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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 04 -  Enero 2019  (en Castellano)

 
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HPB y la fundación de la ST

 

Eneida e. carbonell

La señora Eneida E. Carbonell, originaria de Cuba, es miembro de larga data de la S.T. de EE.UU. Basado en una charla dada el Día de la Fundación, 17 de noviembre de 2018, en el Instituto de Teosofía Krotona, Ojai, California.

HELENA Petrovna Blavatsky (H.P.B.), como una estrella luminosa que cruza el firmamento, estuvo entre nosotros desde 1831 hasta 1891, dejando una profunda huella no solo entre los de su época, sino también a las generaciones por venir. Ella vino al mundo con capacidades psíquicas con las que trabajó para beneficio de la humanidad. Su vida se desarrolló dentro de todos los estratos sociales: comenzó con una infancia en una familia aristocrática, y llegó a vivir en la pobreza extrema, padeciendo frío y hambre en los viajes mientras se preparaba para llevar a cabo su gran trabajo.

A los 19 años, tras dejar su país, familia y esposo (Nikifor Blavatsky), H.P.B. expresó: "Tengo 40 Años para construir un monumento más perenne que las Grandes Pirámides de Egipto". El trabajo sería: "BENDECIR LA HUMANIDAD, LIBERARLA DE SU ESTRECHEZ DE MIRAS”, siendo este el propósito de todas sus enseñanzas. Con esto en mente ella presentó ideas, no tesis filosóficas o metafísicas por muy interesantes que sean; y si lo hizo, fue solo con las que llevarían a ampliar los horizontes mentales de la raza humana.

Las intenciones de Blavatsky no fueron políticas. Con respecto a las reformas políticas ella dijo que "son como poner vino nuevo en botellas viejas", ya que podemos cambiar sistemas de gobierno de despótico a democráticos, sistemas económicos de comunista a capitalista o viceversa, pero no importa qué cambio hagamos, los viejos hábitos surgirán una y otra vez hasta que, y a menos que, sea la gente la que cambie: "No puede surgir ninguna reforma política con los mismos hombres egoístas al timón como líderes".

No podemos garantizar la felicidad humana dictando leyes o controlando la producción. Podemos crear felicidad humana solo liberando a la gente de sus mentes estrechas. Esta liberación, dijo H.P.B., puede ocurrir aplicando los principios teosóficos para promover la cooperación social y el progreso. Su esencia se encuentra en la Cadena de Oro, cuyos eslabones son: unidad universal y causalidad, solidaridad humana, la ley del karma y la reencarnación. Estos cuatro enlaces permitirán unir a la humanidad dentro de una familia, una verdadera fraternidad universal.

Si aceptamos nuestra unidad con el cosmos, dejaremos de dañar innecesariamente los reinos que conviven con nosotros, comenzando con el humano, luego el animal, y así sucesivamente. Las enseñanzas de Blavatsky son básicamente simples, aunque con amplias posibilidades de desarrollo. Ella explicó que había estudiado la Sabiduría Eterna, la cual es el fruto de innumerables generaciones de investigadores y clarividentes hasta el tiempo presente.

Comenzó presentando sus enseñanzas esotéricas basadas en primer lugar en la Única Última Realidad del Universo, y ella afirmó que esta unidad subyacente se encuentra en el corazón de todas las cosas. En consecuencia, materia y conciencia no son dos cosas diferentes, sino dos aspectos de la única realidad, por lo tanto todo lo que existe tiene vida y consciencia.

H.P.B. defendía la ley de periodicidad diciendo que el Universo en el que vivimos es solo una manifestación periódica, que no hay principio ni fin, y que nuestro Universo es una ilusión en comparación con la Realidad Última. Habló de la evolución, haciéndonos saber que esta responde a los esfuerzos y méritos que cada ser, aparentemente separado, puede contribuir al verdadero Ser, que se encuentra en la región del perfecto equilibrio.

La evolución responde a la guía interna, más que a las fuerzas externas. Al presentar la ley de analogía dice que todo el Universo sigue los mismos patrones, de modo que si sabemos cómo funciona el Universo, sabremos cómo funciona todo lo demás, y viceversa. H.P.B. tiene el cuidado de presentar estas y muchas otras ideas de diversas formas en todas sus obras, principalmente Isis sin velo, La doctrina secreta, La clave de la teosofía, Ocultismo práctico, y La voz del silencio.

Para dar a conocer estas ideas, Blavatsky comenzó fundando la Sociedad Teosófica (S.T.) en la ciudad de Nueva York en 1875, junto con Henry Steel Olcott, William Quan Judge y otros. Pero su preparación para este evento fue larga: le tomó 25 años, o desde 1848 hasta 1873, momento en que fue enviada a Nueva York por sus Maestros. La preparación la llevó a viajar por todo el mundo, llegando a Centros de Iniciación, principalmente el Tíbet. En estos viajes, y también desde su infancia, su vida estuvo en peligro en distintas ocasiones, como cuando fue gravemente herida mientras apoyaba la causa de Garibaldi en Italia. En un viaje de Alejandría a Grecia, el barco en el que viajaba explotó, y sobrevivieron solo 17 pasajeros de los 400 que estaban a bordo. Cuando ella fue bautizada, el sacerdote y otras personas sufrieron quemaduras, pero ella no. Cuando estaba en Constantinopla, se ganaba la vida montando caballos en carreras de obstáculos, y se cayó accidentalmente de uno de los caballos, sufriendo las consecuencias por el resto de su vida.

Sabemos, por las muchas historias que se han compartido sobre la vida de H.P.B., que, además de los lugares ya mencionados, visitó muchos otros como Egipto, París, Londres, Canadá, América del Sur e India, entre otros, donde padeció muchas veces por dificultades económicas; pero ella los vencería porque estaba llena de un espíritu altruista hacia su querida huérfana humanidad. Le debemos un inmenso agradecimiento a esta entidad maravillosa que exhibió un complejo personaje, desde el más rebelde hasta el más compasivo, que muchas veces dio como resultado que ella haya sido mal entendida y difamada, y en otros casos elogiada y apreciada. Sin embargo, su trabajo y desarrollo interior la ubicaron a los pies de los Maestros, y tal vez mucho más que eso.

 

No es una cuestión de números el efecto que tendrá esta Sociedad sobre el pensamiento religioso  —voy a ir más lejos y diré, sobre la Ciencia y filosofía—  de la era: a veces surgen grandes eventos desde inicios mucho más modestos . . . Siento en mi alma que detrás de nuestra débil y recién nacida organización, existe un Gran Poder que nada puede resistir:  el poder de la Verdad. Siento que somos solo vanguardia, cuidando el fuerte a la espera de la llegada del grupo principal. Siento que estamos alistados en una causa santa, y esa verdad, ahora como siempre, es poderosa y prevalecerá. . . Siento, como sincero teósofo, que podremos dar a la ciencia tantas evidencias de la verdad de la filosofía antigua y de la amplitud de la ciencia antigua, que su tendencia hacia el ateísmo será detenida, y nuestros químicos, como lo expresa Madame Blavatsky, “se pondrán a trabajar para aprender un nuevo alfabeto de la ciencia en el regazo de la Madre Naturaleza”.

 H.S. Olcott, Teosofía aplicada y otros ensayos. "Discurso inaugural”

 

 

 

 

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