Volver al Índice de Revistas
El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 02-  Noviembre 2018  (en Castellano)

 
Anterior
Página 11
Siguiente

 

Conciencia, contemplación, compromiso:

el futuro es ahora

 

MARCOS RESENDE

 

Ex Secretario General de la Sección Brasileña.

Discurso de apertura pronunciado en el Congreso Mundial Teosófico en Singapur el 4 de agosto de 2018

 

 

El tema del 11º Congreso Mundial de la Sociedad Teosófica (ST) celebrado en Singapur es realmente una invitación a la acción. Por esta razón nos corresponde a nosotros descubrir qué tipo de acción se espera de nosotros.

En el siglo XXI la humanidad está atrapada en una lucha, está en guerra, en permanente competencia, no sólo a nivel individual, sino también colectivo. En nuestro mundo globalizado y tecnológico, con servicios materiales nunca antes imaginados, la pobreza, el hambre y la desigualdad entre las personas y las naciones, siguen produciéndose a gran escala. El sufrimiento no sólo proviene de la ausencia de satisfacción de las necesidades materiales, sino también de la codicia y el apego a lo transitorio por naturaleza. La ignorancia sobre los objetivos y propósitos de la vida en movimiento es una fuente de miedo y egoísmo. La agresión hacia la naturaleza, con la devastadora ruptura del equilibrio ecológico, nunca ha sido tan ominosa.

La desarmonía entre los humanos, visible en todo el mundo, deriva de esta ignorancia existencial. Podemos decir, sin duda alguna, que la vida se manifiesta para el despertar de la conciencia. Parece difícil percibir la presencia de la conciencia en la materia. Pero cuando la física cuántica demuestra que la conducta del observador modifica el comportamiento de las partículas subatómicas, podemos notar la conciencia a niveles nunca antes imaginados.

En el interesante libro La vida secreta de las plantas (The Secret Life of Plants), los autores estadounidenses Peter Tompkins y Christopher Bird hacen referencia a las experiencias de Cleve Backster, un destacado experto en detección de mentiras. Backster, al colocar los electrodos de su galvanómetro en las hojas de una planta y, después de haber encendido un fósforo, detectó casualmente movimientos inesperados en el aparato. A partir de entonces, se realizaron varios experimentos científicos que demostraron la presencia de la conciencia en el reino vegetal e incluso la cooperación entre las plantas.

En el reino animal hay claramente una manifestación de conciencia. Aunque sus vidas están reguladas principalmente por instintos, los animales muestran afecto, ira, celos e incluso pequeños destellos de inteligencia en las especies más evolucionadas.

La conciencia humana, basada en el pensamiento, ha generado la vida moderna, que es una vida de dura competencia, brutalidad, violencia y egoísmo. La humanidad está sufriendo mucho, pero no por la falta de conocimientos tecnológicos que puedan eliminar el hambre y la miseria que aún hoy existen. También hay sufrimiento psicológico que surge de la ignorancia existencial respecto a quiénes somos y del miedo a lo que nos espera en el futuro.

No es difícil ver que la vida como un todo apunta a la evolución, la cual ocurre a través de la manifestación como un incremento y expansión de la conciencia en todos los niveles, etapas y reinos. Desde el mineral más denso hasta el más elevado Dhyân Chohan, la vida tiene el mismo propósito: el despertar progresivo e ilimitado de la conciencia. En los reinos elementales, en los que la densificación gradual ocurre hacia el mundo material, el sendero es todo lo contrario, generando la fuerte tendencia a oscurecer la percepción y la conciencia en los seres autoconscientes.

No hay otra manera. O despertamos a la sabiduría, o nos sumergimos en la ignorancia existencial. El principio de toda sabiduría es la realización de saber que no sabemos. Libres de toda acumulación que sostiene y limita los movimientos de la conciencia, debemos mantener el impulso de descifrar, descubrir, ver y comprender por nosotros mismos. Cuando pensamos que sabemos, al no mirar atentamente cualquier pregunta a través de una observación nueva e incluso más profunda, dejamos de aprender y nos quedamos estancados.

A nosotros nos corresponde preguntarnos, como seres humanos, dónde están los límites de nuestra conciencia y qué acción puede hacer surgir nuestro despertar a horizontes cada vez más amplios de comprensión en infinita progresión. La palabra "contemplación", que supone una observación atenta e imparcial con la mente vacía, parece ser la clave para una comprensión cada vez más profunda de los misterios de la existencia, lo que resulta en una apertura a una dimensión ilimitada.

La célebre frase de René Descartes, "Pienso, por lo tanto existo", dio el tono de toda una época denominada "cartesiana". Pero ya no representa la vanguardia de la conciencia humana. El mundo creado por el pensamiento está lleno de comparaciones, juicios, búsqueda de ganancias y miedo. Haz esto para conseguir aquello, esta es la forma en que el pensamiento procede, que es tan común y necesaria para los logros materiales, pero que siempre tiende a aprovecharse.

Cuando se aplica a la relación del ser humano consigo mismo, con otros seres humanos, la sociedad o la naturaleza, el pensamiento se convierte en una fuente de división y egoísmo, lo que resulta en conflicto. El mundo creado únicamente por el pensamiento es un mundo de brutalidad, guerras, competencia, codicia, egoísmo y comparaciones que generan las falsas nociones de superioridad e inferioridad.

Solo de la actividad del pensamiento, no iluminado por algo más sutil, surgen imágenes mentales rígidas e incluso dogmas, así como la codicia, que causa acumulación de riqueza para los pocos "felices", causando grandes necesidades para muchos. Basta con leer los periódicos u observar el mundo de los negocios, con la ambición y la codicia que tanto caracteriza a ese entorno. La comparación y la competencia al generar riqueza material que no se comparte suficientemente, crea seres humanos fríos, calculadores, inhumanos e incluso perversos.

Sólo a través de la quietud interior podemos descubrir el tono de la acción correcta en cualquier situación de la vida. Para que esto ocurra, se requiere que armonicemos nuestras emociones con la percepción y comprensión de los deseos y miedos. Claridad en la acción surge con el silenciamiento natural de la mente por la contemplación de los propios pensamientos y la observación cuidadosa y serena de todo lo que sucede en los mundos subjetivo y objetivo.

Contemplarnos a nosotros mismos, a los demás, a las relaciones y a la vida en sus sabios movimientos, conduce al despertar de la conciencia en una progresión geométrica. Cuando el ser humano deja de actuar por impulso, miedo, sentimientos de inferioridad o superioridad, búsqueda de realización y satisfacción, percibiendo el conjunto de intereses e imágenes creadas por el incesante movimiento de los propios pensamientos, el buddhi o sabiduría comienza a desplegarse, sereno, sabio, afectuoso, inteligente y benevolente.

Contemplar el infinito elimina el enfoque de la autoconciencia, que es el centro de los intereses personales. Contemplar lo que es finito imparcialmente, sin el conjunto de preferencias, demandas y aversiones típicas, permite que la vida personal se organice mejor de una manera natural y sutil sin preocuparse por ello o descuidarla.

Debemos darnos cuenta de que cuando surgen los deseos, la mente más sutil, que es capaz de captar las verdades fundamentales, se oscurece. Cuando dejamos ir los deseos, permitiéndoles que se vuelvan menos imperativos, con desapego de su satisfacción, la mente se vuelve clara de nuevo. La humanidad necesita individuos con mentes claras y lúcidas que se den cuenta del propósito de la existencia y dediquen sus vidas a lograr ese propósito. Los Maestros de Sabiduría viven para ayudar a los seres humanos a llegar a este despertar. Sin embargo, no pueden hacerlo por sí mismos, excepto sembrando las semillas que pueden brotar en la conciencia de cada individuo, ya que, como se dice en Las Cartas de los Mahatmas, "la iluminación debe venir de dentro."

No debemos utilizar la mente común, usada para lo material y lo práctico, para buscar la iluminación. Nuestro trabajo consiste en purificar, flexibilizar y armonizar nuestro cuerpo mental sin comprometer los principios fundamentales, sin permitirle que se corrompa. Debe ser un instrumento para cuestionar, pero nunca debe apegarse a las respuestas que pueda tener, tomándolas como verdades últimas y absolutas. La mente necesita ser clara, ligera y aguda para servir a propósitos más grandes, no creados por sí misma, sino por buddhi, esa energía creativa que sólo se manifiesta cuando el pensamiento está en silencio. Aprender a utilizar este maravilloso mecanismo de pensamiento como una herramienta eficaz para algo que es más sutil y, por lo tanto, más sabio, es el desafío para la civilización humana.

Sólo podemos servir a los poderes superiores si nos comprendemos a nosotros mismos, trascendiendo los patrones mentales que hemos adoptado, para que buddhi pueda percibir la verdad directamente. Consecuentemente, podemos ser una luz para la conciencia humana oscurecida, siempre dándonos cuenta de que no somos mejores que los demás. Este servicio y dedicación a la causa, siguiendo el camino del autoconocimiento, requiere compromiso, no con otra persona, iglesia o institución, sino con nuestra naturaleza más profunda, que reside en esa dimensión de sabiduría que se presenta cuando nuestros pensamientos se calman.

Una vida basada sólo en deseos y pensamientos nos empuja en muchas direcciones. Es fácil perderse en trivialidades, idiosincrasias y tendencias de nuestro ego psicológico, así como en las influencias de nuestro entorno personal y de la sociedad en la que vivimos. Las presiones y distracciones de la vida nos desvían fácilmente de esta meta.

Aprovechar la oportunidad que la vida nos ofrece, aprender enseñando y enseñar aprendiendo, no teóricamente, requeriría compromiso. Este proceso de aprendizaje debe desarrollarse a través de una observación y comprensión cada vez mayor y más profunda de la vida y su vasto movimiento, tan bien descrito en la literatura teosófica. El compromiso también requiere lealtad a nuestras hermanas y hermanos que sirven a la misma causa y a todo lo que existe.

Nadie se enfoca en los Maestros sin dirigir sus vidas a lo más elevado de su conciencia, cumpliendo así su dharma, o misión, de la mejor manera posible. ¿Por qué queremos encontrarnos con el Maestro? ¿Por qué queremos la iluminación? Si es para servir a propósitos personales y egoístas, caminamos sobre un terreno resbaladizo. Necesitamos entender que la vida debe conducir al despertar de la conciencia.

En la etapa evolutiva humana en la que nos encontramos, este despertar ya no está siendo engañado por los trucos y deseos creados por el pensamiento que nos empuja en muchas direcciones equivocadas. Cuando sea necesario, debemos aprender a dirigir nuestros pensamientos hacia propósitos benéficos y elevados, y también aprender a calmarlos, para que la voz del silencio se manifieste a través de nosotros y nos ayude a encontrar el camino. Difundir luz a otras mentes, a través de nuestras propias mentes, según el consejo del Maestro, se convierte entonces en nuestra misión. Pero sin un compromiso real y sincero con nuestra naturaleza más profunda, no tenemos forma de darnos cuenta de esto, porque el mundo puede arrastrarnos en una dirección equivocada con una serie de necesidades, presiones e influencias. Las demandas de nuestro yo inferior también pueden alejarnos de este camino.

Para seguir este camino de servicio, necesitamos renunciar al yo; necesitamos también tener amor y compasión, percepción de uno mismo, de los demás y del movimiento de la vida sin juicio, con enfoque y compromiso, así como contemplación diaria y acción correcta. Krishnamurti nos dijo que cuando la mente está clara, sólo hay un camino a seguir: el correcto. ¿Seremos capaces de vaciarnos, silenciándonos interiormente para permitir que la luz de buddhi muestre claramente el camino correcto a cada instante y para cada desafío que la vida nos presenta?

El futuro es ahora porque no existe otro tiempo. Este es el único momento verdadero en el que se puede expresar la vida: el eterno presente activo. El futuro existe sólo en la mente divina y en nuestra imaginación, pero la vida es siempre ahora.

Si pudiéramos dejar ir o abandonar la idea de lo que consideramos debería ser para poder ver claramente, siendo lo mejor que podemos hacer ahora, entonces permitiríamos que la mente divina se expresara a través de nosotros, abriéndonos a las influencias superiores para ejecutar mejor nuestro dharma, con más sutileza y refinamiento.

La mente, atrapada en la idea de la continuidad del tiempo, no es capaz de percibir lo sagrado que está siempre presente y sólo puede ser percibido en el ahora. Fuera del capullo del egocentrismo, que sólo puede ser realizado en el eterno presente activo, la vida tiene otra energía. Es intensa, creativa y no puede ser retenida por el pensamiento o transportada a través del tiempo. Cada nuevo momento exige una nueva explosión de claridad, intensidad y energía, que sólo puede ocurrir en una mente que entiende y se vacía a sí misma.

Como teósofos que vivimos en el siglo XXI tenemos la importante misión de abrirnos a la conciencia creadora y regeneradora que está siempre presente en una dimensión más sutil que el pensamiento. Esto requiere contemplación, observación libre de los mundos subjetivo y objetivo, atención cuidadosa, contemplando incluso la distracción natural, siendo consciente de ello, sin conflictos. Cuando uno percibe la falta de atención, ya está en un estado natural de atención. Cada vez que el pensamiento se pierde en sus infinitos viajes de proyecciones, la percepción de su movimiento sin represión abre una nueva dimensión en la conciencia.

Nuestras acciones dirigidas a lograr un cambio en el mundo, cumpliendo con lo que los Maestros esperan de nosotros, deben ser claras, benéficas y transformadoras, no sólo a nivel personal, sino también en nuestra vida privada, profesional y espiritual. Todo esto puede ocurrir a través de la percepción de las limitaciones del egocentrismo que surgen de una vida centrada sólo en nosotros mismos. No es posible transformar el mundo sin la transformación de cada uno de nosotros.

Nuestra literatura teosófica enseña acerca de lo que yace oculto en el cosmos. Estas enseñanzas son útiles en nuestro peregrinaje. Pero no es útil tomar las enseñanzas demasiado teóricamente simplemente repitiéndolas cuando en realidad no las conocemos. Necesitamos descubrir la realidad a la que tratan de guiarnos, para llegar a nuestra propia comprensión, por la percepción de la coherencia o incoherencia de las enseñanzas. Como dijo Shakespeare, hay mucho más entre el cielo y la tierra de lo que nuestra vana filosofía supone.

Depende de cada uno de nosotros descubrir la Verdad, en mayor o menor medida, según nuestras capacidades e intensidad y, sobre todo, vivir de acuerdo con ella. Todo en la naturaleza está en su lugar. Nada ni nadie es mejor que nada ni que nadie. Todo está en su propio momento evolutivo. ¿Dónde estamos? ¿Podremos darnos cuenta de que la vida sirve al despertar de la conciencia para que podamos despertar del sueño material incluso mientras estamos en nuestro cuerpo físico, para vivir la vida espiritual aquí en la Tierra con intensidad y belleza?

¿Podemos ver que la fuente de la vida, de la que fluye todo el poder de la creación y la regeneración, se encuentra dentro de nosotros mismos, en la dimensión más recóndita de nuestro ser y que es más sutil de lo que se cree? ¿Seremos capaces de poner nuestra casa interior en orden para llevar al mundo la paz que sobrepasa todo entendimiento? ¿Podemos hacer que la luz interior brille anónima, silenciosa y humildemente sin considerarnos mejores que los demás?

Como se dijo antes, el propósito de la vida es despertar la conciencia. ¿Podemos dedicarnos a realizar este propósito, comprometidos internamente, aprendiendo en el ahora junto con nuestros compañeros de búsqueda y aquellos que están interesados en la Verdad, compartiendo nuestra mejor comprensión en todas las direcciones? Creo que esta es nuestra misión, nuestro dharma. Por eso estamos en la ST. Es el lugar sagrado de encuentro, el espacio institucional en el que se reúnen generaciones de estudiantes para aprender enseñando y enseñar aprendiendo, encendiendo la luz de la conciencia, que está en cada ser humano y puede iluminar el mundo. ¿Podremos desempeñar este dharma con lo mejor de nuestras capacidades?

La ST no puede ser transformada en una especie de iglesia, según las creencias personales de algunos de sus miembros. No fue concebida para limitarse a ninguna creencia por elevada y sublime que sea, sino para promover la comunión espiritual entre personas que desean descubrir y comprender por sí mismas la verdad sobre la vida en todas sus manifestaciones y dimensiones, ocultas o reveladas.

Sin autopercepción, sin autoconocimiento, somos siempre propensos y vulnerables a caer en las trampas del conocimiento. Aparecen por nuestra arrogancia al pensar que sabemos, cuando sólo estamos reuniendo un puñado de información intelectual sobre la vida y el universo, reduciendo su inmensidad a meros conceptos fríos que carecen de la necesaria vitalidad transformadora.

¿Seremos capaces de mantener a la ST en el siglo XXI a la vanguardia del despertar de la conciencia humana, como lo hizo en el pasado, para ayudar a la humanidad con el paso evolutivo que el momento exige, para aliviar el sufrimiento que surge de la ignorancia existencial? Dado que el mundo está tan turbado, la Teosofía debe ahora más que nunca dejar de ser sólo un puñado de conceptos intelectuales para que pueda ser una sabiduría viva que penetre profundamente en nuestras vidas diarias, haciéndonos menos egocéntricos, irradiando afecto, comprensión y armonía en todas nuestras relaciones.

Aprovechemos la maravillosa oportunidad kármica de trabajar juntos en esta Sociedad como una real y verdadera fraternidad para que unidos internamente nuestros estudios puedan promover la libre investigación dirigida a la Verdad, y así iluminar y elevar la conciencia de toda la humanidad. Este es nuestro compromiso, nuestro dharma y nos congregamos aquí para concretarlo, ahora mismo. 

 

 

El sentimentalismo no es amor. Tengo un terror al sentimentalismo, porque lo he encontrado básicamente egoísta.

Clara M. Codd, Entrégate a la vida

 

 

 

 

 
 
Anterior
Página 11
Siguiente

 


 

 
 
www.000webhost.com