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El Teósofo - Órgano Oficial del Presidente Internacional de la Sociedad Teosófica
Vol. 139 - Número 10 -  Julio  2018  (en Castellano)

 
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Cómo vivir la Teosofía

 

MARCOS RESENDE

Miembro del Consejo General de la Sociedad Teosófica y ex Secretario General de la Sección Brasileña.

 

La palabra Teosofía tiene su origen etimológico en las palabras griegas theos y sophia. Sophía significa literalmente "sabiduría." La palabra theos puede ser mejor traducida como "divina."

Debemos tener claro que la palabra nunca es lo que se describe. Es un símbolo, compuesto de letras, que trata de señalar algo. La palabra es el medio, nunca el fin. Sin embargo, muchas veces nos enredamos con las palabras y perdemos el sentido del fin que se busca a través de ellas. La palabra "dios" no es realmente Dios, sino un conjunto de cuatro letras que trata de señalar algo. Sin embargo, como casi todo el mundo tiene alguna idea o concepto de Dios, al usar esta palabra, uno evoca el contenido de su propia comprensión personal y a menudo se enreda en ella. De la misma manera, la palabra "amor" no siempre señala el significado que pretende ser expresado. En un sentido extremo se utiliza incluso para justificar los celos y la pasión que hacen imposible el amor real. Incluso se utiliza con fines comerciales, que no tienen nada que ver con su significado intrínseco: es una expresión fácilmente distorsionada.

También debemos considerar que la humanidad y las civilizaciones crean patrones mentales rígidos alrededor de palabras e ideas, que a su vez se convierten en dogmas, que tardan mucho tiempo en disolverse. Hasta hace cinco siglos se pensaba que la tierra era plana y que el sol giraba a su alrededor. Fue necesario que los estudiosos desafiaran el concepto arraigado afirmando que la tierra era redonda y que giraba alrededor del sol. En ese entonces muchos fueron perseguidos, forzados a negar sus descubrimientos e incluso algunos fueron quemados vivos.

La palabra "teosofía" fue usada por primera vez en el siglo III DC. en la ciudad de Alejandría en Egipto. Un grupo de eruditos denominados neoplatónicos fundaron la Escuela Teosófica Ecléctica, afirmando que los líderes de las diferentes religiones no deberían pelear entre sí, ya que en esencia las enseñanzas eran las mismas, a las cuales ellos llamaron sabiduría, religión o Teosofía. En 1875, en la ciudad de Nueva York, un grupo de diecisiete personas fundaron la Sociedad Teosófica moderna (ST).

Helena P. Blavatsky, una de las fundadoras de la ST, al definir la palabra "teosofía", en su libro La Clave de la Teosofía la llamó la "sabiduría de los dioses," afirmando que el universo está impregnado por la conciencia que actúa de acuerdo con leyes universales, y no por un dios, como se creía en el siglo XIX.

La sabiduría debe ser experiencial y no meramente un concepto teórico o intelectual. N. Sri Ram, el quinto presidente internacional de la ST, afirma que la sabiduría sin acción es seudo-sabiduría. Por lo tanto, la sabiduría, debe ser una presencia creciente en la vida diaria de una persona; de lo contrario, es un mero ejercicio intelectual sin valor.

Sabiduría no es sinónimo de conocimiento. Una persona puede ser analfabeta y sin embargo en cualquier situación de la vida si él sabe lo que es justo, equilibrado, armonioso, unificador y beneficioso, actúa sabiamente. Otra persona puede ser muy instruida intelectualmente pero ser rebelde e infeliz, creando conflictos y desarmonía dondequiera que él o ella vaya. La sabiduría debe ser experiencial, de lo contrario es pseudo-sabiduría.

Considero que la Teosofía es un océano de conciencia universal, que es profundamente sabia. No es demasiado difícil considerar que hay una consciencia que impregna todas las cosas, tanto en el mundo objetivo como en el subjetivo. Tenemos dificultades para percibir la conciencia en el reino mineral. Sin embargo, después de un cuidadoso examen, percibimos la existencia de transformación y evolución en este reino, dándonos cuenta de que las piedras y metales preciosos, en general, tienen características típicas, más evolucionadas que otros minerales. En el reino vegetal, la conciencia se vuelve un poco más notoria. El libro La vida secreta de las plantas muestra la existencia de conciencia en las plantas. En el reino animal, podemos percibir que la conciencia está más desarrollada, con claras demostraciones de afecto, miedo, agresividad, etc.

La física cuántica ha demostrado que el observador interfiere con el comportamiento de las partículas subatómicas. Entonces, podemos ver que la conciencia está presente en todo, desde los átomos y las moléculas hasta sus infinitas combinaciones y propiedades de elementos químicos, en las células que conforman los seres que tienen vida orgánica, y en las diversas funciones que desempeña cada órgano de estos seres. No es difícil observar que hay conciencia impregnando todo, desde el movimiento de las estrellas, planetas, galaxias y constelaciones hasta el nivel subatómico.

Mucha gente identifica la palabra Teosofía con la vasta literatura producida por la ST moderna, así como con algunas enseñanzas de grandes religiones y descubrimientos científicos. Sin embargo, esta idea reduce la sabiduría, que pertenece al Universo y a la Naturaleza, a una biblioteca, como si la sabiduría estuviera en los libros; esto la restringiría y la limitaría a algo que es por definición infinita. La sabiduría no está en los libros, con o sin la ayuda de los libros uno puede descubrir por sí mismo las verdades a las que apuntan los libros o los errores cometidos por los autores. La verdad o la sabiduría se encuentra en la capacidad de discernimiento.

La vasta literatura disponible en la ST es invaluable. Puede ayudar a abrir vastos horizontes de comprensión. Sin embargo, si nos apegamos a ella, podemos construir otro patrón mental basado en conceptos como la reencarnación, la evolución, el karma, los siete rayos, los Maestros de Sabiduría, etc. Podemos estar repitiendo cosas que no sabemos, o que sabemos muy superficialmente, actuando mecánicamente, sin la vitalidad que sólo la verdad viva, proveniente de nuestro propio descubrimiento, puede proporcionar. A medida que creamos un nuevo patrón mental, estamos formando una prisión para nosotros mismos. La vida en todas sus dimensiones, objetiva y subjetiva, va mucho más allá de cualquier patrón mental en el que podamos acomodarnos.

Ahora, volvamos a la pregunta original que estamos investigando. ¿Cómo vivir la Teosofía? Como dijimos, un teósofo es un buscador, un explorador en los territorios de la Verdad. Lo primero que deberíamos saber es que no sabemos, y cuando pensamos que sabemos, ya estamos limitados, perdiendo la humildad y la capacidad de investigación.

Debemos tener claro que la Verdad no puede ser poseída. Se puede descubrir en cualquier momento, pero nunca puede ser un patrón mental. Es la unión de la conciencia con la visión y la comprensión de las cosas tal como son, con sus significados intrínsecos. La naturaleza misma de la Verdad hace imposible el dogmatismo, no puede ser degradada o impuesta. Por su propia naturaleza, debe ser siempre cuestionada, para que pueda resurgir claramente. Cuando uno está muy cerca de la Verdad, lo más importante es darse cuenta de que uno puede estar equivocado. Así, con cuidado, libertad y determinación, el territorio de la Verdad, que es infinito, puede ser abierto y la conciencia puede despertar en progresión infinita también. Por increíble que parezca, cuanto más se descubre, más se percibe con humildad y olvido de sí mismo la grandeza de todo lo que existe.

Blavatsky dice que la ética es el alma de la Teosofía, por lo tanto, no hay manera de concebir la sabiduría como algo que no sea experiencial, que esté disociada de nuestras relaciones diarias. La ética se convierte en un modo de vivir, con respeto y consideración hacia el prójimo y acciones dirigidas al bien común, donde no se hace a los demás lo que no se quiere para sí mismo.

De mis lecturas, he llegado a comprender que el altruismo es la esencia de la Teosofía. Sin embargo, la condición natural del ser humano en la actual etapa evolutiva de la humanidad es el egoísmo. Vivimos casi todo el tiempo para nuestros propios intereses, o para nuestras familias, grupos de amigos, etc. Rara vez dedicamos tiempo a algo que no sea para algún tipo de interés propio, ya sea financiero, promoción personal, búsqueda de prestigio o satisfacción física. Si estamos verdaderamente interesados en la Verdad, no podemos engañarnos a nosotros mismos. Necesitamos ver nuestro egoísmo tal como es, sin crear conflictos o algún tipo de imagen idealizada que se aleje de lo que realmente somos. Si pretendemos realizar acciones altruistas sin darnos cuenta de nuestro propio egoísmo y de las formas sutiles y disimuladas del ego, sin saberlo, podemos estar generando más confusión en el mundo.

Por lo tanto, el camino hacia la transformación, desde centros de egoísmo a centros de amor, bondad y servicio desinteresado es infinito. No hay un punto de llegada. Cada paso debe ser dado desde donde estamos, siendo sinceros con nosotros mismos y con los demás. En cualquier momento podemos abandonar las tendencias egoístas, en las pequeñas cosas de la vida cotidiana, percibiendo siempre nuestros hábitos egocéntricos, para que se disuelvan gradualmente. La renuncia debe ser espontánea, siempre desde dentro, y si es producida artificialmente por una mente astuta que se engaña a sí misma negando lo que realmente es, creará más confusión en la vida personal y en el mundo en general.

El camino espiritual para nosotros, seres humanos egoístas, es cambiar de adentro hacia afuera, transformando las energías que son auto-centradas en polos que irradien amor, sabiduría y armonía. Esta apertura y transformación viene con el autoconocimiento, que es la autopercepción de la vida y de las relaciones tal como son, sin las distorsiones causadas por nuestra propia imagen, ideas, prejuicios o intereses.

Para transformar el mundo necesitamos transformarnos a nosotros mismos, aprendiendo y también enseñando. El día en que un pequeño grupo de personas se transforme de centros de egoísmo a polos que irradien amor, tendrá lugar un gran cambio en el mundo y la vida en la Tierra podrá ser más como es en los planos superiores de la Naturaleza.

Teosofía Viviente significa un despertar cada vez mayor de la conciencia a dimensiones más amplias. Esta no es una tarea fácil, requiere un trabajo diario de observación de nosotros mismos y de la vida como un todo, de modo que las energías densas de egoísmo arraigadas en nuestro carácter se transformen gradualmente en energías sutiles y más armónicas. Esta transformación ciertamente conducirá a muchas existencias, pero esto no disminuye la importancia del trabajo que debemos hacer ahora, dentro de nosotros mismos.

La Teosofía Viviente es el descubrimiento de lo sagrado en todas las cosas y en todos los seres. Para que esto suceda, debe haber renuncia al yo con todas sus demandas infinitas, para que pueda ocurrir el florecimiento espontáneo del amor y la compasión.

El panorama que nos brinda la así llamada literatura teosófica puede ampliar nuestros horizontes de comprensión de manera extraordinaria, pero puede convertirse en un obstáculo si nos limitamos a los detalles de las descripciones de cosas alejadas de nuestra vida cotidiana, olvidando la transformación esencial que debe ocurrir permanentemente en la forma en que vivimos.

La teosofía en el siglo XXI debe ser mucho más que literatura. Tiene que ser una fuerza en la vida de todos los que aspiren a ser transformados para servir, que quieran aprender y comprender las enseñanzas, en quienes anhelen el despertar, lo que naturalmente trae la luz que libera la conciencia y sana el dolor de la humanidad. 

 

 

 

Mata en ti todo recuerdo de experiencias pasadas.

No mires hacia atrás o te perderás.

H. P. B.  La Voz del Silencio

 

 

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