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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 06 -  Marzo 2019  (en Castellano)

 
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¿Está muerta la conciencia?

 

GOPALKRISHNA GANDHI

El Sr. Gopalkrishna Gandhi es profesor de Historia y Política en la Universidad de Ashoka en Delhi y ex Gobernador de Bengala Occidental. Conferencia Besant dada el 3 de enero de 2019 en la S.T., Adyar, Chennai.

Les hablo hoy sobre un tema que es de importancia para todos nosotros como seres humanos, como lo es también para mí. La honestidad me obliga además a decir esto: que cada día es un reto para nuestra conciencia, no solo por lo que uno puede hacer ingeniosa o inconscientemente como persona, sino debido a lo que uno hace como miembro de una parte de la creación que utiliza su lugar dominante en este planeta, a veces a sabiendas, pero muy a menudo sin darse cuenta, para pisotear, explotar y abusar de otras partes de la creación. Esto no intenta generar en alguien una conciencia culpable, porque, como dije, muy a menudo le hacemos daño a este planeta y sus otras creaciones en realidad sin la intención de hacerlo.

Lo contrario de una persona con una conciencia activa no es lo que uno imagina, es decir, alguien que no tiene conciencia, que no tiene escrúpulos de conciencia, que trabaja y actúa y piensa y vive sin consideraciones morales. Lo contrario de una persona con conciencia es la ausencia de todo interés en tener conciencia. No tener conciencia es una exención dada a uno mismo. También es alguien a quien realmente no le importa la conciencia, las consideraciones morales, pero quiere ser vista como una persona que tiene una conciencia muy activa.

El polo opuesto de una persona con conciencia es el hipócrita que quiere simular que es alguien altamente moral o está moralmente motivado. Creo que la persona que quiere ser tratada moralmente, en verdad, tiene sólo dos opciones: una es sentir realmente que la moral le importa e intentar vivir de acuerdo con esa vara moral; la otra es simular ser muy moral.

Dioses y diosas de los cuales no hay escasez en la India, me asustan. Yo huyo de quienes se suponen que son personas santas porque en realidad no sé si son realmente santos o no, y me da miedo encontrar debajo de ese manto de santidad, lo opuesto a la santidad, porque no estoy preparado para renunciar a mi fe en lo que es santo, en lo que es sagrado, en lo que es moral. La perspectiva de decepcionarme de personas que tienen un tono moral me resulta escalofriante. Preferiría pasar el tiempo con quienes no tienen presunciones morales, que no reclaman nada a través de una vida guiada por la conciencia, antes que con quienes tienen un halo alrededor de su cabeza y caminan como si este planeta hubiera sido hecho para los pasos de sus pies de loto.

Considero que es mi buena suerte, como así también mi gran responsabilidad, explorar el significado y el presente, pasado y futuro de la conciencia. Hay, en todos nosotros, un núcleo interno, algo que llevamos dentro de nosotros, como el medallón que usamos con una pequeña imagen en su interior, que podría ser una imagen de un ser humano, no de un ser divino, o un amuleto. Hay algo en nuestro interior, una pequeña gruta, un pequeño santuario, que es un acompañante constante de todos nuestros pensamientos. Así como nos olvidamos del medallón, nos olvidamos de esa gruta. Pero está ahí.

La palabra hindi derivada del sánscrito para la conciencia es antaratma, que es algo interno, el alma interior, el ser interior; y la palabra tamil es manasakshi, que es casi totalmente sánscrito y significa “la mente como testigo”. Hay varias teorías sobre la mente: es algo diferente del cerebro y del corazón, que, como sabemos, es la morada del pensamiento y el sentimiento juntos, del insight y la intuición, de la inteligencia y el instinto. La conciencia es la testigo de la mente. Ahora ¿qué hace la conciencia, de qué es testigo la testigo de la mente?

Muchos de ustedes han estudiado historia sistemáticamente, muchos de ustedes han sido testigos de la historia, todos somos parte de cómo se despliegan los manuscritos de la historia. La historia nos cuenta que la conciencia nunca ha estado en paz. Ha estado allí, pero nunca ha sido feliz. No creo que haya existido una época en que la conciencia humana haya estado en paz. Pero el hecho de que la conciencia humana haya estado preocupada, es tan importante, y tan esperanzadora, como una posible conciencia pacífica. La conciencia como testigo de la mente no debería estar dormida; debería estar alerta e inquietando al propietario de toda esa entidad llamada ser humano. Pero no ha sido inquietada para encontrar un fin a sus problemas; ha sido inquietada para inquietar, y continuar inquietando a cada entidad por la cual es apropiada.

Los diabolismos del cerebro humano, los increíbles cálculos de la mente humana  —a diferencia de la conciencia, la testigo de la mente—  probablemente nunca han sido igualados o superados como en el último siglo. No es innegable el hecho de que el Holocausto fue una terrible pesadilla, rápidamente seguida por Hiroshima, también otra gran pesadilla.

Pero no hay que olvidar que las acciones increíblemente monstruosas de ciertos individuos fueron apuntaladas por el apoyo colectivo de varios, entre los cuales se encontraban científicos, funcionarios y políticos. Cómo pudieron superar las alertas de la testigo de la mente para someterse y subordinarse a la voluntad diabólica de un sistema político o un dictador político, es incomprensible. Pero lo hicieron. Armas biológicas, químicas y nucleares (BQN) han sido creadas por el intelecto humano, poniendo a la testigo de la mente, manasakshi, dentro de una bóveda que es completamente infranqueable a esa mente. El intelecto ha encarcelado todo lo que puede denominarse manasakshi para producir estas armas de destrucción masiva.

Pero también debemos ser conscientes del hecho de que el mundo ha sabido esto, se ha horrorizado ante eso, y también ha avanzado con éxito limitado, y algunas veces un éxito que se convirtió en un fracaso, en su intento por frenar la fabricación de esas armas. Que exista una convención internacional para revertir la reserva mundial de armas biológicas y químicas, y para llevar a cabo, con métodos extremadamente poco convincentes, el desmantelamiento de las ojivas nucleares, ese mismo hecho, nos da esperanza. Y que de alguna manera la gran pelea entre la testigo de la mente y el demonio en la mente es constante.

Cada invierno en Chennai, en Madras, vemos la Convención Internacional de Teósofos, una gran articulación de música carnática, y también danza y teatro. Ayer mi esposa y yo tuvimos la fortuna de ver la producción de una pequeña sección, pero la sección de la coronación, del Ramayana en Kalakshetra: y allí el Príncipe de Ayodhya dice tres cosas que me impactaron como representativos de la testigo de la mente, del manasakshi, del antaratma. Rama está a punto de conseguir la victoria. Él tiene Instrumentos de guerra no menos potentes que las armas de guerra BQN de nuestra época.

Pero cuando Ravana es atacado, lo mira y le dice: “Estás cansado, te he golpeado, pero pronto será de noche y oscurecerá. No es correcto que yo te mate, ya que no puedo matarte cuando estás débil y es de noche. Ve y vuelve mañana, descansado, en tu carroza, y nos encontraremos de nuevo en igualdad de condiciones”. Ahora, esa fue la testigo de la mente, manasakshi, hablándole. El podría haber terminado la historia allí en ese momento, pero el autor del Ramayana no nos brinda una historia de Superman o Spiderman; él nos brinda una historia con una moraleja, y esta era una.

La segunda ocasión fue cuando, después de que Ravana ha sido asesinado, Rama le dice al hermano menor de Ravana: “La muerte cesa toda enemistad; la enemistad se va con la muerte. Ahora no considero a tu hermano como enemigo”. Y el tercero, hablando en el lenguaje de un estado, Rama dice: “Te acepto Vibhishana” (quien es el hermano de Ravana, que viene, rindiéndose). “Yo, Rama, te acepto porque has venido a buscar un santuario; creo que a quienes vienen a buscar un santuario se les debe dar”. Entonces, incluso un estado tiene un testimonio moral en su interior.

Hoy en día, Estados Unidos tiene una posición sobre la inmigración. Myanmar, el hogar del Buda, ha expulsado a cientos de rohinyas de Myanmar. Repatriados y refugiados de Sri Lanka han llegado a la India. Y en las fronteras de India y Pakistán, la reubicación de refugiados fue uno de los caminos más amargos de la historia. La conciencia de nuestras comunidades, de nuestras naciones, ha sido ignorada por los estados, pero no menos por la sociedad, por los individuos.

En 1984, cuando hubo disturbios en Delhi, cuyas víctimas fueron los sijs, una gran cantidad de personas acudieron a ayudarlos, les brindaron refugio, como lo haría un estado, en sus hogares, les brindaron su ayuda. Pero un número aún mayor no lo hizo. ¿Yo hice algo? No, yo estaba en Chennai. ¿Hice algo cuando ocurrieron cosas similares en mi vecindad? Tampoco. Esa es la realidad de la conciencia. Tenemos ejemplos de la conciencia mientras funciona; tenemos ejemplos de la conciencia mientras duerme; tenemos ambos. Entonces, ¿dónde se refracta esta imagen de inhumanidad y humanidad en un patrón? ¿Lo hace?

 

 

No tengo ninguna tesis para compartir, y ninguna antítesis para presentar. Estoy compartiendo algunas ideas con ustedes sabiendo que la Teosofía y los teósofos han estado investigando el vínculo entre la creación y lo creado, entre la moralidad y la vida humana, entre la espiritualidad y el producto más grande del pensamiento espiritual, a saber, la filosofía.

Todos ustedes están haciendo eso, en una escala que probablemente no tenga precedentes. La conciencia es incapaz de morir; no puede morir; pero la conciencia también es incapaz de seguridad y protección. Está siendo socavada y saboteada por cada uno de nosotros, no solo por la sociedad, por los dictadores, por los tiranos, sino por cada uno de nosotros, todo el tiempo.

Uno no debería trivializar algo tan serio como la conciencia diciendo: “La conciencia no puede morir, pero siempre está en una sala de emergencia”. No debería dar esa analogía médica por dos razones: una es que la conciencia es un tema demasiado serio para colocarlo a los pies de una metáfora ociosa; y la otra es que alguien que se encuentra en una crisis ambulatoria y en una sala de emergencia no debería ser usado metafóricamente. Pero sabes a lo que me refiero. La conciencia de la humanidad, la conciencia de los seres humanos, está en peligro, y ese peligro no tiene que alarmarnos; debe hacernos reflexionar.

El patrón del crimen ha cambiado. Si la mente es testigo de las imperfecciones humanas, de las debilidades y las locuras humanas, no es auxiliada por un código penal fijo. Ese patrón sigue cambiando. Lo que antaño era considerado un crimen, hoy no lo es. Lo que antaño era considerado un pecado, palabra que me disgusta profundamente, “pecados”, no son hoy en día considerados como pecados.

 Pero suponiendo que al juez, el testigo moral que también es el jurado y el juez, se le dijera: “Usted no tiene códigos, no tiene ley, no tiene un modelo ante usted para decidir si una persona es culpable o no. Decida según su propia conciencia”. ¿El juez dejaría su cargo? ¡No! Un juez consciente no necesita esos modelos. Esto no es un tribunal legal; este es un tribunal moral, y ese juez dirá: “Todavía tengo algo en mí, mi núcleo interno, mi monitor, que distingue lo correcto de lo incorrecto, esa línea, sé dónde está, y juzgaré este caso según eso.”

Ahí es donde estamos hoy como individuos, como sociedad y como comunidad internacional de estados donde hay un flujo constante, donde las leyes están cambiando, desapareciendo, donde está cambiando la penología de los estados, pero donde algo en la conciencia humana permanece alerta y vivo.

 Quisiera finalizar con una analogía que es tan conocida que es casi trillada. Hoy, las líneas del crimen y el castigo se han desvanecido. Hay cosas tales como el documento de guerra de Afganistán y el registro de guerra de Irak. Hay cosas que Estados Unidos ha hecho de las que podría sentirse profundamente avergonzado; pero luego viene Julian Assange. Como pirata informático, irrumpe en lo que se supone que es completamente secreto y expone ese delito. Un ladrón que irrumpe en tu casa y roba tu dinero es un ladrón de tu dinero. Pero si una persona irrumpe en un registro que demuestra que tú eres malo, ¿es culpable la persona que ha creado el mal, o la persona que ha utilizado los métodos de interceptación es secretamente culpable? El delito que expone el delito; no distinguimos, en nuestra situación actual, lo correcto de lo incorrecto.

Vivimos en una era de duda, donde la incertidumbre se ha convertido en norma, donde las verdades se han desvanecido, donde la creencia ha sido socavada y la fe está en retroceso. La nuestra es, ante todo, la era de la duda; es una época de cuestionamiento. Y así, hace 25 años, si alguien hablaba sobre el tema “¿Está muerta la conciencia?”, esa persona habría dicho: “la conciencia está muerta” o “la conciencia nunca puede morir”. Pero hoy, todo lo que puedo decir es: “la conciencia está en peligro, y no lo sabemos”.

Hoy en día, entre tanto crimen y horror, los grandes versos de Tennyson, entre muchas líneas de Tennyson que son geniales, se tornan verdaderas: “Hay más fe en la duda honesta que en la mitad de los credos del mundo”. Pero la duda honesta es una cosa, vacilar ante la duda es otra, y no podemos vacilar ante la duda. Debemos recordar esto ante todo: la capacidad de distinguir lo correcto de lo incorrecto está arraigada en nosotros, es parte de nuestra química por razones que no podemos comprender, desde la infancia hasta cualquier edad. Eso es algo que no podemos permitirnos perder. ¡Sí, la conciencia no está muerta!

 Por lo tanto, ¿qué hacemos? Solo examinemos en nosotros mismos, lo fundamental que nos distingue de las demás creaciones, que mantenemos cautivo para nosotros, sobre lo cual parece que queremos ejercer el poder colonial e imperial. El hambre, el sueño, el miedo y la lujuria son comunes a todos los seres vivos, tal vez excluyendo la vida vegetal. Lo único que distingue al ser humano de otros seres vivos, el ser humano que tiene todos estos cuatro, es un sentido de responsabilidad.

Hoy en día, es posible que no tengamos un Hitler entre nosotros, aunque hay muchos con instintos hitlerianos. Es posible que hoy no tengamos un presidente que vaya a lanzar una bomba nuclear sobre nuestras cabezas tan fácilmente como se hizo en 1945, aunque las bombas existen. Pero a la par hemos comprometido completamente nuestro planeta a un futuro de autoaniquilación por avaricia  —y  la avaricia es el mayor embotamiento de la conciencia colectiva que se puede imaginar— hoy, más que la guerra, es la posibilidad del suicidio colectivo. Nosotros, en la atmósfera silvestre de la Sociedad Teosófica, podemos desconocer, o estar temporalmente inconscientes del hecho de que está desapareciendo el acceso al agua; y por agua me refiero al agua que le daríamos a nuestros hijos y nietos. El suelo en nuestra tierra, técnicamente llamado capa superficial del suelo, está desapareciendo.

El mayor despilfarro del testimonio moral de nuestro tiempo es el de nuestra responsabilidad hacia este planeta. Nuestra conciencia está casi muerta, cuando se trata de nuestra conciencia de lo que le estamos haciendo a nuestro propio futuro, y eso es horrible. Se conoce el parricidio, se conoce el regicidio, se conoce el suicidio, pero el asesinato de niños por nacer es la mancha de nuestros tiempos, que ninguna conciencia puede permitir. Pero nuestra conciencia hoy es testigo de ello. Aunque nos deje sin palabras y sin poder, si es desesperanzador o no, está en nuestras manos, incluido yo mismo.

 

 

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