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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 11 -  Agosto 2018  (en Castellano)

 
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Vislumbres en el sendero del Jnâna Yoga

 

RICHARD  SELL

 

Antiguo miembro de la Sociedad Teosófica en Nueva Zelanda. Actualmente es el presidente de la Rama HPB en Auckand, Nueva Zelanda, y participa activamente en el trabajo de la OTS

A lo largo de mi viaje personal de descubrimiento, fui conducido a la puerta del Jnâna Yoga. Se trata de una práctica basada en el conocimiento védico, en la que la realidad se revela a través del conocimiento, la percepción y el aprendizaje experimental. Tenía algunas ideas preconcebidas acerca de lo que se entendía por conocimiento, pensaba que conocimiento era el conocimiento de hechos y cifras adquiridos a través del estudio y la experiencia. En nuestra cultura estamos acostumbrados a pensar en términos de tener nuestras cabezas llenas de cosas interesantes y útiles, que generalmente entran en la categoría de aprendizaje de libros. Sin embargo, lo que aprendí en mi exploración de Jnâna Yoga fue que la terminología puede desviarnos y colorear nuestras percepciones sobre lo que una palabra dice o quiere decir. El término "conocimiento" en Jnâna Yoga se ve a través de una lente diferente, una en la que hablamos de percepción directa de la conciencia o una forma directa de conocer. El objetivo de esta forma de yoga es educar la mente para investigar su propia naturaleza y trascender la identificación con sus pensamientos y su pequeño ego.

En el siglo XIX, Swami Vivekananda, una figura clave para introducir Vedanta y yoga en Occidente, habló de esto cuando escribió sobre Jnâna Yoga y autodescubrimiento.

Ahora este conocimiento, nuevamente, es inherente al hombre. Ningún conocimiento viene de afuera, todo está dentro. Lo que decimos que un hombre "sabe", debe ser, en un lenguaje psicológico estricto, lo que "descubre" o "devela"; lo que un hombre "aprende" es realmente lo que "descubre" al quitarle la cubierta a su propia alma, que es una mina de conocimiento infinito.

Los primeros filósofos védicos lo sabían bien, entendieron que una persona no podía saber todo lo que había que saber. El cosmos es tan complejo y vasto que un millón, millones de encarnaciones, no nos permitirían comprender la magnitud de sus maravillas y nuestro lugar en el gran esquema. Después de mucha indagación, estos filósofos descubrieron una verdad fundamental. Vieron que, para conocer la naturaleza de la arcilla, uno podía conocer la naturaleza de todo lo que está hecho de arcilla. Para entender la naturaleza del oro o el hierro, se podría entender la naturaleza de todo lo que está hecho de oro o hierro. Por lo tanto, se preguntaron, ¿no hay igualmente, algo que sea el material básico del universo, por cuyo conocimiento todo en el universo sea conocido? La respuesta, por supuesto, es "el Yo."  “Hombre, conócete a ti mismo,” como solían exponer los oráculos de la antigua Grecia. Esta máxima eterna está escrita en las paredes del Santuario.

La práctica de Jnâna Yoga, por lo tanto, nos ayuda a comprender mejor las  verdades sobre quiénes somos y qué estamos experimentando. La plena realización de esta verdad trae iluminación. Pero, ¿cómo reconocemos la verdad?

Cuando queremos saber la verdad sobre algo, no queremos ser engañados por las apariencias, por lo que solo aparece y luego desaparece. Saber la verdad no puede significar saber algo un minuto y luego verlo cambiar en el siguiente, dependiendo de las diferentes circunstancias. Podemos descubrir la verdad en muchas formas que pueden presentarse solo como verdad relativa, temporal o parcial.

Geoffrey Hodson nos dice que recorrer el sendero de Jnâna Yoga "incluye una comprensión y percepción penetrante con una comprensión interior cada vez mayor, ya sea en flashes o durante reflexiones prolongadas." Esto conduce al uso directo de la intuición (nuestra facultad búdica). Einstein habla de esto cuando dice:

 

El intelecto tiene poco que ver en este camino hacia el descubrimiento. Llega un salto en la conciencia, llámelo intuición o lo que quiera, y la solución le llega y usted no sabe cómo ni por qué. Todos los grandes descubrimientos se hacen de esta manera.

 

Esta "percepción directa" puede aparecer en un instante o con el tiempo, pero debe experimentarse de primera mano. Comprendemos que la Verdad Real es aquello que se encuentra más allá de la apariencia y la ilusión y, por lo tanto, nunca cambia. ¿Qué es inmutable? El Ser divino es una chispa del Uno Universal, nuestro objetivo es darnos cuenta de que somos la gota de rocío que "se desliza hacia el brillante Mar."

Jnâna Yoga utiliza cuatro principios o disciplinas. Estos también han sido llamados el Sendero al Discipulado, y todos los caminos yóguicos se apoyan en ellos en mayor o menor grado. Su propósito es eliminar la ignorancia, la barrera del autoconocimiento. Podríamos comparar esto con el viento que sopla una nube oscura que oculta el resplandor del sol. Los dos primeros principios son de gran interés para el Jnâna Yogi.

 

I. Discernimiento. Este debe ser adquirido por la atención y la práctica. Aquí el estudiante mora mentalmente en la naturaleza de lo Real, la Realidad Única. Como dicen los Upanishads: "Condúceme de lo irreal a lo real." Un ejemplo simple de esto proviene de Thich Nhat Hanh en su libro Camino viejo, nubes blancas, donde cuenta la historia de Buda. En ella el Buda dice:

Debo expresar claramente que mi enseñanza es un método para experimentar la realidad y no la realidad en sí misma, así como un dedo que apunta a la luna no es la luna en sí. Una persona que piensa hace uso del dedo para ver la luna. Una persona que solo mira el dedo y lo confunde con la luna nunca verá la luna real.

 

Si lo aplicamos a nuestra vida cotidiana, el discernimiento es muy estimulado por las circunstancias que cambian rápidamente, en las que generalmente se involucra al practicante, con el fin de impresionar en él o ella la impermanencia de todas las cosas. El aspirante podría intentar despojarse a diario de algo que cambia: un estado de ánimo, un pensamiento. Un ejemplo práctico de discernimiento aplicado podría ser verse a sí mismo sin ira: la ira no es el verdadero Ser. Cuando vemos a un hombre, una mujer o un niño enojado, veamos a la persona envuelta en intensa emoción; tratémoslo como si no fuera nada, solo una ilusión; veamos más allá, al Alma que anima a esa persona.

 

II – Renuncia / Desapacionamiento: A partir del reconocimiento de la inestabilidad y de la naturaleza insatisfactoria de las cosas externas, la indiferencia hacia ellas se convierte lentamente en parte de nuestra cosmovisión personal. El yogui se vuelve desapasionado de las cosas que van y vienen y fija su mirada cada vez más en la Realidad inmutable que está siempre presente. Dejar ir y no estar atado a los "resultados" no solo es necesario, sino que también es un acto de curación. Solo cuando la mente está absolutamente libre de apegos mundanos, el verdadero conocimiento comienza a aparecer.

Los diversos principios y prácticas de Jnâna Yoga nos ayudan en nuestra búsqueda de la verdad y la sabiduría, aunque la búsqueda no está exenta de sus propios desafíos. Uno de los problemas que enfrentamos hoy cuando hablamos de Jnâna Yoga es la percepción común que enfatiza el lado puramente intelectual y diluye la contribución de la sabiduría y la auto-indagación. Cuando vemos el mundo que nos rodea y el desorden que la humanidad ha hecho de él, es más que una preocupación válida que el intelecto del hombre supere su crecimiento moral o espiritual.

Martin Luther King Jr. dijo: “Nuestro poder científico ha superado nuestro poder espiritual. Tenemos misiles guiados y hombres sin dirección.” Y Madame Blavatsky en La Voz del Silencio nos dijo: “Pero incluso la ignorancia es mejor que el conocimiento de la cabeza sin la sabiduría del Alma para iluminarla y guiarla.”

¿Cómo podemos, por lo tanto, reconciliar el hecho de que la humanidad, que ha desarrollado en alto grado su conocimiento e intelecto en los tiempos modernos, pueda caer en tales desventuras? Algunos podrían decir, a la luz de nuestro problemático mundo, que debemos dejar de viajar por el camino de la mente, el intelecto, que de hecho, hemos ido lo suficientemente lejos en esta dirección, y necesitamos usar solo el corazón en su lugar. Dar la espalda a la mente no es la respuesta. De hecho, es imposible darle la espalda a la mente.

Según la teosofía, la mente es el alma: "La mente y el alma son una y la misma cosa." También se la denomina "individualidad permanente", en contraste con nuestra "personalidad presente" y como nuestro Ego, usando el término "Ego" en su sentido original y literal del verdadero "Yo" de nuestro ser. Es este Ego-Mente-Alma, el que encarna y reencarna, de una vida a otra y de cuerpo en cuerpo, en un largo viaje de evolución progresiva y desarrollo interno.

 

Aquí también es necesaria una distinción, la mente y el cerebro no son lo mismo. El cerebro es solo un órgano, una herramienta utilizada por la mente para funcionar y operar en el plano físico. El cerebro solo existe durante una vida, pero la mente continúa. Madame Blavatsky nos dice claramente un número de veces en Diálogos sobre la Doctrina Secreta: “…La mente o el Ego […] sigue siendo el alma. Es perfectamente sinónimo de alma […] si creen en la mente, la mente es el alma o el Ego."

Esto no significa que deba descuidarse la calidad del "corazón"; sin embargo, ambos deben desarrollarse en perfecto equilibrio. Los Maestros dicen que la intuición y el intelecto deben desarrollarse y cultivarse lado a lado y al mismo ritmo mutuo.

El Maestro KH nos arroja algo de luz sobre este asunto en Las Cartas de los Maestros:

 

Si, prescindiendo de toda idea preconcebida, pudierais tratar de imprimir en vosotros esta profunda verdad de que el intelecto no es en sí todopoderoso; que para convertirse en un “movedor de montañas” primero se tiene que recibir la vida y la luz de su principio superior, el Espíritu, y luego fijaríais vuestros ojos en todo lo oculto tratando espiritualmente de desarrollar la facultad según las reglas, entonces, pronto descifraríais el misterio correctamente (énfasis del autor).

 

Por lo tanto, vemos que la mente-alma es el nexo entre lo superior y lo inferior, que vincula la luz de la Mónada con el ser mortal encarnado. Es crítico para nuestra evolución porque el estado futuro y el destino kármico del Ego dependen de si manas (Mente) gravita hacia abajo hacia su naturaleza animal, o hacia arriba, hacia buddhi, el Alma Espiritual.

 

 …solo la mente, el único vínculo y medio entre el hombre de la tierra y el Ser Superior” H. P. Blavatsky

 

A través de estos destellos podemos ver que Jnâna Yoga es un camino de auto-descubrimiento y un despliegue gradual de verdades que acerca al buscador a la meta de la liberación. Es un camino que me ha ayudado en mi búsqueda para comprender quién soy y dar sentido a mis experiencias en el mundo.

La Mente es un elemento crítico en este maravilloso viaje y, dejando de lado los escollos, para quien persevera, se nos dice que conduce a un lugar de maravillosa trascendencia. Robert Bowen describió este fascinante viaje de nuevo descubrimiento y sorpresa en su libro Madame Blavatsky sobre cómo estudiar teosofía. Aquí él relata lo que Madame Blavatsky les dijo a sus estudiantes sobre el despertar de la conciencia por medio de esta forma de yoga.

A medida que uno progresa en Jnana Yoga, encuentra que surgen conceptos que, aun siendo conscientes de ellos, uno no puede aún expresarlos o siquiera formularlos en alguna forma de representación mental.

Este es un momento para estar en guardia y negarse a ser engañado con la idea de que la maravillosa imagen, recientemente hallada, deba representar la realidad. No debe hacerlo. A medida que uno continúa trabajando en ello, uno descubre que el antes admirado cuadro se vuelve opaco y poco satisfactorio, y finalmente desaparece o es descartado.

Este es otro punto peligroso, pues entonces queda uno como en un vacío, sin concepto alguno en qué apoyarse y puede sentirse tentado a resucitar la imagen antes desechada por carecer de una mejor a la que aferrarse. El verdadero estudiante, sin embargo, continuará trabajando sin preocuparse y así luego vendrán nuevos destellos, que a su tiempo darán nuevamente origen a una representación más amplia y bella que la última. Pero el aprendiz sabrá ahora que ninguna representación será jamás la VERDAD.

Esta última y espléndida representación se volverá obscura y desaparecerá como las otras. Y así continúa el proceso, hasta que al fin la mente y sus representaciones se trascienden, y el aprendiz entra y mora en el mundo SIN FORMA, del cual todas las formas son reflejos reducidos. (Énfasis del autor).

Este concepto de un universo infinito, que revela siempre verdades más grandes y más profundas, se expresa de forma bella y poética en Luz de Asia de Sir Edwin Arnold:

 

…ni él [Brahma] ni ninguna luz pueden ser vistos con ojos mortales, ni conocidos con ayuda del espíritu humano, uno tras otro se levantarán los velos, pero habrá Velo sobre velo tras los primeros.

 

El yogui asciende a nuevas alturas a medida que adquiere una comprensión más profunda de lo que realmente es el Sí mismo y se establece una identificación más íntima con la Mente divina. Esto va acompañado de una mayor conciencia de quiénes somos, y la luz del Alma brilla cada vez más a través de la personalidad. El viaje al corazón es un acompañamiento natural, ya que el aspirante florece como un loto ante el sol, las nubes oscuras se han eliminado para siempre a través de nuestro propio esfuerzo. El objetivo de Jnâna Yoga es realmente magnífico y Swami Nikhilananda brinda una visión inspiradora de la búsqueda del yogui:

 

Cuando el aspirante cultiva el conocimiento del Ser, de Brahma con amor, humildad, fe y devoción, es liberado de la ronda de nacimiento y muerte en el mundo relativo. Para el buscador de Brahmavidyâ se requiere pureza de mente, humildad de espíritu y autocontrol inquebrantable.

 

 

El orden solo puede surgir a través de la conciencia del desorden. No puedes crear orden, solo puedes ser consciente

del desorden, tanto externa como internamente. Una mente desordenada no puede crear orden porque no sabe lo que significa.

J. Krishnamurti

El libro de la vida

 

 

 
 
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