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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 07 -  Abril 2019  (en Castellano)

 
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¿Sabiduría del alma o aprendizaje de la cabeza?

N. SRI RAM

N. Sri Ram (15/12/1889-08/04/1973) fue el quinto presidente internacional de la ST, Adyar,

desde 1953 hasta su muerte. Reimpreso de La naturaleza de nuestra búsqueda.

 

 

Lo que llamamos Teosofía en estos días era conocido en la antigua India como âtma-vidyâ o conocimiento del Ser, también como brahmavidyâ, conocimiento de esa Fuente eterna, de la cual se dijo, emanan todas las cosas, por la cual todo es sostenido, y a la cual todo regresa; estas descripciones han sido dadas y tratadas casi como sinónimos. También ha sido traducida como el conocimiento de una Realidad subyacente a todas las cosas, una Realidad que cada uno encuentra dentro de sí mismo. En los tiempos modernos, el término ocultismo también ha sido usado e identificado con la Teosofía, aunque los dos términos tienen connotaciones obviamente diferentes.

La ciencia oculta -la palabra "ciencia" implica la existencia de una verdad observable, cuya observación puede convertirse en una realización profunda si uno profundiza lo suficiente en la naturaleza de esa verdad- se ocupa de la constitución del hombre y del universo en todos sus aspectos: físico, psíquico, mental y espiritual. El conocimiento del Ser y el conocimiento de la naturaleza del universo han figurado en la exposición de las ideas teosóficas. Hay libros que tratan de explicar el proceso universal, y también hay libros y escritos que se concentran en la constitución del hombre, la naturaleza del ser que es.

El Bhagavadgitâ habla del "campo y del conocedor del campo". Ese es el título del capítulo trece del libro. En términos generales, el campo puede ser entendido como el reino entero de la materia, o particularmente como la extensión de la materia primordial de la cual, a través de un proceso de diferenciación y combinación, se dice que la materia tal como la conocemos ha llegado a existir. El conocedor del campo puede ser equiparado con el Espíritu o más comprensiblemente con la conciencia en su verdadera naturaleza y calidad. El Gitâ hace esta afirmación, dando una percepción de la naturaleza fundamental de las cosas:

Cualquier criatura que nazca, inmóvil o móvil, sabe tú que procede de la unión entre el campo y el conocedor del campo.

En otras palabras, esa cosa o criatura tiene un aspecto de objeto o materia que es observable y también un Espíritu que es el sujeto, la vida o la conciencia, que provee la esencia. Podemos entender esto en lo que respecta a los seres vivos, ya que tienen una vestidura de materia y también conciencia en cierto grado. Pero la afirmación incluye también lo que consideramos no vivo. Puede que no haya en ellos conciencia del tipo que el hombre posee, pero puede haber una capacidad de respuesta o un sentimiento elemental que es una forma de saber. Si siento con la mano la superficie de una mesa, llego a saber si es lisa o áspera, blanda o dura, y eso también es conocimiento. Incluso un insecto sabe, en su propio grado y manera, algo sobre las cosas con las que entra en contacto, pero el significado pleno de la palabra "saber" se revela solo en el hombre cuando ha evolucionado hasta cierto punto.

Si la palabra "conocedor" no se interpreta de manera demasiado estrecha, su naturaleza debe incluir todo el proceso psicológico del ser humano. En este la conciencia exhibe una gama, modos de movimiento, cualidades y capacidades que no encontramos en ninguna criatura menor, "menor" por no estar tan evolucionada. El ser humano es capaz de amar, de experimentar la belleza en muchas formas, o incluso sin forma, en varios estados de conciencia que lo distinguen de otras criaturas sensibles o inteligentes. Desafortunadamente también es capaz de distorsiones psicológicas y alucinaciones de las que ningún animal sufre, hasta donde podemos decir, porque la naturaleza de su mente se presta fácilmente a presiones de muchos tipos. Pero la plenitud de su capacidad y su calidad real se manifiestan solo cuando está en su estado original y no modificado.

Siendo el conocedor en la medida en que lo es, el hombre puede dedicarse a dos actividades diferentes. Puede penetrar en la inmensidad del universo, sondearlo hasta donde esté a su alcance; también puede entrar en las profundidades de sí mismo y así obtener un conocimiento de la profundidad y la inmensidad que yace en su interior, tal vez sólo parcialmente desplegada. Puede estudiar su entorno, todo el campo de la materia con todas sus modificaciones y actuar sobre él, ya sea sabia o imprudentemente; también puede obtener conocimiento de sí mismo que desde dentro puede modificar el curso de su conducta, así como todas sus relaciones. Cuando decimos "él mismo", puede que no tengamos una concepción real o completa de lo que significan estas palabras: "él mismo".

La ciencia exacta moderna tiene como objetivo adquirir conocimientos sobre "el campo". De hecho, los científicos usan esa palabra y hablan de varios campos de fuerza: gravitacionales, electromagnéticos, etc., todos existiendo simultáneamente en el campo de la materia. Pero no solo está el campo material del que el hombre tiene conocimiento, también está el campo psicológico que puede observar y contemplar, cuyos misterios tiene que descubrir por sí mismo. Psicología significa una comprensión de la naturaleza de la mente, de los sentimientos, de la voluntad y de las emociones, de hecho toda la naturaleza de la acción que tiene lugar dentro de uno mismo, en esa naturaleza que no es el cuerpo físico; pero normalmente se considera que pertenece a la esfera de la filosofía en vez de a la de la ciencia, ya que no se consideran exactas las teorías y las conclusiones de la misma. Ha sido posible para el hombre medir las distancias entre el sol, la tierra y los otros planetas y calcular las vibraciones del electrón, y estas observaciones se han hecho con una gran precisión, pero como los movimientos de la mente son tan personales y elusivos, que difieren de una persona a otra y de un momento a otro, y también son difíciles de mostrar en una pantalla en la que todos puedan verlos, la psicología no se considera una ciencia exacta como la química o la física. Pero este punto de vista no existía en la antigua India. Se pensaba que era muy posible obtener un conocimiento muy preciso de la naturaleza del ser humano en su totalidad, de todos los movimientos que tienen lugar dentro de su corazón y mente. Pero este estudio sólo podía ser realizado por aquellos que eran absolutamente capaces de eliminar lo que podría llamarse la ecuación personal y ver todas las cosas y a sí mismos perfectamente claros como en un espejo liso y fiel.

Como el campo que nos rodea puede ser muchos campos en uno, capa tras capa, y no solo el que está abierto a la observación por nosotros en la actualidad, así, el ser del conocedor puede contener varias vestiduras, cada una con sus características especiales, que constituyen la totalidad de ese ser. El universo en el que estamos puede contener muchas cosas que no es posible que conozcamos a través de ningún instrumento que podamos inventar. En otras palabras, puede haber un universo oculto con una extensión, profundidad y naturaleza que con los instrumentos de la ciencia moderna no se puede explorar en absoluto. Nadie puede negar razonablemente la posibilidad de la existencia de campos desconocidos y de acción de los que actualmente no tenemos conocimiento. Con respecto a estos temas, sólo podemos tener en cuenta la información que proviene de fuentes que nos parecen bien informadas, y utilizar nuestro propio juicio y discernimiento. No podemos explorar este universo oculto con las facultades que poseemos, pero ha habido personas que han intentado hacerlo y han dado información al respecto. Lo que dicen puede ser valioso, pero eso debe ser juzgado por uno mismo. Si cualquiera de estas fuentes está investida de una autoridad que se espera que todos acepten, entonces tal imposición de sus ideas, aunque sea cierta, se convierte en un obstáculo para el ejercicio de la propia inteligencia libre. Si establecemos para aceptación general lo que creemos que es autoritario y lo que no, tal curso estereotiparía ciertas ideas, e impediría no sólo una evaluación apropiada de ellas sino también cualquier desarrollo posible más allá de las mismas. Es importante para el propio crecimiento y desarrollo, así como para el bien de la humanidad, que uno tenga la libertad de llegar a su propia comprensión y no contentarse con ideas prestadas, tal vez solo superficialmente entendidas sobre la base de las palabras que se han utilizado para transmitirlas.

La observación del así llamado conocedor tiene que ser obviamente directa, personal y por uno mismo. La descripción o las palabras de otro no le darán a uno el conocimiento o la realización necesaria. Si alguien describe lo que realmente significa el amor, pero no lo conocen por ustedes mismos, pueden decir todo lo que quieran sobre él, pero ustedes no serán los más sabios al respecto, siendo incapaces de traducirlo en términos de su propia experiencia. Deben haberlo experimentado o sentido para saber lo que se está diciendo. Del mismo modo, si una persona no sabe lo que es la belleza, si no la ha experimentado, puede haber toda una enciclopedia sobre ese tema, pero no será capaz de obtener ningún conocimiento real al respecto. Puede haber otros estados similares de conciencia que tienen que ser realizados dentro de uno mismo y por uno mismo.

Inevitablemente, la autocomprensión se convierte en una comprensión de la vida y de la mente. Estos términos incluyen toda la gama de experiencias que un hombre puede tener, su conducta, su pensamiento, reacciones, sentimientos y los conceptos que puede formar de principios y cualidades tales como la justicia, la moralidad, el coraje, etc. Los términos "vida" y "mente" suenan muy sencillos, pero cubren un vasto terreno, esperando ser explorado.

Vida significa acción y relaciones. Las relaciones pueden ser con las cosas, con las personas y con la naturaleza, y pueden ser tales que reflejen la verdadera naturaleza del propio ser, o dar lugar a problemas y dificultades. Todos nuestros problemas surgen del hecho de que la entidad que opera en nosotros o como nosotros mismos, no es el conocedor puro. El así llamado conocedor en nosotros es un conocedor prejuiciado, condicionado de varias maneras por la raza, la religión, la nacionalidad, las costumbres y muchas otras cosas. La mente que lo constituye es una mente inquieta y agobiada.

Pero existe la posibilidad en el hombre de que su mente y su corazón se transformen de tal manera que no sólo pueda conocer verdaderamente, sino también actuar con la totalidad de su ser de diversas maneras. El yo, con el que nos identificamos, es una mezcla de luz y oscuridad; luz en cuanto incluye una mente que es capaz de conocer, aunque sea tenuemente en el presente, las tinieblas, porque esta mente es movida por reacciones y pasiones no puras, sino coloreadas. Se oscurece por la coloración que absorbe. Cuando eliminas el yo del conocedor lo que queda es sólo el proceso de conocer, y eso trae consigo una cualidad que puede hacer la vida muy diferente de lo que ha sido.

Es solamente tal conocimiento de uno mismo el que puede convertirse en sabiduría, no en conocimiento del campo, excepto en lo que se relaciona con el conocedor. Todo lo que tocamos u observamos, incluso de modo casual, tiene cierto impacto en nosotros. No podemos separar el mundo que nos rodea de lo que somos dentro de nosotros mismos porque ambos están relacionados. Pero no es el conocimiento de las cosas fuera de uno mismo lo que produce la sabiduría, sino el conocimiento de cómo uno reacciona ante ellas, qué es uno, el conocimiento de las posibilidades de realizarse en sí mismo, toda la profundidad, el alcance y la naturaleza de lo que uno considera como uno mismo.

Debemos hablar de la atención especial de aquellos que buscan la Verdad, es decir, algo más allá de sus búsquedas mundanas para este aspecto de la Teosofía que incluye la comprensión del yo, todo el movimiento del pensamiento, todas las emociones y sentimientos asociados con él; la respuesta y la experiencia de la belleza; las cuestiones de la moralidad y de la acción correcta, así como en lo que consiste la rectitud; en resumen, una comprensión de la vida en todas sus formas y aspectos. Cuando uno se dirige a esta tarea, uno se da cuenta de lo vasto que es el campo que realmente cubre el conocimiento de uno mismo. Uno puede recordar las palabras del poeta: "La vida, como una cúpula de cristal de muchos colores, mancha el brillo blanco de la eternidad." Puede parecer un desfile sin sentido, un mero abigarramiento o un trabajo interminable, los mismos viejos movimientos, experiencias y monotonía sin fin. Las palabras de Shelley expresan la verdad de que detrás de la vida tal como la vemos y la conocemos, es decir, la vida como un proceso del tiempo, hay una realidad eterna cuyo conocimiento relampaguea sobre nosotros en raros momentos. El "resplandor blanco" es el de la verdad o belleza que esa realidad oculta. Es en un estado de pureza dentro de uno mismo que se ven los colores reales de la vida, y no son los colores percibidos por una mente oscurecida por los procesos del tiempo, por las experiencias del pasado y las proyecciones del futuro.

Dice La Voz del Silencio de H. P. Blavatsky: "Recuerden, sobre todo, separar el aprendizaje de la cabeza del aprendizaje de la sabiduría del alma. Incluso la ignorancia es mejor que el aprendizaje sin la sabiduría del alma para iluminarla y guiarla." ¿Qué significa sabiduría del alma? ¿Es alcanzable o es demasiado misteriosa, no para nosotros en absoluto? ¿Es algo imaginado, inventado por alguien según sus fantasías? Conoceremos su calidad y naturaleza quizás sólo cuando el aprendizaje de la cabeza esté fuera de lugar. Si el alma y la vida no están separadas, debe ser una sabiduría que, brotando desde nuestro interior, imparta a la vida su color, profundidad e intensidad propios. Cualquier tipo de aprendizaje, ya sea de la ciencia moderna o de La Doctrina Secreta o de cualquier otra cosa por maravillosa que sea, puede convertirse en aprendizaje de la cabeza, no relacionado con la vida, verbal y prosaico, si no le aportamos esta cualidad de la sabiduría con todo lo que ello significa. Uno puede seguir adquiriendo información, pero eso no hará que la vida sea por sí misma alegría o una expresión de la verdad que está dentro de nosotros mismos. Por el contrario, puede hacer que la vida sea poco significativa, pesada y aburrida. Aprender de libros no es necesariamente mejor que una acción correcta de otro tipo. Es la calidad con la que investimos la actividad lo que le da su verdadero valor.

Lo que se necesita no es sólo el estudio de libros, sino también de la vida, "toda la vida que te rodea", en palabras de Luz en el Sendero: --la vida del ser humano, del animal, del pájaro, de la planta, todo lo que se pueda llamar vida. Lo que dice es mucho más: "Aprende a mirar inteligentemente el corazón de los hombres", es decir, de las personas que conoces en cualquier momento. "Considere muy seriamente su propio corazón." Esto no significa que uno se absorba en sus propias emociones y sentimientos. "Seriamente" significa no superficialmente, sino con atención e interés. Leer libros no da una buena percepción. Es la vida la que da las percepciones, y percepción significa comprensión, trascender las palabras hasta lo más profundo, hacia el verdadero significado de las cosas.

Tenemos que descubrir la manera en que la Teosofía o la Sabiduría Divina puedan convertirse para nosotros en una búsqueda vital, no en un asunto puramente formal e intelectual, en una cuestión de amontonamiento o en la adquisición de una terminología. La Teosofía no es un aprendizaje de la cabeza, ni siquiera un conocimiento del tipo ordinario, sino algo mucho más precioso. Debe significar sabiduría, tal como se distingue del conocimiento del tipo ordinario. Es el conocimiento de la verdad esencial de las cosas. 

 

 

 

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