamos no está limpia, de modo que nos movemos al lado opuesto de la habitación, pero todavía permanecemos en la misma habitación sucia.

 

Una mente que está dividida no puede posiblemente imaginar eso que es el todo, porque al momento que lo imagina, ya divide. Es como tratar de hacer un solo bloque de hielo poniendo agua en un recipiente que está dividido en muchos pequeños compartimientos, el resultado siempre será muchos pequeños cubos de hielo en vez de un solo bloque. Podemos cambiar la forma del molde, tenerlo redondo o cuadrado, pero el hielo aún estará dividido. Para ver algo como un todo necesitamos mirarlo con una mente que no tenga divisiones, que sea pura, no contaminada con ideas, ideales, prejuicios y juicios, el “mi”.

 

No es suficiente pensar que podemos dejar de juzgar o de tener fórmulas para  vivir. Este proceso de tratar de aplicar fórmulas a algo nuevo que se está llevando a cabo tiene que ser comprendido. Posiblemente no puede detenerse por medio de la voluntad, por la disciplina, porque cualquiera de tales fórmulas o formas de disciplina siempre provienen del pasado. La humanidad ha estado tratando de cambiar a través de fórmulas y disciplina  milenio tras milenio y no ha tenido éxito. Nunca triunfará porque es imposible ver lo que es con los ojos empañados por oscuros dogmas estancados. El trabajo que tenemos que hacer es comprender, tener una mente que esté aprendiendo constantemente y no acumulando conocimiento y técnicas. Las técnicas embotan la mente, y la repetición de fórmulas para vivir es enemiga de la Verdad.

 

Desde el comienzo de La Voz del Silencio encontramos: “Habiéndose vuelto indiferente a los objetos de percepción debe el discípulo ir en busca del Rajah (rey) de los sentidos, el Productor del pensamiento, aquel que despierta la ilusión.” Aquí Blavatsky afirma que el Rey de los sentidos es el productor del pensamiento, y al producir los pensamientos despierta la ilusión. Así las ilusiones son el producto de los pensamientos. Puesto que el Rey de los sentidos está constantemente produciendo pensamientos, está también continuamente despertando y produciendo ilusiones. Y continuará mientras no haya comprensión de este proceso. La ignorancia de este proceso es la ignorancia de nuestro yo.

 

Vivimos en la ilusión porque no hay auto-conocimiento. No sabemos lo que está sucediendo dentro de nuestra propia casa, nuestra mente, cómo funciona, cómo este “mi” entró en existencia, por qué reacciona de esta o aquella forma, o por qué reacciona. ¿Por qué no se queda quieto? No sabemos. Pero nos gusta pensar que sabemos, y por eso hemos creado muchas teorías y prácticas acerca de cómo vivir, cómo comportarnos, cómo respirar, sin nunca entender lo básico de nuestro yo. ¿Por qué es que nos enojamos cuando las cosas no van de la forma que deseamos? Por qué esta necesidad de controlar, aun cuando sabemos que las cosas más importantes en la vida no se pueden controlar: cosas como cuándo nacemos, en qué familia, quién va a entrar en nuestra vida, quién se va a ir o qué día dejaremos el cuerpo físico.

 

Entonces, nunca examinamos eso que es lo más básico, aunque queremos saber acerca de la creación del Universo y cómo funciona. Es como si una niña que no sabe cómo leer y escribir dijera que quiere ir a la universidad y aprender todos los temas complejos sin dominar lo básico, que en nuestro caso es la comprensión de la ilusión llamada “mi”, cómo se desarrolló, cuál es su raíz. Esta es la base desde la cual necesitamos comenzar la búsqueda, y aunque estas son las preguntas, huimos de ellas.

 

¿Por qué tener teorías acerca de todas las cosas se vuelve tan importante? ¿No es porque de hecho no sabemos y la mente no puede permanecer sin conocer? Siente que está en peligro y quiere sentirse segura, a salvo, y acepta inmediatamente una teoría o explicación y se satisface con ella. La mente se satisface con palabras que en la vida diaria no tienen ningún significado. Lo que tiene significado en la vida diaria es lo que estamos haciendo, por qué somos tan desgraciados, infelices, agresivos y dispuestos a defendernos a la menor provocación; y matar no es sólo físicamente, en realidad la forma más destructiva de matar es psicológicamente, con palabras y gestos, y nosotros nunca siquiera pensamos en eso. Aparentemente no vemos el poder de las palabras. Lo que es importante en la vida diaria es ver la codicia, los celos, la envidia, la competividad y la brutalidad del poder. Y todo eso está sucediendo a pesar de todas las creencias, ideales y teorías que uno puede cultivar.

 

La verdad se halla en las pequeñas cosas, no es algo distante de la vida diaria. La verdad está en todas las cosas, en cada segundo de la vida. No puede ser percibida porque miramos la vida con una mente del ayer, una mente que está ciega por las supersticiones, dogmas, creencias y fórmulas acerca de la vida, lo que debería ser, la que es una proyección de una mente distorsionada, desequilibrada, que no tiene contacto con lo que es, y por lo tanto proyecta lo que debería ser, el ideal. Comprender, ver cómo la mente se ha distorsionado, cómo constantemente produce ilusiones que son destructivas, darse cuenta de las consecuencias de ello, y qué estamos haciendo para nuestro yo y para la Tierra, es el comienzo del auto-conocimiento.

 

Somos ignorantes de nuestras propias maneras de pensar, de comportarnos y de ser. Y es esta ignorancia la que ha creado este mundo terrible en el cual vivimos, y sin auto-conocimiento hacemos lo que deseamos, realizamos rituales, oramos por la paz, acudimos a la iglesia cada mañana de domingo por el resto de nuestras vidas o nos sentamos tranquilamente en una esquina tanto como deseamos, nada de esto nos ayudará a ver la Verdad, simplemente porque esas cosas no se hacen para la comprensión de uno mismo. Ellas no nos ayudan a comprender nuestra relación con nuestra esposa e hijos, con el dinero y propiedades, no afectan nuestra vida diaria. Tan pronto como uno cumple los deberes en la iglesia o santuario, continúa la misma antigua forma de comportamiento.

 

Para comprendernos tiene que haber pasión, tiene que estar el impulso por comprender. Y tenemos que ser muy honestos en este asunto. Necesitamos ser honestos acerca de lo que estamos buscando, lo que nos impulsa. ¿Es que deseamos sentirnos seguros o tener una esperanza y consuelo? ¿O estamos buscando alcanzar u obtener algo, como la iluminación? Si este es el caso, tengo miedo de que haya una gran decepción, porque en esta Búsqueda no hay logros; no es algo que uno obtendrá al final. En realidad, no hay un fin para el auto-conocimiento, uno no puede decir “me conozco” en algún punto. Al momento de decirlo se convierte en mentira, no hay una entidad fija que conocer, solamente el proceso del pensamiento que creó la ilusión llamada “mi”.

 

Estamos viviendo cosas, siempre dinámicas, siempre cambiantes. Uno puede conocer una puerta o un automóvil, esas son cosas inanimadas que no cambian mucho. Pero los seres humanos están vivos, fluyendo, no pueden ser “conocidos”. Podemos entonces preguntar, ¿cómo me conoceré si no hay nada que conocer? Esta es su belleza, mientras uno no conoce al productor del pensamiento, mientras no hay auto-conocimiento, existirá la ilusión de una entidad separada llamada “mi”; uno siente muy fuertemente que uno está separado y continúa fortaleciendo esto. Pero al momento de ver este mecanismo que ha creado esta ilusión y lo mantiene, se cae a pedazos y la mente comienza a darse cuenta, a despertar todo el tiempo; ya no se duerme por toda la basura creada por el pensamiento. Y este es el comienzo de la paz o la verdad.

 

Hay una buena historia para ilustrar esto, un mito acerca de los vampiros, criaturas que solo actúan en la oscuridad, ellos salen de noche y duermen durante el día. Se dice que tienen que encontrar un lugar oscuro antes que salga el sol porque si los alcanza la luz, se convertirán en humo y desaparecerán. De la misma manera este “mí” sólo existe en la oscuridad, en la ignorancia. Cuando la luz de la comprensión lo alcanza, se convierte en humo. Poder ver sin distorsión es el primer paso. Y como dijo Krishnamurti: “El primer paso es el último.”

 

Para ver sin distorsión uno necesita comprender todo el proceso de la producción de la ilusión, todo el proceso de nuestra mente, y en este proceso de comprensión de uno mismo, uno tiene que caminar solo, porque todo se trata de nuestras propias ilusiones y distorsiones. La única ayuda que podemos encontrar, y que la encontraremos, es en las relaciones mutuas con los demás, porque es en las relaciones que este “mí” se revela a sí mismo, que uno puede ver los motivos, ambiciones, celos, codicia, justificaciones y formas de huir de uno, todos los gustos y aversiones, la auto-importancia que uno lleva a través de la vida, el sentimiento de ser superior o inferior, etc. Para poder ver realmente, tenemos que mirar, darnos cuenta en primer lugar de nuestra ignorancia. Como Blavatsky señaló: “Lo primero que se necesita para obtener el auto-conocimiento es volverse profundamente consciente de la ignorancia, sentir con cada fibra del corazón que uno es incesantemente auto-engañado.”

 

Sin auto-conocimiento no hay base para saber desde dónde comenzar. Nuestro pensamiento está distorsionado por todas las cosas creadas por el pensamiento, entonces no hay posibilidad de aclarar la comprensión. El movimiento de una mente que trabaja en la ignorancia es “concluir” y las conclusiones son fijas, pozas estancadas que traen más confusión. Mientras que la comprensión tiene una naturaleza diferente, es flexible, fluye y hace espacio a nueva comprensión. No cierra la puerta y dice “yo sé.”

 

Si uno ve a través de una mente prejuiciosa, tendenciosa, es como cuando uno maneja un automóvil que tiene el volante que gira solo hacia un lado. Uno no puede llegar lejos con tal problema mecánico, tiene que tener cuidado. De modo similar, si nuestra mente es de naturaleza ortodoxa, llena de conclusiones y conocimiento, siempre empujará en la dirección de sus conclusiones. Uno no puede moverse, trae parálisis. Entonces, aclarar el instrumento, limpiarlo, purificarlo, volverlo significativo, no contaminado con este “mi”, es el primer paso en un largo viaje hacia uno mismo, a lo desconocido. Como J. Krishnamurti señaló, significa “libertad de lo conocido.”

 

No tenemos tiempo para jugar, los seres humanos se están destruyendo, no solo físicamente, en interminables guerras y conflictos de toda especie, sino también psicológicamente. Hay egoísmo en todas partes, toda la estructura de la sociedad fortalece esta estructura del “mi”. Nuestra educación está diseñada para fortalecerla, los niños pequeños en la escuela son alentados a ser competitivos, y crecemos siendo enseñados de que tenemos que ser el “primero”, tenemos que obtener el mejor trabajo, las mejores calificaciones, etc.; somos enseñados a buscar la aprobación del mundo, a buscar el aplauso de los demás. Y en este proceso de buscar el reconocimiento en vez de la Verdad, nos perdemos a nosotros mismos.

 

El mundo se ha vuelto altamente tecnológico y no sabemos qué hacer con este progreso tecnológico. Si la humanidad no cambia, será desastroso, porque vamos a usar la tecnología para destruirnos, esto ya está sucediendo. Aquellos que están algo interesados en el bienestar de la humanidad, quienes aman a la humanidad, tiene una tarea tremenda, lo que no es cambiar el mundo de su alrededor. La tarea es cambiarnos a nosotros mismos! aprender acerca de nosotros. Después de todo, la gente que ha tratado de cambiar el mundo solamente ha creado más destrucción. Los comunistas han tratado de cambiar el mundo y miren lo que ha sucedido, los totalitarios, los dictadores, todos han tratado de cambiarlo, y algunos lo han hecho en el nombre de dios. El resultado, como todos sabemos, es más y más desdicha.

 

No nos persuadamos pensando que el mundo puede ser cambiado por la misma clase de gente que lo ha creado, por la misma mentalidad, la mente egoísta, la mente que está interesada con “mi” país, “mi” religión, “mi” cultura, “mi” salvación, etc. El  mundo puede y debe cambiar, pero solo puede suceder si usted y yo deseamos transformarnos completamente. Para que una nueva civilización entre en existencia, una nueva clase de personas tiene que llegar primero, una nueva clase de ser humano, con una mente y corazón diferentes, un corazón capaz de amar y una mente que no esté dividida, un ser humano completo.

 

Hay un muy buen video de J. Krishnamurti donde él está hablando con niños en la Escuela Rishi Valley, habla acerca de la corrupción y explica que pasar dinero bajo la mesa, sobornar, el mercado negro, etc., solo son síntomas y no la causa de la corrupción. Continúa y explica que la causa real de la corrupción es el interés en sí mismo. Si deseamos investigar esta enseñanza veremos cómo profundizar en ella. Esto significa que no podemos combatir la corrupción luchando solamente contra los síntomas. Puede que necesitemos cuidar de los síntomas, pero lo más importante es curar la enfermedad que está creando los síntomas. Si continuamos solamente manejando los síntomas y nunca miramos su causa raíz, la enfermedad se fortalecerá y se esparcirá como la maleza.

 

La solución es ir a la esencia del problema y encontrar la cura para la enfermedad. Una vez que la enfermedad está curada los síntomas desaparecen naturalmente, no tenemos que interesarnos en ellos. El interés en sí mismo es la causa de todos los problemas humanos; tiene muchos síntomas sutiles que se muestran en nuestras relaciones, tal como el temor, la ira, celos, superstición, etc. El interés en sí mismo proviene de la idea de separatividad, la cual es una ilusión proyectada por una mente inquieta. Una mente que está en constante movimiento, saltando de un deseo a otro. Los deseos y anhelos son tormentas que agitan la superficie de un mar profundo. Si podemos ahondar, averiguaremos que cualquier cosa que suceda en la superficie no altera la calma encontrada en las profundidades de nuestro ser.

 

Para averiguar  cuál es la Verdad y lo falso en la vida, tenemos que comenzar con nosotros mismos, con nuestra vida diaria, comprender nuestra relación con nuestro vecino, con el hombre que trae la leche, con los criados, el mendigo en las calles. Pero esto es demasiado simple, no traerá fama, nadie lo sabrá, no habrá aplausos. Mientras estemos buscando nuestro propio engrandecimiento y logros, no habrá esperanza para la humanidad. Seamos honestos al menos en esto, démonos cuenta de lo que estamos buscando.

 

Si estamos buscando la Verdad, tenemos que comenzar con humildad, porque no sabemos lo que la vida puede traer. Necesitamos ser humildes y aceptar la vida tal como llega, y estar felices de que ya no contribuimos con más desdicha en el mundo, Pero si uno busca el aplauso, debe también darse cuenta que uno puede obtenerlo, pero que con él también llega toda la miseria y calamidades que conocemos tan bien. Por lo tanto, depende de cada uno de nosotros.

 

 

 

 

 

 

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