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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 12 -  Septiembre 2018  (en Castellano)

 
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La vida contemplativa en el mundo moderno.

 

 

Linda Oliveira

La Sra. Linda Oliveira es Presidenta Nacional de la Sección Australiana y ex Vicepresidenta internacional de la S.T. Charla dada en el Congreso Mundial de Singapur, el 7 de agosto de 2018.

Vivimos en un planeta - una verdadera joya- que flota a través de la inmensidad del espacio, una joya que proporciona un hogar para una inmensa diversidad de formas de vida. En su estado natural, la Tierra es extraordinariamente hermosa, con vastas extensiones de océano, desiertos silenciosos, montañas majestuosas, masas gigantescas de reluciente hielo, volcanes temblorosos, vastos mundos submarinos y subterráneos, cielos celestiales, extraordinaria vida animal y de aves, y verde vegetación.

¡Y luego estamos nosotros! ¿Qué sucede cuando superponemos a la humanidad en este escenario? Por un lado, tenemos el potencial para producir un cambio masivo de esta joya en el espacio. Los seres humanos han sido los precursores de un cambio sustancial en nuestro planeta. ¿Por qué es esto? Realmente se trata de manas, el principio del pensamiento, que es un don único, pero también nuestro mayor desafío. Es un don, porque el potencial de la mente es casi ilimitado; y es la mente transformada la que permite nuestra Liberación final de la Rueda de Nacimiento y Reencarnación. Pero mientras tanto, la mente es también nuestro mayor desafío. Esto se debe a que, en primer lugar, cuanto más fuerte es la mente, más fuerte es el sentido de “yo”, y por lo tanto también más fuerte es la tendencia hacia el egoísmo y la auto-importancia. Además, inevitablemente, debido a la creatividad aparentemente ilimitada del pensamiento humano, numerosas formas de vida en nuestro mundo natural han sido dañadas o, lo que es peor, aniquiladas. Asimismo, los humanos son criaturas sociales. A veces, este ruido social se convierte en una preocupación tal que olvidamos nuestras raíces espirituales, o de lo contrario prestamos poca atención al polo espiritual de nuestro ser. Por este tipo de razones, el planeta Tierra se convierte en un campo de juego para muchos intereses egocéntricos. Los edificios reemplazan cada vez más los hábitats naturales; de manera similar, nuestra indiferencia por la vida que nos rodea reemplaza una relación activa y afectuosa con la vida y una conexión espiritual genuina.

Quizás en parte por esta razón, durante milenios algunos individuos han elegido vivir un tipo particular de vida que los une a diario a la Fuente del ser: a Dios, Tao, Brahman, o al nombre que se prefiera. Esto inevitablemente requiere el sacrificio de ciertas cosas mundanas, y la adopción de una forma simple de vivir en algún tipo de comunidad enclaustrada o semi-enclaustrada.

Un agudo sentido de la profundidad de la vida y la devoción a una Inteligencia más vasta, junto con el deseo de adoptar un modo de vida dedicado y religioso, ha llevado a una pequeña proporción de personas a reunirse en varias comunidades contemplativas. Han sentido el llamado de algún tipo de vocación interna.

Las comunidades monásticas han existido, y continúan existiendo, dentro de las grandes tradiciones religiosas del mundo. Un sitio web habla de comunidades contemplativas en los Estados Unidos que viven “en islas y en bosques, detrás de iglesias en caminos muy transitados y entre hogares de clase trabajadora en calles urbanas”, comunidades que son “obedientes a una disciplina de la oración”. <globalsistersreport.org> También hay varias comunidades teosóficas en todo el mundo, incluida nuestra sede internacional, que ayudan a proporcionar un entorno en el que puede florecer la reflexión sobre las verdades más profundas de la vida.

¿Cuáles son, por lo tanto, las características de una comunidad contemplativa? Aquí hay una descripción: “Una comunidad contemplativa se caracteriza por la simplicidad y por ayudar a otros a darse cuenta de la profundidad de su conexión humana con Dios y con toda la creación. . . alimentado diariamente por un ritmo de oración, trabajo y ocio”. Este mismo sitio web dice: “Para ser contemplativo, y todos tienen la capacidad innata de serlo, debemos llegar a un profundo conocimiento de nosotros mismos que sea a la vez pavoroso y liberador”. Continúa: “Aprendemos a rendirnos y ceder ante un Dios a quien no podemos entender la mayor parte del tiempo pero en quien nos atrevemos a confiar”. <sistersofthegoodshepherd.com> Podemos señalar algunos puntos claves aquí acerca de lo que significa ser realmente contemplativo: autoconocimiento, liberación y entrega a un poder mayor.

Sin embargo, ¿qué pasa con aquellos que tienen una inclinación definida hacia la contemplación pero cuya vida, por diversas razones, tiene que ser vivida en el mundo cotidiano? Esto probablemente se aplica a muchos miembros de la S.T. Para considerar esta pregunta, necesitamos hacer tres preguntas más: ¿Qué es la contemplación? ¿Qué significa adoptar una vida contemplativa? ¿Cómo es posible vivir de una manera más contemplativa en el mundo cotidiano?

La pregunta del “cómo” es particularmente importante porque se relaciona con la forma en que vivimos, desde el punto de vista práctico. La teoría debe transformarse en práctica, de lo contrario no tiene un propósito muy útil.

¿Qué es la contemplación?

 Entonces, ¿qué es la contemplación? La palabra en sí misma deriva del latín contemplationem, “acto de mirar”, también de otro término contemplari, “mirar atentamente, observar, considerar”, originalmente “delimitar un espacio para la observación”. <etymoline.com>

De lo que hemos notado hasta ahora, se puede ver que la contemplación requiere una reflexión profunda, un espacio mental dedicado que creamos deliberadamente para este propósito, la observación atenta del mundo, que en última instancia conduce a un profundo autoconocimiento.  En general hay una intención de tipo religiosa.

Etapas del yoga y el proceso meditativo

También es útil y relevante considerar este tema en el contexto de la meditación. Esto se debe a que, en su totalidad, la meditación es un proceso de múltiples etapas que culmina en una profunda contemplación. El sabio indio, Patañjali, dio una serie de instrucciones para la meditación que se utilizan en la tradición del yoga.

Como es sabido, Patañjali dividió el yoga en ocho etapas: 1. Yama (moderación), 2. Niyama (observancia), 3. Âsana (posturas), 4. Prânâyâma (regulación de la respiración), seguido de cuatro etapas adicionales específicas de la práctica de la meditación, y las tres primeras ayudan a indicar lo que se requiere antes de que podamos llegar a un estado de verdadera contemplación.

5. Pratyâhâra (retiro de la consciencia de los sentidos): en la vida cotidiana, tendemos a ser seres impulsados ​​por los sentidos, y nuestros procesos de pensamiento están en gran parte dominados por la vista, el oído, el olfato, el gusto y el tacto. Por lo tanto, también nos impulsan aquellos deseos y aversiones que con frecuencia son alimentados de alguna manera a través de los sentidos. Por ejemplo, vemos un tipo de helado favorito y de repente tenemos un deseo de probarlo. O podemos oír música que nos gusta y el consecuente deseo de escuchar más música de este tipo. Por otra parte, podemos comer algo que tenga un sabor desagradable y, por lo tanto, desarrollar una aversión definitiva a ese tipo de alimentos. Olemos algo que no nos gusta y retrocedemos. Por lo tanto, el efecto de la actividad de los sentidos en los campos mental y emocional puede ser mucho más fuerte y más frecuente de lo que imaginamos, hasta que finalmente observamos lo que realmente está sucediendo.

 Por otra parte, pratyâhâra es un proceso muy sedante, que ayuda a prepararse para una meditación más profunda, que requiera que los sentidos estén enfocados y se utilicen de una manera en particular. Uno podría pensar que esto solo se aplica al comienzo de la práctica regular de la meditación formal. Sin embargo, el V. Prof. Samdhong Rimpoché hizo una afirmación significativa y quizás sorprendente. Observó que la calma necesaria no se logra a través de la meditación, sino viviendo una vida ordinaria y rutinaria. Hay una elegante simplicidad inherente a esto.

Aquí hay un ejemplo muy reciente y práctico, uno que probablemente la mayoría de nosotros no olvidaremos durante esta vida. Fue una noticia apasionante. Fuimos testigos recientemente de cómo se desenvolvió de manera dramática la historia de un equipo de fútbol y su entrenador que se vieron atrapados en una cueva en Tailandia. ¿Qué ayudó a los niños a mantenerse tranquilos mientras estaban atrapados? El entrenador, quien casualmente fue un ex monje budista novicio, les enseñó de forma básica el pratyâhâra. Se informó que

ayudó a mantener a los niños respirando y emocionalmente equilibrados durante la crisis, y también los preparó para la larga y peligrosa escapada con la guía de buzos expertos. En el proceso, les dio las herramientas vitales que necesitaban, enseñándoles cómo aprovechar su propia tranquilidad y calma interna. Él les enseñó cómo mantenerse calmados, una diferencia menor pero magnífica.

<Washingtonpost.com>

6. Dhâranâ (concentración): En la concentración, tratamos de entender y controlar la mente para que ya no reaccione agitadamente. Esto ha sido descrito por Adelaide Gardner como “una reeducación técnica de la mente inferior, para que se vuelva obediente al Yo”. Podemos pensar en dhâranâ como un antídoto para la mente de mono (N. del E.: mente que salta de un pensamiento a otro, como un mono salta de una rama a otra). A través de la concentración, uno puede dirigir la atención constante hacia cualquier cosa, incluso algo que no tenga ningún atractivo para el observador. Para cualquiera que haya tenido que concentrarse en un tema difícil o que no le gusta en la escuela para aprobar un examen, esta habilidad se entendería bastante bien. Cuando nos concentramos mantenemos la mente en una sola idea a voluntad. Esto podría ser cualquier objeto físico, una idea en particular o quizás una figura venerada; básicamente, todo lo demás queda excluido y la voluntad se aplica a la mente. Además, cuando la concentración se dispersa, volver a la respiración ha demostrado ser altamente beneficioso.

7. Dhyâna (meditación): la meditación propiamente dicha comienza cuando cesa el pensamiento activo, y nos damos cuenta del significado interno del objeto de meditación. Hay un flujo ininterrumpido de la mente hacia el objeto de meditación, donde están comprometidas las actividades intuitivas de la mente. De hecho, la meditación es una especie de estado de reposo porque el pensamiento es llevado a reposar tranquilamente en un concepto que tiene muchos tonos. Se invoca una actividad mental más sutil. Sólo se experimenta el único concepto, con toda su riqueza. Ernest Wood ha descrito la meditación como un flujo hacia el interior del objeto, no más allá de él. Experimentamos la naturaleza esencial del objeto de la meditación, “como una melodía cantada o un viento que sopla sobre el alma”, como lo describe Adelaide Gardner. En otras palabras, la meditación es refrescante; puede transformar, y de hecho trasforma la mente, al menos en cierta medida, cada vez que se experimenta.

La etapa de dhyâna o meditación es hermosa y profunda; sin embargo, aún no se ha alcanzado el estado de contemplación.

8. Samâdhi (contemplación): Samâdhi es un término que denota contemplación, que se utiliza en el hinduismo, el budismo, el jainismo, el sijismo y varias escuelas de yoga. En esta etapa final, el meditador se vuelve uno con el objeto de meditación; solo hay una conciencia del objeto de la meditación. Esto da como resultado una expansión de la conciencia que nos eleva del pequeño yo hacia el Yo superior. Estamos abierto a la unidad con la Vida Una y se siente. Patañjali se refirió a esto como el retorno del poder de la conciencia pura a su forma esencial. Esta condición está prácticamente más allá de la descripción verbal. En consecuencia, la contemplación es un tema difícil de transmitir en el lenguaje cotidiano. Quizás pueda describirse como conciencia pura, no conciencia de sí mismo, no conciencia de nosotros acerca de otra cosa, que todavía es un caso de sujeto y objeto; sino más bien, la experiencia sin ningún sentido de yo. O podemos pensar que es una unión con lo Divino, con eso que es Sagrado. Por lo tanto, no debe sorprendernos que samâdhi sea experimentado solo por unos pocos.

En el diccionario de sánscrito Monier-Williams, el samâdhi se describe de varias maneras: reunir, unir; finalización, logro, conclusión; contemplación intensa de cualquier objeto en particular sobre el que se medite. Esto agrega algunos matices adicionales al término.

Helen Zahara, ex Secretaria General de la sección australiana, escribió:

 En ese momento, al estar absorto, puede surgir una quietud de la mente, que no es negativa ni pasiva, sino dinámica y alerta. Éste es el estado de contemplación. Ahora, se sugiere que [el objeto de la meditación] debe ser eliminado completamente de la mente, mientras que la mente permanece en ese estado de consciencia calmo, absorto y equilibrado. La mente ahora está vacía de imágenes y formas, y en ese momento está libre y abierta para recibir sugerencias desde el mundo interior del Yo, para experimentar la intuición, buddhi. Para usar una analogía bien conocida, la mente es como un lago claro y plácido, capaz de reflejar la conciencia divina desde lo interno. . . En ese estado de contemplación, que es un estado de conciencia más allá de la forma, el individuo puede tener una percepción espiritual que, por breve que sea, puede transformar su comprensión, puede expandir su conciencia, elevándolo de su campo generalmente limitado a una nueva visión y comprensión de la realidad más profunda que existe en el interior. <dzyantheosophy.org>

Si bien la descripción de dicho estado está limitada por las restricciones del lenguaje, sus efectos son bastante claros: transformación, expansión, un renacimiento en un mundo nuevo, la fusión con lo Divino.

Las etapas del samâdhi o la contemplación se han mencionado en algunos escritos. En su libro, Practical Mysticism (Misticismo práctico), Evelyn Underhill escribió sobre tres formas o etapas de contemplación, cada una más profunda que la anterior:

1.    Sumergirnos en formas de vida, en multiplicidad, con el ojo de la contemplación: el “descubrimiento de Dios en sus criaturas”. Esto implica una exploración amorosa y paciente del mundo, ampliando la conciencia hasta encontrar en cada manifestación de vida la expresión de Dios. Uno comprende el movimiento de Lila, el juego de Dios. Esto se puede hacer prácticamente estirando la voluntad hacia una de las muchas manifestaciones de la vida que nos rodean, desde una montaña a un insecto, y “sumergirse en ésta”, para usar las palabras de Evelyn Underhill. Ella se refirió a mirar con el ojo de la contemplación para determinar la calidad celestial de algo, por ejemplo, el gato atigrado más disipado de las calles. A partir de esto, afirmó, “las viejas barreras desaparecerán”. Esto es ver todo con ecuanimidad. Es “una verdadera condición de conciencia”, una “percepción directa”. Entonces es necesario rendirse, absorberse.

2.    Encontrar y sentir lo Eterno, la base de la vida, sin condiciones.

Usó una planta como ejemplo de algo con lo que uno tiene una comunión directa. Pero este mismo reconocimiento implica una conciencia de realidades más profundas; uno ahora “encontrará y sentirá lo Infinito y lo Eterno”. En la primera etapa, hubo un retiro interno deliberado y la reunión de nuestras facultades a través del recuerdo. Ahora, sin embargo, la atención se dirige hacia un plano de la existencia con el que los sentidos corporales no tienen ningún apego. Hay un silencio intenso y vívido. Uno se ha sumergido en la oscuridad, la Nube del no Saber. Para algunos, este estado trae paz y alegría; a otros, miedo. Con el control de la atención, el contemplativo entrenado puede recuperar este estado de conciencia una y otra vez.

3.    Sin esfuerzo

Hasta ahora el esfuerzo ha estado involucrado. Pero Evelyn Underhill luego escribió que quien contempla debe soltar, sin luchar ni empujarse, morando tranquilamente en este lugar de oscuridad, la “Noche del Espíritu” de San Juan de la Cruz. Ella observó que los últimos fragmentos del yo deben ser buscados y eliminados. Esto recuerda a los aspectos del yo que hay que matar que se mencionan en Luz en el Sendero. Evelyn Underhill escribió: “la unión con la Realidad solo puede ser una unión de amor; una alegre y humilde auto-fusión en la vida universal”. Uno se entrega al Amor infinito. Debes “morir”, fundirte en el Todo. De esta entrega personal, renacerás en otro “mundo”. Lo que se sintió como un vacío es ahora una energía y vitalidad poderosas, vertida en el alma, un estado conocido por los místicos genuinos.

La contemplación fue descrita por J.J. van der Leeuw en estas palabras poéticas:

 Es solo cuando la copa de nuestro ser ha sido vaciada de personalidad, que se la puede llenar con el vino de nuestra Vida divina, y cuando esta Vida se experimenta por primera vez en la meditación, es como la entrada a un mundo nuevo, no uno de apariencias, de fenómenos, sino uno de conciencia, uno en la que nos identificamos con aquello que deseamos saber. <dzyantheosophy.org/the-process.html>

 

Entonces, se puede ver que así como la meditación es un proceso, también lo es la contemplación, que se profundiza progresivamente.

 

¿Qué significa adoptar una vida contemplativa?

 Es axiomático que, en la práctica, no es posible funcionar en el mundo cotidiano y a la vez mantenerse constantemente en un estado permanente de contemplación o samâdhi. De hecho, requerimos un sentido de sujeto y objeto, experimentado a través de nuestros vehículos personales, para realizar nuestro trabajo diario. Sin embargo, es posible que alguien con inclinaciones espirituales genuinas adopte una vida más contemplativa, en términos generales.

Una vida contemplativa significa una vida de meditación, reflexiva y que da tiempo a la introspección de las preguntas más profundas y el significado de la vida.

 Somos auto determinados por naturaleza. El principio manásico es un don preciado, vivificado hace mucho tiempo por los Mânasaputra-s, de quienes se dice que encarnaron en la entonces joven humanidad para despertar o acelerar la mente humana. Esta mente tiene una profundidad y amplitud que aún no hemos explorado. Y con esta mente, alrededor de la cual gira nuestra evolución superior, ciertamente tenemos la capacidad de considerar inteligentemente qué tipo de vida queremos vivir. Puede resultar fácil desviarse sin mucha conciencia de un año a otro; sin embargo, es perfectamente posible que la persona en el mundo cotidiano adopte una vida más contemplativa. Esto puede requerir un cambio.

Se suele decir que las personas no cambian. Quizás la mayoría no lo hace, de alguna manera significativa. Sin embargo, un cambio significativo es posible para cualquier persona, en cualquier edad. Por ejemplo, ¿podemos considerar cómo estamos viviendo nuestras vidas ahora, y si esto está completamente alineado con nuestros principios éticos más profundos? Los momentos de reflexión pueden ayudar a aclarar esto.

 

¿Cómo es posible vivir más contemplativamente en el mundo cotidiano?

 

Si estuviéramos constantemente en un estado de profunda contemplación, sería difícil lidiar con los numerosos aspectos mundanos de la vida diaria. Pero lo que podemos hacer es aprender cómo vivir de una manera más reflexiva, no impulsada constantemente por los dictados del mundo, y el ajetreo y el bullicio de los asuntos humanos. Inicialmente, esto requiere considerar nuestras vidas de la manera más imparcial posible, realizar una auto-auditoría, por llamarlo de alguna manera.

Recuerda una serie de sugerencias que ya se han dado:

Pratyâhâra: la calma necesaria para la meditación se logra de manera muy simple, viviendo una vida ordinaria, rutinaria. Todo lo que sea una preparación para la meditación es, en última instancia, también una preparación para la contemplación. Una vida cotidiana ordinaria puede parecer aburrida para las personas que desean una emoción constante de fuentes externas. Sin embargo, la realidad es que una vida así puede ser notablemente plena y rica.

Concentración: mantener la mente en una sola idea a voluntad: es fácil distraerse con el ruido. Cuando la concentración vaga, volver a la respiración puede ser altamente beneficioso. Ya que la respiración es un microcosmos de la inhalación y exhalación del macrocosmos. Nos tranquiliza, calma los sentidos y los vehículos, haciéndonos así más accesibles a las verdades más profundas de la vida.

Meditación: Recuerda que la etapa de dhyâna, o meditación, implica actividades intuitivas de la vida mental. Cambiar nuestros hábitos mentales puede ayudarnos a resolver problemas de manera intuitiva, con un cierto crecimiento de percepción y serenidad. Después de revisar un problema, se lo puede elevar al silencio, con la mente vaciada conscientemente, por lo que la resolución de problemas se produce en un estado más contemplativo, más allá de la mente racional.

Contemplación: Entonces llegamos a la contemplación. A este respecto, varios puntos sobre la vida contemplativa del Hermano David Steindl-Rast, el conocido monje benedictino, pueden ser de interés incluso para los laicos:

Él menciona que el término “vida contemplativa” no se refiere simplemente a la vida aislada en un claustro. Como vocación, se refiere a una forma particular de vida en la cual, idealmente al menos, cada detalle de la vida diaria está orientado hacia el recuerdo. Implica la atención plena ilimitada, la “actitud interior por la cual encontramos significado”. En consecuencia, el hermano Steindl-Rast habla de vivir de una manera consciente, equiparando la gratitud a la felicidad. En un ambiente monástico, él habla de cultivar la alegría del desapego agradecido tornándose más consciente; por ejemplo, cerrando las puertas a conciencia, apagando las luces al salir de una habitación, tratando los libros con reverencia, no dejando que el grifo gotee, colocando un par de sandalias cuidadosamente, etc. 

Sin embargo, está claro que estas pequeñas y sencillas aplicaciones de la atención plena se pueden practicar en cualquier lugar como parte de una vida más contemplativa; no necesitamos vivir en un monasterio.

Luego menciona la soledad como parte integral de esta tradición. Es posible que no vivamos en un entorno cerrado, pero ¿nos sentimos cómodos con estar solos a veces; no solos pero con un televisor o música de fondo, sino solos y en silencio, sin ruido externo? Algunos pueden temer esto; sin embargo, la soledad puede ser reconfortante y ayudarnos a estar centrados. Además, esto nos invita a detenernos, lo que significa, para algunos, salir de la carrera diaria por un tiempo.

David Steindl-Rast también hablaba de “una vida de entrega en el desapego”, una vida de “pobreza voluntaria” como se describe en la tradición cristiana. Explicó que la pobreza voluntaria no significa abandonar las cosas, sino más bien un ejercicio en parte en el desapego y en parte un ejercicio de desapego. Para él, el desapego no significa despojarnos de las posesiones, sino despojarnos del egoísmo. Esto da como resultado un estilo de vida simple, junto con una búsqueda continua para definir lo que es necesario y lo que es posible. Resumamos los consejos prácticos sobre la vida contemplativa que acabamos de mencionar, que se pueden aplicar, en mayor o menor medida, a la vida de una persona en el mundo:

 ♦ Una vida tranquila y rutinaria en la que los sentidos se usan de manera específica y enfocada y no están impulsados ​​por nuestros deseos.

♦ Aprender a mantener la mente en una sola idea. Retornar a la respiración, observar la respiración cuando la mente divaga.

♦ Aprender a resolver problemas de manera intuitiva, tras revisar un problema, elevar la mente al silencio y vaciarla conscientemente.

♦ Orientar la vida diaria hacia el recuerdo y vivir de una manera consciente, tanto con cosas pequeñas como con las actividades más grandes que emprendemos.

♦ Períodos voluntarios de soledad silenciosa, en los que es mucho más fácil contemplar las grandes verdades de la vida.

♦ Pobreza voluntaria  —desapego—  vida simple, despojándonos del egoísmo, descubriendo lo que realmente es necesario en nuestra vida.

También podemos agregar un séptimo a estos seis consejos prácticos:

♦ Vivir regularmente en cosas que importan, aquellas que son de profunda importancia, por ejemplo el hecho de la impermanencia, el propósito de nuestra vida, lo que es en última instancia importante y lo que no lo es, nuestro deber para con las vidas que nos rodean, el significado de una relación, quiénes somos ahora y en qué tipo de persona aspiramos a convertirnos.

 

La capacidad del asombro

 

Lama Govinda mencionó que lo que abre la mente al gran misterio de la vida, al Infinito dentro (no detrás) de lo finito, a lo Eterno dentro de lo efímero, es la “capacidad de asombro”. Esto tiene una especie de inocencia al respecto; no hay egocentrismo o un sentido de dualidad cuando el asombro está presente. ¿Alguna vez has mirado con asombro el cielo nocturno? Sostuvo que esta capacidad de asombro es lo que da “profundidad a nuestra experiencia o visión del mundo”. Es el trasfondo sin el cual la experiencia de libertad no sería posible, el punto de partida de toda actividad espiritual. De hecho, esta capacidad de asombro es un excelente comienzo, ya que aprendemos a contemplar la vida con mayor profundidad, y llenarnos con “el vino de nuestra vida divina”, como lo expresó J. J. van der Leew. Una vida contemplativa puede comenzar con la forma en que elegimos vivir en este momento. Podemos moldearnos activamente, como artistas, creando un recipiente a través del cual pueda manifestarse nuestra naturaleza más profunda. Una mente contemplativa es una mente hermosa, culta; y una vida contemplativa es una existencia basada en la gracia y el refinamiento.

 

 

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