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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 140 - Número 01-  Octubre 2018  (en Castellano)

 
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La misión de la Sociedad Teosófica  

 

Tim Boyd

 

        En la última reunión del Consejo General se estableció un enunciado de la

misión de la Sociedad Teosófica (ST). Aunque H. P. Blavatsky había  formulado muchos enunciados de la misión y finalidad de la ST, en los 143 años de historia de la ST nunca se había establecido  un enunciado formal de su misión.

En La Clave de la Teosofía, en una breve sección titulada “Lo Abstracto y lo Concreto”, HPB aborda el tema de la relación entre la Teosofía y la Sociedad Teosófica. Entre otras cosas dice: “Teosofía es la naturaleza divina, visible e invisible, y su Sociedad es la naturaleza humana tratando de ascender hacia su padre divino”.

En esa misma sección dice también que “Teosofía es el océano sin orillas de la verdad, el amor  y la sabiduría universales, que reflejan su resplandor sobre la tierra, en tanto que la Sociedad Teosófica es solo una burbuja visible de aquel reflejo”. Intenta hacernos comprender la relación que hay entre la Teosofía, que es divina, y nuestro trabajo dentro de esta organización, que tiene una forma. Concluye diciendo que la ST se constituyó para contribuir a mostrar a los hombres que existe algo como la Teosofía, y ayudarles a elevarse hacia ella mediante el estudio y la asimilación de sus verdades eternas”.

En cierto sentido, la idea de una Sociedad cuya finalidad consiste en mostrar la existencia de una Teosofía nunca definida, es el enunciado de una misión. Sin embargo, para todo aquel que no cuente con una buena base de la Teosofía, resulta un enunciado insatisfactorio.

Durante algo más de un año, el Consejo General de la ST, con contribuciones de otros miembros, ha estado trabajando en el proceso de tratar de afinar un enunciado conciso y comprensible de la misión de la ST. Como si se tratara de un Sutra de las escrituras del mundo, se ha intentado que el enunciado de la misión fuera tan breve, compacto y fácil de recordar que pudiera transmitirse rápidamente, pero también tan rico conceptualmente que si uno reflexiona sobre él, se vayan revelando capas cada vez más profundas de su significado.

El Enunciado de la Misión de la Sociedad Teosófica que se ha adoptado contiene en total veintisiete palabras: ”Servir a la humanidad cultivando una comprensión, y realización cada vez más profundas de la Sabiduría Perenne, la auto transformación espiritual y la unidad de la vida toda”. En el resto del artículo trataremos de analizar esta frase. Al igual que en un Sutra, cada una de las veintisiete palabras aporta algo significativo.

Servicio

Servir es la primera función de la ST. El servicio se entiende, a menudo, de diversas formas, pero para nuestra finalidad implica una participación consciente, una actividad compasiva consciente que nos conecta con otros para  aliviar el sufrimiento. Obviamente, nuestro servicio es frecuentemente inconsciente. Por ejemplo el simple acto de respirar suministra a las plantas el dióxido de carbono que necesitan para vivir. Las plantas, a su vez, expiran el oxígeno que los seres humanos y otras formas de vida necesitan. De modo que, en cierto sentido, el mero hecho de respirar es ya un servicio. Sin embargo, parte del cometido del trabajo teosófico consiste en adquirir plena consciencia, en estar plenamente despierto, de modo que nuestro servicio no sea solo una actividad aleatoria, sino que rebose consciencia y compasión.

Humanidad

¿En qué dirección se enfoca ese servicio? La misión es de “servir a la humanidad”. El concepto normal de humanidad son los siete mil millones de seres humanos que pueblan la Tierra. El conjunto de todos esos seres humanos es lo que tendemos a llamar “humanidad”. Desde la perspectiva de la Sabiduría Eterna, aparece la idea del humano divino. Lo que consideramos humanidad no es un mero conglomerado de siete mil millones de personas distintas; se trata de una única entidad, del mismo modo que nosotros, como individuos, estamos compuestos por muchas vidas, pero nos consideramos una unidad. Cuando pensamos en nuestro cuerpo o “yo”, “yo” como ser humano, si queremos ser un poco más precisos, lo que llamamos “yo” es una combinación de la actividad de billones de células humanas, más billones de bacterias que viven de nuestro cuerpo y dentro de él, y la participación imperceptible de todos los niveles de consciencia, desde la más baja del mineral, hasta la de los seres más elevados espiritualmente. La actividad cooperativa de todas estas corrientes y unidades da como resultado lo que llamamos “yo”.

Así que esta es la humanidad a la que servimos dentro de nuestras limitadas posibilidades. El    servicio  consciente comienza reconociendo nuestra unidad con ese gran Todo, ese Ser superior, y con una profunda comprensión de nuestra manera de participar dentro de él. La humanidad, en otro sentido, es un ideal aun no realizado. Según nuestra conducta y nivel actual de desarrollo, aun no somos plenamente humanos. En numerosas ocasiones, HPB comparaba la conducta que llamamos “humana” con la de los animales. En la medida en que nuestra consciencia se centra en el ámbito del deseo, del egoísmo, de la separación,… los seres humanos se convierten en “los animales más conscientemente e inteligentemente bestiales de todos”. (HPB)

La humanidad genuina, o realizada, es la que nos esforzamos por alcanzar. El ser humano realizado, dicen Las Stanzas de Dzyan, tiene en sí mismo la “mente para abarcar el universo”, una mente holística y omniabarcante. Este es un objetivo aún muy distante para nosotros. Cuando hablamos del servicio a la humanidad, este tiene dos partes. Damos servicio al colectivo global, sirviendo a los individuos y grupos, que constituyen su cuerpo; y servimos al ideal divino implantado en nuestro interior con nuestros esfuerzos por enraizarnos en su consciencia omniabarcante.

Cultivando

¿Cómo servimos a la humanidad? Hay muchas organizaciones en el mundo enfocadas a servir a la humanidad: la  Cruz Roja, Médicos sin Fronteras, los Ángeles de la Noche, comedores sociales, y otras muchas. ¿Qué es lo característico del servicio que contempla la ST? En el enunciado de la Misión se dice, “servir a la humanidad cultivando una comprensión y realización cada vez más profundas”. Veamos qué puede significar “cultivando”. Es un término muy particular, que normalmente se refiere a los jardineros o a las personas dedicadas al cultivo y cuidado de las plantas. Está vinculada directamente con el mundo natural y con los procesos de la vida y la consciencia.

Por plantar simplemente una semilla, uno no se convierte en jardinero. Una persona cuya función sea la de cuidar las plantas debe pasar por un estudio intensivo de los ciclos de la Naturaleza y de las capacidades potenciales de las semillas. Hay que conocer las necesidades y condiciones que se requieren para hacer crecer estos seres vivos y estar preparados para responder a sus necesidades en el momento adecuado. Todo esto comprende el proceso de cultivo.

La ST existe para hacer florecer un potencial humano profundamente escondido—una Semilla Divina. ¿Cuál es la semilla plantada en la humanidad que la ST debe hacer crecer? Las palabras que siguen del enunciado de la Misión nos lo indican.

 

Cada vez más profundo

Estamos aquí “para servir a la humanidad cultivando una comprensión y realización cada vez más profundas”. La expresión  “cada vez más profundas” habla no sólo de la dirección, sino también de la naturaleza del  proceso.

El hecho de que este cultivo en el que nos comprometemos no tenga límites indica que es una profundización continua. A menudo en los diálogos espirituales hablamos de “profundidades” y de “alturas”. En cierto modo, profundidad y altura son términos sinónimos para una cierta expansión de la consciencia. Como expresión “cada vez más profundas” es quizás más apropiado, porque la idea de profundidad tiende a atraer nuestra atención hacia el interior, en tanto que la altura parece hacer ascender y salir a la consciencia. La intención de la expresión es volver nuestra mirada hacia adentro.

Comprensión

Cometeríamos un error con el significado de “comprensión”, si lo confundiéramos con “conocimiento”. Los dos son diferentes en su naturaleza y cualidad. El conocimiento puede existir en ausencia completa de una comprensión genuina. Es muy común  en  personas de  conocimientos  profundos no tener ningún sentido de su relación con todas las demás cosas, que es la base de la comprensión. Esta condición mental es tan evidente, que no deberíamos necesitar ninguna otra prueba más que nuestra observación cotidiana. Solo hay que mirar la historia reciente, ante cualquier descubrimiento o invento científico importante, ya sea la electricidad, la energía atómica o sustancias biológicas. Para la mente que comprende, cada revelación de las fuerzas de la Naturaleza hace más profundo nuestro reconocimiento de la relación con el mundo que nos rodea, con los demás, y con los mundos invisibles.

El sentido de la interconexión es un componente necesario para una mente capaz de comprender. Pero si tomamos el ejemplo de la electricidad, uno de los primeros usos que se le dio, aplicando esa mente centrada solo en el conocimiento, fue su aplicación a la pena capital —la electrocución de prisioneros. En lugar de la decapitación o el fusilamiento, el genio humano, tan centrado en el conocimiento, que había hecho posible el uso creativo de la electricidad, la empleó para matar a otros seres humanos. El descubrimiento de la energía atómica tuvo el mismo resultado, pero peor. Su primer uso fue en la guerra para aniquilar de forma masiva a los seres humanos, en lugar de matarlos de uno en uno. El conocimiento puede ser empleado de modos que nieguen toda relación y conexión con la vida toda. Por otra parte, la comprensión es la percepción de la relación; es una expresión de la intuición, de buddhi. Es un reconocimiento de la unidad.

Realización

Estamos aquí para “servir a la humanidad cultivando una comprensión y realización cada vez más profundas”. Realización significa darse cuenta, tener plena consciencia, ya sea de un aspecto de la Sabiduría Divina, o en el caso de una persona realizada, tener la consciencia total de un estado indiviso del ser. En cierto sentido, la realización es el resultado necesario de una comprensión cada vez más profunda.

La Sabiduría Perenne

El Enunciado de la Misión especifica una comprensión y realización de tres cosas. Primero, la Sabiduría Perenne, a veces definida como Sanätana Dharma, la Sabiduría Eterna. En los círculos teosóficos encontramos, a veces, “Sabiduría Perenne” y “Sabiduría Antigua” empleados como sinónimos. Aunque ambos términos están muy relacionados, expresan ideas diferentes. La Sabiduría Antigua se refiere a una expresión específica de la tradición de la Sabiduría Perenne, algo que ya existe, que tiene una historia

Las Escuelas de Misterio griegas y egipcias, con sus deidades y rituales específicos, y la práctica Védica en la India, son algunos ejemplos de Sabiduría Antigua— manifestaciones específicas de la Sabiduría Perenne, adecuadas para un cierto tiempo, lugar y gentes. “Perenne”, por definición, se aplica a toda tradición pasada, presente y futura. Es la “raíz sin raíces”, de la que brota todo lo demás. Al comienzo de nuestro actual ciclo de creciente interconexión global, la manifestación más reciente de la Sabiduría Perenne fue la fundación de la ST en 1875, En algún momento de un futuro lejano, la Teosofía, tal como la conocemos, entrará también en la categoría de la Sabiduría Antigua—completamente verdadera, eterna por su naturaleza, pero muy específica, y propia de su tiempo, por su forma de expresión. Esta es la naturaleza, en permanente renovación, de la Teosofía—la Sabiduría Perenne.

Auto-Transformación Espiritual

Describimos como “auto-transformación espiritual” el trabajo teosófico que hacemos como individuos. Se basa en la idea de que el  yo, el modelo de vida separativo, basado en la personalidad, puede transformarse por la acción del espíritu interior, de manera tal que resulte transparente a lo que Annie Besant describía como la      “Luz Oculta que brilla en cada ser”.

¿Qué implica la transformación? Probablemente el proceso es más simple de cómo lo vemos. No se trata de añadir más ideas o conocimientos. La finalidad del  conocimiento que vamos acumulando es la de ayudarnos a despojarnos de los muchos obstáculos que hemos creado en nosotros mismos y que impiden el flujo natural y siempre presente del espíritu.

La Unidad de la Vida Toda

Las palabras finales del  enunciado de la Misión de la ST son “la Unidad de la Vida Toda”. “Una comprensión y realización cada vez más profundas de la Sabiduría Perenne, la auto-transformación espiritual y la unidad de la vida toda”. El enunciado de la Misión termina donde empieza el trabajo de la Sociedad Teosófica. El primer Objetivo de la ST es la Fraternidad, que también podría expresarse como unidad. No hay espiritualidad si falta la realización de la unidad o unicidad. La unidad es la base de toda comprensión, espiritualidad e incluso del bienestar físico. Incluso al nivel de nuestra personalidad, no hay fortaleza cuando falta la unidad. Cuando miramos a un niño pequeño esforzándose para empezar a caminar, vemos como fracasa una y otra vez. La razón de ese fracaso es que el cuerpo, nacido hace poco, tiene que integrarse todavía en sus distintas partes. Los músculos de los brazos y de las piernas no están bajo el pleno control de la persona. En las relaciones humanas, la falta de unidad se manifiesta como fragmentación, debilidad y enfermedad.

La base de todo lo que definimos como teosófico se retrotrae a la unidad de la vida toda. La vida es omnipresente y necesariamente inteligente, y esa inteligencia se manifiesta en el movimiento. Todo está en movimiento—no aleatoriamente, sino bajo un patrón. La inteligencia que subyace en la vida se imprime en la materia. Tanto si se trata de la gravedad y el electromagnetismo como del karma y la reencarnación, podemos hablar de Leyes de la Naturaleza o de Leyes del Universo, porque existe un patrón inteligente para la vida que podemos percibir.

Este breve artículo es un intento de destacar algunos pensamientos y vislumbres que surgen al analizar el enunciado de la Misión. Para que nos resulte algo vivo, debemos hacer cada uno nuestra propia exploración, pensando y reflexionando tranquilamente, para permitir que su profundidad se despliegue ante nosotros. Como todo lo que es verdaderamente de naturaleza teosófica, las profundidades que podemos descubrir no tienen límite.

De modo que, la Misión de la Sociedad Teosófica es:

 

Servir a la humanidad cultivando una comprensión y realización cada vez más profundas de la Sabiduría Perenne, la auto-transformación espiritual y la unidad de la vida toda.

 

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