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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 06 -  Marzo 2019  (en Castellano)
 

 
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Dos manantiales, una fuente

CECIL MESSER

El Sr. Cecil Messer, ex Presidente de la Rama Teosófica del Valle de Ojai y científico/ingeniero retirado de la NASA,

impartió muchas clases en la Escuela Teosófica de Krotona sobre meditación y las tradiciones religiosas.

Es autor de varios artículos y libros relacionados. Reimpreso de la edición de febrero de 2002 de El Teósofo.

 

 

Oscuro e insondable, pero claro como el cristal, el río está lleno del agua de diversos manantiales. La luz del sol penetra en sus profundidades y nutre la continuidad del movimiento, que es la vida. Sus bordes son prohibitivamente frondosos con  variedades de viejo y nuevo crecimiento. Quitémonos los zapatos y, de vez en cuando, mojémonos los pies mientras caminamos a lo largo de las orillas de los manantiales del pensamiento de dos hombres ilustres. El primero, Siddhârtha Gautama de la tribu Sakya, que hace dos mil quinientos años se convirtió en el Buda, el iluminado; y el segundo, Jiddu Krishnamurti, o Krishnaji, que fue un vidente de nuestro tiempo. A través de la exploración, podemos acercarnos a esa fuente original. El Buda y Krishnaji comparten una sorprendente similitud en su enfoque de la vida espiritual. Pero nuestro centro de atención principal no está en los hombres mismos, sino en la luz que se difunde a través de ellos.

Tanto el Buda como Krishnaji tenían una pasión extraordinaria por la investigación. Debido a su compasión por el sufrimiento de la humanidad, Gautama buscó la verdad con indomable determinación y perseverancia antes de su iluminación. Ni el Buda ni Krishnaji reclamaron la posesión exclusiva de la Verdad. El Buda instó a la gente a descubrirla por sí mismos. Una vez un grupo de Brâhmana-s preguntó al Buda acerca de su actitud hacia sus antiguas escrituras sagradas, transmitidas por la tradición oral ininterrumpida la cual ellos creían que era la única Verdad. Él contestó preguntando si había algún Brâhmana que supiera personalmente que solamente las escrituras antiguas contenían la verdad. Tras un largo cónclave, los Brâhmana-s se dieron cuenta de que no podían encontrar ni uno solo. El Buda respondió:

Entonces es como una línea de ciegos, cada uno aferrándose al anterior; el primero no ve, el del medio tampoco ve, el último tampoco ve. De este modo, me parece que el estado de los Brâhmana-s es como el de una línea de hombres ciegos.” (Chanki Sutta, No. 95, de Majjhima-nikaya)

¿Había un brillo en los ojos del Buda cuando les contestó?

Krishnaji invitó a sus oyentes a participar en la investigación. Él dijo:

Estamos haciendo el viaje juntos, quizás afectuosamente, de la mano, dos amigos examinando amigablemente el complejo problema de la vida, ninguno de ellos líder o gurú, porque cuando vemos realmente que nuestra conciencia es la conciencia del resto de la humanidad, entonces nos damos cuenta de que somos tanto el gurú como el discípulo, el maestro así como el alumno, porque todo eso está en nuestra conciencia. Esa es una comprensión tremenda. Así, a medida que uno comienza a comprenderse a sí mismo profundamente, se convierte en una luz para sí mismo y no depende de nadie, de ningún libro o de ninguna autoridad, incluyendo la del orador. (Red de pensamiento, Amsterdam, 19 sep. 1981).

Volviendo a la pregunta: "¿Las antiguas escrituras sagradas contienen la verdad?", el Buda nunca la contestó directamente. Él explicó que estar apegado a cierto punto de vista es una traba para entender la verdad. Para ilustrar, contó su conocida historia de la balsa:

Un hombre en un viaje llegó a un gran río que le bloqueaba el paso. Ya que había peligro en esa orilla, construyó una balsa y cruzó a salvo a la otra orilla. Pensando en la gran ayuda que la balsa le había brindado, decidió que sería bueno llevar la balsa en la espalda durante el resto del viaje.

Luego, después de explicar una doctrina particular sobre causa y efecto, el Buda dijo:

Incluso esta visión, que es tan pura y tan clara, si te aferras a ella, si la acaricias, si la atesoras, si te apegas a ella, entonces no entiendes que la enseñanza es similar a una balsa, que sirve para cruzar, y no para agarrarse a ella y cargarla en la espalda. (Chanki Sutta)

Tanto el Buda como Krishnaji enfatizaron la necesidad de liberarse de la autoridad. El Buda enseñó: "Uno es su propio refugio, ¿quién más podría ser el refugio?". Instó a cada ser humano a realizar su propia emancipación de la rueda de la esclavitud "porque el hombre tiene el poder de liberarse de toda esclavitud a través de su propio esfuerzo personal e inteligencia" (Dhammapada). También hizo hincapié en que ninguna enseñanza debe ser aceptada debido a la tradición, porque aparezca en las Sagradas Escrituras, porque esté de acuerdo con los puntos de vista personales o la confianza en una autoridad. Sólo cuando uno ha reconocido la autenticidad de la enseñanza, debe ser aceptada.

De modo similar, Krishnaji dijo:

La Verdad no tiene sendero, y esa es la belleza de la Verdad, es algo vivo. Una cosa muerta tiene un sendero porque es algo estático, pero cuando usted ve que la verdad es algo vivo, que se mueve, que no tiene lugar de descanso, al que.... nadie nos puede llevar, entonces se verá también que eso que está vivo es lo que usted realmente es: su cólera, su brutalidad, su violencia, su desesperación, la agonía y el dolor en que vive. En la comprensión de todo esto está la verdad, y usted puede comprenderla sólo si sabe mirar esas cosas en su vida... No hay guía, ni maestro, ni autoridad. Hay solamente usted, sus relaciones con otros y con el mundo, no hay nada más. (Libérese del pasado, capítulo I)

Ambos hombres descubrieron su camino hacia la liberación y lo señalaron. Pero nos dejaron con la responsabilidad de armarnos de valor, sumergirnos en aguas desconocidas y nadar hasta la otra orilla.

El Buda fundó monasterios y estableció reglas de conducta para la vida monástica. Tal vez esto fue para establecer las bases para la siguiente etapa del desarrollo humano, abordando las necesidades de las personas en diferentes niveles de aprendizaje, desde el jardín de infantes hasta la universidad, y la tarea de Krishnaji fue atender las necesidades de los graduados. El Buda y Krishnaji son como exploradores que, al regresar de su viaje a la mítica ciudad de Ver, responden a un grupo de curiosos que quieren saber cómo llegar allí. El Buda describió los requisitos precursores necesarios en la forma del Noble Óctuple Sendero, que comienza con la comprensión correcta. Luego habló de algunos aspectos del viaje, como las Cuatro Nobles Verdades, y de las señales que marcan los peligros en el camino, como el apego a la idea de un yo separado. También señaló que cada buscador debe darse cuenta de que no hay un camino pavimentado hacia Ver. Krishnaji parece haber asumido que los buscadores habían estado en muchos viajes y estaban bastante bien preparados. Por lo tanto, no ofreció técnicas. Así que enfatizó los impedimentos a lo largo del camino, las ilusiones, lo sutil y lo seductor. Él también enfatizó que el buscador debe hacer el esfuerzo y que verdaderamente no hay un camino pavimentado hacia Ver.

Tanto el Buda como Krishnaji estaban preocupados principalmente por el predicamento humano, por encontrar una salida del pantano de confusión y oscuridad en la vida humana. ¿Pero qué es ser un ser humano? ¿Quién o qué soy yo? El Buda dice: "Recuerda que dentro del hombre no hay ningún principio permanente, y que sólo el discípulo erudito que adquiere sabiduría, al decir 'Yo soy', sabe lo que está diciendo". (Abhidharma-kosa-vyâkhyâ). Se dice que una de las razones por las que el Buda se negó a responder preguntas sobre un yo que se reencarna es que sentía que los discursos metafísicos eran irrelevantes para resolver el predicamento humano, que llevaban a perderse en un "desierto de opiniones". Tal vez una razón más profunda está implícita en las palabras de Krishnaji cuando fue presionado para obtener una respuesta sobre el tema de la reencarnación: La reencarnación es un hecho, pero no es verdad. Él preguntó:

¿Existe algo permanente en nosotros? Al decir que hay un alma, una entidad permanente, esa entidad es el resultado de nuestro pensamiento o de nuestras esperanzas, porque existe mucha inseguridad, porque todo es transitorio, fluye, está en movimiento. Así, cuando decimos que hay algo permanente, esa permanencia es el resultado de nuestro pensamiento. Y el pensamiento es del pasado, el pensamiento nunca es libre, ¡él puede inventar todo lo que le plazca! (El Despertar de la Inteligencia, cap. 2: "La Relación")

De su propio manantial, N. Sri Ram dijo:

Cuando nos hemos olvidado completamente de nosotros mismos y no hay "yo" o " mí ", lo que actúa debe ser lo que existe en nosotros más allá de las limitaciones del yo personal, y esto es un tipo de acción diferente de otro diferente estado de ser. Podríamos usar las palabras "yo espiritual", pero estas palabras pueden ser malentendidas. Cuando usamos la palabra "yo", pensamos en nosotros mismos como somos, esta entidad que tiene sus ideas particulares, sus posesiones, sus gustos y deseos; es este "yo" que debe llegar a ser espiritual. Pero quizás este "yo" deja de existir, desaparece por completo, y alguna otra naturaleza entra en manifestación. (Material no publicado)

La Primera Noble Verdad del Buda es la universalidad de dukkha como la suerte de todos los seres sensibles. El significado superficial de dukkha es sufrimiento, e incluye dolor, enfermedad, pena, desesperación, etc. Avanzando más profundamente, se ve el hecho del cambio inevitable o de la impermanencia: cada placer, cada alegría, todo lo querido, cada apego es transitorio y por lo tanto resulta en sufrimiento después de que se pierde o deja de ser. Al acercarnos al núcleo con ojos llorosos, comenzamos a percibir tenuemente el corazón de dukkha, la visión del Buda de que somos entidades totalmente condicionadas que nos aprisionan con la noción de un yo separado. Este aspecto de dukkha es el "gran engaño". Es el sentido del YO SOY, caracterizado por un sentimiento de separación tanto de las otras personas como de los pensamientos y sentimientos que nos componen, de ahí una ansiedad subyacente siempre presente, un sentimiento de estado incompleto, de imperfección, un estado de descontento perpetuo. En este punto crucial, la enseñanza del Buda y el enfoque primario de Krishnaji se acercan más, un punto de preocupación existencial donde la responsabilidad individual encuentra su tarea más importante.

Krishnaji estaba profundamente consciente del dominio de esta concepción ilusoria del yo, y es un tema recurrente en toda su obra:

El nacimiento de un nuevo bebé no es una indicación de algo eterno. La vida viene y se va. Existe la muerte, hay sufrimiento y todo el daño que el hombre puede hacer; y este movimiento de cambio, deterioro y nacimiento sigue estando dentro del círculo del tiempo... El hombre ha estado preso en esta trampa del tiempo (Encuentro con la vida, "El Río")

La causa original es el ‘yo’, el ‘mí’, el ‘ego’, la personalidad generada por el pensamiento, por la memoria, por múltiples experiencias, por ciertas palabras, por ciertas cualidades que producen el sentimiento de separación y aislamiento; ésa es la causa original del desorden.  (La llama de la atención, Brockwood Park, 4 de septiembre de 1982)

Uno debe tener cuidado de no encapsular las enseñanzas de Krishnaji en un resumen, porque eso las convertiría en "doctrina del ojo". Debido a la naturaleza holográfica de sus enseñanzas, uno sólo necesita estudiar una pequeña pieza para captar la esencia del todo.

Al principio de su proceso de transformación, se dice que el Buda probó todas las diversas prácticas tradicionales de meditación yóguica dirigidas al desarrollo de la concentración mental que conduce a los estados místicos más elevados. La tradición dice que no sólo logró con éxito estas prácticas, sino que se convirtió en un experto en alcanzar los más altos niveles de samadhi. Sin embargo, el Buda llegó a reconocer y repudiar estos estados místicos como creados y condicionados por la mente. Percibió que no liberan, ni conducen al conocimiento de la Realidad. Pero a través de tales esfuerzos el Buda descubrió la práctica de meditación conocida como Vipassanâ, "percepción de la naturaleza de las cosas, que conduce a la liberación completa de la mente,... al Nirvana" (Satipatthâna-sutta). Vipassana es una forma de cultura mental basada en la práctica de la atención total y la concentración. Enseñó varias formas de esta práctica, incluyendo:

·                    Conciencia de la respiración al inhalar y exhalar;

·                    Atención a todas las actividades físicas;

·                    Conciencia de los sentimientos y sensaciones, y cómo surgen o desaparecen;

·                    Atención a la condición de la mente; y

·                    Profunda indagación sobre temas espirituales.

 

Varias características del enfoque del Buda concuerdan con los puntos de vista de Krishnaji sobre la meditación. Krishnaji dice:

Hemos de investigar primero qué significa darse cuenta de algo. Implica tres cosas: qué significa percibir, qué significa concentrarse y qué significa estar atento. Porque la meditación entraña todo esto: percibir, ser conscientes del medio que nos rodea, darnos cuenta de cómo hablamos... darnos cuenta del modo en que le hablamos a otro, del modo en que le tratamos... mientras está uno sentado aquí, percibir al vecino, el color de su abrigo, la manera en que mira. Sin espíritu critico, sólo percibir, darse cuenta. Ello le da a uno una gran sensibilidad, empatía, de tal modo que el cuerpo se vuelve sensible, sutil, lúcidamente perceptivo a todo lo que ocurre alrededor de uno. (La Mente sin medida, "El significado de la vida diaria").

Sobre la atención, Krishnaji dice (ibid.):

Si uno comprende la naturaleza del percibir, del concentrarse, ¿qué es, entonces, la atención? Si ahora están prestando atención completa a lo que se dice, en esa atención no existe un centro como el ‘yo’. Entonces, cuando uno está tan profundamente atento, el cerebro se aquieta naturalmente. No hay parloteo, no hay control... En la meditación no hay un controlador, no hay acción de la voluntad, que es deseo. Entonces el cerebro... se aquieta completamente, queda en completo silencio. No es el silencio cultivado por el pensamiento. Es el silencio de la inteligencia, el silencio de la suprema inteligencia. En ese silencio adviene lo que jamás ha sido tocado por el pensamiento, por el empeño, por el esfuerzo. Ese es el camino de la inteligencia, que es el camino de la compasión. Entonces aquello que es sagrado, es eterno. Eso es la meditación.

¿Con quiénes hablaron el Buda y Krishnaji? Al principio, el Buda estaba preocupado porque su nuevo descubrimiento era demasiado difícil de entender para la gente; pero luego vio que las personas tenían diferentes grados de pureza de corazón y agudeza de inteligencia. Entonces decidió compartir su percepción. Krishnaji también expresó preocupación sobre si alguien realmente entendía sus enseñanzas. Pero él también eligió compartir. Tal vez ninguno de los dos hizo una elección. Porque si uno realmente ve la verdad, entonces no es necesario ningún otro proceso de elección. El curso correcto es inmediatamente evidente y la acción correcta es sin esfuerzo.

En el corazón de la enseñanza de Buda está el amor universal y la compasión por todos los seres vivos. Mucho más allá del mero concepto está la realidad. "La compasión no es un atributo. Es la Ley de las leyes, Armonía eterna" (La Voz del Silencio, v. 300). Él enseñó que la atención a la verdad del sufrimiento, a medida que lo experimentamos nosotros mismos, nos lleva a la sabiduría. La atención al sufrimiento de los demás lleva a la compasión. La profundidad de esta sabiduría y compasión es proporcional a la calidad de la atención.

Una vez, una mujer que había enviudado recientemente vino a Krishnaji para que la consolara. Ella le habló de su profundo dolor por la muerte de su marido. Inesperadamente, y para su consternación inicial, Krishnaji comenzó a hablarle sobre la naturaleza del apego y la dependencia de otro para su consuelo, cómo el amor no tiene nada que ver con esto. Más tarde, mientras se iba, sus lágrimas se habían secado y había un brillo en su semblante. En otra ocasión, otra mujer recién enviudada vino a Krishnaji con dolor en su corazón. Mientras le hablaba de su profundo dolor y desesperación por la muerte de su marido, él no dijo una palabra, sino que simplemente le sostuvo las manos en las suyas. Así se sentaron tranquilamente hasta que sus lágrimas también habían desaparecido.

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El conocimiento no ha ayudado a los seres humanos a ser más felices, pacíficos o amorosos. Por lo tanto, no tiene sentido que busquemos otra forma de conocimiento, que llamamos teosófico.  La Teosofía no debe convertirse en una teoría, en un conjunto de conceptos. Debe ser la verdad la que transforme, la que nos haga amar, la que nos cuide, la que nos haga tiernos en nuestras relaciones, como lo somos cuando miramos la belleza escondida de la flor. Una flor no es una buena ilustración porque es demasiado fácil sentir la belleza de una flor, al menos a nivel superficial. Es mucho más difícil ver la belleza que hay en todas partes, en los mutilados, en los desposeídos, en toda clase de personas, y en todas las cosas que tratamos con insensibilidad o indiferencia. Nuestra preocupación es con la verdad que transforma, libera la mente de su egocentrismo, y no con el conocimiento estéril.

Radha Burnier,

Regeneración humana.

 

 

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